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jueves, 28 de julio de 2011

Christopher Bryson - Sobre los Daños del Flúor


     Del libro "El Engaño del Fluoruro" (The Fluoride Deception), subtitulado "Cómo un Desecho Nuclear Se Abrió Camino Hasta el Agua Potable de la Nación" (2004), del periodista investigativo estadounidense Christopher Bryson, publicamos su introducción, que nos hicieron llegar de una traducción a la que quienquiera puede acceder. Se trata de una investigación sobre el engaño publicitario fraguado hace más de sesenta años en EE.UU., que convirtió a esta sustancia, usada anteriormente como veneno para ratas, en el eje principal de una política de salud pública contra la caries dental. La base principal de su investigación son documentos desclasificados del gobierno federal de EE.UU., incluyendo los descubiertos por una comisión especial creada por Bill Clinton para estudiar experimentos de radiación con humanos.


Un Peligro Inminente
por Christopher Bryson



     La próxima vez que se mire al espejo, con la boca llena de espuma, dele una mirada al tubo de pasta dental. La mayoría de nosotros asocia al fluoruro con el rutinario tema de mejores dientes y la promesa de menos visitas al dentista. Sin embargo, la historia de cómo los fluoruros se añadieron a los dentífricos y al agua potable, es extraordinaria, casi fantástica. La trama incluye algunos de los más espectaculares eventos en la historia humana (la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima, por ejemplo). Algunos de los principales personajes han trascendido la vida misma, tal como "el padre de la publicidad" Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud, quien hasta ahora era más conocido por su esquema para persuadir a las mujeres norteamericanas a fumar cigarrillos en público. Y los ires y venires de esta historia son impulsados por nada menos que deseos nefastos de riqueza y poder, propios de la era industrial.

     Los fluoruros son piedra angular de algunas de las mayores fortunas que el mundo ha visto: la casi inimaginable riqueza de los Mellon en Pittsburgh, y los DuPont en Delaware. Y no hay duda sobre por qué la advertencia en el tubo de pasta dental es tan dramática [Precauciones: Niños menores de seis años deben usar una cantidad del tamaño de una gota (0.25 g) y tener la supervisión de un adulto. No ingerir. En Venezuela, Colombia y Chile: Se recomienda su uso sólo en mayores de seis años]. La misma potente sustancia química que se usa para enriquecer uranio de armas nucleares, para fabricar gas Sarín, y para fundir acero y aluminio, es la que damos a nuestros niños, a primera hora de la mañana y por la noche antes de ir a dormir, eso sí, con sabor a cereza, chicle o menta.

     Los fluoruros son compuestos tan reactivos que se han convertido en parte vital de la industria moderna, consumidos con vehemencia día tras día en innumerables fábricas, refinerías y fundidoras. Se usan en la fabricación de gasolina de alto octanaje, en la fundición de metales como aluminio, acero y berilio, en el enriquecimiento de uranio, para elaborar circuitos impresos de computadora, pesticidas, gases refrigerantes, plástico Teflón®, alfombras, ropa repelente al agua, cristal grabado, y numerosos fármacos, como el Prozac® y el Cipro®.

     El uso del fluoruro en odontología es, en comparación, totalmente secundario; y no obstante, también ayuda a la industria. ¿De qué forma? Llamémosle publicidad elemental. Es una sustancia tan poderosa que también es un grave peligro ambiental y un potencial veneno en los lugares de trabajo. Así que, para los científicos patrocinados por la industria que por primera vez promovieron el uso del fluoruro en odontología, vinculándolo a mejores dientes e insistiendo con firmeza que en pequeñas dosis no tenía otro efecto en la salud, ayudó a cambiar su imagen, de veneno a panacea, desviando la atención de los estragos que la contaminación por fluoruros ha causado durante largo tiempo en obreros, ciudadanos y el medio ambiente.

     ¿Difícil de aceptar? Tal vez no. La "cirugía plástica" hecha al fluoruro hace más de cincuenta años ha engañado a mucha gente. En vez de evocar la imagen de un obrero inválido o un bosque contaminado, vemos la imagen de niños sonrientes. El lado desagradable del fluoruro ha escapado casi por completo al escrutinio público. Los historiadores han fallado en su labor de registrar el hecho de que la contaminación por fluoruro fue la mayor amenaza legal para el programa de fabricación de la bomba atómica al final de la Segunda Guerra Mundial. Los ambientalistas a menudo no saben que desde la Segunda Guerra Mundial, los fluoruros han sido el contaminante más dañino en el humo de las fábricas y que fueron, durante la Guerra Fría, objeto de más reclamos por daños en contra de la industria que todos los otros veinte principales contaminantes del aire. Y fueron los fluoruros los que seguramente provocaron uno de los más notables desastres ambientales en la historia de los EE.UU.: la noche de Halloween de 1948, en que fue devastado el pueblo acerero de Donora, Pennsylvania, acontecimiento que catapultó el movimiento ambiental en EE.UU.

     Es la misma historia actualmente: más caras felices. Sin embargo, estamos expuestos a más fluoruros que nunca. Los consumimos en el agua y en pastas dentales, así como en alimentos procesados con agua y químicos fluorados. Nos exponemos a ellos a través de fuentes insospechadas, como pesticidas agrícolas, alfombras repelentes a manchas, fármacos fluorados, y empaques de palomitas de microondas y envolturas de hamburguesas, además de la contaminación industrial y los gases y polvo inhalados por muchos obreros dentro de sus fábricas.

     La característica doblemente siniestra del flúor de hacer emerger lo peor de otros compuestos químicos, lo convierte en una presencia especialmente indeseable. Mientras que el ácido fluorhídrico, un contaminante común del aire; es varias veces más tóxico que otros "villanos" contaminantes mejor conocidos, como el dióxido de azufre o el ozono; de forma sinérgica, también aumenta la toxicidad de estos contaminantes. ¿El fluoruro que se añade al agua potable incrementa del mismo modo la toxicidad del plomo, arsénico, y otros contaminantes que habitualmente se encuentran en ella?. Como se verá más adelante, obtener respuestas a tales preguntas de parte del gobierno federal, aún después de más de cincuenta años de aprobar la fluoración del agua, parece imposible.

     A mediados de la década de 1930, científicos europeos ya habían relacionado a los fluoruros con una variedad de padecimientos, incluyendo problemas respiratorios, alteraciones del sistema nervioso central (SNC), y especialmente, una serie de problemas músculo-esqueléticos parecidos a la artritis. Pero durante la Guerra Fría, en uno de los actos de prestidigitación médica más grandes del siglo XX, el fluoruro fue sistemáticamente removido de ser asociado públicamente con la mala salud, por investigadores financiados por el Ejército de EE.UU. y grandes corporaciones. En Europa, la exposición prolongada a fluoruros producía en los obreros de las fábricas una condición médica descrita como "espalda de póquer" o "fluorosis esquelética paralizante". Pero, de forma misteriosa, la sustancia se comportaba de forma distinta al cruzar el Atlántico, según insinuaban los investigadores del Ejército, siendo incapaz de producir tales discapacidades en los EE.UU. Como veremos, era un engaño: fraude científico a escala mundial; una artimaña legal para evadir responsabilidades por daño generalizado a obreros, un arreglo en los tribunales que fue posible y perpetuado mediante la desaparición de evidencia médica y perjurio casual.

     "Tu historia está completamente confundida", me dicen los partidarios de fluorar el agua. Cómo llegó a agregarse fluoruro al agua y a los dentífricos es otra historia, sin relación al uso industrial de los fluoruros, dicen. Pero hay sólo una historia, no dos. El cuento del "químico maravilla" en odontología y la casi secreta explicación de cómo la industria y el Ejército de los EE.UU. ayudaron a crear y fomentar esa imagen pública, están tan firmemente unidos que no se puede separar una de otra. Las dos convergen completamente en el comportamiento de dos importantes científicos estadounidenses que encabezaron la campaña de fluoración del agua durante las décadas de 1940 y 1950: Harold Carpenter Hodge y Robert Arthur Kehoe.

     No se puede culpar a los dentistas. A ellos les enseñaron que el fluoruro es bueno para los dientes. Pocos saben que el Dr. Hodge, el principal investigador del fluoruro en EE.UU., quien entrenó toda una generación de jefes de odontología durante las décadas de 1950 y 1960, fue el toxicólogo adjunto para el Proyecto Manhattan [Nombre en clave que el Ejército de EE.UU. dio al programa de fabricación de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial]. Ahí ayudó a coreografiar los bien conocidos experimentos con radiación en humanos, en los que se inyectaba plutonio y uranio a pacientes de hospital, sin su consentimiento o conocimiento, a fin de estudiar la toxicidad de estas sustancias en seres humanos. Del mismo modo, Hodge estaba a cargo de estudiar la toxicidad de los fluoruros. Construír la primer bomba atómica del mundo requería cantidades gigantescas de un compuesto especial: hexafluoruro de uranio. Así que, en nombre de los fabricantes de la bomba, el Dr. Hodge secretamente evaluó uno de los primeros experimentos de fluoración de agua potable, en Newburgh, Nueva York. Mientras que a los ciudadanos se les dijo que el fluoruro reduciría las caries en sus hijos, se enviaron muestras de sangre y tejidos de los residentes a su laboratorio.

     Algunos dentistas no saben que mucho del fluoruro añadido actualmente al agua potable de EE.UU. es en realidad un desecho industrial, raspado de las chimeneas de las fábricas de fertilizante fosfatado para evitar que dañe al ganado y las cosechas del campo circundante. Por un “emotivo” acuerdo, estas compañías se evitan el gasto de enviar este ácido fluosílico a un depósito de desechos tóxicos. En vez de eso, se vende a los municipios, enviado en camiones-tanque forrados de caucho a almacenes a lo largo de América del Norte, y se inyecta al agua potable para reducir las caries en los niños. El contenido de estos camiones es tan tóxico, que tras los ataques del 11 de Septiembre de 2001, se alertó a las autoridades para vigilar de cerca los embarques del reductor de caries.

      "No tenía la menor idea del origen del fluoruro en el agua, hasta que los antifluoracionistas me lo hicieron saber", comentó el Dr. Hardy Limeback, director de Odontología Preventiva en la Universidad de Toronto, Canadá, y ex-partidario de la fluoración. "Dije: Deben estar equivocados. ¡No es posible!".

     Los mismos fabricantes de fertilizante fueron miembros de un influyente grupo de industrias que patrocinó la investigación del Dr. Robert Kehoe sobre el fluoruro, en la Universidad de Cincinnati durante las décadas de 1940 y 1950. Actualmente, Kehoe es más conocido por su vehemente defensa de la seguridad de añadir plomo a la gasolina, afirmación (actualmente refutada) que sostuvo durante toda su carrera. Pero también fue una figura clave tranquilizando a científicos y ciudadanos acerca de la seguridad industrial del fluoruro y de la fluoración del agua, mientras que ocultaba información acerca de los efectos tóxicos del fluoruro, y en privado comentaba con sus patrocinadores corporativos sus dudas acerca de incluso pequeñas cantidades de fluoruro.

     No es sorprendente que sea difícil intentar escudriñar detrás la fachada de hace 50 años, con niños sonrientes mostrando hileras de dientes blancos. La industria se muestra renuente a permitir que su monumento a la seguridad del fluoruro sea manchado, o que se explore su rol en la creación del mito dental. Varios de los archivos que he revisado están incompletos y muchos son completamente secretos. Y numerosos científicos rehúsan hablar de forma crítica acerca del fluoruro, concientes del destino de aquellos investigadores que han cuestionado la postura gubernamental: Investigadores que han sido despedidos por no retractarse de sus dudas y críticas sobre la seguridad del fluoruro, o que fueron difamados por propagandistas contratados por el Servicio de Salud Pública y la Asociación Dental de EE.UU. "Los cadáveres llenan el horizonte", comentó un investigador dental cuando se enteró que estaba escribiendo un libro sobre el fluoruro.

     Los mitos son muy poderosos. Mencionar "fluoruro" evoca de inmediato una mirada escéptica de liberales y conservadores por igual, y una mención casi reflexiva de la película de 1964 Dr. Strangelove, de Stanley Kubrick. La hilarante representación del general Jack D. Ripper como un loco militar obsesionado con la idea de que los comunistas envenenarían el agua potable de los EE.UU. agregándole fluoruro, se convirtió en un icono cultural de la Guerra Fría, y quizá es la escena más famosa de la película. Hoy día, Nile Southern, el hijo del guionista de Dr. Strangelove, Terry Southern, comenta sobre la noticia de que el Ejército e industriales de EE.UU. (no los comunistas) promovieron la fluoración del agua, que es "simplemente espantosa. Terry y Stanley [Kubrick] habrían estado aterrados por ello".

     La parodia en los medios era falsa en su mayoría. Los primeros grupos que se opusieron a la fluoración del agua fueron precursores del actual movimiento ambientalista, con tintes multicolores de afiliación partidista. Eran dirigidos por veteranos científicos con distinguidas carreras en salvaguardar la salud pública, incluyendo al hombre que por primera vez advirtió a la nación acerca de los peligros de fumar cigarrillos y el riesgo de reacción alérgica a la penicilina. Sin embargo, en vez de ser vistos como patriotas y médicos pioneros que advirtieron sobre el abuso de los venenos industriales, los antifluoracionistas son vistos como charlatanes y aislacionistas, el equivalente moderno de creer que la Tierra es plana.

     [Cabe aclarar que la relación entre el cáncer pulmonar y el tabaco se comprobó por primera vez en la Alemania Nacionalsocialista, contrariamente a la creencia popular de que científicos británicos y norteamericanos la descubrieron. El término "fumador pasivo" (Passivrauchen) se originó en Alemania durante el gobierno nacionalsocialista (N. del T.)]

     Es la cúpula médica de EE.UU. la que está al borde del limbo, dicen los críticos. Agregar al agua potable un químico tan tóxico que alguna vez fue usado como veneno para ratas, fue una idea originalmente norteamericana y es, cada vez más, una solitaria práctica de EE.UU. La mayoría de los países europeos no agregan fluoruro a su agua. Varias naciones han descontinuado tal práctica desde hace mucho tiempo, dudando sobre la seguridad y necesidad de hacerlo [Holanda descontinuó la fluoración en 1976. La fluoración del agua potable se suspendió en Alemania Occidental después de la década de 1950. También se prohibió en Alemania del Este luego de la reunificación].

     El fluoruro podría ayudar a los dientes, pero la evidencia no es concluyente. Aunque los índices de deterioro dental han disminuído significativamente en EE.UU. desde 1940, se han visto mejoras similares en países en los que no se añade fluoruro al agua. Un mejor cuidado dental, buena nutrición, y el uso de antibióticos son explicaciones válidas de este progreso paralelo. Un informe oficial del gobierno británico en el 2000, describe la efectividad del agua fluorada en reducción de caries como "moderada", y que podría ser responsable del 15% de la reducción total observada. Esta cifra se queda corta en cuanto al 65% de reducción prometida por los primeros promotores de la fluoración del agua. Con las recientes revelaciones de que problemas de salud tales como alteración del sistema nervioso central (SNC), artritis, y riesgo elevado de cáncer en los huesos, fueron minimizados u ocultados completamente al público por los primeros promotores del fluoruro, el posible beneficio de un manojo de mejores dientes parece no valer la pena. "¿Cuántas caries deben ser prevenidas para justificar la muerte de una persona por osteosarcoma?", cuestionaba el difunto Dr. John Colquhoun, ex jefe de la Oficina Dental de Auckland, Nueva Zelanda, y un promotor del fluoruro que se convirtió en su crítico.

     Incluso la teoría de cómo funciona el fluoruro ha cambiado. El CDC [Center for Disease Control and Prevention, agencia federal fundada en 1942] ya no argumenta que el fluoruro absorbido desde el estómago por medio del agua potable ayude a reducir las caries. En vez de eso, dice la nueva tesis, el fluoruro ataca las caries desde la parte externa de los dientes (de forma tópica), en donde, entre otros efectos, ataca las enzimas de las bacterias que causan caries. Beber agua fluorada es importante todavía, según el CDC, "porque baña los dientes con saliva enriquecida con fluoruro, una forma económica y efectiva de llegar a las familias de escasos recursos que carecen de una dieta balanceada, acceso a un dentista, o el hábito regular de cepillarse con pasta dental fluorada".

     Pero ingerir agua tratada con fluoruro permite que esta sustancia llegue a la sangre y a los huesos, en donde puede causar daños a otras partes del cuerpo. Si el fluoruro puede matar las enzimas de las bacterias en los dientes, debe considerarse su potencial efecto destructivo sobre otras enzimas, las cuales son catalizadores químicos vitales para una gran variedad de procesos biológicos.

     "Cuando investigaba estas cuestiones, dije: es una locura. Hay que retirarlo del agua de inmediato porque está dañando a mucha gente, no sólo por la fluorosis dental [las manchas blancas en los dientes causadas por el fluoruro], sino porque estamos viendo problemas en los huesos y posiblemente cáncer y daños en la tiroides. Si realmente les interesa la gente pobre, hay que regalar pasta dental en los bancos de alimentos. Hagan algo que no sea agregar fluoruro al agua", dijo el Dr. Limeback. Y ellos [los promotores del fluoruro] seguían diciendo: "Bueno, pero es económico". Eso es una estupidez. ¡Es económico porque usan desechos tóxicos!”.

      La Historia nos ha enseñado que derrocar los mitos rara vez es fácil. Pero la Humanidad ya ha recorrido ese camino. El cuento del fluoruro es similar a los mitos acerca del plomo, el tabaco y los asbestos, en los que médicos cómplices ayudaron a la industria a ocultar la verdad acerca de estas sustancias durante generaciones. Los trabajadores de fluoruros comparten el trágico destino de aquellos que inhalaron berilio, uranio y sílice en su lugar de trabajo. Estudios sin fin que aseguraban que sus fábricas y minas eran seguros, ocultaban la simple verdad de que miles de personas estaban siendo envenenadas y tendrían una muerte temprana a causa de estas sustancias. De modo que, si esta historia de cómo la imagen pública del fluoruro fue saneada en privado suena extrañamente familiar, tal vez es porque los mismos profesionales e instituciones que dijeron que el fluoruro era seguro, dijeron lo mismo del plomo, el asbesto y el DDT, y convencieron a millones de fumar más tabaco.

     Confiados en más de medio siglo de argumentos a favor del fluoruro por parte de la cúpula de la Salud Pública, hoy en día muchos doctores ni siquiera saben los síntomas de envenenamiento con fluoruro. En tal ignorancia, un asesino silencioso acecha. "Existe un abismo en todo ello, en términos de conocimiento científico y público", dice la Dra. Phyllis Mullenix, ex-toxicóloga industrial. "En verdad no hay otro asunto de salud pública que pueda afectar a tanta gente. Creo que no hay un solo miembro de esta sociedad que no esté siendo impactado por el fluoruro. Tiene grandes implicaciones y es muy perturbador".

     Cincuenta años después de que el Servicio de Salud Pública abruptamente cambiara de opinión durante los días más tensos de la Guerra Fría, aprobando la fluoración artificial del agua potable, es tiempo de reconocer la insensatez, ambición desmedida y agendas secretas que nos han subyugado desde hace largo tiempo, envenenando el agua, congestionando el aire e incapacitando obreros. Es tiempo de dar voz a la verdad. La ciencia puede afilar las herramientas del cambio, pero serán la opinión pública y acción ciudadana las que destruyan el yugo.



NOTA EDITORIAL:

     Charlos Elliot Perkins, industrial estadounidense publicó una carta en el año 1954 dirigida a la Fundación Lee, en la que hacía alarmantes declaraciones: "El motivo tras la fluoración del agua no es la salud de los dientes de los niños. Si esa fuera la razón, habría otras posibilidades más fáciles, económicas y mucho más eficaces de llevarlo a cabo. La verdadera razón para el tratamiento del agua es que sirve para reducir la resistencia de las masas contra la dominación, el control y la pérdida de libertad. En la parte posterior del hemisferio encefálico izquierdo existe un área pequeña responsable de la fuerza del individuo para resistir contra la dominación. Repetidas dosis mínimas de fluoruros reducirán, después de cierto tiempo y poco a poco, la fuerza del individuo para resistir contra la dominación, mediante el envenenamiento y narcotización paulatina de dicha parte del cerebro. La consecuencia es la incapacidad de tomar decisiones por sí mismo".


PAÍSES QUE TIENEN PROHIBIDO EL FLÚOR EN SU AGUA POTABLE (Julio 2009):

— Alemania y Holanda: Declararon ilegal la fluoración del agua potable, pues el flúor está incluído en la lista de microcontaminantes tóxicos.
— Francia: El flúor no está dentro de los químicos que se le introduce al agua por consideraciones éticas y médicas.
— Canadá: La Corte Suprema no autorizó introducir peligrosos tóxicos al suministro de agua potable.
— Bélgica: Este tratamiento del agua fue suspendido por la alta toxicidad del flúor.
— Luxemburgo: Nunca ha sido añadido a los abastecimientos del agua.
— Noruega: Hace 20 años se discutió fuertemente este tema y se resolvió que era inapropiado para la salud fluorar el agua.
— Otros países que la tiene prohibida son Suecia, Países Bajos, Irlanda del Norte, Austria, República Checa, entre otros.


1 comentario:

  1. Sabia sobre el daño del fluor,pero nunca hasta este nivel.gracias por vuestra investigación.

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