BUSCAR en este Blog

viernes, 12 de junio de 2015

El Empresariado Alemán y el Ascenso de Hitler



     En counter-currents.com se publicó en Diciembre de 2013 el siguiente artículo de Andrew Hamilton que ofrecemos ahora en castellano. Henry A. Turner (1932-2008) fue un estadounidense historiador de la Alemania contemporánea, y es a sus investigaciones a las que se refiere el señor Hamilton, específicamente a las que tienen que ver con la desmitificación de los orígenes del financiamiento del Partido Nacionalsocialista hasta 1933, en que asumió el poder. Este texto que presentamos viene a complementar a otro de Veronica K. Clark que sobre el mismo tema ofrecimos en Febrero de 2014.

Financiación de un Movimiento:
EL GRAN EMPRESARIADO ALEMÁN
Y EL ASCENSO DE HITLER
por Andrew Hamilton
13 de Diciembre de 2013



     El dinero es el oxígeno de cualquier movimiento político, ya se trate de la ADL [Anti-Defamation League] y del SPLC [Southern Poverty Law Center], o del racialismo blanco. Deje de suministrar dinero a un movimiento —o a un pueblo—, y usted podrá destruírlos. Los judíos, siempre enfocados en el poder, rutinariamente atacan las fuentes de financiación Blancas. En efecto, uno de los objetivos principales de las llamadas leyes de "blanqueo de dinero" del Gobierno, aparentemente orientadas al "terrorismo" y el crimen organizado, es destruír a la oposición política al matonaje sionista: el nacionalismo Blanco y otros movimientos políticos juzgados inaceptables por el Sistema.

     Ya que el dinero es tan importante, su papel en el ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania es más que de interés académico para los racialistas Blancos determinados a que su gente deba sobrevivir.

     La Izquierda ha sostenido durante mucho tiempo que Hitler fue puesto en el poder por adinerados capitalistas Blancos. Esta narrativa fue construída en los años '20 y '30 por comunistas e izquierdistas prevalecientes en Alemania, Occidente, y, por supuesto, en la Unión Soviética, y promovida por académicos y por los medios de comunicación desde entonces.

     Dicha narrativa fue cuestionada por el historiador Henry Ashby Turner de la Universidad de Yale en su libro más conocido, El Gran Empresariado Alemán y el Ascenso de Hitler (German Big Business and the Rise of Hitler, Nueva York, Oxford University Press, 1985), que cubre el período hasta 1933. Turner, que murió en 2008 a la edad de 76 años, estaba casado y tuvo tres hijos y seis nietos.


Ilustración de primera página del 16 de Octubre de 1932 del comunista Allgemeine Illustrierte Zeitung (AIZ) del artista "John Heartfield" (Helmut Herzfelde), más tarde un elemento constituyente artístico de Alemania Oriental: "El Significado del Saludo de Hitler: El pequeño hombre pide grandes donaciones. Lema: ¡Millones Están Detrás de Mí!".

    Dicho libro refuta la afirmación estándar de que los grandes empresarios alemanes financiaron y promovieron la obtención del poder por parte de Adolf Hitler. Esto demuestra que el grado de apoyo del gran empresariado a Hitler y al Partido Nacionalsocialista ha sido enormemente exagerado, e incluso falsificado. Emil Kirdorf y Fritz Thyssen fueron los únicos capitanes de industria que apoyaron activamente a los nacionalsocialistas. Las fuentes reales de financiación para campañas electorales y actividades de partido provinieron sobre todo de cuotas sociales y contribuciones de negocios pequeños y de tamaño medio. Según William L. Patch de la Universidad Washington and Lee, las conclusiones de Turner "son aceptadas ahora por casi todos los especialistas en dicha área".

     Turner, que durante 1954-1955 fue un académico Fulbright en la Universidad de Múnich y en la Universidad Libre de Berlín, conocía el idioma alemán y examinó exhaustivamente archivos originales e inéditos de grandes corporaciones alemanas, asociaciones comerciales y del Partido Nacionalsocialista. (Una parte de su trabajo académico fue escrita y publicada en alemán).

     Como era de esperarse por cualquiera que haya leído a David Irving, Turner observa que las fuentes documentales que él consultó habían sido ignoradas por otros historiadores. Turner cita sobre todo documentos originales: "Sólo en el caso de impecables ediciones académicas he confiado en versiones publicadas de materiales que originalmente usé en forma de archivo" (p. XV).

     Al igual que Irving, Turner está consciente de las dificultades propagandísticas ignoradas por otros académicos a causa de propósitos ideológicos. Él es mucho más escrupuloso que el promedio acerca de la averiguación de la fiabilidad de las fuentes, y es particularmente crítico de los informes de Alemán Oriental y otros relatos comunistas. Un colega [1] señaló que Turner creía que

     «muchas tentativas ambiciosas en Historia comparada —inspiradas no sólo por el marxismo sino también por el psicoanálisis freudiano, teorías del totalitarismo, o la teoría de la modernización— habían distorsionado importantes detalles de hechos del ascenso nacionalsocialista, para apoyar amplias generalizaciones [ideológicas]... Turner desarrolló la sospecha de que los adherentes del marxismo eran especialmente propensos a violar las reglas básicas de la evidencia histórica, pero él siempre mostró un escepticismo similar en cuanto al psicoanálisis freudiano, las teorías del totalitarismo, y muchas otras tentativas de ambiciosos científicos sociales para hacer calzar el caso de la toma nacionalsocialista del poder en una teoría amplia e inexacta».

[1] http://h-net.msu.edu/cgi-bin/logbrowse.pl?trx=vx&list=H-German&month=0902&week=a&msg=/%2b0WsP03udgOn7MHyo05aw&user=&pw=

     Esto, por supuesto, es precisamente lo que hace de su trabajo algo interesante para el estudiante serio de la Historia.

    Aunque Fritz Thyssen fue un raro gran empresario apoyador de Hitler, Turner estaba consciente de que el libro de aquél, "Yo Pagué a Hitler" (1941), no es fiable. Él lo llama "memorias supuestas", escritas por un "escritor fantasma", por el "húngaro" Emery Reves. (Él no revela que Reves era realmente un propagandista judío bien conectado). Turner escribió un informe en alemán sobre el tema, «Fritz Thyssen und "I Paid Hitler"», Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte 19 (1971), pp. 225-244.

     Turner hace al pasar una sola referencia del otro libro importante en lengua inglesa sobre el asunto de la financiación nacionalsocialista, "¿Quién Financió a Hitler?" (1978), de James y Suzanne Pool, que fue traducido al alemán en 1979. Él lo clasifica entre las fuentes que "violan las reglas de la investigación histórica tan flagrantemente como para quedar sin valor" (p. XIII), agregando que "entre otras cosas sus autores citaron documentos de archivos que ellos nunca habían visitado" (p. 362, n. 3).

     Esto trae a la mente la obra de un escritor independiente, no perteneciente a la corriente predominante y académico anti-comunista, no mencionado por Turner, "Wall Street y el Ascenso de Hitler", de Antony C. Sutton (California, 1976). Poseo aquel libro, y Sutton se apoya fuertemente no sólo en las falsas memorias atribuídas a Thyssen, sino en otras "autoridades" fraudulentas, como el periodista judío Ladislas Farago. Su tesis insostenible es la misma que la de los izquierdistas y judíos: "La contribución hecha por el capitalismo estadounidense para los preparativos alemanes de guerra antes de 1940 sólo puede ser descrita como fenomenal", "ciertamente crucial para las capacidades militares alemanas".

     A pesar del uso generalmente confiable que hace Turner de las fuentes, él cita como autoridad la edición alemana del fraudulento libro "The Voice of Destruction" / "Hitler Speaks" (1940) de Hermann Rauschning, una serie de ficticias conversaciones personales con Hitler, así como otros dos trabajos de Rauschning. Emery Reves, el judío detrás del libro "I Paid Hitler" de Thyssen, desempeñó también un papel en la fabricación del libro de Rauschning. Este último era un Revolucionario Conservador que huyó de Alemania a EE.UU. en 1936, donde escribió varios populares libros de propaganda anti-nacionalsocialista.

     Lamentablemente, la especial confianza de Turner en Rauschning ocurre en una sección particularmente interesante del libro titulada "La Economía de Hitler", donde Turner presenta las supuestas opiniones de Hitler. Él usa otras fuentes también, pero la fuerte confianza que pone en Rauschning hace de la mayor parte de ese escrito, por otro lado fascinante, algo poco fiable.

     A diferencia de los académicos anteriores, Turner realmente definió lo él quería decir con "gran empresariado". Como prácticamente todas las compañías más grandes en la Alemania de Weimar eran corporaciones que eran sociedades por acciones, sus criterios para incluírlas fueron los balances del estado de cuentas = 20 millones de marcos de la post-estabilización. Esto representaba un alto grado de concentración del capital a través de una variedad de industrias, incluyendo las de carbón, hierro, acero, la banca, los seguros, productos químicos y equipos eléctricos. Las 158 firmas privadas que calzaban con sus criterios constituían sólo el 1,3% de todas las sociedades por acciones en Alemania, pero colectivamente daban cuenta del 47% de su valor contable total.

     Turner excluyó de su consideración a numerosas entidades poseídas por el Gobierno, como compañías de transporte, de servicios públicos, e incluso empresas industriales, ya que obviamente ellas no eran parte del sector privado.

     La gigantesca industria química IG Farben, la corporación más grande de Alemania y Europa a partir de su formación en 1925, y la cuarta más grande en el mundo después de General Motors, US Steel y Standard Oil de Nueva Jersey, fue regularmente atacada por el Partido Nacionalsocialista y no contó con su apoyo.

     El principal hombre de negocios del país, Gustav Georg Friedrich Maria Krupp von Bohlen und Halbach, era firmemente anti-nacionalsocialista. Turner fue por lo tanto muy crítico del popular historiador William Manchester, en su obra más vendida "The Arms of Krupp: The Rise and Fall of the Industrial Dynasty that Armed Germany at War" (1968), un sensacionalista relato anti-alemán de la familia y la firma Krupp que complacía a los prejuicios populares.

     Parte de la razón de la hostilidad del gran empresariado era que el NSDAP fue percibido como anti-capitalista y cuasi comunista. Sin embargo, como Turner deja abundantemente claro en una extensa discusión de la teoría económica nacionalsocialista, el Partido realmente habló con una "cacofonía de voces" que iban desde la extrema Izquierda hasta partidarios de la empresa privada. En verdad, no había ninguna línea nacionalsocialista del Partido en cuanto a los negocios y la economía. Sin embargo, yo clasificaría su economía como fascista, ya que en último término los negocios, la economía, la propiedad privada y el esfuerzo individual eran todos considerados como subordinados a los dictados del Estado, que supuestamente encarnaba en una mística manera Rousseauniana la voluntad de la gente. Su postura económica por lo tanto se parecía a la de Estados Unidos a partir del Nuevo Trato [la política económica de F. D. Roosevelt].

     A los titanes de la industria también les disgustaba sumamente el anti-judaísmo del Partido. Creo que Turner minimiza enormemente la importancia de este factor al explicar por qué tantos de los alemanes más ricos rechazaron respaldar al Partido. Considerando cuán fácil es para la gran industria acomodarse a los judíos, los socialistas, los globalistas, y hasta a los comunistas, este factor fue, sospecho, mucho más importante que cualquier objeción que los ricos hubieran tenido contra el anti-capitalismo del Partido.

     En conexión con esto, el libro podría engañar a los lectores y llevarlos a pensar que los judíos no desempeñaron ningún papel en el gran empresariado alemán, lo que decididamente no fue el caso. Sin embargo, el único hombre de negocios judío del que Turner habla con mucho detalle es el anti-nazi Paul Silverberg, presumiblemente porque éste era tan importante que Turner no podía pretender que él no existió.

     Este tipo de defecto —la omisión del crucial contexto— ocurre nuevamente en ausencia de cualquier discusión del entorno social que dio origen al Nacionalsocialismo: comunismo, poder judío, anti-germanismo, internacionalismo, y la degeneración de la República de Weimar. El nacionalsocialismo no puede ser discutido significativamente si usted deshonestamente implica, como la mayoría de los historiadores lo hacen, que surgió en un vacío, y que el extremismo comunista, la violencia, el terrorismo y los grupos paramilitares izquierdistas no existieron. Pero Turner era un académico liberal de la Liga Ivy [las universidades estadounidenses más elitistas], y entonces él hace exactamente aquello.

     Los grandes empresarios eran también hostiles al nacionalista alemán de línea dura (no un nacionalsocialista) Alfred Hugenberg y a su partido derechista Partido Popular Nacional Alemán (DNVP). El perspicaz Hugenberg comprendió tempranamente la importancia suprema de los medios de comunicación, y en 1919 comenzó a construír su Imperio finalmente formidable de periódicos, empresas editoras, y la propiedad de la compañía cinematográfica más grande de Alemania, la UFA.

     Incluso en los primeros años las grandes contribuciones monetarias de los patrones desempeñaron sólo un papel mínimo en el crecimiento del Partido. Siempre hubo algún patrocinio de esta clase, pero no fue decisivo, y no provino de las corporaciones más grandes o de los individuos más ricos de Alemania, como sostiene la propaganda comunista e izquierdista. A diferencia de los partidos políticos burgueses, el NSDAP nunca se basó en, y de aquí que nunca se hizo dependiente de, subvenciones en gran escala.

     El Partido implementó una recolección regular de cuotas de sus miembros. El dinero fue dividido entre las unidades locales y la oficina central del Partido. Esta última, a propósito, no estaba en Berlín sino en la Braunes Haus en Múnich [2]. A causa del odio judío e izquierdista contra Prusia, es fácil no saber que el Nacionalsocialismo fue un movimiento bávaro (de Alemania del Sur). Durante la República de Weimar, el gobierno de Prusia, la región más grande y más poderosa de Alemania, era realmente izquierdista y anti-nacionalsocialista. Su hostil policía secreta siempre siguió la pista de dicho movimiento y monitoreó sus reuniones.

[2] http://en.wikipedia.org/wiki/Brown_House,_Munich

     Los miembros también proporcionaron préstamos sin interés, donaron equipos que otros partidos se vieron obligados a comprar, y ofrecieron muchas horas de trabajo gratis. En otras palabras, los seguidores estaban profundamente comprometidos y dedicados de una manera que los electorados de otros partidos (excepto los comunistas) no lo estaban.

     Los métodos para concitar tal lealtad aún deben ser determinados. Parecería que los partidos dirigentes contemporáneos en todas partes, incluyendo a Demócratas y Republicanos en EE.UU., no tienen seguidores profundamente dedicados. Ellos dependen de pequeñas élites parasitarias a quienes debe pagarse, de grandes subvenciones por parte de la gente rica, e intereses especiales, y de la distribución del patrocinio del Gobierno a maestros de escuela, corporaciones, electorados "de minoría", etcétera.

     "Cantidades sustanciales para la admisión" fueron cobradas en las reuniones masivas, dice Turner, y pocillos y sombreros fueron pasados después de que los oradores, especialmente Hitler, incitaban a los auditorios hasta el frenesí.

     Las Tropas de Asalto (SA) lanzaron diversos proyectos empresariales, vendiendo ropa a los miembros, incluyendo camisas marrones, gorras, brazaletes con la esvástica, nudilleras metálicas, dagas, botiquines, y otra parafernalia oficialmente certificada. Esta empresa evolucionó hasta convertirse en una agencia abastecedora a escala nacional que ofrecía la entrega de ventas por correo y que manejó más de una docena de tiendas al por menor a través del país. El producto respaldado por la SA más lucrativo era la marca Sturm de cigarrillos. (La SA dejó de vender cigarrillos en 1934, después de la llegada al poder).

     "La disposición de la gente de medios modestos a donar lo que eran para ellos sumas importantes de dinero", escribe Turner, "lindaba, en la opinión de un observador agente de policía, en lo increíble". Los líderes del Partido "podían alardear sinceramente en 1930 de que los apreciables medios financieros que subyacían en el triunfo del partido en las votaciones habían provenido en forma de contribuciones de los bolsillos de miembros y simpatizantes, y no como subvenciones de las grandes empresas".

     «Hitler y sus asociados trajeron un mensaje por el cual muchas personas humildes estaban dispuestas a pagar, incluso con un considerable sacrificio material. Lejos de depender de subvenciones de los capitalistas de Alemania, el Nacionalsocialismo fue en sus primeros años un movimiento genuinamente popular que echó raíces y se convirtió en un movimiento político hecho y derecho debido a la lealtad fanática de sus seguidores corrientes» (Turner, p. 60).

     No todo fue sacrificio, sin embargo. El Partido mantuvo activistas asalariados de jornada completa, incluyendo sus escritores de periódicos. Los portavoces en las reuniones recibían honorarios (pp. 118-119). Y había un personal profesional pagado en la Casa Marrón en Múnich y en las oficinas del Partido en todo el país. Una buena cantidad de gente estaba por lo tanto en condiciones de dedicarse a tiempo completo a la actividad partidista.

     El sofisticado sistema de pago de cuotas que formó el fundamento de la prosperidad económica del Partido fue ideado por un perspicaz contador, prácticamente desconocido, llamado Franz Xaver Schwarz [3], que murió en un campo de concentración Aliado después de la guerra a la edad de 72 años. Él se había integrado al Partido en 1922; su número de miembro del Partido era el seis. Él supervisó las finanzas de la organización durante toda su existencia, e indudablemente a él se le debe la mayor parte del crédito por el éxito financiero del Partido. Sin embargo, él es mencionado sólo cuatro veces en el libro de Turner. El sistema de pago de cuotas de Schwarz, en la medida en que se conoce (muchos archivos fueron destruídos durante la guerra) es descrito en las págs. 119-124.

[3] http://en.wikipedia.org/wiki/Franz_Xaver_Schwarz

     A pesar de la capacidad excepcional de Schwarz, el Partido experimentó recurrentes dificultades financieras a lo largo de los años '20, obligándolo a tener que recurrir con frecuencia a préstamos de emergencia antes de conseguir finalmente la estabilidad con la enorme alza repentina de sus miembros, que ocurrió en 1930. El punto es que un sistema financiero sano había estado funcionando durante mucho tiempo para sacar provecho del éxito popular una vez que se materializó.

     El NSDAP, por lo tanto, no era un partido advenedizo que se basaba en limosnas financieras. En vez de ello, se trató de una "notable innovación política, una organización que combinó el liderazgo carismático con la meticulosa administración burocrática, un partido de movilización que aplicó la organización y las técnicas financieras socialistas a sus bastante más abundantes seguidores que los del SPD [el izquierdista Partido Socialdemócrata]" (p. 123).

     Note que el no depender de grandes subvenciones permitió al NSDAP propagar un mensaje extremadamente radical y desagradable para las élites entonces y ahora, aparte del radicalismo del Partido Comunista de filo-judaísmo, racismo anti-Blanco e izquierdismo que siempre ha sido aceptable para las élites. El NSDAP, de este modo, satisfizo las genuinas necesidades y aspiraciones de su electorado Blanco, y generó una masa sumamente leal de seguidores.


Más sobre Turner (1932-2008)

     Turner fue un caso raro entre los académicos al oponerse a la así llamada narrativa del Sonderweg ("camino especial") de la historia alemana, que es básicamente un libelo de sangre contra el pueblo alemán. El libro "Los Verdugos Voluntarios de Hitler" (Hitler's Willing Executioners, 1996) del racista judío de Harvard Daniel Jonah Goldhagen pertenece a este género.

     Turner persuadió a los herederos de Otto Wagener para que permitirieran la publicación de las memorias de aquel hombre. Wagener fue un importante general de la Segunda Guerra Mundial que entre 1929 y 1933 sirvió como cercano consejero económico y confidente de Hitler, así como jefe del Estado Mayor de la SA. El libro fue publicado como Hitler aus nächster Nähe. Aufzeichnungen eines Vertrauten 1929-1932, de Wagener, editado por Henry Ashby Turner (Berlín, 1978). Apareció en forma condensada en la traducción inglesa como Hitler: Memorias de un Confidente (New Haven, Yale University Press, 1985). William Pierce aprobó este último volumen en su Catálogo de Libros de National Vanguard de Diciembre de 1988, escribiendo: «Por lejos, las memorias más informativas y positivas elaboradas por un confidente de Hitler desde "El Joven Hitler que Conocí" de August Kubizek. Contiene detallados informes de muchas conversaciones larguísimas con Hitler».

     Mientras trabajaba en su libro "German Big Business and the Rise of Hitler" (1985), Turner se involucró en una disputa con un marxista judío de Princeton llamado David Abraham, autor de "El Colapso de la República de Weimar" (Princeton University Press, 1981), que afirmaba que el gran empresariado financió a Hitler a fin de suprimir a la clase obrera. Turner, que estaba íntimamente familiarizado con las fuentes de archivo citadas por Abraham, descubrió que la academia de Princeton había distorsionado groseramente la evidencia. Él escribió que Abraham había violado las reglas de la investigación histórica tan flagrantemente que había dejado su trabajo sin valor, "incluso más descalificado" que el de los Pool ya mencionado.

     Si los profesionales alguna vez reúnen el coraje suficiente para arrojar una luz vigorosa y escéptica sobre la partidista erudición judía, ellos sin duda descubrirán muchos crímenes intelectuales de esta clase. Abraham finalmente dejó la profesión historicista.

     En 1998 General Motors contrató a Turner para que investigara las actividades del tiempo de guerra de la Opel, su filial alemana, después de que los judíos iniciaron una demanda judicial para arrancar dinero de la compañía por su presunto papel en el "Holocausto". Turner concluyó que aunque la Opel hubiera consentido en producir motores para la Luftwaffe en 1938, hacia la época en que comenzó la guerra la filial automotora había sido nacionalizada, y la General Motors no habría tenido nada que decir acerca de la producción por la Opel de vehículos militares o del uso de trabajo forzado. Él publicó sus conclusiones como "General Motors y los Nacionalsocialistas: La Lucha por el Control de Opel, el Fabricante de Automóviles Más Grande de Europa" (New Haven, Yale University Press, 2005).

     Otros dos libros que podrían resultar de interés dada la orientación relativamente no-ideológica y empírica de Turner son sus escritos "Las Dos Alemanias desde 1945" (New Haven, Yale University Press, 1987, revisada cinco años más tarde como "Alemania desde la Partición a la Reunificación", New Haven, Yale University Press, 1992) y "Los Treinta Días de Hitler antes de Llegar al Poder: Enero de 1933" (Massachusetts, 1996), un relato sucinto y fuertemente enfocado en las maniobras políticas en Berlín en Enero de 1933 que condujeron a la designación de Hitler como canciller.

     Este último libro proporcionaría probablemente una buena comprensión acerca de lo que más tarde llegó a ser conocido como la Machtergreifung o "captura [sic] del poder", como los nacionalsocialistas la llamaron, el estertor agónico final de la degenerada y neo-comunista "democracia" de Weimar y el nacimiento de un Nuevo Orden totalitario.

     El detalle significativo sobre esto, todo nuevo para mí, es presentado también en su libro "German Big Business". Antes de la designación de Hitler, había ocurrido una rápida serie de cambios en el cancillerazgo, con un hombre sucediendo a otro en rápida sucesión antes de dimitir debido a una incapacidad de establecer un gabinete de consenso estable o una satisfactoria relación de trabajo con el Reichstag (el parlamento nacional), profundamente fracturado entre facciones ideológicas en guerra, incluyendo a los poderosos comunistas, cuyo objetivo era destruír la libertad y establecer un régimen totalitario.

     Nadie entre los empresarios o en el Gobierno quería particularmente que Hitler fuera el Canciller (su nombramiento fue el resultado de las maquiavélicas maniobras de trastienda entre facciones competidoras), pero la fuerza popular del NSDAP hizo imposible ignorarlo.

     El primer gabinete de Hitler era minoritariamente NS, y aquello fue ampliamente aceptado, por la buena razón de que su cancillerazgo, como el de sus precursores inmediatos, no duraría más que unas cuantas semanas o meses antes de colapsar. Su designación no fue vista como una ruptura decisiva con el pasado, y Turner es hábil en aclarar por qué esto fue una asunción razonable que hizo la gente.


Conclusión

     He tratado de proporcionar alguna indicación de dónde provino el financiamiento nacionalsocialista antes de 1933 según H. A. Turner, quien por una variedad de motivos parece razonablemente ser una fuente de confianza. Sin embargo, los registros más detallados que tienen que ver con las finanzas del Partido fueron destruídos durante la guerra, de modo que el grueso del libro de Turner está dedicado en cambio a la refutación de una falsedad extensamente propagada: que el gran empresariado alemán era pro-nacionalsocialismo y que financió el ascenso de Hitler. Así, Turner se enfoca principalmente en cómo el NSDAP no fue financiado y dónde no recibió apoyo, y por qué, ya que en esta cuestión las pruebas documentales contenidas en archivos corporativos previamente no usados son abundantes.

     Hitler y su partido recibieron un importante apoyo de alemanes ricos así como de gente común y corriente. Pero los primeros no eran los equivalentes de los Forbes 400 de Estados Unidos —los Buffett, los Gates, los Rockefeller, los Walton— ni tampoco las corporaciones alemanas eran las equivalentes de nuestras Fortune 500. Emil Kirdorfs y Fritz Thyssen fueron la excepción, no la regla. La gente más adinerada y las corporaciones más grandes se habían puesto del lado de los judíos. Entonces es notable que los nacionalsocialistas hubieran tenido éxito en establecer el equivalente para los Blancos de lo que el comunismo y el izquierdismo representan para los judíos.

     Alemania fue el único país importante en el mundo donde esto sucedió. En todas las otras partes, incluso en Estados Unidos, la crisis económica de los años '30 condujo al triunfo final y decisivo del izquierdismo sobre las instituciones tradicionales, las culturas y las poblaciones Blancas autóctonas, resultando hoy en políticas genocidas en gran escala y en la destrucción de lo que poco queda de libertad y democracia. Faltando una resistencia radical y decidida, los destinos de las antiguas zonas del Primer Mundo Rhodesia, Sudáfrica y África del Sudoeste son presagios de las cosas por venir.–




No hay comentarios:

Publicar un comentario