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lunes, 29 de junio de 2015

El Robo Aliado de Patentes Alemanas



    Los siguientes dos artículos que presentamos en castellano son, el primero (The Great Patents Heist), publicado en wintersonnenwende.com en 2002 pero originalmente en la edición de Marzo-Abril de 1999 de The Barnes Review, una visión más o menos general del saqueo de la propiedad intelectual de los alemanes cometido por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra, y el segundo (War Secrets by the Thousands), citado en el primero, un reporte de Octubre de 1946 de la revista estadounidense Harper's (greyfalcon.us) relativo igualmente, pero más detallado, a dicho atraco a mansalva a las invenciones alemanas del tiempo de la guerra, muchas de ellas que revelaron que Alemania, tecnológicamente, le llevaba a Estados Unidos y a los demás países occidentales una ventaja de décadas en múltiples áreas, invenciones y patentes industriales de las que se beneficiaron estos últimos sin haber esforzado sus malintencionados cerebros. Lo que todo esto da a entender es una atribución autoconferida de un derecho ilegal a saquear todo tipo de patrimonio a un pueblo militarmente derrotado que al parecer no tiene precedentes en la Historia moderna. Hay que advertir que el artículo de la revista Harper's contiene algunas maliciosas insinuaciones y mentiras que luego se harían comunes en la campaña mediática de difamación contra los vencidos en dicha guerra, que el lector avisado debiese pasar por alto para enfocarse en lo esencial de la información, la descripción del colosal robo.


El Gran Robo de Patentes Alemanas
por John Nugent
Marzo de 1999



     Uno de los mayores atracos de todos los tiempos fue el robo de patentes alemanas después de la Segunda Guerra Mundial.

     Es completamente aceptable para el orgullo estadounidense reconocer que los inmigrantes han contribuído a nuestra prosperidad y grandeza. Es un poco más difícil tragar que una gran parte de nuestra ventaja científica y nuestra prosperidad —a pesar de las cargas siempre crecientes de inmigrantes ilegales no capacitados y de improductivos connacionales— se ha derivado simplemente de la incautación de patentes e invenciones alemanas después de la Primera Guerra Mundial, y mucho más después de la Segunda Guerra Mundial [1].

[1] El más prominente despojo de guerra que Woodrow Wilson incautó en 1917 fue la patente alemana de la aspirina, aquel "fármaco milagroso".

     Hay quienes afirman que la clave del bienestar de EE.UU. han sido sus ciudadanos judíos. Después de todo, esto es ahora una "economía de servicios" de corredores de bolsa y servicios financieros y de entretenimiento. ¿Podría EE.UU. prescindir realmente de fabricar o cultivar algo, y en cambio concentrarse en los elementos esenciales como los espectáculos de Broadway, las comedias de situaciones de Hollywood y la especulación monetaria?.

     El mensaje de 1974 de Bernt Engelmann, Deutschland ohne Juden [Alemania sin Judíos], publicado en inglés en Nueva York en 1984, es claro: Ustedes los alemanes eran mediocres hasta que nosotros los judíos llegamos; y ahora que nos hemos ido, ustedes se ha hundido de vuelta en la mediocridad.

     Engelmann cita listas interminables de grandes médicos judíos alemanes o austriacos, varios de los cuales, como los bacteriólogos Paul Ehrlich (1854-1915) y Robert Koch (1843-1910), ganaron el Premio Nóbel en medicina y fisiología (Ehrlich, 1908; Koch, 1905). Sigmund Freud (1856-1939), de dudosas credenciales, es uno de los preciados ejemplos de Engelmann.

     Engelmann también hace uso de bosques enteros con páginas de elogios impresos a olvidados judíos dramaturgos, compositores de música, productores de operetas, críticos, editores, etc. ¿Cómo podría uno olvidar al inmortal Meyerbeer? Para el ojo atento, esto sabe a una auto-felicitación étnica. Un judío talentoso escribe una pieza, otro la publica, después otro habla de ella favorablemente, un cuarto se sienta en la boletería contando su dinero y un quinto toma su 10% como agente —una prueba poco convincente de que la nación de Mozart, Bach y Beethoven necesitaba lecciones de música.

     Gottlieb Daimler (1834-1900) y Karl Benz (1844-1929) inventaron el moderno motor de gasolina en 1878-1887. Otros alemanes tomaron la delantera en la química del siglo XIX y crearon los primeros lentes de contacto (en la década de 1880), los rayos X (Wilhelm Roentgen en 1895), la Física cuántica (descubierta en 1900 por Max Planck, 1858-1947), la aspirina (ácido acetilsalicílico) y por último (pero no lo menor), la sacarina en 1913. En cuanto a los siglos anteriores, los alemanes no recibieron ningún crédito por inventar el croissant o "Kipferl", como los alemanes lo llaman, en Viena para celebrar la derrota de los turcos en 1683; uno nota el logotipo religioso turco, la media luna (un producto horneado del que luego se apropiaron rápidamente los franceses denominándolo como el "croissant"). Del mismo modo, los alemanes reciben cero crédito por hornear la primera "quiche" (una tarta con queso y jamón u otros elementos), que en Lorena y en los dialectos del Rhin ("Kiisch") simplemente significa "sobrantes de cocina horneados en una tarta".

     Dejando aparte los productos horneados, los hechos revelan que el período más creativo en la Historia mundial puede haber sido Alemania entre 1932 y 1945, y que la mayor parte de la ventaja científica de EE.UU. provino de saquear las patentes alemanas por toneladas, tanto en la Primera Guerra como muchas más después de la Segunda Guerra Mundial.

     Y debido a que Alemania quedó tan devastada después de la Segunda Guerra Mundial, ha habido desde entonces una fuga de cerebros de los jóvenes científicos alemanes superiores, a Massachusetts y California en cuanto a computadores y genética, y al gran Los Ángeles, Houston y Cabo Cañaveral en cuanto a la ciencia aeroespacial. Como comentó un científico alemán: "Desde la guerra, no hemos tenido las capacidades de financiación para una investigación básica para el futuro a largo plazo. Aquella clase de gran dinero sólo la tienen los estadounidenses. En Alemania, y en Japón también, hacemos investigación aplicada y clínica para aplicaciones inmediatas. Pero estar en la vanguardia, el dinero y la organización están ahora en Estados Unidos y tenemos que ir allí" [2].

[2] En Und war es ein Wunder (Y Aquello Fue un Milagro), de Anton Zischka, pp. 153-154, leemos: "Si los ciertamente no extremadamente sensitivos nacionalsocialistas habían obligado el retiro (¡con su derecho a pensión!) de un total de 1.628 profesores cuando ellos asumieron el poder, las víctimas de los anti-nazis (Aliados) sumaron nada menos que 4.289 profesores e instructores, que no recibieron ninguna pensión en absoluto. Como el periódico Christ und Welt calculó en 1950, los nacionalsocialistas despidieron al 9,8% de su personal de enseñanza universitaria, pero los Aliados al 32,1%. Uno de cada tres profesores alemanes perdió su cargo de enseñanza o investigación por voluntad de los vencedores. En Alemania en conjunto fue uno de cada dos profesores... De acuerdo con la Directiva de la Comisión de Control Nº 24 del 1º de Enero de 1946, un total de 373.762 personas fueron encontradas inadecuadas para cualquier servicio público o actividad económica excepto como trabajadores manuales". Citado en Remer, Otto Ernst, Verschwörung und Verrat um Hitler (Conspiración y Traición contra Hitler), p. 267. Véase Nota 8.

     Una admisión asombrosa del despojamiento de la inventiva alemana después de la guerra apareció en un artículo de Octubre de 1946 de Charles Lester Walker en la revista Harper's [el artículo que sigue]. Titulado "Secretos por Miles", presenta algunos problemas para los Bernt Engelmann de este mundo que insinúan que la ciencia alemana en el período 1932-1945 no habría sido "nada sin los judíos".

     De hecho, el artículo sugiere con completa seriedad que el canciller alemán Adolf Hitler había tenido razón, desde su punto de vista, al prolongar la guerra hasta el último jadeo. Según el general vice-comandante de Inteligencia de la Fuerza Aérea y del Ejército, el Air Technical Service Command, en un discurso a la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Aeronáuticos (ASAE), "los alemanes estaban preparando cohetes sorpresa para el mundo entero en general e Inglaterra en particular, que habrían, se cree, cambiado el curso de la guerra si la invasión hubiera sido pospuesta durante un tiempo tan corto como medio año".

     Incluso sin su brillante minoría judía, "el cohete V2 que bombardeó Londres era sólo un juguete comparado con lo que los alemanes tenían bajo su manga". Ellos tenían 138 tipos de misiles teledirigidos en varias etapas de producción o desarrollo, usando toda clase de dispositivos de control remoto o detonadores: radio, radar, conducción mediante cables, ondas continuas, acústica, luz infrarroja, rayos de luz y magnetismo. Y en cuanto a fuerza motriz, los alemanes tenían  una ventaja de años en la propulsión a chorro, tanto a velocidades subsónicas como supersónicas, habiendo creado incluso un "helicóptero a reacción" en donde diminutos chorros a presión hacían girar las aspas del helicóptero a velocidades inapreciables.

     A medida que la guerra se terminaba, y el Presidente Franklin Roosevelt estaba ordenando a los generales George Patton y Dwight David Eisenhower que se retiraran y dejaran al "Tío Joe" (Josef Stalin) capturar Berlín y Europa del Este, los alemanes habían estado preparando su gigantesco cohete A-4 para la producción. De 46 pies de longitud [14 metros], pesaba más de 24.000 libras [10.900 kilos] y podía viajar 230 millas [370 kms.] —60 millas ascendiendo por sobre la tierra a una sorprendente velocidad máxima de 3.375 millas por hora [5.430 kms/h]. Su secreto era un motor de cohete que utilizaba nitrógeno líquido y alcohol. Era controlado por radar o auto-guiado por un giroscopio. Ya que volaba más rápido que la velocidad del sonido (en varias veces), no podía ser oído antes de que golpeara.

     Otro cohete en el que se estaba trabajando era el A-9, todavía más grande, con 29.000 libras [13.150 kilos] y equipado con alas. Tenía un rango de alcance de 3.000 millas [4.830 kms.]. Fabricado en Peenemünde, formaba un arco en el cielo a unas increíbles 5.870 millas por hora [9.447 kms/h].

     Pero la mayor parte de los estadounidenses sabe algo acerca de los cohetes alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Unos cuantos incluso saben que además del motor de automóviles los alemanes también inventaron el avión a reacción y perfeccionaron la supercarretera o autopista (las tres invenciones más importantes que conectan a este enorme país [EE.UU.]). Prácticamente nadie sabe que en el Campo Wright-Patterson en Ohio, en la Biblioteca del Congreso y en el Ministerio de Comercio en Washington, una "veta madre" de 1.500 toneladas de patentes alemanas e informes de investigación estaba siendo extraída furiosamente después de la guerra. Un exultante burócrata de Washington la llamó "la mayor fuente de este tipo de material en el mundo, la primera explotación ordenada del poder cerebral de un país entero".

     Afortunadamente, fue para beneficio de Estados Unidos, que, habiendo frustrado la cruzada de Hitler contra la Unión Soviética, tuvo que ponerse el mismo guantelete para luchar contra una extensión del comunismo por todo el mundo antes de finales de los años '40.

     La génesis del proyecto para incautar secretos alemanes fue en 1944, cuando, asombrados por la tecnología alemana en todo, desde cohetes y aviones a reacción hasta los tanques Tiger, se estableció un comité conjunto de Objetivos de Inteligencia para confiscar invenciones alemanas en el instante en que ellas fueran obtenidas, incluso antes de la rendición, para ser usadas contra Japón.

     Incluso antes de alcanzar la frontera alemana, comenzaron a hacerse descubrimientos fascinantes, incluso uno con el cual cada estadounidense está familiarizado: la cinta de audio. El artículo de 1946 de la revista Harper's muestra al jefe de la Rama de Inteligencia Industrial Técnica, con una inusual excitación:

     "...deslizándose una cinta marrón, parecida al papel, desde un carrete. Era de un cuarto de pulgada de ancho, con un lado opaco y un lado brillante. Ésta es la cinta magnetofónica", dijo [3]. "Esto es plástico, metalizado en un lado con óxido ferroso. En Alemania, aquello suplantó a las grabaciones de fonógrafo. El programa de radio de un día puede ser magnetizado en un carrete. [Luego] usted puede desmagnetizarlo, borrarlo, y poner un nuevo programa en cualquier momento. No se requiere ninguna aguja, no hay ningún ruido extra o deterioro de la grabación. Un carrete de una hora de duración cuesta 50 centavos".

[3] Magnetófono es todavía la palabra francesa para un reproductor de cintas de audio.


     El libro "Una Breve Historia de la Grabación y Sus Efectos sobre la Música", de Michael Chanan (Londres, 1995), señala que incluso a finales de los años '20, antes de "los 12 años más oscuros de la historia alemana" [4], un tal Fritz Pfleumer había desarrollado una cinta grabadora de plástico. Fue lanzada comercialmente por la compañía BASF [5] en 1934. La idea estaba basada en la tira de película, y su aplicación original era para el dictado en un ambiente de oficina. En Gran Bretaña, un proyecto financiado por el gran genio de la radio Guglielmo Marconi estaba intentando lo mismo. (Durante el Día D, los estadounidenses difundieron cintas de audio de combate a alto volumen en varias localidades para tratar de distraer a los defensores alemanes).

[4] La frase tipo mantra que cada alumno alemán moderno aprende acerca del período de Hitler.
[5] Una gigantesca planta química alemana, que hoy día tiene una enorme planta para pegamentos y cintas de audio en Carolina del Norte.

     Sin embargo, el gran salto adelante vino cuando un tal A. M. Poniatoff, presidente de una pequeña compañía de California llamada Ampex (un nombre comercial todavía familiar para la generación más antigua), llevando puesto entonces un uniforme del Ejército estadounidense, ayudó a incautar la Radio Luxemburgo, en manos de los alemanes, a finales de 1944. Comprendiendo al instante la mina de oro en ganancias y calidad que representaba la cinta magnetofónica, Poniatoff tuvo a la compañía 3M desarrollando rápidamente la nueva cinta en la producción estadounidense, y esto barrió a la industria del espectáculo de Los Ángeles.

     Su gran logro llegó en 1947 cuando Bing Crosby primero la usó para registrar sus espectáculos televisivos. El cantante melódico no sólo prefirió el sonido magnetofónico, sino que invirtió fuertemente en Ampex. Más tarde, las bandas de sonido de películas fueron en cinta de audio también, mejorando la mezcla y el doblaje eficientemente también, y evitando la irritante desgracia donde una exitosa escena de película tenía que ser vuelta a grabar debido a defectos de sonido. Ampex más tarde llegó a introducir las primeras grabadoras de videocinta en 1956 (todas ahora sólo un recuerdo, sacrificadas en el altar del libre comercio con Japón).

     La lista continúa sin cesar: la mica sintética, que aumentó la producción de acero estadounidense en un 1.000%; "los secretos para 50.000 tinturas, muchas de las cuales son más rápidas y mejores que las nuestras, colores que nunca fuimos capaces de hacer"; la conservación de la leche, la mantequilla y el pan sin productos químicos; y la refrigeración y el aire acondicionado para los submarinos alemanes tan eficientes que éstos podían cruzar desde el Océano Atlántico al Pacífico, luchar allí durante dos meses y regresar a Alemania sin necesidad de abastecerse de agua dulce para la tripulación. Además, estaba el asiento eyectable del piloto, el visor infrarrojo para los rifles, e incluso el ionizador del aire viciado, que muchos estadounidenses usan por la fresca sensación que ello pone en el aire, y que al parecer reduciría la tensión arterial, las alergias y los síntomas del asma.

     Además del saqueo gubernamental oficial de Alemania (lo que los soldados siempre llamaron la "liberación"), existieron también fructíferos saqueos personales, ejemplificados por Robert Maxwell, financiero extraordinario, y durante un tiempo el hombre más odiado en Gran Bretaña. La gran contribución de este ciudadano judío Ortodoxo, nacido como Jan Hoch en lo que era entonces Checoslovaquia, fue la fundación de un Imperio de publicaciones científicas en Gran Bretaña, llamado Pergamon Press, basado completamente en la investigación alemana que él había saqueado con la connivencia de  la Inteligencia británica. Maxwell llegó a dominar la prensa popular británica, y defraudó el fondo de pensiones de sus propios empleados en 90 millones de libras. Él finalmente falleció misteriosamente y desnudo por una caída desde su yate en 1991, sólo una semana después de resistir a la policía secreta israelí, el Mossad, la cual puede haberlo puesto en el negocio en primer lugar. Curiosamente, su principal co-conspirador en Estados Unidos, Robert Rubin, que antes trabajó para Goldman Sachs, es ahora [1999] el Secretario de la Tesorería [6].

[6] Vea los artículos de Maxwell en el periódico The Spotlight del 18 de Noviembre de 1991; del 16 de Mayo de 1994; del 10 de Abril y del 1º de Mayo de 1995, y del 3 de Febrero de 1997.

     Cuando no estaba matando a tiros a un mayor alemán rendido y armado sólo con una bandera blanca (como él se jactó en una entrevista en Der Spiegel) o sobornando a oficiales británicos para que inventaran su heroico registro de guerra (por cuyo historial Montgomery personalmente le impuso una medalla), Maxwell/Hoch [7] estaba en la zona británica de Berlín en 1946 con el apoyo pleno de la Inteligencia británica, forzando a vender los enormes descubrimientos investigativos de la empresa editora de ciencia de la viuda de Springer a un precio irrisorio.

[7] Y apellidado, brevemente, Du Maurier, a partir de un popular cigarrillo.

     Finalmente, después de que Maxwell arrebató 94 millones de dólares de los fondos de pensiones de los 5.000 empleados del Mirror Group, sus financistas estadounidenses en Goldman Sachs fueron despojados de aproximadamente 250 millones de dólares para poner fin a sus reclamaciones, tras lo cual el cuerpo de Maxwell fue sacado del mar por un sorprendido español, para ser sepultado con plenos honores en Israel y es de esperar que olvidado. Lejos de ejemplificar que los alemanes no eran nada sin la ayuda científica judía, su vida sugiere que un judío puede hacerse millonario sacando provecho de las ideas alemanas.

     Esto plantea la justificable cuestión de la bomba atómica, que los judíos europeos produjeron para EE.UU. y que los científicos alemanes no proporcionaron a tiempo a Alemania. En su magistral libro Verschwörung und Verrat um Hitler (Conspiración y Traición Contra Hitler) [8], el general Otto Ernst Remer detalla cómo los elementos anti-Hitler en la comunidad científica alemana manipularon a su propio Werner Carl Heisenberg (n. en 1901) en el programa clave de desarrollo de uranio en el Instituto Kaiser Wilhelm (ahora sucedido por el Instituto de Física Max Planck). La clara misión de él, orgullosamente proclamada después de la Segunda Guerra Mundial (Der Spiegel, 24 de Noviembre de 1952), era retrasar burocráticamente el proyecto de la bomba atómica alemana hasta que los Aliados hubieran ganado la guerra [9].

[8] Verschwörung und Verrat um Hitler, Urteil des Frontsoldaten (Juicio Hecho por un Soldado de Primera Línea), Otto Ernst Remer, general retirado, Preussisch Oldendorf, 1981. Remer era un oficial de combate muy condecorado, un severo supervisor prusiano de estilo antiguo. Portador de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble (personalmente presentada a él por Hitler), él al instante frustró el golpe de Estado de los oficiales del 20 de Julio de 1944 contra Hitler, una vez que él había oído la voz de Hitler en el teléfono declarando que estaba vivo y cómo proceder. Después de la fundación de la República Federal de Alemania, él fundó el altamente popular (13% de los votos) Partido Socialista del Reich Alemán, que los Aliados prohibieron. Él tuvo que huír de Alemania a principios de los años '90 y murió en el exilio político español en 1996.
[9] No más increíble que la gente que se llamaba a sí misma como "estadounidense" que desfilaba por las calles de Washington DC durante el tiempo de guerra en 1968, gritando: "¡Ho, Ho, Ho Chi Min!, ¡El Vietcong va a ganar!" (Ho! Ho! Ho Chi Minh! Viet Cong are gonna win!).

     Sólo como un ejemplo, el ministro alemán de municiones Albert Speer suplicó a Heisenberg y a su colega conspirador Von Weizsäcker (hermano de un posterior presidente de Alemania Occidental) que dijeran qué cantidad de dinero o de materiales ellos requerían después de que ellos afirmaran que habían sido disminuídos por recortes presupuestarios. La respuesta de Von Weizsäcker pidiendo "40.000 marcos" hizo que Speer se quedara mirando con asombro, y admitiera más tarde que él había planeado proponer 100 millones de marcos para comenzar.

     Heisenberg no sólo declaró explícitamente a Der Spiegel que "nunca tratamos de producir ninguna bomba atómica, y nos alegramos de no ser responsables de haber fabricado alguna", sino que él también reconoció haber filtrado la más reciente información acerca de la investigación alemana en cuanto a la fisión del uranio, al científico danés semi-judío Niels Bohr, quien informó puntualmente a su colegas raciales en Estados Unidos.

     De esta manera, Alemania no careció de la bomba porque hubiera carecido de judíos sino más bien porque un puñado de científicos claves hostiles a Hitler retrasó su camino en el programa atómico alemán. Heisenberg había incluso admitido ante un impresionado auditorio de la Luftwaffe en 1942, después de los 1.000 devastadores bombardeos británicos de aniquilación de las ciudades portuarias de Kiel y Lübeck, que Alemania podía producir una bomba con material "del tamaño de un plátano" (haciendo el gesto con sus manos) para borrar una ciudad enemiga entera, pero luego él se contradijo y dijo que eso por supuesto sería económicamente imposible (Remer, pp. 285-291).

     Una de las aseveraciones más interesantes del general Remer es que tal como los estadounidenses estaban corriendo en los días finales para cambiar las invenciones alemanas para ser usadas contra Japón, Hitler estaba enviando un submarino lleno de secretos a aquella misma nación por petición explícita del Emperador Hirohito.

     En Verschwörung und Verrat um Hitler, Remer primero señala la crítica que el ministro de propaganda Joseph Goebbels había recibido por su mensaje de "manténganse firmes, las armas milagrosas ya vienen", después de Stalingrado. Irónicamente, mientras muchas de esas armas llegaron demasiado tarde para salvar a Alemania de su destino de ocupación, decapitación del gobierno y desmembramiento, Remer relata que un miembro del U-234 le envió lo siguiente:

     «En la primavera de 1945 se me ordenó reportarme para servir en el U-234. Dicho submarino era un ex-colocador de minas especialmente rediseñado del tipo XB, de 1.760 toneladas, 4.200 caballos de vapor y una tripulación de 52 hombres. El comandante era un capitán Fehler.

     «El 23 de Marzo de 1945 el submarino viajó fuera de Kiel hacia el Sur de Noruega sin sumergirse. El 15 de Abril de 1945 se zambulló al Sur de Christiansand con el objetivo inmediato de moverse entre Islandia y las islas Feroe. El destino era Japón.

     «Nuestras órdenes declaraban que debíamos llevar al general Kessler de la fuerza aérea como un agregado de la Luftwaffe con su personal y técnicos a Tokio. El [Emperador] nos había pedido ayudarlo a incrementar la defensa aérea de Japón con las armas desarrolladas en Alemania.

     «También a bordo, con este mismo propósito, estaban, además del general, dos oficiales de la fuerza aérea, un especialista naval antiaéreo, un especialista de demoliciones submarinas, un especialista en bajas frecuencias del personal del profesor Küpfmüller, así como dos ingenieros de Messerschmitt (especialistas en la construcción de aviones Me-262) [10] y dos capitanes japoneses de fragata. Uno de ellos era un capitán Tomonaga, quien había colaborado con nosotros en su capacidad como especialista en torpedos humanos (tripulados por un solo hombre) [11] cuando estábamos desarrollando nuestros propios pequeños barcos de combate.

[10] El cazabombardero alemán que volaba a 500 millas por hora [800 kms/h].
[11] Un ejemplo intacto de uno de esos torpedos tripulados puede ser visto en el museo Mystic Seaport en Connecticut.

     «Nuestro cargamento consistía en doce cilindros de acero, de la clase usada para almacenar minas, conteniendo un completo material microfilmado acerca de los últimos avances en el armamento ofensivo y defensivo alemán, especialmente en cuanto a cohetes y defensa contra cohetes [cohetes anti-cohetes], así como nuestras conclusiones investigativas en las áreas de la tecnología de alta y baja frecuencia, y finalmente una contribución decisiva al desarrollo de la energía nuclear y la guerra atómica.

     «Después de pasar por los estrechos de Islandia y tras 28 días sumergidos a una profundidad media de 260 pies [80 metros], nos llegó un mensaje la noche del 12 al 13 de Mayo [12] durante un viaje a profundidad de periscopio, en el cual el Gran Almirante [Karl] Dönitz ordenaba que nosotros capituláramos. En este punto en el tiempo estábamos localizados en medio del Atlántico, al Sudeste de las orillas de Terranova.

[12] Después de la rendición alemana y de la detención de todos sus oficiales, incluído el sucesor de Hitler, el Gran Almirante von Dönitz.

     «La orden para nuestro capitán estaba expresada en un tono muy personal, diciéndole que entregara el submarino sin destruír su valioso cargamento [13]. Después de 12 horas de debate y reflexión, el capitán Fehler se decidió, en concordancia con el general Kessler y después de informar a los dos capitanes japoneses de fragata, que él cumpliría la orden de Dönitz y que saldría a la superficie para rendirse. Los dos oficiales japoneses se quitaron sus propias vidas antes de que el submarino emergiera.

[13] Dönitz, quien había sido elegido como el sucesor por Hitler debido a su impecable registro de guerra así como por sus genuinas inclinaciones nacionalsocialistas, aparentemente consideró que a pesar de toda su admiración por el bélico pueblo japonés, era mejor que los estadounidenses consiguieran esos secretos para usarlos contra los soviéticos, en vez de que los recibieran sus aliados japoneses (quienes no habían notificado a Berlín antes de que ellos atacaran Pearl Harbor) en una causa obviamente perdida.

     «Ocho horas más tarde, el U-234 fue tomado como un premio de guerra por el destructor estadounidense Sutton y llevado a la base naval estadounidense de Portland, Maine.

     «Los oficiales y los funcionarios estadounidenses que posteriormente nos interrogaron estaban claramente horrorizados por los contenidos de nuestro submarino. Ellos nos criticaron por supuestamente no tener ni idea de cuán valiosa era nuestro cargamento. A fines de Julio de 1945 el oficial responsable del equipo de investigación me declaró que la evidencia en microfilms y el testimonio de nuestros técnicos habían demostrado que en el desarrollo técnico decisivo, estábamos "100 años" por delante de Estados Unidos».

     Aquello hace surgir la fastidiosa pregunta de dónde provienen todas esas continuas observaciones de "OVNIs", que comenzaron pocos años después de la Segunda Guerra Mundial, y su relación con la captura de la alta tecnología alemana. El mismo gobierno que nos dio el encubrimiento de la Comisión Warren, el silencioso tratamiento público del asalto israelí sobre el USS Liberty [14], y una alegre despreocupación acerca de la significación social de las diferencias raciales entre negros, blancos y asiáticos demostradas en el muy vendido estudio de Harvard "The Bell Curve", parece ansioso por mantener al público en la oscuridad acerca de todos tales avistamientos "no confirmados" [15].

[14] Los oficiales navales estadounidenses parecen bien conscientes de este ultraje. El autor habló con un capitán naval, quien agitó su mano y dijo: "No me haga empezar".
[15] Que es lo mismo que los "avistamientos no confirmados" de los prisioneros de guerra estadounidenses de la época de Vietnam, y es el procedimiento stándard de operaciones cuando el Pentágono, la CIA o la Casa Blanca tienen algo que esconder: "Ni confirmaremos, ni negaremos".

     Es al menos interesante que fuera sólo dos años después de la incautación de "50 toneladas" (Walker, p. 329) de informes alemanes aeroespaciales y de Física que irrumpió la primera historia importante de OVNIs, el incidente de Roswell, en Nuevo México. Después de todo, lo que ha fascinado a los investigadores desde entonces (particularmente, a los escépticos del Gobierno que supervisan el Área 51 en el lago Groom, al Norte de Las Vegas) son cosas en las que los alemanes estaban trabajando: naves espaciales que usan materiales nuevos y resistentes, pero ligeros, que dan vueltas en 180 grados a una velocidad Mach 4 sin derramar las bebidas y que generalmente desafían las leyes de gravedad, quizás por el uso de giroscopios dentro de giroscopios.


     Una de las fuentes más interesantes de información es el sitio web de Tom Mahood [esa página ya no existe; intente aquí * en cambio], que presenta fotografías del Área 51, incluyendo el muy serio signo fronterizo naranja, imágenes e información acerca del servicio aéreo "Janet" entre Las Vegas y Groom Lake, así como fotos del helicóptero MII-60 "Pave Hawk" para todo clima que patrulla el Área 51, e información acerca del muy secreto servicio de seguridad EG&G Corporation en Las Vegas, e incluso un boletín de noticias acerca del Lago Groom del cantante Glen Campbell. ¿Qué está sucediendo?.

* http://www.ufomind.com/area51/photos/

     Es sabido que la SS alemana envió expediciones al Tíbet, supuestamente una tierra de maravillas de la mente sobre la materia, a finales de los años '30 [16]. El objetivo era tanto buscar evidencia acerca de los orígenes indoeuropeos en el Himalaya como de las técnicas secretas usadas allí, probablemente incluso la levitación anti-gravedad. Lo que vincula a esto con Europa, la América antigua y Egipto es el descubrimiento de restos de momias rubias o nórdicas en o cerca de muchos sitios de milagros arquitectónicos.

[16] De hecho, una de esas expediciones fue popularizada en una película, Siete Años en el Tíbet, acerca del hombre real el SS Heinrich Harrer —caracterizado por Brad Pitt— y un joven Dalai Lama.

     Como cualquier lector de los tres artículos acerca de Egipto de la edición de Septiembre-Octubre de 1998 de The Barnes Review, o como cualquiera que haya visto los excelentes programas sobre Egipto en el History Channel de la televisión por cable, puede testificar que tanto la gente que vivía en el antiguo Egipto como los gobernantes de Machu Picchu hacían hazañas que prácticamente desafiaban la ley de gravedad al construír sus pirámides y templos.

     Uno sólo puede especular en cuanto a qué secretos pudieron haber revivido los alemanes o haber descubierto de nuevo durante el Tercer Reich, y que están siendo utilizados ahora por el actual Gobierno de Washington. Es bien sabido a partir de las excavaciones de momias rubias en Egipto y en Sudamérica efectuadas por Thor Heyerdahl, así como por las declaraciones del Emperador mejicano Moctezuma (dando la bienvenida "de regreso" a los españoles como sus fabulosos "dioses blancos") que alguna clase de antiguos científicos Blancos o físicos avanzados estuvo implicada con los orígenes de esas culturas. Incluso los chinos admiten la existencia de tribus pelirrojas y de ojos azules que constantemente se infiltraban en la antigua China (de lo cual se presenta evidencia ilustrada en un reciente programa de la National Geographic). Se ha dicho que el propio gran profesor Confucio (ca. 551-479 a.C.), de la noble familia K’ung, era un hombre de una estatura excepcionalmente alta para un chino, y que Gengis Jan (1167-1227 d.C.), el conquistador mongol, tenía el pelo rojo y ojos verdes.

     Pero el apagón histórico continúa. El Gobierno parece querer insinuar que "alienígenas" del espacio exterior están detrás de toda esta alta tecnología. Dios no permita que debiera resultar que los antiguos indoeuropeos estaban haciendo estas cosas hace miles de años, o especialmente los alemanes investigando sin que los judíos se beneficiasen en el Tercer Reich.



ANEXO
"Operación Paper-Clip"
por Udo Walendy


     Según el Informe de Zona estadounidense de Octubre de 1945, 66.500 "destacados nacionalsocialistas" habían sido internados en la Zona Estadounidense desde Septiembre de 1945. Hacia el final de aquel año, otros 70.000 "destacados nacionalsocialistas" habían sido internados en la Zona Británica. Además, 156.000 personas fueron "despedidas" del servicio público en la Zona Británica entre Mayo de 1945 y Septiembre de 1946, y 86.000 postulaciones de otras personas que trataban de obtener empleo en una de las restringidas zonas de ocupación fueron rechazadas (M. Balfour, Viermächtekontrolle in Deutschland, p. 266).

     En cuanto al destino de los prisioneros de guerra alemanes, debería señalarse que más soldados alemanes murieron o fueron asesinados mientras estaban en el cautiverio soviético que los que fueron muertos o heridos en el frente occidental desde el Día D hasta la rendición del 7 de Mayo de 1945. Cientos de miles de soldados y civiles alemanes sufrieron el mismo destino en Yugoslavia, Checoslovaquia y Polonia [1]. Y en el sector francés, 40.000 prisioneros de guerra alemanes fueron coercionados para integrarse a la Legión Extranjera francesa. Irónicamente, esos veteranos de nuevo se encontraron enfrentando a un adversario inspirado por los comunistas, ya que la mayoría fueron enviados a la Indochina francesa (Vietnam) para luchar contra los insurgentes Vietminh que procuraban "liberar" la región del dominio colonial francés.

[1] En el momento en que el autor de este anexo, Udo Walendy, escribió estas palabras, el tratamiento criminal por parte de Eisenhower hacia los prisioneros de guerra alemanes, en donde él deliberadamente los encerró en recintos con alambre de púas —una atrocidad que, según el libro Otras Pérdidas de James Bacque, reclamó las vidas de aproximadamente 900.000 derrotados hombres alemanes— era desconocido para él. [Udo Walendy, The Brainwashing of the German Nation, 1999, publicado por The Barnes Review].

     Hacia 1944 estaba en curso la "Operación Paper Clip" de los Aliados occidentales, nombrada así a partir de los clips en las fichas de archivo de los científicos alemanes. Aquellos que estaban involucrados se dedicaron a cazar la "ciencia viviente", y también persiguieron patentes y secretos comerciales alemanes. Ellos finalmente tuvieron éxito en el robo de todo ello. Según una declaración publicada por el Departamento de Defensa estadounidense en Febrero de 1950, 24.000 científicos y técnicos alemanes fueron "interrogados detalladamente", y 523 de ellos fueron "llevados a Estados Unidos". De éstos, 362 fueron "requeridos" para que tomaran medidas para adquirir la ciudadanía estadounidense. Esos científicos alemanes, según el director de la Operación Paper Clip, "ahorraron al menos mil millones de dólares en gastos de armas, y al menos 10 años en tiempo de desarrollo ya hacia Mayo de 1949".

     Aunque los estadounidenses fueron los iniciadores del saqueo intelectual de Alemania, éste fue practicado por todos los vencedores: el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética.

     Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a un final, los expertos franceses, soviéticos y británicos estaban tan preparados como la Oficina de Servicios Técnicos (OTS) de Washington. La oficina de Londres del Subcomité de Objetivos de Inteligencia británico dijo orgullosamente: "Los secretos de producción que nos llevamos de Alemania son un golpe más grande que la pérdida de Prusia del Este". Incluso el Primer Ministro de Australia, Joseph B. Chifley, admitió en una alocución radial en Septiembre de 1949 que "el saqueo de 6.000 informes industriales alemanes y de 46 científicos alemanes dados a Australia" poseía un valor que no podía ser calculado en dinero y que ahora permitía a los productores australianos desempeñar también un papel prominente en la producción industrial mundial.

     Este despojo fue tan grande que muy pronto uno era incapaz de contar los documentos, y ellos fueron medidos por su peso en papel. El Comando de Investigación y Desarrollo Aéreo estadounidense en la base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson en Ohio, de esta manera recibió "sin duda la mayor colección de métodos secretos capturados en el mundo", y ella pesaba 1.554 toneladas.

     Un funcionario de la OTS calificó a esa oficina, que tenía la misión de distribuír el progreso tecno-científico de Alemania, como "la primera organización en el mundo con el objetivo de desangrar completamente el poder inventivo de un pueblo entero". Ésta dispuso de más de 3.000 toneladas de documentos incautados en Alemania.

     Para que nadie pudiera aparecer y denunciar todo este robo y saqueo al por mayor como un crimen de guerra, se tuvo que determinar que todos los alemanes de aquellos tiempos fueran continuamente difamados y tratados como criminales, bárbaros, "criminales de guerra", "militaristas" y "fascistas" (con el significado propagandístico de un mal satánico), de modo que nadie de esa gente indeseable que mereciera tales opiniones ocupara alguna posición desde la cual pudiera ser alcanzado el público. Ésa fue la razón de tener oficiales de control Aliados en las universidades alemanas, de tener escritores Aliados o sus ayudantes para volver a escribir los libros de texto de la historia alemana, y de tantos conferencistas extranjeros en Historia y ciencias políticas en las universidades alemanas.

     Y mientras los ciertamente no tímidos nacionalsocialistas habían removido a 1.628 profesores de universidad (conservándoles sus pensiones), los anti-nazis en 1945 victimizaron nada menos que a 4.289 catedráticos y profesores. Y ellos no recibieron ninguna pensión. Como Christ und Welt calculó en 1950, los nacionalsocialistas removieron al 9,5% del personal universitario, pero los Aliados removieron al 32,1%.

     Uno de cada tres profesores universitarios alemanes en los sectores occidentales fue privado de su posición de investigación o enseñanza por los vencedores. Y en toda Alemania, fue uno de cada dos. Hacia 1946, 1.028 catedráticos y profesores habían llegado desde los territorios del Este y de Alemania central al área de la posterior Bundesrepublik (RFA) como refugiados desempleados, y más tarde llegaron miles más. Pero en 1946 la des-nazificación acababa de comenzar, la cual ordenaba, según la Directiva del Consejo de Control Nº 24 del 1º de Enero de 1946, el retiro inmediato de antiguos nacionalsocialistas "de todos los cargos y de numerosas profesiones" sólo en la zona estadounidense. Por ejemplo, 373.762 personas hacia el final de 1946 fueron encontradas "no aptas para ninguna función pública o trabajo en la economía excepto como trabajadores" (Anton Zischka, War es ein Wunder, pp. 153-54).–



SECRETOS POR MILES
por Charles L. Walker, Revista Harper's
Octubre de 1946


     Alguien escribió a [la base militar] Wright Field recientemente, diciendo que él entendía que este país [EE.UU.] había recolectado una gran colección de secretos de guerra enemigos, que muchos estaban ahora para la venta pública, y que por favor se le enviara todo acerca de motores a reacción alemanes. La División de Documentos Aéreos de la Fuerza Aérea del Ejército contestó: "Lo sentimos, pero aquello serían unas cincuenta toneladas".

     Además, aquellas cincuenta toneladas eran sólo una pequeña parte de lo que es hoy indudablemente la más grande colección de secretos de guerra enemigos capturados alguna vez reunida. Si usted siempre ha pensado en los secretos de guerra como viniendo en un estado de desorden —¿y quién no ha pensado así?—, como unos cuantos artículos de información prontamente entregados a las autoridades debidamente interesadas, podría interesarle a usted saber que los secretos de guerra en esa colección se encuentran por miles, que la masa de documentos es montañosa, y que nunca ha habido antes nada comparable a ello.

     Dicha colección está almacenada hoy principalmente en tres lugares: en Wright Field (Ohio), en la Biblioteca del Congreso, y en el Ministerio de Comercio. Wright Field trabaja a partir de una "veta madre" de documentos de mil quinientas toneladas. En Washington, la Oficina de Servicios Técnicos (que ha absorbido a la Oficina del Consejo de Publicaciones, la agencia del Gobierno originalmente establecida para manejar dicha colección) relata que decenas de miles de toneladas de material están implicadas. Se estima que más de un millón de artículos separados deben ser manejados, y que ellos son, muy probablemente, prácticamente todos los secretos científicos, industriales y militares de la Alemania Nacionalsocialista.

     Un funcionario de Washington la ha llamado "la mayor fuente de este tipo de material en el mundo, la primera explotación sistemática del poder cerebral de un país entero".

     Cómo la colección llegó a constituírse se remonta, en sus comienzos, a un día de 1944 cuando el jefe del Personal Aliado Combinado puso en movimiento una búsqueda colosal de secretos de guerra en el territorio alemán ocupado. Ellos crearon un grupo de equipos militares y civiles, llamado el Comité Conjunto de Objetivos de Inteligencia, que debía seguir a los ejércitos de invasión en Alemania y descubrir todos sus secretos militares, científicos e industriales para su pronto uso contra Japón. Esos equipos trabajaron contra el tiempo para conseguir la información más vital antes de que fuera destruída, y para conseguirla realizaron prodigios de ingenio y tenacidad.

     En una compañía óptica en Wetzlav, cerca de Frankfurt, por ejemplo, al coronel estadounidense investigador le pareció claramente que los altos ejecutivos le estaban ocultando información. Pero nada alteraría la historia de ellos, de que le habían entregado todo. Él volvió al día siguiente con un documento legal donde les pedía a todos ellos que firmaran. Allí se declaraba que ellos habían entregado "todos los datos científicos y comerciales; y si no, aceptarían las consecuencias". Dos días más tarde ellos firmaron de mala gana el documento, y luego condujeron al coronel a un depósito secreto en un molino. De una caja fuerte cayó el archivo secreto acerca de instrumentos ópticos, microscopía y teleobjetivos.

     Un equipo de búsqueda de dos hombres se encontró completamente bloqueado. Los archivos que ellos tenían que encontrar habían desaparecido completamente. Un rumor indicaba que aquéllos podrían haber sido escondidos en una montaña. Los dos registraron la región en un jeep. Nada. Pero perseverando en ello, tropezaron un día con un pequeño camino entre bosques en cuya entrada había un cartel que decía "¡Achtung! ¡Minen!" [¡Atención!, ¡Campo Minado!].

     Cautelosa y lentamente ellos avanzaron poco a poco con su jeep. Nada sucedió. Pero un refugio de concreto enterrado en la colina mostraba otro anuncio: "La Apertura Causará una Explosión".

     "Lanzamos una moneda al aire", dijo más tarde un miembro de este equipo de búsqueda, "y el perdedor enganchó la cuerda de remolque del jeep a la puerta del refugio, contuvo su aliento y aceleró".

     No hubo ninguna explosión. La puerta fue arrancada de sus goznes. Los archivos secretos buscados estaban dentro.

     La Oficina Alemana de Patentes puso algunas de sus patentes más secretas en un túnel minero a 1.600 pies de profundidad [488 metros] en Heringen, y luego amontonó oxígeno líquido, en cilindros, encima de ellas. Cuando el equipo estadounidense de Objetivos de Inteligencia Conjunta las encontró, era dudoso que pudieran ser salvadas. Los archivos con patentes eran legibles, pero en tan mala forma, que un viaje a la superficie los haría desintegrarse. Equipos fotográficos y un grupo de hombres fueron por lo tanto bajados por el túnel, y se hizo un completo registro en microfilms de las patentes que había allí.

     Quizá una de las búsquedas más emocionantes fue también la más macabra. Aquélla fue la caza de documentos escondidos que pudieran revelar que los científicos nacionalsocialistas habían congelado a seres humanos hasta la muerte y luego habían tratado de devolverlos a la vida otra vez. En la entrevista con cuatro doctores alemanes un día en Junio de 1945, en un laboratorio del Institut fur Luftfahrtmedizin, en Gut Hirschau, Baviera, un mayor del cuerpo médico estadounidense, Leo Alexander, se vio impactado por la terrible convicción, a pesar de repetidas negaciones, de que aquello sí había ocurrido.

     Sus sospechas fueron despertadas por tres cosas. Todo el pequeño equipamiento del laboratorio de animales fue cuidadosamente divulgado, mientras todo el equipamiento de animales grandes había sido destruído. Uno de los doctores quiso disolver su instituto de investigación y despedir a su personal. Y ninguno de los científicos pudo encontrar ningún dato aceca de seres humanos en absoluto, ni siquiera con respecto a aquellos rescatados de las aguas de Mar del Norte y salvados por las nuevas técnicas de reanimación. ¿Significaba eso que todo lo de ese tipo fue escondido junto con otros datos que los médicos no querían mostrar?.

     Deseando dejar a los cuatro alemanes en un estado de ánimo para que no destruyeran sus archivos, el estadounidense ocultó sus sospechas, y, por el momento, transfirió su búsqueda a otra parte.

     La posibilidad repentinamente apareció en sus manos. La radio de los Aliados una noche transmitió un macabro cuento del campo de concentración de Dachau. Investigaciones acerca de la muerte, y tratamientos de choque, de exposición al calor y al frío, habían sido llevadas a cabo sobre prisioneros. La emisión nombraba al principal experimentador, un doctor Rascher, y lo llamaba un miembro del personal médico de la SS.

     Para Alexander esto era una ventaja. Resultó que él se había enterado de que el Séptimo Ejército estadounidense había capturado recientemente una enorme masa de archivos de la SS, especialmente secretos. Él por lo tanto se dirigió hacia el Centro de Documentos del Séptimo Ejército para ver lo que había allí.

     Allí había más de lo que él esperaba, incluso el informe completo y final —la copia personal de Himmler, con sus anotaciones con lápiz verde, por todo el documento— con los nombres de Rascher y todos los otros implicados, y conteniendo todos los detalles indiscutibles de los experimentos casi increíbles.

     Las víctimas habían sido sumergidas desnudas en agua helada hasta que perdieron el conocimiento. Todo el tiempo se hicieron complicados experimentos: temperaturas rectales, de piel y del "interior del estómago"; pulso, azúcar en la sangre, cloruros de sangre, recuento sanguíneo y sedimentación; pruebas de orina y del fluído espinal. El anexo 7, figura 5, mostraba que siete sujetos fueron enfriados hasta la muerte más allá de la reanimación entre 53 y 106 minutos.

     "Esta mesa", comentó Alexander en su propio informe, "es ciertamente la confesión más lacónica de siete asesinatos existentes".

     Dicha mesa había estado con el resto de los documentos en la cueva privada de Himmler en la montaña en Hallein. Incluso aunque el lado de la montaña había sido dinamitado por encima de la boca de la cueva, los buscadores estadounidenses la habían encontrado.

     Los primeros equipos de búsqueda de Objetivos de Inteligencia Conjunta fueron seguidos por otros que debían desenterrar secretos industriales y científicos en particular. El Comité de Inteligencia Técnico Industrial era un grupo de éstos, compuesto por 380 civiles que representaban a 17 industrias estadounidenses. Más tarde vinieron los equipos de la propia Oficina del Consejo de Publicaciones y muchos más grupos directos de la industria privada. De aquella Oficina —llamada, en Alemania, Field Intelligence Agencies Technical (FIAT)— hubo más de quinientos equipos, de entre uno y diez miembros cada uno, trabajando por invitación y bajo el patrocinio de dicha Oficina.

     Hoy la búsqueda todavía continúa. La Oficina de Servicios Técnicos (OTS) tiene un personal europeo de entre cuatrocientas y quinientas personas. En la compañía Hoechst tiene cien analistas que luchan febrilmente para mantenerse al frente de las cuarenta cámaras de la OTS registradoras de documentos, que les envían cada mes más de cien mil pies [30 kms.] de microfilms.


II

     ¿Qué encontramos?. ¿Le gustarían algunos ejemplos notables de la colección de secretos de guerra?.

     El jefe de la unidad de comunicaciones de la Rama de Inteligencia Técnica e Industrial abrió su cajón de escritorio y sacó el tubo de vacío más diminuto que yo haya visto alguna vez. Era aproximadamente de la mitad del tamaño del pulgar.

     "Note que esto es porcelana pesada —no vidrio— y por ello prácticamente indestructible. Es de 1.000 watts, un décimo del tamaño del tubo estadounidense similar. Hoy nuestros fabricantes conocen el secreto de la fabricación de ello... Y aquí hay algo..."

     Él tiró una cinta marrón, parecida al papel, desde un carrete. Era de un cuarto de pulgada de ancho, con un lado opaco y un lado brillante.

      "Ésta es la cinta de magnetófono", dijo él. "Es plástico, metalizado en un lado con óxido de hierro. En Alemania esto suplantó a las grabaciones de fonógrafo. El programa de radio de un día puede ser magnetizado en un carrete. Usted puede desmagnetizarlo, borrarlo y poner un nuevo programa en cualquier momento. No se requiere de ninguna aguja, y así absolutamente ningún ruido o deterioro de la grabación. Un carrete de una hora de duración cuesta cincuenta centavos". Él me mostró entonces lo que habían sido dos de los secretos técnicos más celosamente guardados de la guerra: el dispositivo infrarrojo que los alemanes inventaron para ver durante la noche, y el notable diminuto generador que lo hacía funcionar. Los automóviles alemanes podían conducir a cualquier velocidad durante un apagón total, viendo los objetos claros como el día doscientos metros delante. Los tanques con este dispositivo podían descubrir objetivos a dos millas de distancia [3,2 kms.]. Como la mira telescópica de un francotirador, esto permitía a los fusileros alemanes liquidar a un hombre en total oscuridad.

     Había un tubo de observación, y una pantalla de selenio al frente. La pantalla captaba la luz infrarroja entrante, que transmitía los electrones del selenio a lo largo del tubo hacia otra pantalla que estaba eléctricamente cargada y que era fluorescente. Una imagen visible aparecía en esa pantalla. Su claridad y su exactitud para apuntar objetivos eran fenomenales. Dentro del tubo, incluso era tenida en cuenta la deformación de la corriente de electrones causada por el magnetismo de la Tierra.

     El diminuto generador —cinco pulgadas de largo [12,7 cms.]— aumentaba la corriente de una batería de linterna ordinaria a 15.000 voltios. Tenía un motor del tamaño de una nuez que hacía girar un rotor a 10.000 revoluciones por minuto, tan rápido que al principio había destruído todos los lubricantes con la gran cantidad de ozono que producía. Los alemanes habían desarrollado un nuevo lubricante: el keroseno clorado. ¡El generador entonces duraba 3.000 horas!.

     Un bolso de lona en la espalda del francotirador alojaba el dispositivo. Su rifle tenía dos gatillos. Él apretaba uno durante algunos segundos para hacer funcionar el generador y la mira... y luego el otro para matar a su hombre en la oscuridad. "Aquel secreto capturado", declaró mi guía, "primero lo usamos en Okinawa, para desconcierto de los japoneses".

     Conseguimos, además, entre esos preciados secretos, la técnica y la máquina para hacer el más notable condensador eléctrico del mundo. Millones de condensadores son esenciales para la industria del radar y de la radio. Nuestros condensadores siempre eran hechos de una hoja metálica. Éste está hecho de papel, cubierto con una 250 milésima de pulgada de zinc vaporizado. Cuarenta por ciento más pequeño, veinte por ciento más barato que nuestros condensadores, también se auto-repara. Es decir, si ocurre una avería (como un fusible quemándose), la película de zinc se evapora, el papel inmediatamente se aísla, y el condensador funciona bien otra vez. Y sigue trabajando aunque se produzcan múltiples averías, ¡a un voltaje un 50% más alto que nuestros condensadores! Para la mayoría de los expertos estadounidenses de radio esto es magia, doblemente destilada.

     La mica era otra cosa. No se extraía nada de ella en Alemania, de modo que durante la guerra nuestro Cuerpo de Señales estaba desconcertado. ¿De dónde la estaba consiguiendo Alemania?.

     Un día, cierto pedazo de mica fue dado a uno de nuestros expertos en la Oficina de Minas estadounidense para su análisis y opinión. "Mica natural", comentó él, "y sin impurezas".

     Pero la mica era sintética. El Instituto Kaiser Wilhelm para la Investigación de Silicato había descubierto cómo fabricarla y —algo que nunca habían comprendido los científicos— en grandes láminas.

     Sabemos ahora, gracias a equipos de la FIAT, que los ingredientes de la mica natural eran derretidos en crisoles de carbón capaces de producir 2.350 grados [Fahrenheit = 1.288ºC] de calor, y luego —éste era el verdadero secreto— enfriados de un modo especial. La completa ausencia de vibración era la primera cosa esencial. Entonces eran aplicadas dos fuerzas directamente perpendiculares una con otra. Una, verticalmente, era una variación controlada de temperatura durante el enfriamiento. Perpendicularmente a ésta, de manera horizontal, era introducido un campo magnético. Esto forzaba la formación de los cristales en grandes hojas laminadas en ese plano.

     «Usted ve esto», me dijo el jefe de la Unidad de Comunicaciones, TIIB. Era metálico, y parecía como una complicada casa de muñecas sin tejado. «Éste es el chasis o marco de una radio. Para hacer esto mismo, los estadounidenses con máquinas cortarían, ahuecarían, darían forma, ajustarían... una docena de procesos diferentes. Esto está hecho en una prensa en una sola acción. Se llama el proceso de la "extrusión en frío". Nosotros lo hacemos con algunos metales blandos. ¡Pero mediante este proceso los alemanes lo hacen con acero en frío! Miles de partes ahora hechas por medio de moldeo o forja o con hierro maleable pueden ser hechos ahora de esta forma. El aumento de velocidad de la producción es una nimiedad del mil por ciento».

     Este solo secreto de guerra, creen muchos hombres estadounidenses que trabajan con acero, revolucionará a docenas de nuestras industrias de fabricación metálica.

     En cuanto a textiles, la colección de secretos de guerra ha producido tantas revelaciones que los hombres estadounidenses de la industria textil están un poco perplejos. Hay una máquina alemana que teje rayón, descubierta hace un año por el Equipo estadounidense de Máquinas de Tejer, que aumenta la producción en relación al área disponible en un 150 por ciento. Su telar de anillos y eslabones produce una calcetería sin puntos a toda prueba. La nueva maquinaria alemana para fabricar agujas se piensa que revolucionará aquel negocio tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. Hay un método alemán para sacar la lana de las pieles de carnero que no hiere la piel ni la fibra, mediante el uso de una enzima. Anteriormente el "sacador" —un secreto de fabricación— era hecho de páncreas de animal en las casas de embalaje estadounidenses. Durante la guerra los nacionalsocialistas lo hicieron a partir de un hongo llamado aspergil paraciticus, que ellos sembraban en el afrecho. Esto da como resultado no sólo una mejor lana sino una producción un diez por ciento mayor.

     Otro descubrimiento era una manera de poner plisados en fibras de rayón de viscosa que les da el aspecto, el calor, la resistencia al uso y la reacción a los tintes, de la lana. El secreto aquí, encontraron nuestros investigadores, era la adición a la celulosa de un 25% de proteína de pescado.

     Pero de todos los secretos industriales, quizás, la suerte inesperada más grande provino de los laboratorios y las plantas del gran cártel alemán I. G. Farbenindustrie. Nunca antes, se ha afirmado, hubo tal almacenamiento de información secreta. Abarcaba combustibles líquidos y sólidos, metalurgia, caucho sintético, textiles, productos químicos, plásticos, fármacos, tinturas. Una autoridad estadounidense en tintes declara:

     "Esto incluye el conocimiento tecnológico de producción y las fórmulas secretas para más de cincuenta mil tintes. Muchos de ellos son más rápidos y mejores que los nuestros. Muchos son colores que nunca fuimos capaces de hacer. La industria estadounidense de tinturas habrá avanzado al menos diez años".

III

     En cuanto a alimentos, medicina y ramas del arte militar, los hallazgos de los equipos de búsqueda no eran menos impresionantes. Y en aeronáutica y misiles teledirigidos ellos resultaron ser completamente alarmantes. Uno de los secretos alimentarios que los alemanes habían descubierto era un modo de esterilizar jugos de fruta sin usar calor. El zumo era filtrado, luego enfriado, luego carbonatado y almacenado bajo ocho atmósferas de presión de dióxido de carbono. Más tarde el dióxido de carbono era removido; el jugo pasaba a través de otro filtro, que, esta vez, lo dejaba a prueba de gérmenes, y luego era embotellado. Algo, quizás, en lo que los envasadores estadounidenses podrían pensar.

     La pasteurización de la leche mediante luz ultravioleta siempre ha fallado en otros países, pero los alemanes habían encontrado cómo hacerla usando tubos de luz de gran longitud, y simultáneamente cómo enriquecer la leche con vitamina D.

     En una planta en Kiel, los buscadores británicos del Comité Conjunto de Objetivos de Inteligencia encontraron que el queso estaba siendo hecho —"Holandés y Tilitser de buena calidad"— mediante un nuevo método a velocidad inaudita. "Ochenta minutos desde la adición de fermentos hasta el prensado de la cuajada", reportaron los investigadores. La industria de queso alrededor del mundo nunca había sido capaz de igualar eso.

    La mantequilla (en una lechería cerca de Hamburgo) estaba siendo producida mediante algo largamente deseado por los fabricantes estadounidenses de mantequilla: una máquina continua de hacer mantequilla. Siendo una invención de fabricantes de equipos para lácteos en Stuttgart, ocupaba menos espacio que las mantequeras estadounidenses y rendía mil quinientas libras [680 kilos] por hora. La máquina fue prontamente transportada a este país [EE.UU.] para ser probada por el Instituto Estadounidense de Mantequilla.

     Entre otras innovaciones alimentarias estaba un modo alemán de hacer levadura en cantidades casi ilimitadas. El licor de sulfito de desecho de la madera usada para fabricar celulosa era tratado con un organismo conocido por los bacteriólogos como candida arborea a temperaturas superiores a las alguna vez usadas antes en la fabricación de levadura. El producto acabado servía tanto para comida de animales como de humanos. Su valor calórico es cuatro veces el de la carne sin grasa, y contiene dos veces más de proteína.

     Los alemanes también habían desarrollado nuevos métodos de conservar la comida mediante plásticos y nuevas y avanzadas técnicas de refrigeración. La refrigeración y el aire acondicionado en los submarinos alemanes habían llegado a ser tan eficientes que los submarinos podían viajar desde Alemania al Océano Pacífico, funcionar allí durante dos meses, y luego volver a Alemania sin necesidad de abastecerse de agua dulce para la tripulación. Una mezcla secreta de plásticos (entre sus ingredientes estaban el acetato de polivinilo, la creta y el talco) era usada para cubrir el pan y el queso. Un pan fresco del horno era sumergido [en agua], secado, sumergido de nuevo, y luego calentado media hora a 285 grados [Fahrenheit = 140ºC]. Estaría sin estropear y bueno para comer ocho meses más tarde.

     "En cuanto a secretos médicos en esta colección", ha comentado un cirujano del Ejército, "algunos de ellos ahorrarán años de investigación en la medicina estadounidense; algunos de ellos son revolucionarios, como, por ejemplo, la técnica alemana para el tratamiento después de una prolongada exposición, por lo general fatal, al frío". Este descubrimiento —revelado a nosotros por la búsqueda del mayor Alexander ya mencionada— hizo replantear todo el pensamiento científico médico sobre el tema. En cada uno de los terribles experimentos los sujetos eran revividos en su mayoría con éxito, tanto temporal como permanentemente, mediante una inmersión inmediata en agua caliente. En dos casos de paralización completa del corazón y cese de la respiración, un baño caliente a 122 grados [Fahrenheit = 50ºC] devolvió a ambos sujetos a la vida. Antes de que nuestra guerra con Japón terminara, este método fue adoptado como el tratamiento usual por todos los servicios estadounidenses de rescate aero-marítimo, y es generalmente aceptado por la medicina hoy.

     Los investigadores médicos alemanes habían descubierto un modo de producir plasma sanguíneo sintético. Llamado capain, era hecho a escala comercial e igualaba al plasma natural en resultados. Otro descubrimiento era periston, un sustituto del líquido sanguíneo. Una producción de oxidación de la adrenalina (adrenichrome) fue producida en cantidad con éxito sólo por los nacionalsocialistas, y fue usada con buenos resultados para combatir la hipertensión (de lo cual mueren 750.000 personas anualmente en Estados Unidos). Hoy tenemos el secreto de su fabricación y un considerable suministro.

     Igualmente de gran importancia médica fueron ciertas investigaciones del doctor Boris Rojewsky del Instituto Kaiser Wilhelm de Biofísica de Frankfurt. Éstas eran acerca de la ionización del aire en relación con la salud. Se descubrió que el aire positivamente ionizado tenía efectos deletéreos sobre el bienestar humano, y explicaba la incomodidad y la depresión sentida a veces cuando el barómetro cae. En muchas personas —se descubrió— su presencia provocaba asma, fiebre del heno y tensión nerviosa. Esto provocaba hipertensión, a veces hasta un punto peligroso. Esto provocaría los síntomas comunes en la enfermedad de montaña: respiración rápida y trabajosa, mareo, fatiga y somnolencia.

     El aire negativamente ionizado, sin embargo, hacía todo lo opuesto: era estimulante, creando un sentimiento de buen ánimo y bienestar. La depresión mental era eliminada por él. En casos patológicos estabilizaba la respiración, reducía la hipertensión y detenía alergias y asma. La importancia de su presencia dondequiera que los seres humanos vivieran, trabajaran o se recuperaran de enfermedades, puede hacer de su producción algún día una de las funciones principales del aire acondicionado.

IV

     Pero de la mayor significancia para el futuro eran los secretos nacionalsocialistas en aviación y en diversos tipos de misiles.

     "El cohete V2, que bombardeó Londres", reporta una publicación de la Fuerza Aérea del Ejército, "era sólo un juguete comparado a lo que los alemanes tenían bajo su manga".


     Cuando la guerra terminó, sabemos ahora, ellos tenían 138 tipos de misiles teledirigidos en varias etapas de producción o desarrollo, usando cada clase conocida de control remoto y detonadores: radio, radar, conducción mediante cables, ondas continuas, acústica, luz infrarroja, rayos de luz y magnetismo, por nombrar sólo unos pocos; y como fuente de energía, todos los métodos de propulsión a chorro para velocidades subsónicas o supersónicas. La propulsión a chorro había sido aplicada incluso al vuelo de helicópteros. El combustible era transportado a cámaras de combustión en las puntas de las aspas del rotor, donde explotaba, haciendo girar las aspas de modo parecido a un aspersor para césped o a un remolino. En cuanto a la propulsión de cohetes, su cohete A4, que estaba recién en producción a gran escala cuando la guerra terminaba, era de 46 pies de largo [14 mts.], pesaba más de 24.000 libras [10.890 kilos], y viajaba 230 millas [370 kms.]. Se elevaba 60 millas [96,5 kms.] por encima de la Tierra y tenía una velocidad máxima de 3.735 millas por hora [6.011 kms/h], tres veces la de la rotación de la Tierra en el Ecuador. El secreto de su velocidad supersónica, sabemos hoy, estaba en su motor de cohete que usaba oxígeno líquido y alcohol como combustible. Era radio-controlado o auto-guiado a su objetivo por medio de giroscopios. Ya que su velocidad era supersónica, no podía ser oído antes de que impactara.

     Otro cohete alemán por aparecer era el A9. Éste era más grande todavía —29.000 libras [13.155 kilos]— y tenía alas que le daban un rango de vuelo de 3.000 millas [4.830 kms.]. Fue fabricado en la famosa estación de experimentos del Ejército en Peenemunde y conseguía la increíble velocidad de 5.870 millas por hora [9.447 kms/h].

     Un bombardero de gran alcance con motores de cohete que, indican los documentos de guerra, nunca fue completado simplemente debido al rápido final de la guerra, habría sido capaz de volar desde Alemania a Nueva York en 40 minutos. Dirigido por un piloto desde una cabina presurizada, habría volado a una altitud de 154 millas [248 kms.]. El lanzamiento debía ser mediante una catapulta a 500 millas por hora [805 kms/h], y la nave se elevaría a su altitud máxima en un tiempo tan corto como cuatro minutos. Allí, agotado el combustible, se deslizaría por la atmósfera externa, descendiendo sobre su objetivo. Con cien bombarderos de este tipo los alemanes esperaban destruír cualquier ciudad en la Tierra en unos pocos días de funcionamiento.

     No es sorpresa, entonces, que hoy los expertos de la Fuerza Aérea del Ejército declaren en público que en poder coheteril y misiles teledirigidos los nacionalsocialistas estaban delante de nosotros en al menos diez años.

     Los alemanes incluso tenían dispositivos listos que cuidarían de los pilotos obligados a abandonar aviones supersónicos en vuelo. Normalmente un piloto que sacara su cabeza a tales velocidades la tendría arrancada. Su paracaídas al abrirse se reventaría en el espacio. Para prevenir estos acontecimientos calamitosos había sido inventado un asiento eyectable que arrojaba al piloto al instante. Su paracaídas era abierto entonces, el cual estaba hecho de cintas a modo de rejilla que enlentecía su caída sólo después de que la fuerza de caída del peso del piloto comenzaba a cerrar los agujeros de dicha rejilla.

     Una variante nacionalsocialista del misil aéreo dirigido era un torpedo para el trabajo submarino que iba infaliblemente a su blanco, atraído por el sonido de la hélice del barco víctima desde tan lejos como diez millas [16 kms.]. Ese misil viajaba a treinta pies [9 metros] debajo del agua, a cuarenta millas por hora [64,3 kms/h], y no dejaba ninguna estela. Cuando estaba directamente bajo su objetivo, explotaba.

     Todas tales revelaciones naturalmente hacen surgir la pregunta: ¿Estaba Alemania tan desarrollada en investigaciones aéreas, cohetes y misiles que, si hubiera tenido un poco más de tiempo, ella podría haber ganado la guerra? Sus secretos de guerra, como se han revelado ahora, parecerían indicar aquella posibilidad. Y el vice-comandante general de Inteligencia de las Fuerzas Aéreas de Ejército, el Comando de Servicio Técnico Aéreo, dijo a la Sociedad de Ingenieros Aeronáuticos hace algunos meses:

     "Los alemanes estaban preparando sorpresas de cohetes para el mundo entero en general y para Inglaterra en particular, que hubieran cambiado, se cree, el curso de la guerra si la invasión hubiera sido pospuesta durante un tiempo tan corto como medio año".

V

     Para la publicación y la diseminación de todos estos anteriores secretos fue establecida la Oficina del Consejo de Publicaciones (OCP) por una orden del Presidente Truman dentro de diez días después de que Japón se rindiera. La orden establecía que no sólo los secretos de guerra enemigos deberían ser publicados, sino también (con algunas excepciones) todos los secretos estadounidenses, científicos y técnicos, de todos los comités de guerra gubernamentales (la Oficina de Investigación y Desarrollo Científicos, el Consejo de Investigación Nacional, y otros tales). Y de ese modo fue creado lo que está siendo llamado ahora el más grande problema de publicación que alguna agencia del Gobierno alguna vez haya tenido que manejar.

     En cuanto a los secretos de guerra, que convencionalmente solían ser contados en grandes cantidades, ascenderán a tres cuartos de millón de artículos documentales separados (dos terceras partes de ellos acerca de aeronáutica), y se requerirán varios años y varios cientos de personas para protegerlos y prepararlos para un amplio uso público.

     Hoy los traductores y analistas de la Oficina de Servicios Técnicos (OTS), sucesora de la OCP, los están procesando a razón de aproximadamente mil por semana. La indexación y catalogación de la parte de la colección que será permanentemente guardada podría requerir más de dos millones de fichas; y en Wright Field la tarea es tan complicada que deben ser instaladas máquinas eléctricas perforadoras de tarjetas. Un nuevo glosario entero de términos alemanes-ingleses ha tenido que ser compilado, algo así como 40.000 palabras sobre nuevos artículos técnicos y científicos.

     Con tantos documentos, ha sido imposible, por supuesto, debido a limitaciones de tiempo y dinero, reimprimir o reproducir más que muy pocos. Para decirle al público lo que está disponible, por lo tanto, la OTS publica una bibliografía cada semana. Ésta contiene la más reciente información de secretos de guerra a medida que son publicados, con títulos, precios de las copias actualmente disponibles o para ser organizadas, y un extracto de sus contenidos.

     El documento original, o la copia en microfilm, es generalmente enviado entonces a la Biblioteca del Congreso, que es ahora el depósito más grande. Para hacerlos más fácilmente accesibles al público, la Biblioteca envía copias, cuando hay suficientes disponibles, a aproximadamente 125 bibliotecas llamadas "depósitos" a través de todo Estados Unidos.

     ¿Y está haciendo algo el público con estos anteriores secretos de guerra? Los está consumiendo por completo. No menos de veinte mil pedidos han sido hechos en un mes, y su volumen es ahora de mil artículos por día. Los científicos y los ingenieros declaran que la información está "acortando los años del tiempo que dedicaríamos a problemas ya científicamente investigados". ¡Y los hombres de negocios estadounidenses...! Un repaso a través de las cartas del Consejo de Publicación muestra lo siguiente:

     La compañía Bendix de South Bend, Indiana, escribe pidiendo una patente alemana acerca de cambiadores de discos de tocadiscos "con discos apilados encima del plato giratorio". Pillsbury Mills quieren tener lo que esté disponible acerca de métodos alemanes de producción de pan y harina. La Empresa Manufacturera Kendall ("Soapine") quiere compuestos de repelentes de insectos. La Pioneer Hi-Bred Corn Company, de Iowa, pregunta sobre "la interrogación de trabajadores de investigación en la escuela secundaria agrícola de Hohenheim". Pacific Mills solicita el impermeable de I. G. Farbenindustrie, de textura anti-arrugas para rayón. A la Compañía Polaroid le gustaría algo acerca del "estado de explotación de la fotografía y óptica en Alemania". (A propósito, existen entre 10.000 y 20.000 patentes alemanas aún por ser examinadas).

     El cliente más insaciable es Amtorg, la organización de comercio exterior de la Unión Soviética. Uno de sus representantes concurrió a la oficina del Consejo de Publicaciones con la bibliografía en la mano y dijo: "Quiero copias de todo". Los rusos enviaron un pedido en Mayo por un valor de 5.594 dólares, para dos mil distintos informes de secretos de guerra. En general, ellos compran cada informe publicado. Los estadounidenses, también, piensan que hay una perspectiva extraordinariamente buena en la veta de los secretos de guerra. Los ejecutivos de compañías prácticamente acampan en las escalinatas delanteras de la OTS, queriendo ser los primeros en conseguir algún informe particular de las publicaciones. Alguna información es tan valiosa, que conseguirla con sólo un día de anticipación antes que un competidor, puede valer miles de dólares. Pero la OTS toma complicadas precauciones para asegurarse de que ningún informe esté disponible alguna vez para nadie antes de que sea presentado ante el público general.

     Después de que una cierta compañía aérea estadounidense había pedido un particular documento de guerra capturado, fue interrogada en cuanto a si la información allí contenida le hubiera significado ganancias o ahorro de dinero. El costo del informe había sido de unos pocos dólares. La compañía contestó: "Sí. Al menos cien mil dólares".

     Un jefe de investigación de otra empresa tomó notas durante tres horas en las oficinas de la OTS un día. "Muchísimas gracias", dijo él, cuando se paró para irse; "las notas de estos documentos valen al menos medio millón de dólares para mi compañía".

     Y después de ver el informe completo acerca de la industria alemana de fibra sintética, un fabricante estadounidense comentó: "Este informe valdría veinte millones de dólares para mi compañía si pudiera tenerlo de manera exclusiva".

     Por supuesto usted, y cualquier otro, pueden tenerlo ahora, y cantidades de otros de una información alguna vez secreta, por unos pocos dólares. Todos los secretos de guerra, a medida que son publicados, son completamente de dominio público.–




1 comentario:

  1. Gracias por la información......me agrada sobre todo al final que dice que esas patentes son de dominio público

    Increible el adelanto tecnolólogico científico alemán.


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