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lunes, 8 de junio de 2015

Los Crímenes de Posguerra contra Alemania (3)



     También del sitio holocaustianity.com presentamos en castellano ahora como una tercera parte otros dos artículos que se refieren a los crímenes cometidos por los Aliados y los soviéticos contra Alemania tras el final de la Segunda Guerra, esta vez poniéndose el acento en la premeditada destrucción tanto del patrimonio libresco como de muchos monumentos antiguos alemanes y otros valiosos bienes. Estos artículos que no están firmados ni fechados dan fe, sin embargo, mediante la mención de sus numerosas fuentes (que no hemos incluído), de la acuciosidad del trabajo investigativo.




EL MAYOR CRIMEN DE ODIO:
LA QUEMA DE LIBROS


     Junto a toda la información fácilmente disponible acerca de las infames "quemas nazis de libros", casi nada es mencionado de una mucho mayor incineración de libros: aquella que ocurrió durante la "re-educación" Aliada de los alemanes después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

     Se estima que más de un tercio de todos los libros alemanes ya había sido destruído por los bombardeos sólo en Alemania Occidental [1], y esto no incluye aquellos libros en las áreas arrebatadas de Alemania después de la guerra. Añadido a los millones de libros alemanes destruídos en todo el mundo durante la histeria anti-alemana de la Primera Guerra Mundial, muchos más libros alemanes fueron destruídos en el siglo veinte que los que probablemente existen hoy. Pero antes de que hablemos de ello, retrocedamos un poco en el tiempo.

     Hasta el advenimiento de la imprenta, los libros eran escritos a mano y existían en sólo una o algunas copias. El quemarlos aseguraba que ya nadie los pudiera leer. Un hombre cambiaría pronto esto. En 1454 Johannes Gutenberg comenzó a imprimir el primer libro hecho con tipos móviles. Él puso seis prensas en funcionamiento y estableció la tipografía para su tarea más monumental: imprimir la Biblia entera. En ese entonces, las Biblias eran raras y difíciles de encontrar. Incluso Martin Lutero no vio una Biblia completa sino hasta la adultez. El excelente trabajo de Gutenberg dio resultado, y su Biblia fue el primer libro alguna vez impreso, considerado por muchos además como el libro más hermoso. Cada Biblia tenía 1.282 páginas con 42 líneas en una página dividida en dos columnas. Él imprimió 300 copias de cada página y las unió para hacer 300 Biblias idénticas. En 1519 había sólo 900 libros impresos en Alemania. Hacia 1521 había medio millón sólo de Biblias de Lutero impresas.

     Ahora las Biblias en alemán más bien que las en latín fueron publicadas a un precio tan bajo que las masas podían poseer y leer una sin la interpretación sacerdotal. Al cabo de 50 años, más de nueve millones de copias de libros habían sido impresos, y quemar libros ya no era una medida eficaz de control del pensamiento.

     Poco se sabe acerca de Gutenberg, y no existe ni un solo retrato fidedigno de él; pero él puede haber mirado hacia abajo desde el cielo cuando la primera oficina de censura oficial de Alemania fue establecida 20 años después de que su Biblia fuera impresa y un arzobispo local le pidió a funcionarios de las ciudades que censuraran las "publicaciones peligrosas". En Inglaterra, Enrique VIII requirió que los impresores presentaran todos los manuscritos a la Iglesia de Inglaterra para su aprobación, y proscribió todas las publicaciones importadas en 1529. El rey francés Francisco I publicó un edicto prohíbiendo la impresión de libros en 1535. Hacia 1559, en reacción a la difusión del Protestantismo y a la investigación científica, la Iglesia Católica publicó el Index Librorum Prohibitorum para guiar a los censores en cuanto a qué publicaciones permitir. Este Índice de eventualmente 5.000 títulos existió hasta 1966.

     Mientras los reyes y los sacerdotes europeos estaban ocupados quemando, en el Nuevo Mundo de 1650 el tribunal general Puritano en Massachusetts confiscó y condenó un folleto religioso de William Pynchon, impreso que fue quemado en el mercado de Boston en la que fue probablemente la primera quema estadounidense de libros.

     Comenzando con el proceso de 1735 del editor de Nueva York John Peter Zenger, sin embargo, las leyes que regulan la censura en Estados Unidos han sido claras. La verdad tiene una protección absoluta para aquellos acusados de hacer declaraciones hirientes, dañinas o embarazosas sobre alguien o algo.

     Zenger era un inmigrante alemán que fue a Estados Unidos como un sirviente bajo contrato, y experimentó de primera mano la tiranía en su nueva patria. Contra increíbles probabilidades, él tuvo éxito en un mundo que lo había considerado como un inferior. Pero tan fuerte era su fe en la libertad y en el derecho de las personas a formarse sus propias opiniones, que arriesgó su vida por estos principios de una sociedad libre.

     Durante la Era de la Ilustración, en Europa se disfrutó de una mayor libertad para leer el material del gusto de uno que en la Unión Europea de hoy, y aquello contribuyó a una sociedad intelectualmente curiosa. Pero pronto surgieron llamados a la censura, encubiertos en una charla santurrona, como la de "prevenir la corrupción de los jóvenes" (irónicamente, un concepto citado a menudo en las leyes de censura alemanas hoy).

     Más tarde, en EE.UU., el agente especial de la Agencia de Correos estadounidense Anthony Comstock fundó la "Sociedad de Nueva York para la Supresión del Vicio" en 1872, y convenció al Congreso para que aprobara la "Ley Comstock" que prohibía el envío de materiales "lascivos, indecentes, sucios u obscenos", entre los que se incluían, entre otros clásicos, Las Mil y Una Noches, los Cuentos de Canterbury de Chaucer y Lysístrata de Aristófanes. Los autores censurados conforme a la Ley Comstock incluían a Ernest Hemingway, James Joyce, F. Scott Fitzgerald, Victor Hugo, D. H. Lawrence, John Steinbeck y Eugene O'Neill.

     Podríamos pensar que aquellos días estaban muy distantes de ser una sociedad progresista, pero no es así en ciertas circunstancias, y la "re-educación" de los alemanes fue una de esas circunstancias.

     El consenso Aliado tras la victoria fue la doctrina de la culpa colectiva: todos los alemanes, jóvenes o viejos, compartían la culpa por la guerra. La idea estaba tan suficientemente establecida que no causó ninguna sorpresa cuando el Presidente estadounidense Harry S. Truman rechazó aliviar el hambre de la población alemana en Diciembre de 1945, declarando: "Aunque todos los alemanes podrían no ser culpables por la guerra, sería demasiado difícil tratar de seleccionar para un mejor tratamiento a aquellos que no tuvieron nada que ver con el régimen nazi y sus crímenes". Aparentemente esto se aplicó incluso a bebés y niños pequeños. Fue durante ese tiempo, cuando las ciudades alemanas estaban reducidas a escombros, cuando millones estaban muertos o desaparecidos y en todas partes hasta 20 millones de alemanes sin hogar estaban viviendo de raciones de comida de menos de 1.000 calorías por día, fue entonces que tanto los británicos como los estadounidenses tomaron el control de los medios alemanes de comunicación para infundir un sentido de culpa colectiva en la población.

     No sólo hubo un desvalijamiento sin trabas y el saqueo de bibliotecas y escuelas alemanas: la División de Guerra Psicológica del SHAEF (Supreme Headquarters Allied Expeditionary Force, Supremo Cuartel Central de la Fuerza Expedicionaria Aliada) había sido totalmente organizada en previsión de la victoria, y casi al instante emprendió una campaña de una intensa y bien planificada propaganda psicológica para el desarrollo de un sentido alemán de culpa colectiva y, usando a los medios alemanes de comunicación controlados por los estadounidenses, lanzó una campaña masiva para sobresaltar y sojuzgar la mente alemana. Esto incluía el control sobre lo que ellos leían.

     Toda la literatura alemana encontrada tanto en las Zonas de Ocupación occidental y soviética fue sometida a censura. En la zona estadounidense, ella fue regulada por la directiva de ocupación JCS 1067 válida hasta Julio de 1947, y por la orden de Mayo de 1946 válida para todas las zonas hasta 1950. La Orden de la Autoridad de Control Aliada Nº 4 declaraba: "Confiscación de la Literatura y Material de Naturaleza Militarista y Nazi", y ordenaba que toda la literatura confiscada fuese reducida a pulpa en vez de ser quemada, ¡para evitar acusaciones de quema de libros!. Lamentablemente, aquellos que estaban a cargo de la destrucción, a menudo no distinguían a Goethe de Goofy, y miles de libros inofensivos, incluso raros, fueron convertidos en pasta de papel.

     La primera de tales listas de material fue seguida de tres suplementos, totalizando 35.000 libros, y se aplicó una prohibición a todos los libros de texto publicados entre 1933 y 1945. Los equipos Aliados de "re-educación" ordenaron que todas tales publicaciones y materiales debían ser "entregados a los Comandantes de cada Zona para ser destruídos", y que todos los libros que contuvieran "propaganda nacionalsocialista, enseñanzas raciales y llamados a la violencia o propaganda dirigida contra Naciones Unidas, etc." fueran sacados de todas las bibliotecas, escuelas, universidades, institutos de investigación, academias, sociedades técnicas o académicas, librerías, empresas editoras e incluso de algunos hogares privados... y luego fueran destruídos. Este vandalismo masivo y aleatorio fue llevado a cabo por gente no calificada entre 1946 y 1952, y muchos libros se perdieron para siempre debido a un almacenaje y un manejo descuidados, todo bajo el grito de guerra de hacer del mundo un lugar más seguro.

     Aquélla fue la mayor campaña de destrucción de libros de todos los tiempos, y terminó por ser aplicada no sólo a los libros ofensivos sino a libros de poesía, filosofía, versos musicales, calendarios, libros de caballos, libros sobre comercio y agricultura, manuales de conducción, libros sobre flores, construcción de casas, graneros, libros de astronomía, fontanería, tenis y sobre horticultura. Cientos de años de historia y cultura alemanas se perdieron debido a ese arrogante abuso de autoridad, incompetencia descarada e ignorancia total.

     Los libros sobre aves completaban la lista, así como libros de Federico el Grande y de Bismarck y antiguos libros de historia militar europea. Populares libros de niños, incluyendo raras ediciones de los Hermanos Grimm, fueron reducidos a pulpa a causa de que ellos "provocaban violencia". Todo lo referente a los Juegos Olímpicos de 1936 fue prohibido. Libros de los antiguos poetas fueron desintegrados. ¡Incluso libros alguna vez prohibidos por los nacionalsocialistas fueron destruídos! El manejo descuidado causó la pérdida de obras musicales enteras de Richard Strauss, y varias Biblias de Gutenberg fueron pulverizadas en esa orgía de estupidez.


De la revista TIME, edición del 27 de Mayo de 1946:

     Para reeducar a Alemania, los Aliados la semana pasada adoptaron un recurso típicamente nazi. El Comité de Coordinación de las cuatro potencias decidió reducir a pulpa toda la literatura, material de museos y bibliotecas, periódicos, películas y monumentos conmemorativos de guerra que fuesen "anti-democráticos, militaristas y nacionalsocialistas". Las lápidas sepulcrales fueron excluídas.

     Así es cómo los Aliados consiguieron la supresión de las ideas:

     En un improvisado campamento de prensa de Berlín, una bastante joven ex-integrante del Cuerpo Femenino del Ejército (WAC) fue presentada como Vivian Cox, una "experta" agregada a la Dirección Militar. Sentándose en un escritorio y balanceando sus largas piernas revestidas de nylon, la señorita Cox contestó las preguntas de los indignados periodistas con una voz cansina de acento sureño. «¿Cómo se definiría el término "militarista"?», preguntó un reportero. La señorita Cox contestó: "Es la manera que los alemanes tienen de emprender la guerra". «¿Cómo sería definido el término "democrático"?». La señorita Cox dijo: "Todo lo que la gente estadounidense piensa y llama democrático". ¿Fue aquella orden diferente en principio de las quemas de libros hechas por los nazis? No; no en la opinión de la señorita Cox.

     Hace sólo 13 años, los nacionalsocialistas habían confiscado y quemado millones de libros "anti-alemanes". La guerra había destruído cientos de miles más. Ahora la orden Aliada eliminaría millones más. Los pesimistas podrían ver aproximarse el día en que a los alemanes no les quedaría nada más para leer excepto quizás algunos de los más livianos cuentos de hadas de Grimm. Un oficial británico comentó a un colega estadounidense: "Vuestra gente podría ser capaz incluso de convertir a los alemanes a vuestras historietas cómicas...".

     La medida encontró sus defensores. Un funcionario estadounidense dijo: "Al menos los alemanes no serán capaces de leer a Clausewitz en estas largas noches de verano". Un ruso dijo: "Si más de ellos estuvieran arando campos en vez de leyendo, habría más comida". Pero la mayor parte de los observadores condenó la orden como un pedazo de tontería inaplicable que sólo aumentaría el interés por los libros prohibidos, y por el martirizado espíritu nacionalista de Alemania.

     La avaricia también desempeñó su parte. La Biblioteca Británica estaba tan disgustada y atemorizada por los libros alemanes, que ella sola posee aproximadamente 12.000 libros que los Aliados incautaron de bibliotecas e instituciones alemanas entre Junio de 1944 y 1947. La Biblioteca del Congreso estadounidense estaba tan consternada por los peligrosos libros alemanes, que obtuvo más de 819.000 libros alemanes confiscados por los Aliados hacia 1948, y 2 millones de otras piezas de la literatura alemana. El Congreso se reservó el 28% de ese cargamento, incluyendo la biblioteca privada de Hitler, y envió el 72% restante a la Asociación de Bibliotecas de Investigación. Sólo una pequeña parte fue devuelta alguna vez a Alemania. El desempeño de los franceses es confuso, pero los soviéticos robaron la parte del león, especialmente raros manuscritos medievales ilustrados; pero ellos fueron al menos directos: ya que "Alemania comenzó la guerra", ellos merecían saquear la historia cultural alemana. Millones de otros libros alemanes que sobrevivieron a los bombardeos y al saqueo fueron robados por los soldados de ocupación.

     Comenzando con la "re-educación" al final de la guerra, Alemania ha continuado la estricta censura impuesta por los ocupantes soviéticos y Aliados. Incluso hoy, usando la excusa de la "historia especial", los libros, las canciones y los símbolos "nacionalistas" son ilegales incluso en privado en Austria y Alemania, y Alemania ha sido agresiva en su intento de dar vigencia a sus propias leyes estrictas más allá de sus fronteras. Casi todos los procesamientos por violaciones a la censura han ocurrido en relación a lo que ellos llaman el "revisionismo" o la "negación" del "Holocausto". Simplemente el cuestionar algún aspecto, el re-análisis de los datos, el expresar una teoría inconformista o el intento de revisar alguna estadística perteneciente a dicho tema es puesto bajo la categoría de "negación del Holocausto", lo cual es ilegal no sólo en Alemania y Austria sino en la mayor parte de Europa. "Haber dejado de escribir sobre un acontecimiento histórico particular en una manera equilibrada" (?) es un delito que puede enviar a un historiador aficionado a la cárcel, el cual a menudo cumplirá una condena más larga que un pervertidor de menores o un violador en serie.

     Miles de personas han sido condenadas por violar las leyes europeas de "negación", y ellas languidecen actualmente en calabozos europeos. Los casos procesados bajo esas leyes no pueden cuestionarse, aun cuando las personas condenadas fueran pacifistas y nunca hubieran propuesto la violencia, sino que simplemente expresaron su opinión. En el caso de científicos, artistas, cantantes o escritores condenados por dicho delito, sus hogares y negocios son asaltados y sus obras son destruídas por el Estado. Peor aún, la definición de "negación" está siendo ampliada, y es definida hoy como negación explícita y negación atenuada, incluyéndose en esta última categoría la discusión de la campaña Aliada de bombardeos contra Alemania así como acerca de las expulsiones de civiles alemanes étnicos después de la guerra. Incluso escritores liberales muy críticos del Tercer Reich han sido difamados como "negadores atenuados" cuando ellos salieron con libros que hablaban de la enorme cifra de víctimas del bombardeo Aliado sobre los civiles alemanes durante la guerra.

     Los canadienses también están pagando ahora el precio por ejercer su derecho a la libre expresión. Su Ley de Derechos Humanos "garantiza los derechos y las libertades dispuestos en ella, sujetos sólo a los límites razonables prescritos según la ley, como pueden ser manifiestamente justificados en una sociedad libre y democrática", y esto ha sido interpretado por los tribunales canadienses y por la Comisión de Derechos Humanos en una manera tal que hace de su garantía constitucional de la libre expresión algo más o menos sin sentido cuando se la compara a otros "derechos e intereses colectivos". Es completamente inútil para la protección de la libre expresión cuando aquella manifestación pudiera ofender a alguien, ya que ello se convierte en un insulto dentro de un "discurso de odio". La Ley establece: "La libertad de expresión deja de ser una característica fundamental de los valores democráticos cuando se convierte en un vehículo para la promoción del odio". Exactamente cómo es definido el odio es dejado a los tribunales, los burócratas, los grupos especiales de presión, los paneles de expertos y los políticos. Los libros y videos de una naturaleza "ofensiva" son destruídos, y dicho material cuando es encontrado por los guardias de las aduanas canadienses en la frontera con Estados Unidos es destruído.

     Tal como las leyes europeas de "negación" y "anti-racismo", generalmente ha sido propuesto con persistentes esfuerzos reducir la libre expresión en EE.UU. so pretexto de prevenir el  "odio racial". Estados Unidos, con sus fundamentos arraigados en la libertad individual, no tiene leyes de censura como tal, pero está siendo constantemente presionado hacia aquella dirección por propuestas de leyes de "delitos de odio" insidiosamente entrelazadas con leyes de censura. Esos entusiastas esfuerzos, aunque puedan parecer inofensivos en la superficie, rápidamente se intensifican en completos asaltos sobre las libertades individuales y las apreciadas tradiciones legales de la libre expresión. El procesamiento sólo tiene que mostrar que alguien llegó a ser o podría convertirse en un "odiador" debido a la lectura de un libro ofensivo, al ver un sitio web ofensivo o al escuchar un discurso o una canción ofensivos. ¡Los autores de tales libros, sitios o canciones por lo tanto se convierten en culpables de "difusión del odio" por defecto! Mediante esta fantasiosa maniobra, un acto ilegal es redefinido desde lo que uno HIZO REALMENTE a lo que uno PODRÍA HACER, o, más adecuadamente, a lo que uno PODRÍA PENSAR, y esto es seguido de una gran cantidad de estupidez judicial y procesamientos negligentes basados en la emoción, la política y sentimientos heridos más bien que en una jurisprudencia respetable.

     En resumen, con un lenguaje sacado directamente del siglo XVI referido a herejías religiosas o a procesos de brujas, los esfuerzos de hoy para imponer la censura son en realidad sólo una extensión de una lucha antiquísima. Sólo han cambiado los nombres, las fechas y las intenciones declaradas.


[1] El bombardeo aliado de Alemania provocó la extensa destrucción de las bibliotecas alemanas, incluyendo, pero no limitado a, la Biblioteca de la Universidad Técnica de Aquisgrán (Aachen, 50.000 volúmenes), la Berlin Staatsbibliothek (2 millones de volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Berlín (20.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Bonn (el 25% de sus posesiones), la Bremen Staatsbibliothek (150.000 volúmenes), la Hessische Landesbibliothek de Darmstadt (760.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad Técnica de Darmstadt (dos tercios de su colección), la Stadt-und Landesbibliothek de Dortmund (250.000 de 320.000 volúmenes), la Sächsische Landesbibliothek de Dresden (300.000 volúmenes), la Stadtbibliothek de Dresden (200.000 volúmenes), la Essen Stadtbücherei (130.000 volúmenes), la Francfort Stadt-und Universitätsbibliothek (550.000 volúmenes, 440.000 tesis y 750.000 patentes), la Biblioteca de la Universidad de Giessen (nueve décimos de su colección), la Biblioteca de la Universidad de Greifswald (17.000 volúmenes), la Hamburgo Staats-und Universitätsbibliothek (600.000 volúmenes), la Hamburgo Commerz-Bibliothek (174.000 de 188.000 volúmenes), la Hannover Stadtbibliothek (125.000 volúmenes), la Badische Landesbibliothek de Karlsruhe (360.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad Técnica de Karlsruhe (63.000 volúmenes), la Kassel Landesbibliothek (350.000 de 400.000 volúmenes), la Murhardsche Bibliothek de Kassel (100.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Kiel (250.000 volúmenes), la Leipzig Stadtbibliothek (175.000 de 181.000 volúmenes), la Magdeburg Stadtbibliothek (140.000 de 180.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Marburgo (50.000 volúmenes), la Bayerische Staatsbibliothek de Múnich (500.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Múnich (350.000 volúmenes), la München Stadtbibliothek (80.000 volúmenes), la Biblioteca Benedictina de Múnich (120.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad de Münster (360.000 volúmenes), la Nürnberg Stadtbibliothek (100.000 volúmenes), la Württembergische Landesbibliothek de Stuttgart (580.000 volúmenes), la Biblioteca de la Universidad Técnica de Stuttgart (50.000 volúmenes), y la Biblioteca de la Universidad de Würzburg (200.000 volúmenes y 230.000 tesis).

(Fuente: UNESCO. General Information Programme, y UNISIST, "Lost Memory. Libraries and Archives Destroyed in the Twentieth Century", 1996).–




DESTRUCCIÓN DE MONUMENTOS


     Alemania era una tierra de magníficos monumentos que databan de mucho antes de la Edad Media. La estadounidense sección militar de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (MFA&A) reportó que sólo en Alemania más del 90% de los monumentos había sido golpeado por los bombardeos Aliados, y el 60% había sido destruído. El resto quedó a merced de las fuerzas de ocupación o de los nuevos gobiernos en las tierras arrebatadas a Alemania. Las directivas Aliadas publicadas en 1945 como parte del proceso de "re-educación" exigían la destrucción de todos los monumentos y museos alemanes considerados "cultura alemana patriótica, nacionalista o idealizante". El razonamiento detrás de este proceso estaba basado en teorías expuestas por propagandistas de la Primera Guerra Mundial que concluyeron que los alemanes eran genéticamente más violentos que otros grupos étnicos y que tenían que ser "desmilitarizados" de tal manera que ellos perdieran la "Voluntad Alemana para Emprender Futuras Guerras". La devastación cultural desenfrenada siguió por ende mediante las fuerzas Aliadas de ocupación por toda Alemania, y pocos objetos fueron eximidos de esta cruzada.

     Para proporcionar una fachada de legitimidad al vandalismo, la condenación de monumentos alemanes para su destrucción por los Aliados se aplicó formalmente a aquellos construídos antes del 1º de Agosto de 1914, el comienzo de las hostilidades de Gran Bretaña con Alemania en la Primera Guerra Mundial. En realidad las decisiones fueron dejadas a los comandantes de compañías o incluso a factores como qué cantidad de fragmentos valiosos podía ser recopilada. Los monumentos fueron arrasados y volados en pedazos sin considerar su antigüedad, mérito artístico, rareza, historia o belleza en todas las zonas occidentales ocupadas, mientras que en las regiones del Este controladas por los comunistas, las antiguas estatuas de reyes, músicos y escritores alemanes fueron reemplazadas por las de matones comunistas, borrando siglos de historia y cultura alemanas.

     La muerte de Barbarroja causó gran angustia y dio origen a la leyenda de que él no estaba realmente muerto sino durmiendo sobre su trono dentro de una cueva de la montaña Kyffhäuser, rodeado por sus leales caballeros, listos a ser convocados en un momento de peligro para Alemania. Durante muchos años se dijo: "Cuando los cuervos dejen de volar alrededor de la montaña, Barbarroja despertará y restaurará Alemania a su antigua grandeza". Diversas asociaciones alemanas durante el Imperio alemán tardío financiaron la construcción de un magnífico monumento conmemorativo a Barbarroja allí, y en Enero de 1900 ellos se unieron en la "Federación de Kyffhäuser de la Unión de Combatientes" (Kyffhäuserbund) dedicada al cuidado y la reparación del monumento.

     Todas las organizaciones "patrióticas o nacionalistas" fueron prohibidas por los Aliados, siendo la Federación Kyffhäuser una de ellas. Aparentemente temerosos de que el viejo Barbarroja realmente pudiera despertarse y restaurara Alemania, dicho monumento fue programado para su destrucción. Por extraño que parezca, fueron los rusos quienes, por alguna razón desconocida y a diferencia de su costumbre habitual, lo salvaron. La Asociación Kyffhäuser lo ha reformado recientemente.

     El gobierno de ocupación militar estadounidense sustituyó el monumento de la Primera Guerra Mundial en Erlangen con un jarrón con flores. El monumento fue construído en 1897 en honor a Guillermo l, y adornaba una plaza en Erlangen. Los Aliados lo derribaron en 1946 como parte de un esfuerzo para "desmilitarizar" a los alemanes ocupados destruyendo su cultura "negativa" y "belicista". No contentos con la destrucción sólo de monumentos, viejas calles con nombres como "Kaiser Wilhelm Platz" fueron todas rebautizadas conforme a las pautas de la División de Guerra Psicológica del Supremo Cuartel Central de la Fuerza Expedicionaria Aliada, que era la responsable de reeducar a los alemanes. En su lugar, Alemania hoy tiene varias calles "Karl Marx", e incluso una calle "Ilya Ehrenburg" en Rostock, conmemorando a un matón comunista que azuzó al Ejército Rojo para que violara y matara a civiles alemanes.


     La Zeughaus (viejo arsenal) de Berlín es la estructura más antigua en el Unter den Linden. Construído por el Elector Friedrich III entre 1695 y 1730, fue usado como un arsenal de artillería. Desde 1877 hasta 1880 fue convertido en un Salón de la Fama para honrar al ejército brandenburgués-prusiano a un costo de 4,33 millones de marcos, y fue modelado a partir de la famosa antigua Armería de Viena. Después del grave daño por bombas provocado por los Aliados amantes de la paz, el Museo de la Armería de Guerra fue disuelto por órdenes del Comando Aliado de Berlín el 18 de Octubre de 1945, el cual transportó lejos y dispersó gran parte de sus colecciones de valiosas espadas antiguas, armaduras, mapas y otros tesoros históricos alemanes.

     Rusia ciertamente retuvo memoriales y monumentos a su propio pasado bélico e instaló varios en suelo alemán. Mientras todavía no se permite que Alemania honre a sus propios muertos de guerra sin engendrar animosidad o ilegalidad, el masivo monumento conmemorativo soviético construído en Berlín entre 1946 y 1949 conmemora a los soldados soviéticos que cayeron en la batalla de Berlín y sobresale del paisaje en el corazón de los tranquilos jardines del Parque Treptower en una ciudad escandalosamente saqueada por los soviéticos y donde más de un millón de mujeres sufrió violentas violaciones por parte del Ejército Rojo.

     De igual manera, en la antigua Torgau en el Elba, hay un enorme monumento que honra la unión de tropas estadounidenses y soviéticas en Abril de 1945, en un acontecimiento que apresuró la derrota alemana. No hay ningún monumento al saqueo por parte del Ejército Rojo de tesoros locales y de la fábrica de armónicas y acordeones Hohner, ni uno que conmemore las décadas de esclavitud y decadencia a que Torgau fue condenada después de que los estadounidenses entregaron la ciudad a los comunistas. Desde 1945 hasta 1948 el NKVD hizo funcionar los infernales Campos Especiales Números 8 y 10 allí para presos políticos considerados una "amenaza potencial para el sistema socialista". En aquellos tres años, se sabe que más de 1.500 prisioneros perecieron ahí. Pero los alemanes hoy no parecen preocuparse de ello. Ellos albergan eventos regulares que conmemoran la "liberación".

     Los terrenos del Zoológico de Berlín estaban llenos de figuras escultóricas, como la de Goethe. Casi todas fueron destruídas por el bombardeo Aliado que demolió Berlín. La columna de la victoria, Die Siegessäule am Großen Stern, fue construída entre 1864 y 1873 en el Zoológico para honrar la guerra germano-danesa y la guerra franco-prusiana. Extraordinariamente, sobrevivió al bombardeo, pero las autoridades municipales comunistas y socialistas puestas a cargo de las ciudades alemanas después del final de la guerra por los Aliados, en este caso Berlín, solicitaron de manera vociferante la destrucción de todos los monumentos "nacionalistas".

     Los franceses que ocuparon las ruinas de Berlín en 1945 también exigieron que dicho monumento fuera volado en pedazos. Los británicos y los estadounidenses rechazaron la idea porque el monumento fue construído antes de la fecha "legítima" después de la cual los monumentos alemanes debían ser destruídos. Para apaciguar a los franceses, sin embargo, se les permitió quitar las secciones de bronce del monumento y llevarlas a París. En el aniversario Nº 750 de Berlín, Francia devolvió las secciones de bronce, pero por trozos. Incluso así, el monumento fue finalmente renovado, devolviendo a Berlín un pequeño remanente de su historia cultural.

     Francia también retuvo monumentos y memoriales de su propio pasado bélico, y puso unos cuantos en suelo alemán, el mismo suelo que ellos repetidamente invadieron en siglos pasados. El general francés vizconde de Turenne sirvió diligentemente a los reyes franceses Luis XIII y Luis XIV. Aunque sus hombres lo llamaron "el Padre de los soldados", los alemanes comprensiblemente vincularon a Turenne con la matanza y devastación que los franceses infligieron sobre el Palatinado, sobre todo en 1674.

     Una batalla tuvo lugar cerca de la iglesia de Sasbach en 1675, y pronto el pueblo entero irrumpió en pena e indignación. Un artillero alemán disparó al vizconde y lo mató. Los franceses por consiguiente se retiraron a través del Rin. Sin embargo, cuando ellos estaban exitosamente atrincherados en tierra alemana en 1782, construyeron un monumento en honor al vizconde Turenne en Sasbach. El monumento fue destruído por una feroz tormenta en 1786, sólo para ser parcialmente reconstruído en 1796. Bajo el rey Carlos X de Francia, se ordenó que un tercer monumento fuera construído e inscripto con la frase "Francia a Turenne", y aquél se convirtió en un símbolo amargo de la agresión francesa a muchos alemanes, y aunque sobrevivió a la Primera Guerra Mundial, después de la victoria alemana sobre Francia en 1940 fue destruído.

     Durante Octubre de 1945, unos meses después del final de la guerra, las fuerzas francesas de ocupación inauguraron pomposamente el cuarto monumento a Turenne en Sasbach, acompañado por una enorme celebración para restregar la sal en la herida de los alemanes. Todavía existe hoy, con un nuevo museo. Es anunciado como "un lugar donde los alemanes y el francés se reúnen en amistad", y patrocina los típicos proyectos de paz de la juventud global de la Unión Europea.

     El monumento de 1897 al Emperador alemán Guillermo I fue inaugurado en una estrecha franja de tierra en el Rin conocida desde los días de los Caballeros Teutónicos como Deutsches Eck. Durante la Segunda Guerra Mundial, la estatua fue volada por la artillería estadounidense (se rumoreaba que eso fue por una orden personal de Eisenhower), y el caballo fue casi completamente destruído y sus valiosos platos de cobre fueron robados. Finalmente, lo que quedaba de la estatua fue removido y fundido, aunque fragmentos de figuras, incluyendo la cabeza del Emperador, reaparecieran más tarde y ahora descansan en un museo de Koblenz. El gobierno militar francés de ocupación intentó desmantelar la base y sustituírla con un nuevo monumento "a la paz y el entendimiento internacional", pero ese plan fracasó debido a la carencia de dinero. Contra todos los obstáculos, en 1953 lo que quedaba del monumento fue dedicado de nuevo a la unificación alemana; el que fuera una vez el orgulloso caballo fue reemplazado por una bandera alemana, y su base fue adornada con los emblemas de los Estados alemanes federales occidentales así como con los de aquellos de las áreas perdidas en el Este.

     La región del Saar ocupada por los franceses fue añadida cuatro años más tarde, después de que su población votara para reincorporarse a Alemania. El 3 de Octubre de 1990, cuando cayó la comunista Alemania Oriental, aquellos antiguos Estados también participaron, y sus emblemas fueron agregados al monumento. Todo lo que quedó fueron los nombres de las áreas alemanas perdidas que habían sido robadas por Rusia, cedidas a Polonia y perdidas por Francia. Aquello no sucedería. Ya que fue exigido que Alemania renunciara a cualquier esperanza y reclamación para esas áreas como el precio por la reunificación, todo lo que fue añadido más tarde fueron tres pedazos de concreto del demolido Muro de Berlín que fueron instalados al lado del monumento y dedicados a las víctimas de la separación. El 25 de Septiembre de 1993, a pesar de las habituales protestas frenéticas de la Izquierda, una nueva estatua creada con fondos privados fue inaugurada para sustituír a la bandera.


     Después del inicio de la Primera Guerra Mundial, un joven Albert Leo Schlageter se inscribió como un trabajador voluntario para emergencias y participó en diversas batallas, ganando la Cruz de Hierro tanto de primera como de segunda clase. Después de la guerra, Schlageter se integró a los Freikorps y participó en distintas batallas entre facciones militares y comunistas que estaban desangrando a Alemania. Durante la ocupación francesa de 1923 del Ruhr, que provocó amargos resentimientos y que fue a menudo brutal, él condujo una patrulla de combate que trató de resistir a las fuerzas de ocupación por medio del sabotaje. Varios trenes fueron descarrilados a fin de interrumpir las provisiones de los ocupantes, y esto fue culpado sobre su grupo. El 7 de Abril de 1923 Schlageter fue detenido por los franceses, procesado en consejo de guerra dentro de un mes y condenado a muerte. Durante la mañana del 26 de Mayo él fue ejecutado en el brezal de Golzheimer cerca de Düsseldorf.

     El joven Schlageter se convirtió en un héroe para la mayor parte de la oprimida población alemana, y se formó una Sociedad Memorial de Schlageter. En 1931 ellos tuvieron éxito en conseguir que un monumento fuera erigido cerca del sitio de su ejecución. Éste era una gigantesca cruz colocada entre cóncavos anillos de piedra. El monumento a Schlageter fue volado en pedazos después de la Segunda Guerra Mundial por orden de las autoridades británicas de ocupación como parte de la "des-nazificación".

     Muchos monumentos, a diferencia de los encantadores viejos monumentos conmemorativos de Düsseldorf y Hamburgo, realmente sobrevivieron a la carnicería cultural de bombardeo y saqueo bajo la ocupación, sólo para caer más tarde. Magdeburgo tenía un hermoso monumento a la reina prusiana Luise, la reina más querida en la historia alemana, que fue una figura simbólica de la liberación de Alemania de la tiranía de Napoleón. Ese antiguo monumento sobrevivió a la profanación de monumentos de la Era de posguerra hasta 1963, cuando un profesor comunista insistió en que la estatua fuera arrasada por "motivos ideológicos".

     Otros monumentos han sido repetidamente destrozados recientemente por comunistas animados por la Izquierda política. El monumento histórico a los soldados caídos en lo que fue una vez la alemana África del Este, ha sido destruído recientemente y despojado de sus ornamentos por grupos opuestos al "espantoso genocidio".

     Las famosas casas de figuras históricas alemanas no estuvieron seguras tampoco. La casa natal de Bismarck, Schoenhausen, era una majestuosa casa señorial establecida por sus antepasados entre 1695 y 1700. Fue usada por la familia hasta 1944, cuando fue usada como un hospital militar, después de lo cual albergó a refugiados, y luego a ancianos. El 2 de Agosto de 1958 el lugar fue volado en pedazos por el gobierno de la comunista Alemania Oriental por razones "ideológicas".

     La puerta de la casa es todo lo que queda de otra pieza desaparecida de la historia cultural alemana. En Leipzig, la construcción del lugar de trabajo de Johann Sebastian Bach, la Paulinerkirche, comenzó en 1228, y dicha iglesia permaneció durante más de 700 años, un modelo de arquitectura eclesiástica gótica junto con la Universidad de Leipzig. Contenía muchos artefactos históricos y artísticos, incluyendo uno de los órganos favoritos de Bach. El 30 de Mayo de 1968 a las 11 AM, la iglesia, que había sobrevivido a los crueles bombardeos Aliados de Leipzig, fue destruída porque los líderes comunistas Paul Fröhlich y Walter Ulbricht habían tomado dicha decisión por razones "ideológicas". Ellos se reservaron sólo siete días para preparar la demolición y rescatar los objetos de la iglesia. Una muchedumbre llorosa de habitantes de Leipzig se juntó para mirar cómo uno de sus monumentos más preciosos era hecho saltar por los aires no lejos de la avenida que había sido renombrada como "Karl Marx Platz". Los escombros fueron limpiados y amontonados en el extremo de la ciudad donde están cubiertos ahora por una pequeña colina con una pequeña cruz de madera que dice "Paulinerkirche 1968".

     Al mismo tiempo que los parques y las plazas de otras ciudades europeas están llenos de antiguos y nuevos monumentos conmemorativos de figuras bélicas y polémicas de sus propias historias (p. ej., el de Arthur Harris en Londres), los alemanes contemplan monumentos militares a los soviéticos, los franceses y otros antiguos enemigos en su propio suelo, y lo hacen muy sumisamente, estando ausente ahora su inherente "voluntad para emprender futuras guerras".

     Los alemanes estuvieron inseguros en cualquier estado de descomposición. Los ocupantes estadounidenses en la bombardeada Aquisgrán (Aachen), hogar de Carlomagno (Karl der Große, en el más belicoso idioma alemán), ordenaron que un soldado fuera a descubrir los restos del gran Emperador (que habían sido escondidos para su cuidado seguro por alemanes que confesaron su localización después de un poco de "difícil interrogatorio" de parte de los Aliados amantes de la paz) y llevara de vuelta los huesos. Cuando el soldado reapareció con el saco de huesos, preguntó con una mirada estúpida en su cara: "Entonces, ¿dónde arrojo esto?".

     Napoleón visitó la tumba de Federico el Grande durante la ocupación francesa de Alemania. "Él fue un gran hombre, sobre todo en situaciones críticas. Ésta es la alabanza más alta que uno puede dar a su carácter", fue su homenaje al gran rey prusiano, cuando él estuvo de pie ante su ataúd. "No estaríamos aquí si él estuviera vivo". Un saqueador empedernido, Napoleón luego entró en la biblioteca personal de Federico, rebuscó entre sus pertenencias, y tomó la espada de Federico. Ésta viajó hasta París, donde fue destruída más tarde.

     Al gran e ilustrado rey prusiano Federico el Grande no se le permitió mucha paz, incluso en su muerte. Federico dejó claras instrucciones de su entierro en su testamento. Él quería ser sepultado en su casa al lado de sus perros favoritos. El sucesor de Federico en cambio ordenó que fuera sepultado en la iglesia de la guarnición de Potsdam.

     En la Segunda Guerra Mundial, los soldados alemanes habían trasladado el ataúd de Federico el Grande para su depósito en un búnker subterráneo en Potsdam-Eiche en 1943, y luego, en Marzo de 1945, a una mina de sal en Turingia. Después del final de la guerra, los huesos fueron llevados por soldados Aliados para ser almacenados en la Iglesia Elizabeth, de Marburgo en Hessen, para prevenir un "resurgimiento del nacionalismo". Se habló algo entre los Aliados de destruír los restos mortales del rey como un símbolo de su nueva autoridad sobre Alemania, pero los huesos fueron en cambio transferidos a Burg Hohenzollern en Hechtigen en 1952.

     Sin embargo, los deseos de Federico el Grande fueron por fin cumplidos, a pesar de las chillonas protestas de la Izquierda. El 17 de Agosto de 1991, en el aniversario Nº 295 de su muerte, el sarcófago con los restos mortales del rey fue puesto en el patio delantero del palacio Sanssouci, escoltado por una guardia de honor. El entierro tuvo lugar esa noche en la tumba que Federico había planeado para dicho objetivo desde 1744: "Una vez que esté allí, estaré despreocupado".

     Poco hubiera adivinado Federico que el nombre "Prusia" sería formalmente borrado del lenguaje internacional por la orden Nº 46 de la Comisión de Control Aliada del 23 de Febrero de 1945, porque, como se ha afiirmado incorrectamente, "Desde tiempo inmemorial [Prusia] ha sido el pilar del militarismo y la reacción en Alemania". El Estado de Prusia todavía existió legalmente durante un tiempo después del final de la guerra, pero resultó ser un obstáculo para la división de Alemania hecha por los Aliados en cuatro zonas de ocupación fácilmente controladas y conformadas para "estabilizar las estructuras políticas", en el concepto de éstos de una nueva Alemania, ya que Prusia era un Estado grande con sus diversas regiones incluídas en las cuatro zonas.

     Llamando a Federico el Grande "un precursor de Hitler", en Febrero de 1947, en un acto de notable arrogancia y estupidez, y en total falta de consideración por los hechos históricos, las potencias Aliadas publicaron un decreto formal que abolía el antiguo Estado alemán de Prusia.

     Existió un espectacular monumento a Federico que alguna vez adornó Marienburgo, el sitio del viejo castillo de los Caballeros Teutónicos y reverenciado símbolo de la historia cultural alemana y de conciencia nacional que fue arrancado y entregado a la Polonia comunista. El monumento fue destruído. Una fosa común que contenía los restos de miles de civiles prusianos alemanes asesinados a sangre fría por el Ejército Rojo ha sido descubierta recientemente en las cercanías.–



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