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jueves, 16 de febrero de 2017

Acerca del Judaizado Reino de Jazaria



     Presentamos aquí un fragmento del cap. IV del libro La Invención del Pueblo Judío (2008), del historiador israelí Shlomo Sand, que habla de los orígenes y primeros testimonios del medieval reino de Jazaria en Asia Central, de las vicisitudes que estuvieron implicadas en la introdución del judaísmo en dicha zona, del influjo que como Imperio tuvo, y de su disolución final a manos de la invasión mongola.





¿Un Kan Judío? Un Extraño Imperio Se Levanta en el Este

     A mediados del siglo X, la era dorada sefardí, Hasdai Ibn Shaprut, un médico e importante estadista en la corte del califa de Córdoba ’Abd ar-Rahman III, escribió una carta al rey de los jázaros, José ben-Aaron. Los rumores sobre un gran Imperio judío lindando con Europa oriental habían llegado hasta las élites judías del extremo occidental del continente y habían suscitado una gran curiosidad: ¿era ése, por fin, un reino judío que no estaba subordinado a los poderes musulmanes o cristianos?.

     La carta comienza con un poema de alabanza al rey —con un acróstico compuesto por Menahem ben-Saruq, el secretario de Hasdai y el poeta hebreo más destacado de la península Ibérica— seguido por la presentación que el remitente hace de sí mismo (entre otras cosas, desde luego como descendiente de los exiliados de Jerusalén) y una descripción del reino en el que vive. Después pasa al tema que lo preocupaba:

     «Ha habido mercaderes que me han dicho que hay un reino de judíos llamado Alkhazar, y no les creí porque pensé que lo decían por agradarme y establecer relaciones conmigo. Estuve confundido sobre ello hasta que llegaron emisarios de Constantinopla con un regalo de su rey para el nuestro, y les pregunté sobre él. Me aseguraron que era cierto, que el reino se llama Alkhazar y que entre Constantinopla y su país había un viaje de 15 días por mar pero que por tierra hay muchas naciones entre nosotros, y que el nombre de su rey es José [...]. Y cuando oí eso, me invadió la fuerza y mis manos se volvieron más fuertes y mi esperanza aumentó, y me incliné e hice reverencias al Señor del cielo. Busqué un emisario fiel para enviarlo a vuestra tierra para encontrar la verdad y para saludar a mi señor, el rey y a sus sirvientes, nuestros hermanos, pero era difícil hacerlo porque la distancia es muy grande».

     Hasdai continúa describiendo con detalle todas las dificultades que suponían el enviar la carta, y finalmente hace preguntas directas: ¿de qué tribu es el rey?; ¿se trasmite de padres a hijos, como hacían los antepasados en la Torá?; ¿qué tamaño tiene el reino?; ¿quiénes son sus enemigos y sobre quién gobierna?; ¿tiene prioridad la guerra sobre el Sabbath?; ¿cuál es el clima del país?, y así sucesivamente. La curiosidad de Hasdai no tenía límites, por lo que se disculpaba cortésmente.

     No se sabe cuánto tiempo pasó hasta que llegó la respuesta del rey jázaro, pero en una larga carta el rey José contestaba a las preguntas de Hasdai lo mejor que podía. Describió sus orígenes y las fronteras de su reino:

     «Habéis preguntado de qué nación, familia y tribu somos. Sabed que somos hijos de Jafet y de su hijo Togarma [...]. Se dice que en su tiempo mis antepasados eran solamente unos pocos y que el Señor les concedió fuerza y audacia, y lucharon contra muchas naciones más poderosas que ellos, y con la ayuda del Señor los expulsaron y heredaron el país [...]. Pasaron muchas generaciones hasta que surgió un rey cuyo nombre era Bulan, un hombre sabio y temeroso del Señor, que puso toda su confianza en el Señor y expulsó a todos los hechiceros e idólatras del país y vivió bajo el manto del Señor [...]. Ese rey convocó a todos sus ministros y sirvientes y les dijo todas estas cosas. Ellos quedaron contentos y aceptaron los juicios del rey y entraron bajo el manto de la Shekhiná [...]. Entonces surgió un rey entre sus hijos llamado Abdías, un hombre justo y honesto que reformó el reino y estableció la Ley en el orden apropiado, y construyó sinagogas y seminarios y trajo a muchos de los sabios de Israel».

     Con un estilo épico y ornamentado, el rey describe la conversión al judaísmo y enumera las razones que llevaron a sus antepasados a preferir la religión judía frente a los otros dos monoteísmos. En un tono invadido por una fervorosa creencia en la Torá y sus mandamientos, continúa describiendo la situación de su reino, su tamaño, población y el poder de sus enemigos y rivales (los rusos y los ismaelitas).

     Diversos embellecimientos y adiciones literarias a los viejos textos llevaron a algunos investigadores a concluír que esas cartas, especialmente las respuestas del rey, no fueron escritas en el siglo X d.C., y pudieran ser falsificaciones o correcciones de autores musulmanes. Hay dos versiones de la carta de José, una larga y otra corta, pero ciertos términos de la versión reducida no pertenecen al léxico árabe, y su autor no formaba parte del mundo cultural musulmán. Además, el distintivo uso lingüístico del hebreo bíblico indica que la carta de Hasdai y la respuesta del rey no fueron escritas por la misma mano. La carta del rey jázaro probablemente fue copiada y embellecida muchas veces, pero el núcleo de su información parece verdaderamente fiable ya que concuerda con testimonios árabes contemporáneos; por ello no puede ser descartada como una simple creación literaria.

     En cualquier caso, desde finales del siglo XI hay evidencias de que, a pesar de las dificultades de las comunicaciones internacionales, por todo el mundo intelectual judío circulaban copias de ambas cartas en varias versiones. Por ejemplo, el rabino Yehudah al-Barzeloni, que cuestionaba la veracidad de esas copias, comentó: «Hemos visto algunas versiones de la carta escrita por el rey José, hijo de Aarón el sacerdote jázaro, al rabino Rabbi Hasdai hijo de Yitzhak, y no supimos si era auténtica o no». Sin embargo, finalmente ese agudo investigador, que detestaba las fábulas, quedó convencido y llegó a admitir que «los jázaros proselitizaron y tuvieron reyes prosélitos; he oído que todo eso está escrito en los libros de los ismaelitas que vivieron entonces y escribieron sobre ello en sus libros». Por ello copió la carta del rey José y citaba una parte en su propio trabajo.

     Es casi seguro que en el siglo XII el rabino Yehudah Halevi conocía esa correspondencia. Atribuyó la conversión al judaísmo del monarca jázaro a una sesión de resolución de un problema monoteístico de tres aspectos. Su descripción al comienzo de su obra Kuzari está adaptada de la carta del rey José, con algunos cambios de estilo y detalle [1].

[1] Al comienzo del libro, Halevi dice: «[Ello] me hizo recordar las discusiones del rabino que estudió con un rey jázaro, el que se convirtió al judaísmo hace unos cuatrocientos años. La historia de este rey está bien recogida en los libros de historia», The Kuzari: In Defense of the Despised Faith, Northvale, 1998, p. 1.

     Hay que señalar que Rabad (el rabino Abraham ben-David), varias décadas más joven que Yehudah ha-Levi y uno de los padres de la Cábala en Provenza, hablando sobre Europa oriental dijo: «Había pueblos jázaros que proselitizaban, y su rey José envió una carta al presidente, el rabino Hasdai ben-Shaprut, hijo de Yitzhak, para decirle que él era seguidor del rabinato al igual que todo su pueblo». Rabad continúa diciendo que, cuando estuvo en Tolitula [Toledo], se reunió con estudiantes judíos que le dijeron que eran jázaros y fieles al judaísmo rabínico.

     Mientras que las historias de los himyaritas y bereberes judaizados fueron borradas de la conciencia general, en el caso de los jázaros era más difícil dejar páginas en blanco. En primer lugar, el público secular moderno conocía el Kuzari, el tratado teológico terminado en el año 1140 por Yehudah Halevi, una figura muy respetada de la tradición judía y una figura canónica para la cultura sionista debido a su especial relación con la Tierra Sagrada. En segundo lugar, había muchas evidencias históricas sobre el reino jázaro en fuentes árabes, persas, bizantinas, rusas, armenias, hebreas e incluso chinas. Todas estaban de acuerdo en que era un reino poderoso, y muchas de las fuentes también se refieren a su inesperada conversión al judaísmo.

     Además, la posición histórica de ese reino y los acontecimientos que siguieron a su ruptura habían llegado a la primera historiografía judía del Este de Europa que batalló con ese tema durante décadas. Incluso los reconstructores sionistas del pasado dudaron durante mucho tiempo en abordar esa cuestión, y unos pocos intentaron investigarla con apropiada meticulosidad. Pero, finalmente, el amplio interés por el reino jázaro empezó a disminuír y prácticamente se evaporó en Israel con la institucionalización de la memoria histórica, unos diez años después de su nacimiento.

     Aunque el reino medieval de los jázaros existió en una lejana oscuridad, y ningún teólogo de talento lo había alabado e inmortalizado como hicieron los autores bíblicos en su momento y lugar, sin embargo está avalado por fuentes externas mucho más abundantes y variadas de las que existen sobre el reino de David y Salomón. La Jazaria judía no sólo fue inconmensurablemente mayor que cualquier reino histórico en la tierra de Judea, sino también más poderosa que Himyar o el reino del desierto de Dihya al-Kahina.

     La historia de los jázaros es fascinante. Comienza en el siglo IV d.C., cuando algunas tribus nómadas acompañaron a los hunos cuando se abalanzaron sobre Occidente. Continúa con el levantamiento de un gran Imperio en las estepas del río Volga y en el Norte del Cáucaso, y finaliza con la invasión mongola del siglo XIII, que barrió todas las huellas de ese extraordinario reino.

     Los jázaros eran una coalición de poderosos clanes túrquicos o huno-búlgaros que, cuando empezaron a asentarse, se mezclaron con los escitas que habitaban en las montañas y estepas entre el mar Negro y el Caspio, que durante mucho tiempo se conoció como el Mar Jázaro [2]. En su momento de mayor esplendor, el reino englobaba a toda una variedad de tribus y de grupos lingüísticos, alanos y búlgaros, magiares y eslavos. Los jázaros recaudaban impuestos de todos ellos y gobernaban una extensa masa continental que se extendía desde Kiev en el Norte hasta la península de Crimea en el Sur y desde el curso alto del Volga a la actual Georgia.

[2] Incluso hay una descripción de su aspecto físico en Yaqut al-Hamawi, Kitab mu’jam al-buldan (Diccionario de los Países), que cita Ibn Fadlan: «Los jázaros no se parecen a los turcos. Tienen el pelo negro y son de dos tipos: unos llamados los Kara-jázaros [jázaros negros], que son morenos rayando el negro profundo como si fueran una clase de indios, y un tipo blanco [Ak-jázaros], que son sorprendentemente bien parecidos», citado en A. Kahana (ed.), The Literature of History.

     A partir del siglo VI, testimonios persas y seguidos por otros musulmanes arrojaron luz sobre las primeras etapas de la saga jázara. Invadieron el reino sasánida y hostigaron a los habitantes de sus fronteras y alcanzaron la zona alrededor de Mosul, en el actual Iraq. A comienzos del siglo VII, durante el reinado del rey persa Cosroes II, un matrimonio con la hija del rey jázaro selló una alianza que permitió a los persas construír fortificaciones en los pasos de las montañas del Cáucaso, y todavía pueden verse restos de esas fortificaciones contra las invasiones jázaras. Fuentes armenias y bizantinas revelan que en los años siguientes el reino jázaro formó una alianza con el Imperio romano de Oriente en su lucha contra los persas, y se convirtió en un importante factor para el equilibrio del poder en la región. El obispo armenio del siglo VII Sebeos escribió en su Historia de Heraclio: «Ellos [los nobles armenios] pasaron a servir al gran Kan, rey de las tierras del Norte. A las órdenes de su rey, el Kan [...], marcharon a través del paso de Jor para ir en ayuda del rey de Grecia».

     El Kan —el título del gobernante de Jazaria— mantuvo amplias relaciones con el Imperio bizantino. El futuro emperador Justiniano II, quien había sido exiliado a Crimea, escapó a finales del siglo VII al reino jázaro donde se casó con una princesa del reino. Ella fue rebautizada como Teodora y más tarde sería una poderosa emperatriz.

     Éste tampoco fue el único lazo matrimonial entre los dos reinos. En el siglo X el gobernador y escritor Constantino VII Porfirogéneta escribió: «El emperador León [III] [...] por medio del matrimonio se convirtió en aliado del Kan de Jazaria, al aceptar a su hija como esposa [para su hijo Constantino V], avergonzando al Imperio bizantino y a sí mismo porque con ello abandonó los preceptos de sus antepasados y los trató con desdén».

     Esa boda no tradicional, inter-dinástica, se celebró en el año 732 d.C., y el hijo que nació de ella se convirtió en el Emperador León IV el Jázaro. También fue el punto álgido de las relaciones diplomáticas entre los dos poderosos reinos. Los jázaros triunfaron en muchas batallas para detener el avance de los musulmanes hacia el Norte y, temporalmente, salvaron al Imperio bizantino del amenazante cerco que hubiera precipitado su colapso.

     La muchas batallas entre musulmanes y jázaros fueron descritas por numerosos cronistas árabes, que no tenían reparos en copiarse entre ellos sus obras. Ibn al-Athir escribió que «lucharon fieramente y ambos bandos aguantaron. Luego, los jázaros y los turcos vencieron a los musulmanes [...]. Después de que al-Jarrah cayera en el campo de batalla, los jázaros codiciaron [el país] y se adentraron muy en su interior, alcanzando Mosul». Eso sucedió en el año 730 d.C., pero la respuesta no tardó en llegar. Después de un tremendo esfuerzo logístico y de nuevas batallas, los ejércitos árabes consiguieron repeler al resuelto enemigo. Bajo el mando del futuro califa Marwan II incluso avanzaron con grandes fuerzas sobre la propia Jazaria, y su condición para retirarse fue la conversión al Islam del Kan. El soberano jázaro aceptó y los ejércitos árabes se retiraron a las montañas del Cáucaso, que se establecieron como la frontera final entre Jazaria y el mundo musulmán. Como veremos, la conversión temporal del pagano reino jázaro no fue muy significativa, aunque muchos de los súbditos aceptaron la fe de Mahoma.

     La mayoría de las fuentes describen el reino jázaro como poseedor de un original gobierno dual: un líder religioso supremo y un activo líder secular. Ahmad ibn-Fadlan, un diplomático y escritor que en el año 912 d.C. fue enviado por el califa al-Muqtadir al país de Bulgaria, en el Volga, atravesó Jazaria y describió el país en sus excepcionales notas de viaje. Sobre los jázaros y su sistema político, escribió:

     «En cuanto al rey de los jázaros, conocido como el Kan [Kagan], solamente se le ve una vez cada cuatro meses, y a una respetuosa distancia. Se le llama el Gran Kan, y a su segundo se le llama el Kan Bey. Este último es quien está al mando de los ejércitos, administra el reino y cuida de él. Lanza asaltos e incursiones y los reyes vecinos se rinden ante él. Todos los días visita al Gran Kan, de manera deferente, mostrándose humilde y modesto ante él».

     Más información se encuentra en la obra del cartógrafo y cronista Al-Istakhri, escrita alrededor del año 932. Su descripción es más vívida y pintoresca:

     «En cuanto a su régimen y gobierno, su maestro recibe el nombre de Kan Jázaro, que es más elevado que el rey de los jázaros, aunque es el rey quien le otorga sus poderes. Cuando quieren nombrar a un Kan, lo estrangulan con un cordón de seda y, cuando está casi asfixiado, le preguntan: «¿Cuánto tiempo quieres reinar?». Y él replica: «Tantos años». Si muere antes de ese plazo, [no hay problema]; en caso contrario, cuando cumple el plazo, lo matan. Solamente los hijos de las familias importantes pueden acceder al puesto de Kan y, aunque no tiene ningún poder real, es adorado y venerado cuando aparece ante la gente. Sin embargo nadie accede a su presencia excepto un pequeño número de personas como el rey y los de su rango [...]. Y no se nombra Kan a nadie que no sea fiel al judaísmo».

     Otras fuentes árabes corroboran la existencia de un poder dual en Jazaria. Se trataba de un régimen eficaz que mantenía una mística alrededor del Gran Kan y utilizaba al príncipe de mayor talento y capacidad como el Bey, que actuaba como un virrey militar. El halo de santidad que acompañaba al Kan no le impedía mantener un harén de 25 mujeres y 60 concubinas, aunque esto no se puede considerar necesariamente como una devota muestra de emulación del bíblico rey Salomón.

     La sede de los gobernantes estaba en la capital Itil, junto al estuario del Volga en el mar Caspio. Desafortunadamente parece que el cambio del curso de los grandes afluentes del río y la subida del nivel del mar inundó la ciudad, cuya localización exacta permanece desconocida. Si el reino mantuvo un archivo documental, se perdió, y los investigadores tienen que apoyarse principalmente en fuentes externas. Itil fue mayormente una ciudad de tiendas de campaña y casas de madera, y solamente la residencia de los gobernantes estaba construída con ladrillos. La descripción de Ibn-Fadlan proporciona algunos detalles:

     «Al-Khazar es el nombre de una región (y de un clima), y su capital se llama Itil. Itil es el nombre del río que corre por al-Khazar desde las tierras de rusos y búlgaros. Itil es una ciudad y al-Khazar es el nombre del reino, no de la ciudad. Itil tiene dos partes [...]. El rey reside en la parte occidental, de una parasanga de extensión, rodeado por un muro irregularmente construído. Sus casas están hechas de pieles excepto unas pocas hechas de barro. Hay mercados y baños públicos».


     Los habitantes ya no eran pastores nómadas como sus antepasados, pero la población todavía migraba cada primavera a las zonas rurales para cultivar el suelo, y pasaban el duro invierno en la capital donde el clima era más templado por su proximidad al mar. Al-Istakhri señaló:

     «En verano marchan a los campos a 20 leguas, para sembrar y recolectar. Ya que unos están cerca del río y otros de la pradera, llevan [los productos] en carretas y por el río. Su alimento principal es el arroz y el pescado. La miel y la cebada que envían fuera del país les llega a ellos de la región de los rusos y búlgaros».

     Al-Istakhri también describe otra ciudad: «Los jázaros tienen una ciudad llamada Samandar [...]. Tiene muchos jardines, y se dice que contiene unos cuatro mil viñedos que llegan hasta la frontera serir. La mayor pare de su producción son uvas». Se sabe que ésta fue la capital jázara antes de que los gobernantes se trasladaran a Itil, y que la pesca era un importante medio de vida para la población.

     Sabemos que los jázaros eran típicos recolectores de arroz y consumidores regulares de pescado y vino, aunque el grueso de los ingresos del reino procedía de los peajes. Jazaria se levantaba sobre la Ruta de la Seda, y también dominaba los ríos Volga y Don, que eran importantes rutas de transporte. Otra fuente más de ingresos eran los pesados tributos impuestos sobre las numerosas tribus a las que gobernaba el reino. Los jázaros fueron conocidos por su floreciente comercio, especialmente de pieles y esclavos, y su creciente riqueza les permitía mantener una fuerza militar poderosa y bien entrenada que dominaba todo el Sur de Rusia y lo que actualmente es el Este de Ucrania.

     Hasta aquí, las descripciones de los cronistas árabes coinciden e incluso están de acuerdo con el testimonio de la carta del rey José. Sin embargo, el tema de la lengua jázara permanece oscuro. Sin duda la gran mezcla de tribus y poblaciones llevaba a la existencia de varias lenguas y dialectos, pero ¿cuál era la lengua de la élite jázara en el poder? Al-Istakhri, siguiendo a Al-Bakri, escribió: «El lenguaje de los jázaros es diferente al de los turcos y persas y no se parece al lenguaje de ninguna otra nación» [3]. No obstante, la mayoría de los investigadores suponen que el lenguaje jázaro consistía en dialectos huno-búlgaros junto a otros de la familia túrquica.

[3] Algunos testimonios sugieren que su lenguaje se parecía al antiguo búlgaro.

     Sin embargo de lo que no hay duda es de que el hebreo era la lengua sagrada jázara y el lenguaje que se utilizaba en las comunicaciones escritas. Los pocos documentos jázaros existentes lo indican, y el escritor árabe Al-Nadim, que vivía en Bagdad en el siglo X, lo confirma: «En cuanto a los turcos y los jázaros [...] no tienen un alfabeto propio, y los jázaros escriben en hebreo». Se han encontrado inscripciones en Crimea que están en una lengua no semítica que utiliza caracteres hebreos; dos de esos caracteres (shin y tzadik) finalmente entraron en el alfabeto cirílico, presumiblemente en el transcurso del primer dominio jázaro sobre los rusos.

     ¿Por qué el reino jázaro no adoptó la lengua griega o árabe para uso religioso y para las comunicaciones a alto nivel?. ¿Por qué los jázaros se convirtieron en judíos, cuando todos sus vecinos se convirtieron en masa, o bien al cristianismo, o bien al Islam? Y otra pregunta más: ¿cuándo empezó la asombrosa proselitización colectiva?.


Los Jázaros y el Judaísmo: ¿Una Larga Relación Amorosa?

     Uno de los pocos testimonios jázaros que han sobrevivido es el importante documento que los investigadores conocen como el Documento de Cambridge, cuya autenticidad está menos cuestionada que la carta del rey José. Ese manuscrito hebreo, escrito por un judío jázaro de la corte del rey José, fue encontrado en la famosa genizah de El Cairo, publicado en 1912, y desde entonces ha permanecido en la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Se sabe poco sobre el autor o el destinatario, pero parece haber sido escrito en el siglo X d.C. y podría haber sido otra respuesta a la petición de Hasdai. El texto está fragmentado y muchas palabras se han perdido, pero todavía es una rica fuente de información. Después de unas cuantas líneas perdidas, la carta dice lo siguiente:

     «Armenia y nuestros antepasados huyeron de ellos [...] [porque no podían] soportar el yugo de los adoradores de ídolos. Y [los príncipes de Jazaria] los recibieron [porque los hombres de] Jazaria estaban al principio sin la Torá. Y [ellos también] permanecían sin la Torá y las Escrituras y se casaron con los habitantes de la tierra. Y aprendieron sus hazañas y marcharon con ellos [a la guerra continuamente]. Y se convirtieron en pueblo. Solamente confiaron en el pacto de la circuncisión. Y [algunos de ellos] observaban el Sabbath. Y no había rey en la tierra de Jazaria. Solamente a aquel que obtenía victorias en la batalla lo nombrarían como general del ejército. [Sucedió] que, en un momento en el que los judíos marcharon a la batalla con ellos como era su costumbre, un judío se demostró poderoso con su espada y puso en fuga a los enemigos que venían contra Jazaria. Entonces el pueblo de Jazaria lo nombró sobre ellos como el general del ejército de acuerdo con sus antiguas costumbres».

     El documento también describe un encuentro tripartito de resolución de un problema entre un musulmán, un cristiano y un judío, esencialmente similar a la descripción de la carta del rey José, y que concluía, desde luego, con la apropiada decisión a favor del judaísmo.

     Parece que ese modelo histórico-literario fue muy popular en ese período: las primeras crónicas rusas describen la conversión de Vladimir I de Kiev al cristianismo casi de la misma manera, aunque naturalmente con un resultado diferente. Un escritor árabe contemporáneo también describió la judaización del rey de Jazaria tras un intenso debate teológico, excepto que en ese texto el erudito judío contrató a un asesino para envenenar al erudito musulmán antes de la confrontación decisiva, y así «el judío llevó al rey hacia su religión y lo convirtió».

     El resto del así llamado Documento de Cambridge, como su comienzo, sugiere una interesante hipótesis referente a la judaización de los jázaros:

     «Israel, junto a los hombres de Jazaria, regresó en perfecto arrepentimiento. Pero también los judíos empezaron a llegar desde Bagdad, desde Khorasan y desde la tierra de Grecia y estrecharon las manos de los hombres de la tierra, y se estimularon en la alianza del Padre de la Multitud [Abraham]. Y los hombres de la tierra nombraron de entre ellos a uno de los hombres sabios como juez. Y pusieron su nombre en la lengua de Jazaria, Kan. Por ello, los jueces que surgieron después de él son llamados por el nombre de Kan hasta nuestros días. En cuanto al  gran príncipe de Jazaria, cambiaron su nombre por el de Sabriel y así lo nombraron su rey».

     Puede ser que este Sabriel fuera el nombre que tras su conversión adoptó el rey Bulan, mencionado en la carta de José, que este relato fuera poco fiable y las dramáticas descripciones de la judaización meras fábulas y sermones. Sin embargo, los relatos sobre la inmigración como el catalizador del proceso de proselitización parecen mucho más relevantes para entender la historia jázara. La llegada de creyentes judíos de Armenia, del actual Iraq, desde Khorasan (que comprendía partes de lo que son en la actualidad Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tajikistán, Afganistán y Pakistán) y de Bizancio, bien pueden haber provocado la conversión al judaísmo de ese extraño reino. A las tierras del paganismo llegaron judíos proselitizados desde los escenarios de monoteísmos rivales, el cristianismo o el Islam. Como en otras regiones que sufrieron una masiva judaización, en Jazaria empezó igualmente con inmigrantes que convencieron a los paganos de que su fe era preferible. La gran campaña de proselitización de masas que empezó en el siglo II a.C., con el ascenso del reino asmoneo, alcanzó su clímax en Jazaria en el siglo VIII d.C.

     El testimonio hebreo-jázaro sobre la inmigración judía encuentra respaldo en la literatura árabe. El cronista árabe al-Mas’di escribió:

     «En cuanto a los judíos, ellos son el rey y su corte, y los jázaros son su pueblo. La judaización del rey de los jázaros se produjo en el califato de Harun al-Rashid. Muchos judíos que habían oído hablar de él se unieron a él desde todas las ciudades musulmanas y desde Bizancio. La razón era que el rey bizantino de nuestro tiempo, el año 332 [944 d.C.], Armanus [Romano] cristianizó por la fuerza a los judíos de su reino [...] con lo cual muchos judíos huyeron de Bizancio a la tierra de los jázaros».

     El califa abasí Harun al-Rashid vivió entre los años 763 y 809 d.C. El supuesto Emperador bizantino Romano reinó en la primera mitad del siglo X. Este pasaje sugiere que la relación entre el reino jázaro y el judaísmo se desarrolló por etapas y que la primera fue en el siglo VIII d.C. Hemos visto que en ese siglo los ejércitos jázaros invadieron Armenia e incluso alcanzaron la ciudad de Mosul en al actual Kurdistán. En esas regiones todavía había comunidades judías —gentes que permanecían desde el antiguo reino de Adiabene— que habían penetrado profundamente en Armenia. Quizá fue en ese encuentro cuando los jázaros se encontraron por primera vez con la religión de Yahvé, y algunos creyentes judíos acompañaron al ejército en su regreso a Jazaria. También se sabe que en las orillas septentrionales del mar Negro, especialmente en Crimea, vivían judíos proselitizados con nombres griegos [4]. Más tarde algunos huyeron de las despiadadas persecuciones de los Emperadores bizantinos.

[4] Otra teoría sugiere que los judíos llegaron a Jazaria desde Khorasan, al Este del mar Caspio.

     Yehudah ha-Levi señaló en el Kuzari que los jázaros se convirtieron en el 740 d.C., pero la fecha puede no ser correcta. Un documento cristiano escrito alrededor del año 864 d.C. en la distante Francia afirmaba que «todos los gazari obedecen los preceptos del judaísmo». En alguna etapa entre mediados de los siglos VIII y IX los jázaros adoptaron el monoteísmo judío como su particular fe y rito. También es razonable suponer que no fue un milagroso acto único sino un proceso largo. Incluso la cuestionable carta del rey José describe que la conversión se produjo por etapas: el rey Bulan fue convencido por la lógica de la Ley de Moisés y se convirtió en judío, pero solamente el rey Abdías, su nieto o biznieto, «reformó el reino y estableció la ley en su lugar adecuado», construyó sinagogas y seminarios y adoptó la Mishná y el Talmud. También se dice que invitó a los sabios judíos de muy lejos para reforzar la verdadera fe ente sus súbditos.

     En el siglo XIX los investigadores dudaban sobre la conversión del reino jázaro: actualmente no se pone en duda. La propagación del monoteísmo alcanzó el Cáucaso y las estepas del Volga y del Don —el actual Sur de Rusia— y convenció a gobernantes y a élites tribales para que creyeran en las muchas ventajas de una divinidad única. Pero la cuestión sigue en pie: ¿por qué optó Jazaria por el judaísmo en vez de por alguna de las otras religiones monoteístas, con sus requerimientos menos onerosos? Si dejamos de lado el mágico sermón incluído en la carta del rey José, el Documento de Cambridge y el libro de Yehudah Halevi, nos quedamos con la misma explicación que se aplicaba a la conversión Himyar. El deseo de permanecer independientes frente a imperios poderosos y codiciosos —en este caso el Imperio bizantino ortodoxo y el califato abasí musulmán— llevó a los gobernantes de Jazaria a adoptar el judaísmo como un arma defensiva ideológica. Si los jázaros hubieran adoptado el Islam, por ejemplo, se hubieran convertido en súbditos del califa. Si hubieran permanecido paganos, hubieran sido marcados para la aniquilación por los musulmanes, que no toleraban la idolatría. El cristianismo evidentemente los hubiera subordinado por mucho tiempo al Imperio oriental. La lenta y gradual transición del antiguo chamanismo de la región al monoteísmo judío probablemente también contribuyó a la consolidación y centralización del reino jázaro.

     Uno de los más destacados recopiladores de material sobre los jázaros fue un ruso caraíta llamado Abram Firkovich. Ese incansable investigador también era un gran devoto; ansioso por crear la impresión de que Jazaria se había convertido no al judaísmo rabínico sino al caraísmo, añadió y borró material en varios documentos, libros sagrados e inscripciones de tumbas. Así, a pesar de su valioso trabajo de conservación, dañó muchas fuentes y creó una generalizada falta de confianza. Finalmente sus falsificaciones fueron descubiertas por otros investigadores (principalmente por el importante historiador Abraham Eliyahu Harkavy), y una investigación más detallada reveló que el judaísmo jázaro no era caraíta en absoluto.

     Es bastante posible que el caraísmo, no menos que el judaísmo del Talmud, se propagara por las regiones de Jazaria, especialmente por Crimea, pero la práctica judía en el reino era rabínica en mayor o menor grado. La consolidación histórica del caraísmo llegó demasiado tarde como para haber sido el primer catalizador que dio lugar a la judaización de los jázaros, y no hay ninguna razón para suponer que continuó hasta capturar a todos ellos. Además, en el momento de la conversión jázara, todavía eran excepcionales las copias del Talmud, lo que permitió que muchos prosélitos adoptaran ritos antiguos e incluso sacrificios sacerdotales. Restos de un cuerpo encontrado en una cueva funeraria en Fangoria en Crimea aparecieron vestidos con prendas de cuero del estilo utilizado por los sirvientes del templo de Jerusalén, como se prescribe con detalle en el Antiguo Testamento.

     Pero una de las maravillas del reino judío oriental, por la que todavía se le alaba, era su pluralismo religioso heredado de su anterior chamanismo politeísta que todavía era popular en la región. Como escribió al-Mas’udi: «Las leyes de la capital jázara decretan siete jueces: dos para los musulmanes, dos para juzgar según la Torá para los jázaros, dos que actúan de acuerdo con los Evangelios para los cristianos que hay entre ellos y uno para los saqaliba (búlgaros) y rusos y para otros idólatras».

     Es casi seguro que el poder jázaro protegía a los judíos, musulmanes, cristianos y paganos, y que las sinagogas, mezquitas e iglesias existieron unas al lado de las otras en las ciudades. Ibn Hawqal, escribiendo en los años 976-977 d.C., lo confirmaba en su descripción de Samandar: «Hay musulmanes viviendo allí que tienen mezquitas, y los cristianos tienen iglesias y los judíos sinagogas». Yaqut al-Hamawi, recurriendo a Ibn-Fadlan, escribió:

     «Los musulmanes tienen en esta ciudad [Itil] una gran mezquita donde rezan y a la que acuden los viernes. Tenía un alto minarete para llamar a la oración y realizar diversos pregones. Cuando el rey de los jázaros oyó en el año 310 [922 d.C.] que los musulmanes habían destruído una sinagoga en Dal al-Babunaj, ordenó que el minarete fuera derribado y así se hizo. Y condenó a muerte a los pregoneros. Dijo: "Si no hubiera temido que destruyeran todas las sinagogas en las tierras musulmanas, hubiera destruído esta mezquita"».

     La solidaridad judía algunas veces se impuso sobre el principio de la tolerancia religiosa, pero no acabó con ella, aunque, cuando los judíos fueron perseguidos en el Imperio bizantino, durante el reinado del Emperador Romano, el rey José respondió persiguiendo a los cristianos jázaros. No obstante los kanes llevaron a la práctica una política similar a la del reino musulmán de Al-Andalus, un modelo monoteísta suave, muy diferente a la de la civilización cristiana contemporánea o a los valores «totalitarios» del reino asmoneo. Musulmanes y cristianos sirvieron en los ejércitos del Kan, e incluso estaban exentos de combatir cuando había compañeros de creencias en el otro bando.

     El Documento de Cambridge apoya la declaración encontrada en la carta del rey José de que los jázaros tenían nombres hebreos. La carta del rey José menciona Hezekiah, Manasseh, Yitzhak, Zebulun, Menahem, Binyamin y Aharon. El manuscrito menciona a reyes de nombres Binyamin y Aharon, que refuerzan la corrección de la carta del rey, por lo menos parcialmente.

     El autor del manuscrito también escribe: «Ahora en nuestra tierra dicen que nuestros antepasados vinieron de la tribu de Simeón, pero no podemos probar la verdad de esa afirmación» [5]. Los prosélitos siempre se han esforzado por encontrar algún vínculo genealógico directo con los patriarcas de la mitología bíblica, y esa tendencia afectó a muchos de los jázaros que querían creer que ellos descendían de las tribus israelitas. La conciencia religiosa se volvió más decisiva en la siguiente generación, y con el tiempo superó a las anteriores identidades tribales asociadas con la idolatría. Los cultos paganos se convirtieron en abominables a los ojos de los orgullosos nuevos monoteístas y todavía más para sus vástagos y su imaginaria identidad. Por ello el reino se vio a sí mismo más judío que jázaro y así se documentó en las épicas contemporáneas rusas: no era la tierra de los jázaros sino la tierra de los judíos —Zemlya Zhidovskaya— la que intimidó a los vecinos eslavos.

[5] La leyenda de Eldad el Danita también describe a los jázaros como descendientes de las «10 tribus»: «La tribu de Simeón y la mitad de la tribu de Manasés viven en la tierra de los caldeos a seis meses de viaje, y son más numerosos que todas las demás y reciben tributos de 25 reinos y de algunos de los saqueadores ismaelitas», Abraham Epstein (ed.), Eldad the Danite, Pressburg, 1891, p. 25.

     El deseo de una genealogía sagrada también dio origen a novedosos marcadores culturales. En la carta del rey José la lista de reyes incluye a uno llamado Hanukkah, y el Documento de Cambridge menciona a un comandante del ejército de nombre Pessah. Esa original práctica de poner a la gente el nombre de fiestas religiosas era desconocida en los tiempos bíblicos o en el reino asmoneo, y tampoco se ha encontrado en el reino de Himyar y en sus descendientes, ni entre los judíos del distante Norte de África. En tiempos posteriores, esos nombres emigraron hacia Occidente llegando a Rusia, Polonia e incluso Alemania.

     No obstante, la pregunta permanece sin respuesta: ¿constituían los judíos la mayoría de los creyentes monoteístas de toda Jazaria? Las fuentes son contradictorias. Algunos de los escritores árabes afirman que los judíos jázaros eran una élite minoritaria que tenía el poder. Por ejemplo, Al-Istakhri afirma que «la comunidad más pequeña son los judíos, mientras que la mayoría de los habitantes son musulmanes y cristianos, pero el rey y su corte son judíos». Otros dicen que todos los jázaros eran judíos. Yaqut, basándose en Ibn-Fadlan, la fuente más fiable del período, afirma: «Los jázaros y su rey son todos judíos». Igualmente Al-Mas’udi afirmó: «En cuanto a los judíos, son el rey y su corte y sus súbditos los jázaros». Es bastante posible que el grueso de la gran tribu jázara se convirtiera en judía, mientras que otras tribus fueron proselitizadas sólo parcialmente, y muchos se convirtieran en musulmanes, cristianos o permanecieran siendo paganos.

     ¿Qué tamaño tenía la comunidad de jázaros proselitizados? La investigación realizada no ha llegado a ninguna cifra. Una gran dificultad de la Historia es que nunca sabemos demasiado acerca de las creencias espirituales del pueblo llano. La historiografía judía más tradicional, así como una parte importante de los estudios soviéticos sobre nacionalidades, ha resaltado que sólo el monarca y la alta nobleza se convirtieron en judíos, mientras que las masas jázaras eran paganas o adoptaron el Islam. No hay que olvidar que en los siglos VIII, IX y X d.C. no todos los campesinos europeos se habían convertido en cristianos, y que la fe era bastante tenue entre los escalones más bajos de la jerarquía social medieval. Por otra parte, se sabe que, en los tiempos de las primeras religiones monoteístas, los esclavos eran casi siempre obligados a adoptar la fe de sus amos. Los ricos jázaros que poseían muchos esclavos no eran diferentes (como claramente expone la carta del rey José). Las inscripciones grabadas en muchas lápidas de la antigua Jazaria indican una propagación del judaísmo, aunque a menudo con evidentes desviaciones sincréticas.

     El reino jázaro permaneció siendo judío durante demasiado tiempo —los cálculos oscilan entre 200 y 400 años— como para no justificar la suposición de que la práctica y la fe se filtrara a estratos más amplios. Aunque era probable que no fuera el puro y detallado judaísmo halajaico, por lo menos algunos de los mandamientos y rituales deben de haber alcanzado a amplias congregaciones; de otra forma, la religión judía no hubiera atraído tanta atención, así como un buen grado de emulación, por toda la región. Se sabe que la proselitización también se produjo entre los alanos, que hablaban dialectos iraníes y que vivían bajo la égida jázara en las montañas del Norte del Cáucaso. El Documento de Cambridge contiene la afirmación de que, en una de las muchas guerras de los jázaros contra sus vecinos, «solamente el rey de los alanos apoyaba a Jazaria. Porque algunos de ellos observaban la Torá de los judíos» [6].

[6] A finales del siglo XII de nuestra Era, el «eterno viajero» Benjamín de Tudela mencionó una comunidad judía en el país de los alanos.

     Lo mismo sucedía con la gran tribu kabar, que salió de Jazaria y se unió a los magiares en su emigración hacia Occidente. Antes de su emigración a Europa Central los magiares, que están entre los antepasados del actual pueblo húngaro, estaban subordinados al reino jázaro. Los kabar, que habían sido parte de la población jázara, por alguna razón se rebelaron contra el Kan, se unieron a los magiares y abandonaron Jazaria con ellos. Se sabe que entre ellos había muchos prosélitos, y su presencia en la formación del reino húngaro y en el ascenso de la comunidad judía en él puede no carecer de importancia.


     Además de la carta del rey José y del extenso Documento de Cambridge, hay otro documento jázaro que fue encontrado en la genizah de El Cairo y trasladado a la misma universidad británica. Inédito hasta 1962, el documento da testimonio de la propagación del judaísmo en las regiones eslavas de Jazaria. Se trata de una carta en hebreo enviada desde Kiev, alrededor del año 930 d.C., en la que se pide ayuda para un judío local de nombre Yaakov ben-Hanukkah, que ha perdido todas sus propiedades. Los firmantes de la carta son nombres típicamente hebreos, así como jázaro-túrquicos, y juntos afirman representar a la «congregación de Kiyov». La carta también lleva una anotación en caracteres turcos que dice: «Leída». Ese documento muestra casi con total seguridad la temprana presencia de prosélitos jázaros en la ciudad que pronto se convertiría en la primera capital del reino ruso. Incluso es posible que sus fundadores fueran los antepasados de esos judíos, ya que el nombre de Kiev se deriva de un dialecto túrquico. Debe de haber habido alguna razón para que una amplia entrada de la antigua muralla de la ciudad se conociera como la Puerta de los Judíos, y que condujera a un barrio llamado judío y a otro llamado jázaro.

     Otra temprana fuente que avala la conversión colectiva de los jázaros es una fuente caraíta. Alrededor del año 973 d.C., Yaakov Qirqisani, un cultivado viajero que estaba bastante familiarizado con las regiones alrededor de Jazaria, escribió un comentario en arameo sobre el verso «Yahvé agrandará a Jafet» (Génesis 9: 27): «Esto es lo que significan las palabras: él habitará en las tiendas de Sem, que le conceden favor y ventaja. Y algunos comentaristas piensan que esto se refiere a los jázaros que se convirtieron en judíos» [7].

[7] El caraíta Yefet ben-Ali, que vivió en Basora a finales del siglo X, también menciona al rey de los jázaros.

     Este testimonio caraíta no es el único que confirma que la judaización no fue simplemente una fantasía «oriental» de eruditos árabes. Además de la solicitud de Hasdai ibn-Shaprut y de las declaraciones de Rabad, en el siglo X el gran rabino Saadia Gaon, quien vivió en Bagdad durante varios años, también escribió sobre los jázaros. En el capítulo anterior vimos que lamentaba la islamización de los judíos en la Tierra Sagrada. ¿Se alegró de la judaización de todo un reino para compensar? Podría haber tenido sus dudas acerca de esos nuevos judíos que aparecían muy al Norte de Babilonia, acerca de esos creyentes de la Ley de Moisés que también eran rudos guerreros, que montaban caballos, que periódicamente ejecutaban a sus propios reyes y que eran activos mercaderes de esclavos. La preocupación de que esos salvajes judíos no aceptaran toda la carga de la Torá y todos los preceptos del Talmud bien pudo consternar al oponente más severo de los caraítas. En sus escritos, se refiere a la judaización de los jázaros como un hecho natural, mencionaba una vez al Kan y también describía a un judío llamado Yitzhak bar-Abraham que viajó a tierra de los jázaros y se estableció allí.

     Más tarde, en algún momento a principios del siglo XII, el rabino Petaquias de Regensburg (Ratisbona) marchó de viaje desde su ciudad en Alemania a Bagdad. Por el camino atravesó Kiev, la península de Crimea y otras regiones que habían sido parte de Jazaria, que ya había declinado y disminuído. Sus impresiones del viaje, realmente escritas por su discípulo, eran las siguientes:

     «En la tierra de Jazaria es costumbre que las mujeres lloren y lamenten a sus fallecidos padres durante todo el día y la noche [...]. No hay judíos en Kedar; hay herejes, y el rabino Petaquias les preguntó: "¿Por qué no creéis en las palabras de los sabios?". Ellos replicaron: "Porque nuestro padres no nos las enseñaron". Las vísperas del Sabbath cortaban todo el pan que se comería en el Sabbath y comían en la oscuridad, y pasaban todo el día sentados en un sitio, y no rezan sino que cantan los Salmos. Cuando el rabino Petaquias les enseñó a ellos nuestra oración y la bendición de la comida, les gustó, y dijeron: "No hemos oído hablar del Talmud"».

     Esta descripción fortalece la suposición de que el caraísmo estaba extendido por toda la región o, alternativamente, que había un indefinido sincretismo judío en las estepas. Sin embargo, más tarde, cuando Petaquias llegó a Bagdad, hizo un relato diferente:

     «Los siete reyes de Mesec fueron visitados por un ángel que les dijo en un sueño que abandonaran sus religiones y leyes y siguieran la ley de Moisés ben-Amram o su país sería destruído. Se demoraron en hacerlo hasta que el ángel empezó a devastar su tierra, y todos los reyes de Mesec y su pueblo se convirtieron al judaísmo, y pidieron al jefe de un seminario que les enviara a estudiantes de la Torá, y allí marcharon estudiantes pobres para enseñarles a ellos y a sus hijos la Torá y el Talmud de Babilonia. Los estudiantes vinieron de Egipto para enseñarles. Él vio a los emisarios y aquellos que fueron a la tumba de Ezequiel oyeron sobre los milagros y que las peticiones de los fieles fueron respondidas».

     ¿Fueron éstas las últimas exclamaciones de un reino judío cada vez más reducido? ¿El desesperado aferramiento a una fe que permaneció después de la anterior gloria real? Sabemos demasiado poco sobre la situación en Jazaria en el siglo XII como para aventurar una opinión.

     ¿Cuándo se desmoronó el gran Imperio jázaro? En el pasado se suponía que fue en la segunda mitad del siglo X. El principado de Kiev del que surgió el primer reino ruso fue durante muchos años vasallo de los gobernantes de Jazaria. El principado se volvió más fuerte en el siglo X, alcanzó una alianza con el Imperio romano de Oriente y atacó a sus poderosos vecinos jázaros. En el año 965 (o 969), Sviatoslav I, el príncipe gobernante de Kiev, atacó la ciudad jázara de Sarkel que controlaba el río Don y se apoderó de ella. Sarkel era una ciudad fortificada, construída originalmente por ingenieros bizantinos, de importante valor estratégico para el Imperio judío, y su pérdida marcó el comienzo del declive del Imperio. Sin embargo, en contra de la opinión prevaleciente ése no fue el fin de Jazaria.

     Los informes sobre la suerte de la capital Itil en esa guerra son contradictorios. Algunas fuentes árabes afirman que fue destruída; otras afirman que sobrevivió a la victoria rusa. Ya que estaba formada principalmente por cabañas y tiendas, quizá pudo ser reconstruída. Sin embargo, lo que es cierto es que en la segunda mitad del siglo X Jazaria perdió su posición hegemónica en la región. El príncipe Vladimir I de Kiev, el joven hijo de Sviatoslav, extendió las fronteras de su principado hasta Crimea y, dando un paso importante para el futuro de Rusia, se convirtió al cristianismo. Su alianza con el Imperio romano de Oriente socavó su larga conexión con Jazaria, y en 1016 una fuerza conjunta ruso-bizantina atacó y derrotó al reino judío.

     A partir de entonces la Iglesia rusa fue encabezada por el patriarca de Constantinopla, aunque esa sagrada alianza no duró mucho. En 1071 los selyúcidas, tribus en ascenso de origen túrquico, derrotaron a las considerables fuerzas del Imperio, y finalmente el reino ruso de Kiev también cayó. Poco se sabe de la situación de Jazaria a finales del siglo XI. Hay algunas menciones de guerreros jázaros luchando en los ejércitos de otras potencias, pero casi no hay información sobre el propio reino. Los asaltos selyúcidas sobre el califato abasí en Bagdad, que empezaron hacia la misma época, pusieron fin a su floreciente renacimiento intelectual, y la mayoría de las crónicas árabes cayeron en el silencio por mucho tiempo.

     A lo largo de la Historia los Imperios han surgido y han caído, pero las religiones monoteístas eran mucho más duraderas y estables. Desde el declive de las sociedades tribales hasta los tiempos modernos, la identidad religiosa fue más importante para la gente que las superficiales relaciones con Imperios, reinos o principados. En el transcurso de su triunfante historia, la cristiandad sobrevivió a muchos regímenes políticos, y lo mismo hizo el Islam. Entonces, ¿por qué no lo iba a hacer el judaísmo? Sobrevivió a la caída del reino asmoneo, al colapso de Adiabene e Himyar y a la heroica derrota de Dihya al-Kahina. También sobrevivió al último Imperio judío que se extendía desde el Caspio al mar Negro.

     El declive del poder político de Jazaria no provocó el colapso del judaísmo en sus principales ciudades, o en regiones que se adentraban profundamente en territorios eslavos. La constante presencia judía en ellas está documentada. El hecho de que los judíos conservaran su fe en las montañas, las estepas, en los valles y en la península de Crimea está avalado no sólo por Petaquias; también los testimonios cristianos revelan que los seguidores de la ley de Moisés existían en diversos lugares.

     Pero, si las guerras internas en las extensas praderas entre el mar Caspio, el mar Negro y las montañas del Cáucaso no aniquilaron poblaciones y religiones, la torrencial invasión mongola —dirigida por Gengis Kan y sus hijos a principios el siglo XIII— arrasó con todo lo que se encontró en su camino, y destrozó las morfologías políticas, culturales e incluso económicas de toda Asia occidental y Europa oriental. Surgieron algunos nuevos reinos bajo la égida de la «Horda de Oro», aparentemente incluyendo a un pequeño reino jázaro, pero los mongoles no entendían las necesidades del cultivo de la tierra en los grandes territorios de los que se habían adueñado, y no cuidaron lo suficiente las necesidades agrícolas de las poblaciones sometidas.

     Durante la conquista, los sistemas de riego que se articulaban desde los grandes ríos —sistemas que habían sostenido el cultivo del arroz y los viñedos— fueron demolidos, provocando la huída de masas de gente y la despoblación de las praderas durante cientos de años. Entre los emigrantes había muchos judíos jázaros quienes, junto a sus vecinos, avanzaron hacia la parte occidental de Ucrania y de ahí a los territorios polacos y lituanos. Solamente los jázaros de las montañas del Cáucaso consiguieron, en cierta medida, mantenerse en su tierra, donde la agricultura se basaba principalmente en las precipitaciones naturales.

     Después de la primera mitad del siglo XIII no hay más menciones de Jazaria: el reino se hundió en el olvido histórico.–



1 comentario:

  1. Intesante texto.El propio Schlomo Sand,es askenazi,por tanto deriva de los jazaros,pero no por ello menos judio,el judaismo es una "religion"de sangre o raza,uno no es judio por convertirse al judaismo,de ahi que no exista proseletismo,el Talmud es un libro superacista y la Tora,todos los que no portan sangre judia son goyims,donde quiero llegar,es en mi humilde opinion,que judios autenticos emigraron a Kazaria,se mezclaron con algunos jazaros,quiza las elites y una vez creada esa nueva "antiraza",volvieron a la mas pura endogamia,manteniendo lo mas pura esa "antiraza",de ahi surgieron los askenazies,nadie puede dudar que los askenazis,mantienen rasgos semiticos de los judios de la antiguedad.Los jazaros no podian ser judios solo por aceptar el judaismo,tenian que adquirir su sangre y encerrarse en la endogamia para preservarla.Viendo a especimenes askenazis digamos puros como el Kissinger de turno o Abe Foxman,podria negar que tienen toques semiticos.No se que opinara los usuarios,seria agradable,escuchar opiniones.Recomendaria el articulo rethinking the Khazar theory de David Duke.Es una estrategia judia para desviar la atencion a los jazaros y no al verdadero problema,el judio internacional.

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