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sábado, 4 de febrero de 2017

Marxismo Cultural y Crimen de Pensamiento



      En Abril del año pasado en el sitio goldandliberty.com fue publicado el siguiente análisis que ofrecemos aquí en castellano, donde su autor, tomando como guía ciertas reflexiones del filósofo alemán Emanuel Kant, se remonta hasta el origen de la así llamada Escuela de Frankfurt, compuesta mayormente de judíos, originadora de siniestras políticas de control social, de la dictadura cultural llamada "corrección política", y propagadora de la nueva forma que ha asumido el marxismo, el "marxismo cultural", empeñado en la destrucción de la civilización occidental y sus valores.


El MARXISMO CULTURAL y el Nacimiento
del Moderno CRIMEN DE PENSAMIENTO
por Claudio Grass
18 de Abril de 2016



Lo que el Establishment Quiere, lo Consigue

     Si una persona no tiene pensamientos filosóficos, ciertas preguntas nunca cruzarán por su mente. Cuando yo era joven, había muchas cuestiones e ideas que nunca me preocuparon como lo hacen hoy. Hay una pregunta, sin embargo, que me ha intrigado durante muchísimo tiempo, y todavía me fascina tan intensamente como lo hacía entonces: ¿precede el espíritu a la materia o bien es al revés?.

     En otras palabras, ¿es la conciencia humana la que crea lo que percibimos como nuestra realidad y la existencia física, o es a la inversa?; ¿determina el pre-existente mundo material nuestros sentidos y forma nuestro proceso de conocimiento? En esencia, lo que realmente yace bajo la superficie de esta pregunta es lo siguiente: ¿nace un hombre como un ser consciente con un libre albedrío y auto-determinación, o no?.

     No se alarme; éste no es un artículo sobre filosofía política. Pero ésa es una cuestión existencial fundamental que encontré que provoca muchas de las dudas que tengo en cuanto al funcionamiento de nuestra sociedad y nuestra cultura política. Si bien admito libremente que no soy ningún filósofo o experto en la materia, trataré de explicar en este artículo por qué la respuesta que elegimos a esta pregunta crucial, que la mayor parte de las personas nunca considera, tiene un asombroso impacto sobre la manera en que pensamos, el modo que vivimos y actuamos, y la forma en que la sociedad se comporta como un todo.

     Al zambullirnos más profundo en este debate, descubrimos importantes ideas que pueden ayudarnos a entender por qué nuestra sociedad occidental y su identidad cultural han degenerado enormemente y sobre todo por qué los valores de familia se han deteriorado tan dramáticamente. Un entendimiento más claro de la evolución histórica de esta antiquísima pregunta y de sus implicaciones de gran alcance proporcionará valiosas percepciones acerca de la crisis intelectual de las sociedades occidentales y de la supresión estratégica del disenso y del pensamiento independiente, y arrojará luz sobre los orígenes de la esclavitud intelectual que conocemos hoy como Corrección Política.


La Herencia Kantiana y los Grilletes Intelectuales de la Inmadurez

     Creo que tiene sentido comenzar nuestra búsqueda para responder esta antiquísima pregunta mirando las obras de Immanuel Kant (1724-1804), el filósofo alemán que es considerado el padre de la Filosofía moderna. En 1784 él escribió lo siguiente sobre la Ilustración:

     «La Ilustración es la aparición del hombre desde su auto-impuesta inmadurez. La minoría de edad es la incapacidad de usar el propio entendimiento sin la guía de otro. Esta inmadurez es auto-impuesta si su causa radica no en la carencia de entendimiento sino en la indecisión y la falta de coraje para usar la propia mente de sin la guía de otro. ¡Atrévete a saber! (Sapere aude). "Ten el coraje para usar tu propio entendimiento", es, por lo tanto, el lema de la Ilustración».

     Las fuerzas económicas y políticas de hoy parecen ser conocedoras del peligro representado por una ciudadanía libre-pensadora. A medida que nuestra cultura occidental enfrenta una crisis existencial y sufre ataques desde múltiples frentes, las élites políticas parecen estar enfocadas en imponer su voluntad a toda costa. Ellos están desesperadamente tratando de mantener a raya una multitud de amenazas, y están fracasando en ello; ellos están contentos con simplemente hacer que el público acepte dicho fracaso como una victoria estratégica: la crisis de inmigración, la inestabilidad económica crónica, los conflictos geopolíticos con horrendos costos humanos, la violación de las libertades personales, todo eso debe ser tomado como hechos de la vida; esto nos es vendido como la nueva normalidad.

     Por lo tanto, la prioridad de ellos es mantener a los pueblos bajo control, para aplastar el disenso y el surgimiento de rebeliones. Para hacer eso, las leyes contra acciones específicas no son suficiente. Para "mantener la paz" uno tiene que tener leyes contra el pensamiento mismo. Al re-definir lo correcto y lo incorrecto, al controlar la narrativa y limitar el pensamiento independiente y la libre expresión, el público, en su conjunto, permanece estratégicamente maleable e intelectualmente manejable.

     Considerando el éxito de esa estrategia, y teniendo en cuenta la definición de Kant de la Ilustración, parece pertinente plantear la pregunta: ¿hemos logrado alguna vez evolucionar como individuos maduros e ilustrados o todavía estamos atrapados en nuestra propia auto-impuesta minoría de edad? Creo que esto último es el caso; y para clarificar adicionalmente mi punto de vista, no hay ningún mejor hombre para citar que el propio Kant:

     «La pereza y la cobardía son las razones de por qué una parte tan grande de la Humanidad de buena gana permanece menor de edad durante toda su vida, mucho después de que la Naturaleza los ha liberado de guías externos. Ésas son las razones de por qué es tan fácil para otros establecerse a sí mismos como guardianes. Es muy cómodo ser un menor. Si tengo un libro que piensa por mí, un "pastor" que actúa como mi conciencia, un médico que prescribe mi dieta, etcétera, entonces no tengo ninguna necesidad de esforzarme. No tengo ninguna necesidad de pensar si simplemente puedo pagar; otros se encargarán de aquellos desagradables negocios por mí.

     «Aquellos guardianes que gentilmente se han hecho cargo de nuestra supervisión procuran que la abrumadora mayoría de la Humanidad —entre ellos el bello sexo entero— considere el paso a la madurez no sólo como difícil sino como extremadamente peligroso. Primero, esos guardianes hacen estúpido a su ganado doméstico, y cuidadosamente impiden que las dóciles criaturas den un solo paso sin los andadores en los cuales ellos las han puesto. Luego ellos les muestran el peligro que las amenazaría si ellas trataran de caminar por sí mismas. Ahora bien, este peligro no es realmente muy grande; después de tropezar unas cuantas veces ellos aprenderían, al final, a caminar. Sin embargo, los ejemplos de tales fracasos intimidan y generalmente desalientan todos los posteriores intentos».


La Escuela de Frankfurt y los Orígenes de la Corrección Política

     Lo que está llegando a ser cada vez más difícil de negar, especialmente en Europa y Estados Unidos, es que ya no tenemos el derecho absoluto e inalienable a la libre expresión. Aunque afirmamos ser orgullosos ciudadanos de sociedades democráticas que, en teoría, respetan y apoyan las libertades individuales, en la práctica la definición de lo que constituye libre expresión se ha deteriorado tanto y se ha hecho tan estrecha, que a menudo es una burla de aquel mismo principio.

     Cada vez más una mayor cantidad de temas han sido clasificados como "fuera de los límites" (de los que no se habla), la expresión pública de las opiniones e ideas personales "incorrectas" ha sido criminalizada, e incluso la investigación académica o científica de ciertos campos ha sido suprimida. Pero los síntomas de nuestra auto-censura socialmente impuesta son evidentes también en las conversaciones cotidianas: ¿No es profundamente inquietante que sea casi imposible tener un debate normal y templado acerca de la crisis de inmigración, que es un asunto existencial que muy probablemente formará el futuro del continente europeo?.

     Los derechos naturales al propio pensamiento independiente y a la libre expresión han sido fuertemente recortados so pretexto de lo que es referido ahora como la "corrección política". Expresar la propia opinión libremente puede hacer que uno sea etiquetado como un paria y como una amenaza directa para la sociedad. Pero las repercusiones no terminan allí: la auto-censura también es impuesta por medio de nuevas leyes implementadas por nuestros líderes morales, a los que les parece que el poder concedido a ellos por sus cargos gubernamentales se extiende también a colocar limitaciones en cuanto a lo que podemos pensar y lo que no.

     Hace 250 años Kant enfatizó la necesidad del debate público como sigue:

     «Es muy difícil para el individuo salir de la minoría de edad, la que se ha convertido casi en una segunda naturaleza para él. Él incluso en su desarrollo ha llegado a gustar de ella, y es al principio incapaz de usar su propio entendimiento porque nunca se le ha permitido ejercerlo. Es posible, sin embargo, que el público se eduque a sí mismo. En efecto, si se cuenta con libertad, la ilustración es casi inevitable. Siempre habrá unos cuantos pensadores independientes, incluso entre los auto-proclamados guardianes de la multitud. Una vez que tales hombres se han sacado de encima el yugo de la inmadurez, ellos difundirán en torno a ellos el espíritu de una razonable apreciación del valor del hombre y de su deber de pensar por sí mismo.

     «Es especialmente notable que el público que fue antes puesto bajo el yugo por esos hombres, después obliga a esos mismos guardianes a permanecer en sumisión si es así incitado por algunos de sus guardianes que son incapaces de cualquier iluminación. Eso muestra cuán pernicioso es implantar prejuicios: ellos se vengarán finalmente contra sus autores o los descendientes de sus autores.

     «Por lo tanto, un público puede conseguir la iluminación sólo lentamente. Una revolución puede causar el final de un despotismo personal o de una tiránica y avara opresión, pero nunca una reforma verdadera de los modos de pensamiento. Nuevos prejuicios servirán, en lugar de los antiguos, como líneas guía para la multitud irreflexiva».

     En resumen, sin la libertad de discutir abiertamente, el individuo no tiene los medios para escapar de su auto-impuesta minoría de edad. Sin la posibilidad de liberarnos y de ilustrarnos a nosotros mismos, permanecemos impotentes para cuestionar, para oponernos a y desafiar el statu quo.

     Como piezas en un tablero de ajedrez, no tenemos voz en cuanto a nuestros propios destinos y ningún control de las estratagemas que implícitamente ayudamos a imponer. Silenciosamente cómplices de las devastadoras políticas, de conflictos y de guerras luchadas en nuestro nombre, simplemente nos convertimos en espectadores y miramos cómo nuestra cultura se corroe, nuestros valores se degradan y nuestras libertades son pisoteadas. Para entender cómo el hombre moderno se hizo cómplice de su propia subyugación intelectual, tenemos que volver y rastrear las raíces de la crisis.


"Emancipación mediante el Adoctrinamiento"

     El pensamiento libre y la libre expresión siempre han estado entrelazados y correlacionados. La desaparición de ambos tiene sus orígenes entre 1930 y 1968, cuando un grupo de intelectuales y supuestos filósofos se juntaron para establecer una escuela de pensamiento que estaba esencialmente enfocada en la destrucción de la civilización occidental y todo lo que ella respalda (incluído su sistema económico basado en el capitalismo) por medio de la "emancipación".

     Max Horkheimer, un filósofo marxista, fue uno de los padres fundadores de la Escuela de Frankfurt, que encarnó la moderna Teoría Crítica, que estuvo en un alto grado caracterizada como neo-marxista. Horkheimer, junto con Jürgen Habermas, Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse y Erich Fromm, por nombrar sólo unos cuantos, formaron la Escuela de Frankfurt y su Instituto para la Investigación Social, un intelectual centro de estudios que formó la concepción cultural de Occidente y de Alemania en particular.

     Según Horkheimer, la Teoría Crítica serviría "para liberar a los seres humanos de las circunstancias que los esclavizan". En consecuencia, su objetivo principal era crear la plataforma teórica e ideológica para una revolución cultural. Ese grupo de "filósofos" procuró conseguir su objetivo, y en gran medida lo logró, concentrándose específicamente en la cultura. Es la cultura la que conforma el fundamento que forma los modos de pensar y la perspectiva política de los pueblos mediante el control del lenguaje y las ideas por medio de los canales institucionales, particularmente la educación.

     En suma, la Teoría Crítica es la politización de la lógica. Horkheimer declaró que "la lógica no es independiente del contenido", con lo cual él prácticamente quiso decir que un argumento puede ser considerado lógico si pretende destruír la civilización occidental, y que es ilógico si la apoya. Ésta es, por supuesto, la piedra angular de la "corrección política" y la razón de por qué el debate abierto e irrestricto es desaprobado como subversivo y sedicioso. Ella fomenta el desacuerdo y la duda, estimula el análisis crítico e impide la uniformidad intelectual y el pensar grupal.


La Teoría Crítica y la Guerra contra Dios

     La Escuela de Frankfurt afirmaba que su Teoría Crítica es la teoría de la verdad. La filosofía occidental, desde Tomás de Aquino a Kant, así como Hegel, Fichte, Schelling y Goethe, debería ser, por lo tanto, sumariamente descartada y sustituída por su propio dogmático conjunto de reglas y pautas para "pensar correctamente". La Teoría Crítica en sociología y filosofía política fue más allá de la interpretación y la comprensión de la sociedad: procuró superar y destruír todas las barreras que, en su opinión, entrampaban a la sociedad en sistemas de dominación, opresión y dependencia.

     Un argumento principal, aunque polémico, tiene que ver con la animosidad de dicha Escuela contra la religión y la espiritualidad. Según la Escuela de Frankfurt, el cristianismo es el renacimiento institucional de la filosofía pagana, y Dios es mera ficción. La religión condujo a la gente a proyectar su sufrimiento en una entidad divina, y sirvió como una distracción de la miseria causada por el capitalismo, y en su núcleo no hay nada sino pura imaginación.

     Así como las teorías del darwinismo y el freudismo cuestionaron el status de la religión, el marxismo y el neo-marxismo en consecuencia trataron de disipar la ignorante imagen mítica de la antiquísima divinidad institucionalizada: no Dios sino el Hombre es la entidad más alta. Puesto que no es mi propósito hablar de teología sino demostrar la mentalidad de los miembros de esa escuela de pensamiento, una vez más me referiré a una cita de Immanuel Kant, que escribió lo siguiente en su Crítica de la Razón Pura:

     «La razón humana, en una esfera de su cognición, es convocada a considerar preguntas, las que no puede evadir, según son presentadas por su propia naturaleza, y que no puede contestar, ya que ellas trascienden cada facultad de la mente».

     Kant era conocido como un feroz crítico de la práctica de la religión, pero él reconoció que la cognición y la racionalización son indicativas de la mente y el espíritu humanos, y que son los medios por los cuales el individuo llega a la conclusión de que existe un dios. La importancia de este argumento está en la creencia de Kant en el libre albedrío y en la determinación de la mente humana para desarrollar ese proceso de racionalización a fin de llegar a la conclusión de que el hombre es esencialmente bueno. En este contexto, Dios es más una metáfora para la moralidad y esto desempeña un papel decisivo en la cuestión fundamental de espíritu versus materia: la mente y el espíritu del Hombre preceden a la materia. Esencialmente, Kant reconcilió esos dos conceptos en una manera que destaca la conciencia humana y la auto-determinación.

     La Escuela de Frankfurt posicionó su ideología en el extremo opuesto del espectro. Ella profesaba que el hombre es limitado en su existencia como mamífero y como un producto de la Naturaleza que es impulsado por necesidades básicas. No hay espacio para la libre voluntad, ninguna capacidad para el juicio crítico o aptitud para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, ninguna conciencia, y ninguna racionalización. Esta posición tiene sus raíces en su trasfondo marxista, que sostiene que el hombre es un producto de la sociedad: su mente y su espíritu son determinados y formados por el mundo material.

     A causa de esta vulnerabilidad ante factores externos, la mente humana es considerada como frágil y manipulable, y por lo tanto el hombre no puede ser hecho responsable de sus propias decisiones. Esta idea sirvió como la base para la tesis de la Escuela de Frankfurt de la "despenalización del crimen". Según Habermas, por cuanto el hombre es un producto de la sociedad, es inevitable que él de manera adaptativa ceda a sus tendencias criminales, ya que él ha sido criado bajo el yugo de la violencia estructural de un sistema capitalista criminal.

     La Escuela de Frankfurt creía que al despojar a la Humanidad de la espiritualidad y al destruír el ambiente material creado por el sistema capitalista y su estructura, el hombre vivirá libre, sin el sentimiento de responsabilidad y sin la carga de la conciencia. Ellos prometieron libertad sin libre albedrío, visualizaron una emancipación por medio de la asimilación intelectual, y prometieron garantizar la imparcialidad sin justicia.


La Importancia Estratégica de la Educación Pública

    De acuerdo a la Escuela de Frankfurt, el funcionamiento defectuoso del sistema comienza con la familia. La familia es la primera y fundamental entidad moral que encontramos. Esa entidad cría niños en una manera autoritaria que crea adultos sumisos, obedientes y dependientes. En otras palabras, es la familia la que nos llena de y nos programa para el fascismo. Así, desacreditando y destruyendo la familia como concepto, uno puede cortar de raíz el capitalismo y el fascismo.

     Con esta actitud antagonista hacia la unidad de la familia en la sociedad, combinada con su cruzada ideológica contra la espiritualidad, los filósofos de Frankfurt necesitaban proponer una alternativa para reemplazar los viejos caminos con su propio mapa de ruta para el futuro. En opinión de ellos, la respuesta era simplemente reprogramar y rediseñar la sociedad de modo que cada uno se comportara como esperan los demás, de modo que el comportamiento humano se convirtiera en un acto de reciprocidad. Sólo éste sería el código universal de ética que habría de gobernar su utopía.

     Para infundir e imponer este código en la sociedad, ellos propusieron el uso de las instituciones, y más importante aún, de la educación. La confiscación de esos canales institucionales sería el modo más eficiente de imponer y promover su ética, con la educación proporcionando la llave para el asegurado acatamiento, desarraigando el disenso y cualquier potencial para el pensamiento independiente de parte del individuo en el futuro.

     Las repercusiones de esa estrategia son obvias en la sociedad de hoy. La educación pública nos ha condicionado desde la infancia para no cuestionar al Estado y sus políticas colectivistas. Tal vez usted recuerde uno de nuestros recientes artículos en los que, entre otras cosas, hablamos de los orígenes del sistema de educación pública [1], en el cual le presentamos a Wilhelm Wundt, el padre de la psicología experimental (y a sus defensores John Dewey y Edward Thorndike en Estados Unidos), el científico que dio forma al enfoque de la educación estatal de hoy.


[1] http://www.acting-man.com/?p=41753

     Él basó su metodología en la siguiente suposición: "El hombre carece de espíritu y auto-determinismo". Él posteriormente intentó demostrar que "el hombre es la suma de su experiencia, de los estímulos que se entrometen en su conciencia y en su inconsciencia".

     El gran H. L. Mencken escribió en 1924 que el objetivo de la educación pública no es

     "llenar a los jóvenes de la especie con conocimientos y despertar su inteligencia... Nada podría estar más lejos de la verdad. El objetivo... es simplemente reducir a tantos individuos como sea posible al mismo nivel seguro, criar y entrenar una ciudadanía estandarizada, para acabar con el desacuerdo y la originalidad. Éste es su objetivo en Estados Unidos... y es su objetivo en todas las otras partes".


La Aparición del Marxismo Cultural

     La Escuela de Frankfurt desarrolló el dogma de que "libertad y justicia" son términos dialécticos, significando que ellos están en oposición uno con otro, en un juego de suma cero, en el cual "más libertad = menos justicia" será la consecuencia, y en consecuencia "más justicia = menos libertad". Basado en esta dialéctica, la libertad quedó como la tesis, y la justicia reflejaba la antítesis.

     Este bastante interesante enfoque de la dialéctica fue adoptado de las ideas y las obras de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Sin embargo, la Escuela de Frankfurt distorsionó el núcleo del concepto y desnaturalizó su lógica consecuencial. En resumen, la principal diferencia entre Hegel y el enfoque dialéctico de Horkheimer radica en la conclusión: el idealista Hegel creía, al igual que Kant, que el espíritu crea la materia, mientras que para Horkheimer, discípulo de Karl Marx y de su teoría del materialismo, lo opuesto era el caso.

     Marx postuló que el mundo, la realidad objetiva, puede ser explicado por su existencia material y su desarrollo y no por la realización de una idea divina absoluta o como un resultado del pensamiento humano racional, como fue postulado por el idealismo. Por lo tanto, poner límites al mundo material, colocar reglas y pautas externas en el medioambiente dentro del cual los individuos viven, piensa y funcionan, en opinión de dicha Escuela, debería bastar para dar forma a la experiencia cognoscitiva de aquéllos y confinar su espíritu a los parámetros "deseados".

     Creo que éste es el punto clave que vincula a la escuela de pensamiento de Frankfurt con lo que conocemos hoy como "corrección política". En su núcleo encontramos la familiar falsa creencia de que menos libertad garantiza más justicia, y por lo tanto más seguridad. Este mantra es regurgitado constantemente por medio de la mensajería institucional y política, inculcado en los valores sociales e implantado en las mentes de las generaciones más jovenes y en los futuros votantes, a través de los canales educacionales, tal como pretendía la Escuela de Frankfurt.

     En vez de crear la plataforma para estimular el desarrollo humano individual mediante el razonamiento, la formulación de preguntas y la estimulación del diálogo, el sistema institucional trabaja como una cadena de montaje, desde la cuna a la sepultura, que estandariza exitosamente a los individuos y los prepara para someterse al statu quo, para aceptar y no para cuestionar.

     Ésta es la lógica de la Teoría Crítica y el elemento principal de la "corrección política". Se trata de un intento vano y condenado de controlar la inherente entropía de las ideas humanas y del pensamiento independiente, para forzar el flujo de nuestras experiencias entrelazadas y únicas a un antinatural estancamiento y, en último término, romper el espíritu del Hombre y poner su mente bajo control.

     Ahora usted puede quizá entender lo que Thomas DiLorenzo quiso decir en una de nuestras últimas entrevistas acerca del "marxismo cultural" [2], cuando él dijo:

     «Ellos en gran parte abandonaron la vieja retórica de la "lucha de clases" que implicaba a las "clases" capitalista y obrera y la sustituyeron por una clase opresora y una clase oprimida. Entre los oprimidos se incluye a las mujeres, las minorías, los LGBT y diversas otras categorías mascotas. La clase opresora está compuesta por varones heterosexuales Blancos que no son marxistas ideológicos como ellos».


[2] http://www.acting-man.com/?p=43548


     Cuando los miembros de la Escuela de Frankfurt se vieron obligados a dejar Alemania durante el gobierno nacionalsocialista, ellos se trasladaron a Estados Unidos, muchos cerca de Hollywood, y establecieron fuertes lazos con las Universidades de Columbia y Harvard. Así es cómo ellos extendieron su influencia en Estados Unidos, y aparte de Hollywood, ellos también convirtieron a la élite académica de la mayoría de las universidades en almacenes de "marxismo cultural".

     Aquí en Europa, algunos de los nombres más prominentes en la política de hoy estuvieron entre los estudiantes rebeldes de 1968 que fueron educados por la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Entre éstos se incluye al ex-Canciller alemán Gerhard Schröder y a su ministro de Defensa Joschka Fischer, actual vicepresidente del Bundestag alemán; a Ulla Schmidt, y por último, pero no la menor, a la Canciller Angela Merkel.

     En el sexagésimo aniversario de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) el 16 de Junio de 2005 en Berlín, ella explicó cuántos cambios en la sociedad que fueron provocados en 1968 han formado la vieja República alemana y siguen influyendo en la CDU hasta este día. Como ella lo dijo:

     "No queremos volver al concepto de familia, a la imagen de la mujer de los años '50, y no queremos volver al marco socio-político de aquella época. Nosotras como mujeres debemos marchar a través de las instituciones y tomar nuestro lugar en las posiciones claves de poder en el liderazgo de este país".

     Mi comprensión del marxismo cultural consiste en que él no tiene nada que ver con la libertad, o con la ilustración cultural y el progreso social. En vez de eso, como el propio Horkheimer dijo, todo ello se trata de la creación de individuos idénticos que no se reúnen ni intercambian ideas, ya que ellos funcionan como máquinas irreflexivas. La Escuela de Frankfurt y sus seguidores han resultado por lo tanto claramente ser los enemigos de la libertad y de la mente humana consciente.

     Para concluír, permítame ceder las palabras finales una vez más a Immanuel Kant, el cual escribió:

     «Un alto grado de libertad cívica parece ser ventajoso para la libertad intelectual de la gente, pero al mismo tiempo ello establece barreras insuperables. Un grado menor de libertad cívica, sin embargo, crea el espacio para dejar a aquel espíritu libre expandirse hasta los límites de su capacidad. La Naturaleza, entonces, ha cultivado cuidadosamente la semilla dentro del núcleo central, a saber, el impulso y la vocación del pensamiento libre.

     «Y este pensamiento libre gradualmente hace reaccionar a los modos de pensamiento de la gente, y los hombres llegan a ser cada vez más capaces de actuar en libertad. Al final, el pensamiento libre actúa incluso sobre los fundamentos del gobierno, y el Estado encuentra aceptable tratar a un hombre, que es ahora más que una máquina, de acuerdo con su dignidad».–



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