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martes, 14 de febrero de 2017

Sobre Tolkien, Wagner y el Anillo de Poder



     En esta entrada hemos reunido tres artículos que tienen relación con el tema de la influencia que recibió John Tolkien (1892-1973), autor de la trilogía de novelas El Señor de los Anillos, de la Tetralogia de Richard Wagner El Anillo del Nibelungo, y de sus influencias comunes. El primero, ya en castellano, es un artículo de 2003 (oocities.org) que trata de dilucidar las fuentes de Tolkien; el segundo (theimaginativeconservative.org), que hemos traducido, de Diciembre de 2014, se centra en las relaciones de poder implicadas en la posesión del simbólico Anillo, y el tercero y más interesante (theoccidentalobserver.net), escrito por alguien que firma como Michael Colhaze y publicado en 2010, que también tradujimos, se enfoca en interesantes analogías sociológicas de todos estos tópicos artísticos.


¿PLAGIÓ TOLKIEN a WAGNER?
ANÁLISIS DE LAS FUENTES LITERARIAS
DE "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"
por E. V. Pita
6 de Enero de 2003



     Estudiamos las similitudes argumentales entre la ópera "El Anillo de los Nibelungos" (basada en un cantar germano del siglo VII, compuesta por Richard Wagner en 1851-1853 sobre un libreto de Hebbel y estrenada en 1876) y la novela "El Señor de los Anillos" de John R. R. Tolkien, publicada en Londres en 1953.


Introducción

     "Porque su oro me ha dado inmenso poder / Todos sentirán comezón por poseerlo / pero nadie encontrará placer en él" (Alberic, el enano poseedor del anillo en "El Anillo de los Nibelungos").
                       
     "Un anillo para gobernarlos a todos" (Lema élfico inscrito en el Anillo Único, de "El Señor de los Anillos").

     "Aquel que forje de oro del Rhin el anillo / que le otorgará una fuerza inmensa / podrá ganar para sí la riqueza del mundo. / Sólo el que abjure del amor / obtendrá los poderes para hacer del oro un anillo" (Una doncella del Rhin al enano Alberic, portador del anillo en "El Anillo de los Nibelungos").
                       
     "El anillo quiere volver a su dueño y por eso atrae el mal. El portador debe destruírlo allí donde se forjó" (El mago Gandalf el Gris al hobbit Frodo Bolson, portador del anillo, en "El Señor de los Anillos").


     La escena es la siguiente: Durante su juventud, Tolkien, un hombre culto y de buena sociedad, asistió a una representación de la ópera El Anillo de los Nibelungos de Wagner. Impresionado por la historia, en su cabeza empezaron a bullir fragmentos de escenas y personajes que, años después, plasmó en El Señor de los Anillos.

     En ambas obras, la historia gira en torno a la maldición de un anillo de oro de poderes inmensos que todos desean poseer pero que acarrea la desgracia a su portador, que es un enano (nibelungo / hobbit) al que confiere el don de la invisibilidad.

     En el mundo literario se dan muchas coincidencias pero ¿no parece demasiada casualidad para dos obras escritas con cien años de diferencia?.

     ¿Inspiró la tetralogía El Oro del Rhin, La Walkiria, Sigfrido y El Crepúsculo de los Dioses al profesor Tolkien para escribir su trilogía "La Comunidad del Anillo", "Las Dos Torres" y "El Retorno del Rey"?.

     La obra de Tolkien "El Señor de los Anillos" está considerada como un alarde de imaginación en la que el autor sudafricano, radicado en Inglaterra, dedicó su vida a construír un universo literario —la Tierra Media— plagado de elfos, hobbits y sagas guerreras.

     Siempre se ha considerado a "El Señor de los Anillos" un producto que bebía de las fuentes célticas, un heredero de la cultura irlandesa, galesa, bretona o escocesa. De hecho, tiene referencias artúricas como son los magos y sus varas de poder (vestigio cultural de los druidas celtas), aunque la saga de Tolkien sorprende por el hecho de ignorar episodios artúricos como la Mesa Redonda y sus caballeros, el Santo Grial, la dama, la bruja, el mago Merlín, la espada [1] y la roca...

[1] El mito de la espada que pertenece al padre del rey (episodio central de la leyenda artúrica) también aparece en el Cantar de los Nibelungos. El héroe Sigfrido debe forjar una nueva con las mitades de la espada. Pero Tolkien nunca recurre al mito de la espada en su obra, lo que le concede un toque de originalidad sobre la obra céltica anterior.

     Por ello (por prescindir del mito de Arturo), la historia supone un aire fresco a las leyendas célticas, a las que dota de nuevos mitos, sólo que para conseguir dicha renovación probablemente Tolkien haya hecho trampa: bebió de las fuentes germánicas, concretamente del Cantar de los Nibelungos, ambientado en los siglos VI-VIII, durante las invasiones bárbaras y la caída de Roma.

     El debate está abierto: ¿es la obra de Tolkien renovadora de la herencia céltica o sólo un burdo plagio de un cantar medieval germano que Wagner y Hebbel adaptaron en una ópera compuesta en 1853?.


¿Quiénes Eran los Nibelungos?
El Origen en la Alta Edad Media: El Cantar de los Nibelungos

     "Nibelungos" es la antigua denominación germánica (Niglungen, Nibelungen) de una raza posedora de inmensas riquezas, que según la leyenda estaban guardadas por el enano Alberic, al que Sigfrido derrotó, apoderándose de su tesoro y del nombre de ese legendario pueblo, el que aplicó a su pueblo. Después de la muerte de Sigfrido, ese nombre pasó a ser el epónimo de los reyes burgundios. El Cantar de los Nibelungos (Nibelungenlied) es un poema basado en dicha leyenda que constituye un canto grandioso a una raza que luchó por apoderarse del hort, símbolo del poder y la gloria, aunque en su empeño un trágico destino la condujo a la muerte.

     Explica Dietrich Schwanitz en "La Cultura. Todo lo que Hay que Saber" (pág. 71 / 2002) que algunas de las leyendas se han sedimentado en la poesía del medio alto alemán. El Cantar de los Nibelungos cuenta la historia de los burgundios, ambientada en el siglo V (la saga del rey Arturo es del siglo VI) [2], tras la caída del Imperio Romano y las invasiones germanas, aunque la tradición se remonta al siglo VII. La epopeya alemana fue escrita en el siglo XIII por un autor anónimo (probablemente austro-bávaro) que ha sufrido muchas interpolaciones.

[2] La leyenda artúrica se ambienta tras las invasiones germanas a Britania (siglos V-VI). Sorprende que los orígenes de las grandes sagas inglesas y alemanas tengan su origen en la misma época.

     El Cantar relata cómo el atleta Sigfrido, que procedía de Xanten, ocultándose bajo un manto que lo hace invisible [3], ayuda al rey burgundio Gunther a vencer a la hercúlea Brunilda (reina de Islandia) en una prueba de valor para después desflorarla. A cambio, Gunther da a Sigfrido como esposa a su hermana Crimilda. Como Sigfrido no puede mantener cerrada la boca y alardea de su proeza ante Crimilda, todos acaban por enterarse de la debilidad del rey, lo que provoca que el oscuro Hagen decida, por razones de Estado, asesinar a traición a Sigfrido. Crimilda, su viuda, se casa con el rey de los hunos, Atila (que en godo significa "padre", Etzel), invita a su familia al banquete que se celebra en la corte de su esposo y, para vengar a Sigfrido, ocasiona una masacre en la que mueren todos.

[3] El héroe de El Señor de los Anillos, Frodo Bolson, usa el anillo para volverse invisible. ¿Otra casualidad? La suplantación del héroe —mediante invisibilidad o suplantación de la personalidad— para engendrar un hijo sin que la amada sospeche recuerda a los mitos griegos de Zeus y celtas (la concepción de Arturo).

     La resolución con la que los Nibelungos siguen luchando hasta el final, aún seguros de que van a morir, será elogiada durante siglos. Pero los demás burgundios siguen su camino y finalmente se establecen alrededor de Dijon, en la Borgoña, para acabar convirtiéndose en franceses y elaborar un excelente vino. Esta leyenda pertenece al ciclo de leyendas nórdicas conocido como Edda. El fin de los reyes burgundios está recogido en una versión groenlandesa (danesa).


La Ópera El Anillo de los Nibelungos
Las Escenas de El Oro del Rin

     En el siglo XIX, en pleno Romanticismo alemán, el escritor Friedrich Hebbel actualizó la leyenda. El compositor Richard Wagner la convirtió en una tetralogía musical: El Oro del Rin, La Walkiria, Sigfrido y El Crepúsculo de los Dioses.

     El Oro del Rhin ha sido estudiado por algunos autores del siglo XXI, como Niall Ferguson, autor de "Dinero y Poder en el Mundo Moderno (1700-2000)", quien cree haber encontrado una crítica al capitalismo en la leyenda germana adaptada por el compositor romántico. El argumento central, según dice una doncella del Rin [4] al enano Alberic en la primera escena, es que el oro extraído y forjado es poder:

"Aquel que forje del oro del Rin el anillo
que le otorgará una fuerza inmensa
podrá ganar para sí la riqueza del mundo".

[4] Es común en las leyendas célticas que un hada —una bella mujer que se peina los cabellos en medio del río— se comunique con los mortales a través de las aguas de los ríos. ¿No hay demasiada similitud entre una doncella del Rin y la reina elfa?.

     Pero hay una trampa:

"Sólo el que abjure del amor,
sólo él obtendrá los poderes
para hacer del oro un anillo".

     La adquisición de riqueza y la satisfacción emocional se excluyen mutuamente. Habiendo sido los avances lascivos de Alberic rechazados burlonamente por las doncellas, no fue difícil para él decidirse por la otra opción y robar el anillo.

     La escena siguiente está dominada por la disputa contractual entre el dios Wotan y los gigantes Fafner y Fasolt, que acaban de finalizar la construcción de una nueva fortaleza: las torres abovedadas del Valhalla.

     En la tercera escena, el enano Alberic (en su nueva encarnación de despiadado señor de Nibelheim) explota cruelmente a sus compañeros enanos, los nibelungos, en una gran fábrica de oro. Según explica su maltratado hermano Mime:

     "Los nibelungos fueron alguna vez un despreocupado grupo de herreros que creaban abalorios para sus mujeres, maravillosas baratijas, delicadas naderías para los nibelungos y livianamente nos divertíamos con nuestro trabajo. Pero ahora este villano nos obliga a arrastrarnos por nuestras propias cavernas y a fatigarnos continuamente sòlo en su beneficio".

     El punto crucial de la obra de Wagner es la maldición que Alberic deposita en el anillo:

     "¡Porque su oro me ha dado inmenso poder
Su magia podrá dar muerte al que lo use!
¡Quien lo posea se verá cuidadosamente consumido 
y el que no lo tenga estará roído por la envidia!
¡Todos sentirán comezón por poseerlo, pero nadie encontrará placer en él!
¡El dueño lo protegerá sin beneficio, porque por él se verá con su verdugo!".

     La maldición se cumple con la muerte de Sigfrido en El Crepúsculo de los Dioses; finalmente, Brunilda se echa sobre su pira funeraria, arroja el anillo al Rin y hace arder en llamas las torres abovedadas del Valhalla.


Las Coincidencias entre Tolkien y Wagner / Hebbel
El Argumento:
Un Anillo Maldito que Confiere Grandes Poderes al Poseedor

     El argumento principal de El Señor de los Anillos y de El Anillo de los Nibelungos tienen un enorme parecido: ambos giran en torno a un anillo maldito que debe ser destruído en el lugar donde fue forjado (la fortaleza de Monte Destino de Sauron / las aguas del Rin).

     En ambos casos, la codicia [5] corrompe a los hombres y envilece el carácter del portador ("¡Quien lo posea se verá cuidadosamente consumido!").

[5] Algunos autores socialistas han querido ver en la obra wagneriana una crítica a la acumulación capitalista, al dinero y al sistema de clases. De hecho, el compositor participó en la revolución de 1848 en las barricadas de Dresden, ciudad de la que tuvo que huír. Así lo afirma el dramaturgo Bernard Shaw.


Los Personajes Principales:
Alberic / Sauron y Sigfrido / Frodo Bolson

     El enano Alberic es un nibelungo —un pueblo divertido y despreocupado, como los hobbits de Tolkien— que obtuvo grandes poderes al robar el anillo. Pero luego los dioses se lo roban a Alberic y éste deposita en él una maldición. En El Señor de los Anillos hay un personaje similar, el Señor Sauron (forjador del anillo) quien, tras corromper a los hombres, quiere someter bajo su poder a toda la Tierra Media.

     El poseedor del anillo es Sigfrido o el hobbit Frodo Bolson, aunque éstos mueren, y quien destruye el anillo es su acompañante (Brunilda / el leal Sam) al arrojarlo al lugar donde se forjó (las aguas del Rin / la lava volcánica de la fortaleza de Sauron).


Los Personajes Secundarios:
Nibelungos / Enanos / Dioses /Gigantes / doncellas del Rin
y Hobbits / Magos / Enanos / Hombres / Elfos / Orcos / Espíritus

     Ambas historias están ambientadas en un mundo mágico poblado de extraños seres. La tierra de Nibbeland está habitada por Nibelungos (enanos alegres y despreocupados herreros), quienes tienen similitudes con los hobbits de la Tierra Media (despreocupados campesinos y artesanos de corta estatura). En la obra de Tolkien, aparece Golum (un hobbit deformado y enloquecido tras custodiar el anillo ("Mi tesoro") durante 500 años. Éste busca al ladrón hobbit que le robó su tesoro. Recuerda demasiado al enano Alberic.

     El poder sobrenatural corresponde a Gigantes (señores de las torres del Valhalla) y Dioses (ladrones del anillo) en El Anillo de los Nibelungos. En la obra de Tolkien, ese universo está poblado por magos (Gandalf el Gris y Saruman el Blanco, aliado de Sauron), Señores Oscuros (el onmipresente ojo de Sauron) y Demonios.

     En ambas obras figuran los mediadores del Otro Mundo con el mundo de los hombres. Se trata de las doncellas del Rin en la ópera wagneriana y de la Reina Elfa en la obra de Tolkien. Las elfas tienen poderes sobre las aguas de los ríos (a los que pueden convocar). En ambos casos, esos seres inmortales —que viven en bosques y cascadas— advierten del peligro que conlleva portar el anillo. En Tolkien, aparecen también Los Espectros (las almas de los reyes corrompidos por el Anillo Único).


El Escenario: las Torres Abovedadas del Valhalla
y la Torre de Saruman y el Monte Destino

     En ambas obras los señores del mal disponen de unas fortalezas dominadas por torres. En la ópera wagneriana, los gigantes Fafner y Falsot construyen las torres abovedadas del Valhalla, que luego la reina Brunilda prende en llamas. En el libro de Tolkien, el mago Saruman y el Señor Oscuro Sauron disponen cada uno de su torre. Su alianza da lugar al título Las Dos Torres: la torre de Saruman y la fortaleza del Monte Destino, donde fue forjado el anillo.


     En la historia adaptada por Wagner y Hebbel también es muy importante el río Rin, donde fue forjado el anillo y de donde proviene el oro (dio lugar a El Oro del Rin). En Tolkien, el anillo fue forjado en la lava del cono volcánico del Monte Destino, guarida de Sauron.

     La fábrica de oro del enano Alberic —donde trabajan esclavizados los nibelungos— recuerda el mismo ritmo industrial de las minas de orcos del mago Saruman. Éste desbroza los bosques alrededor de su torre para dar fuego a su fragua, donde se forjan las espadas de los orcos. Su actividad fabril provoca la rebelión de los Ents (seres vertebrados parecidos a los árboles que defienden el ecologismo).


Los Poderes: El Manto de Invisibilidad

     El anillo confiere a su poseedor grandes riquezas o el poder de "gobernarlos a todos". Además, en Wagner, Sigfrido dispone de un manto que le confiere la invisibilidad. En Tolkien, Frodo Bolson y su tío se vuelven invisibles al frotar el anillo.

     El codiciado anillo también tiene un efecto boomerang: atrae el mal y la desgracia a su poseedor (Sigfrido muere y el destino de Frodo se puede leer en El Retorno del Rey).


La Destrucción del Anillo: Allí donde Se Forjó

     La destrucción del anillo también es similar: debe arrojarse en el mismo lugar donde se forjó: las aguas del Rin (en Wagner) o en el Monte Destino (en Tolkien).


Conclusiones: ¿Inspiración Céltica o Germánica?

     Tolkien era un lingüista y profesor universitario que pudo tener fácil acceoo a la conocida tetralogía operística El Anillo de los Nibelungos, representada desde hace 125 años y que fue asumida como propia por la élite alemana de entreguerras (1918-1939). La famosa Cabalgata de las Walkirias se popularizó entre el gran público a través de la película "Apocalypse Now" (1978).

     No es descabellado suponer que Tolkien, estudioso de las lenguas nórdicas y célticas, conociese el poema medieval germánico El Cantar de los Nibelungos, contemporáneo de las leyendas artúricas.

     Al menos, existen numerosas coincidencias en el hilo argumental principal de ambas obras. En ningún momento se quiere cuestionar la originalidad de Tolkien. Simplemente, por los datos mostrados existe la posibilidad de que éste se inspirase en las leyendas germánicas —y no en las célticas— para escribir su obra. Del mismo modo, hoy en día nadie pone en duda los aportes célticos a su obra. De hecho, hay quien sostiene que el lenguaje élfico podría estar inspirado en el galés u otra lengua de raiz celta. Incluso los enanos y los elfos pueblan los relatos y leyendas celticos.

     Las leyendas celtas son el vestigio cultural de los pueblos francos, britanos e iberos que fueron absorbidos por Roma y el cristianismo. Sin embargo, El Cantar de los Nibelungos es un producto cultural de los invasores germanos (burgundios, francos, ostrogodos) y nórdicos que derrotaron a Roma y dominaron la Europa de la Alta Edad Media.

     La conclusión es que el argumento principal de Tolkien parece claramente inspirado en leyendas germánicas, mientras que el ambiente que adorna El Señor de los Anillos es genuinamente céltico. Una saga germana con aire céltico. El debate queda abierto.–




Tolkien, Wagner y los Anillos de Poder
por Jonathan Witt y Jay Wesley Richards
Diciembre de 2014


     ¿Robó Bilbo Baggins el Anillo a Gollum? Los expertos en Tolkien debaten la cuestión hasta este día. La pregunta más interesante es: ¿Robó el autor J. R. R. Tolkien el anillo desde Richard Wagner?.

     En nuestro capítulo acerca del anillo en nuestro libro recientemente publicado The Hobbit Party, presentamos todo, desde Platón y el Panopticon a Orwell, Wells y Sir Gawain y el Caballero Verde a fin de situar la exploración hecha por Tolkien del poder totalitario y los anillos de poder. Aquí el espacio alcanza sólo para hablar de lo que muchos consideran que es el paralelo más asombroso en cuanto al anillo de poder de Tolkien: el anillo mágico en el centro del magistral ciclo de ópera del siglo XIX de Wagner, Der Ring des Nibelungen.

     Puesto que tanto Tolkien como Wagner fueron influídos por las sagas nórdicas y el poema épico medio-alto-alemán el Nibelungenlied, usted podría suponer que Tolkien tenía un apego por el Ciclo del Anillo de Wagner, pero su suposición sería incorrecta. Tolkien aparentemente aborrecía el Ciclo del Anillo [1], tanto, que él minimizó las obvias semejanzas, insistiendo en cierta ocasión: "Ambos anillos eran redondos, y allí cesa el parecido".

[1] Humphrey Carpenter, J. R. R. Tolkien: A Biography (1977; Nueva York, 2000). Carpenter escribe que Tolkien "deleitaba a sus amigos con recitaciones del Beowulf, la Perla, y Sir Gawain y el Caballero Verde, y relataba episodios horrorosos del nórdico Völsungasaga, con una burla al pasar contra Wagner cuya interpretación de los mitos él despreciaba" (p. 54).

     Sin embargo, el parecido de familia permanece. Edward R. Haymes hábilmente resumió los puntos en que se superponen en un discurso ante la Sociedad Wagner de Nueva York:

     «Me gustaría comenzar contando una pequeña historia.

     «Una criatura avara, más pequeña que los humanos, encuentra un tesoro en las profundidades de un río. Él lo lleva a su retiro subterráneo donde lo retiene hasta que es robado por un visitante del mundo superior. Él jura odio eterno al ladrón. El tesoro es, por supuesto, un anillo de gran poder. El anillo ejerce extrañas influencias en sus dueños, incluyendo darles la capacidad de desaparecer. El anillo se convierte en objeto de una lucha fatal entre amigos cercanos o hermanos; de hecho parece siempre atraer peligro o la muerte a sus dueños. Un héroe entra en la lucha armado con una espada forjada de nuevo que había estado rota. Varias razas de seres humanoides intentan ganar el control del anillo por medio de la magia y el heroísmo hasta que es finalmente llevado de vuelta a su origen a alto precio y sacrificio, donde es purificado por el fuego. El último perseguidor perece junto con el anillo.

    «¿Es esto volver a contar el ciclo en cuatro partes de Richard Wagner Der Ring des Nibelungen o es un resumen de la epopeya en prosa de Tolkien El Señor de los Anillos?. Realmente es ambas cosas» [2].

[2] Edward R. Haymes, "The Two Rings: The Lord of the Rings; The Ring of the Nibelung", discurso dado ante la Sociedad Wagner de Nueva York, el 4 de Enero de 2004.

     El señor Haymes, como él admite, tiene cosas hábilmente redactadas para magnificar las semejanzas y minimizar las diferencias. Por ejemplo, el descubridor del anillo en Wagner es un enano más bien que un hobbit, y el enano realmente forja el anillo, mientras que Gollum simplemente encuentra el anillo que el malvado Sauron, más grande que la vida, lo forjó hace mucho. Haymes tampoco menciona otras fuentes antiguas, medievales y modernas que pueden haber influído en Tolkien (así como en Wagner, en el caso de las fuentes pre-modernas).


De Platón a Frodo

     Entre estas últimas fuentes se incluye el anillo de invisibilidad usado para malvados objetivos en La República de Platón, el anillo de invisibilidad en el romance artúrico medieval de Chrétien de Troyes, "El Caballero del León", y varios anillos mágicos que conceden protección o invulnerabilidad en diversos romances medievales (por ejemplo, los anillos en Sir Perceval de Galles, Sir Eglamour de Artois, Le Morte d’Arthur, y posiblemente el anillo ofrecido a, y rehusado por, el héroe en Sir Gawain y el Caballero Verde.

     Además de éstos, un par de novelas de principios del siglo XX también puede haber influído en "un anillo para gobernarlos a todos". Éstas incluyen al autor inglés E. Nesbit con The Enchantes Castle (1907), que presenta un anillo mágico que tiene cualesquiera propiedades mágicas que su dueño declare que el anillo tiene (y que vuelve insibles a los personajes), y la novela de 1931 Many Dimensions del amigo y colega de Tolkien Charles Williams.

     En el centro de la novela de Charles Williams hay una piedra mágica que concede poderes extraordinarios, poderes que tienden a corromper y sacar de control, amenazando el mundo. Otro elemento de la novela que anticipa al Señor de los Anillos es la conversación acerca de echar el peligroso objeto en el océano, una idea que en ambas novelas es rechazada por dejar de proporcionar una solución permanente.

     Claramente, entonces, Tolkien tenía una rica veta de fuentes para el Anillo de Poder en el centro de El Señor de los Anillos, siendo algunas de aquellas fuentes más antiguas que Wagner y otras mucho más cercanas a Tolkien. La pregunta interesante no es si el Ciclo del Anillo de Wagner estableció alguna influencia sobre Tolkien. Casi seguramente sí lo hizo, al menos en un nivel inconsciente. La línea más interesante de investigación es por qué a Tolkien le disgustaba el Ciclo del Anillo de Wagner y de qué maneras significativas sus tratamientos difirieron. La respuesta a lo segundo también puede contestar lo primero, ya que las principales diferencias implican las dos cosas más probables que pueden meter a una persona en problemas en una reunión: religión y política.


Tolkien contra Wagner

     Wagner osciló entre ateísmo y panteísmo, una perspectiva encarnada en la más antigua y más sabia diosa de la Tierra del ciclo operístico. En dicho ciclo, ella está contra los otros dioses que están condenados a perecer a fin de abrir camino para una edad sin religión, o al menos para una edad sin nada, salvo una religión natural.

     El señor Haymes sugiere que en Wagner los personajes buenos están en lo mejor suyo cuando siguen la Naturaleza, mientras que en Tolkien los personajes heroicos están a menudo en su esplendor mientras ejercen su voluntad contra el anillo y contra la inclinación de hacer lo fácil o lo natural. En realidad, es un poco más complejo que esto, ya que algunos de los personajes de Wagner se resisten a conservar el anillo, un buen personaje de Tolkien se equivoca al ignorar lo qué podríamos considerar como instinto, y el desprecio de Sauron y Saruman por el mundo natural contrasta negativamente con el aprecio por la Naturaleza y el mundo natural personificado en los buenos elfos y hobbits.

     A pesar de todo, el contraste sugerido por Haymes es iluminador: el panteísta Wagner, que persigue su felicidad, contra el católico Tolkien con un gran respeto por la humildad, la disciplina moral y moralidad trascendente, y una bien desarrollada sospecha hacia los impulsos de los humanos caídos [3].


[3] Tom Shippey sostiene que es improbable que algo como los hobbits, celebrados por su humildad, pudieran "encontrar probablemente alguna vez un lugar en la concepción de Wagner". Shippey también menciona el polémico asunto del supuesto anti-judaísmo de Wagner y los usos que hicieron los nacionalsocialistas de Wagner: "Podría ser o no ser posible perdonar a Wagner por el uso hecho por los nacionalsocialistas de su obra después de que él estaba muerto, pero desde la perspectiva de Tolkien, quizá aún más que desde la nuestra, las semillas de horror estaban allí en la brutalidad ocasional y no condenada de Siegfried, en el cuadro de un mundo divino/heroico constantemente amenazado por formas de enanos astutos y furtivos, tan fácilmente convertidos ideológicamente en Untermenschen, infrahombres. Lo menos que uno puede decir de esto es que Wagner y Tolkien estaban en lados opuestos de una gran división creada por dos Guerras Mundiales y todo lo que sucedió en ellas... Si Tolkien tomó algo de Wagner, eso fue quizás no más que la idea de que algo podría hacerse con la idea del Anillo de Poder, algo más, y más cargado de significado, que algo en una fuente antigua" (Tom Shippey, "The Problem of the Rings: Tolkien and Wagner", Zollikofen, Suiza, 2007, p. 113).


El Anillo de Poder Corrompe Absolutamente

     En El Hobbit de Tolkien, el anillo de invisibilidad que el héroe hobbit Bilbo Baggins encuentra en las cuevas del trasgo es inicialmente un dispositivo para elevar al burgués señor Baggins al estatus de maestro ladrón. En El Señor de los Anillos esto llega a ser mucho más: un anillo de extraordinario poder que Tolkien emplea para explorar temas de dominación, engaño y muerte. Esto suena completamente wagneriano.

     Pero el anillo de Tolkien también es usado como una advertencia contra cualquier gran plan político que depende del poder para hacer cosas sin un control. La novela es sobre muchas otras cosas, por supuesto, pero no es ninguna exageración decir que la tentación planteada por el anillo comunica el tema político central de la novela, que es que, como dijo Lord Acton, "El Poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente". Tan peligroso consideran los líderes sabios entre los pueblos libres de la Tierra Media a ese anillo de poder, que ellos determinan arriesgarlo todo en una maniobra desesperada para destruír el anillo más bien que usarlo contra su enemigo, el malvado Sauron. Esto parece cualquier cosa salvo algo wagneriano. Wagner, después de todo, fue reverenciado por los nacionalsocialistas por una buena razón.


El Sexo y el Hobbit Soltero

     Un ensayo de Alex Ross en The New Yorker [4] destaca otras diferencias entre Tolkien y Wagner. Ross acusa a Tolkien de dejar de lado "la propiedad más significativa" del anillo de Wagner: el hecho de que "puede ser forjado sólo por alguien que haya abjurado del amor". Él luego caracteriza a la novela de Tolkien como sexualmente opaca y sugiere que el tratamiento del encanto del anillo es psicológicamente empobrecido:

     «Es el pequeño anillo el que saca el deseo en hombres y en hobbits. ¿Y qué, francamente, quiere la gente de ello?. ¿Tienen ellos envidia del lujoso estilo vida de Sauron encima de Barad-dûr [la Torre Oscura]? Tolkien silencia el romance de las historias medievales y nos pone en el territorio auto-abnegado y anglicano modernista de T. S. Eliot. El anillo es una pesadilla interminable a la cual la gente es atraída por ninguna razón obvia. Él genera el deseo y sin embargo no da ninguna satisfacción».


[4] http://www.newyorker.com/magazine/2003/12/22/the-ring-and-the-rings

     Indudablemente el católico Tolkien habría estado sorprendido de enterarse de que un paisaje psicológico de auto-sacrificio y deseo autodestructivo e irracional es únicamente un rasgo de la literatura anglicana modernista. El Ortodoxo ruso Fyodor Dostoyevsky y el "Infierno" del poeta católico italiano Dante Alighieri vienen a la mente como contra-ejemplos. Pero el punto más pertinente es que el señor Ross encuentra el atractivo del poder por el poder incomprensible y no interesante, prefiriendo en cambio el uso de Wagner del anillo "para encender una luz sobre diversas relaciones intensas, confusas y demasiado humanas". La implicación es que el atractivo del poder por el poder es ajeno a la experiencia humana, o al menos relativamente insignificante.

     Alex Ross prefiere mucho el tema de Wagner: "Alberic forja el anillo sólo después de que las doncellas de Rin rechazan sus proposiciones. Wotan se obsesiona con el anillo como una consecuencia de su matrimonio sin amor; él se sepulta en su trabajo". Ah, entonces el pecado de Tolkien es que El Señor de los Anillos no es una telenovela centrada alrededor de las vidas de amor desafortunado de hombres, elfos, enanos, hobbits, magos, orcas, ents y otros similares [7]. No es que la cantidad común de telenovelas vespertinas sexualmente cargadas no pueda ser también aprovechada por el gran arte. Sí puede. ¿Pero es éste realmente el único foco apropiado del gran arte? A aquellos con una visión idólatra de la sexualidad humana les puede parecer así, pero ésa es una perspectiva empobrecida que Tolkien no compartía.


Trascendiendo a Wagner

     El señor Ross se mueve de aquí hacia un resumen y da una explicación del desenlace del Ciclo del Anillo:

     "El aparato del mito mismo —la creencia en poderes superiores e inferiores, jerarquías y Órdenes— se derrumba junto con las murallas del Valhala. Quizás lo que más molestó a Tolkien fue que Wagner escribió una ópera mítica de dieciséis horas y luego, al final, hizo volar en pedazos los fundamentos del mito".

     La verdad es que la incoherencia estética de tal proyecto puede haber molestado a Tolkien, no específicamente que Wagner "volara en pedazos los fundamentos del mito" sino que la sublimidad de Wagner era una sublimidad sucedánea, vaciada como estaba de lo trascendente. Tolkien, mediante la fe en un dios trascendente, entendió la fuente de la verdadera sublimidad. Él también entendió la fuente de la sed de poder por el poder: el deseo de hacer de uno mismo un dios en el lugar de Dios.–




SEÑORES del ANILLO
por Michael Colhaze
31 de Octubre de 2010


«Un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para llevarlos a todos y en la oscuridad atarlos
en la Tierra de Mordor donde yacen las Sombras»
(John R. R. Tolkien).


     Hace muchas lunas y durante sólo unos pocos años, yo usaba mi pelo largo y me vestía con ropa colorida y vagaba por los predilectos lugares psicodélicos de París, Londres o Ámsterdam, por lo general teniendo un cigarrillo de marihuana en una mano y empleando la otra para remarcar con lánguidos gestos mi último concepto de cómo traer paz y amor inmediato al mundo. En cuanto a mis compañeros freaks y hippies, la mayoría subsistía con muy poco, al menos en cuanto a dinero, pero casi todos tenían animales domésticos, llamados éstos con frecuencia con una marca de héroes muy de moda durante aquellos inocentes tiempos. Para gatos, Galadriel estaba en los primeros lugares de la lista, y también Arwen y Legolas. En Ámsterdam mi vecina de al lado, una señora de mediana edad con el pelo teñido con alheña, vestidos sueltos y campanas tintineantes alrededor de un gordo tobillo, poseía un enorme gato llamado Golum. Cuando él fue un día atropellado por un camión, ella vino y lloró amargamente en mi regazo. Hice todo lo posible para consolarla, aunque en secreto me alegré porque el astuto bastardo, nomen est omen [el nombre es un presagio], solía ser un verdadero azote para los gorriones y mirlos locales. En cuanto a perros, recuerdo un Frodo, un Bilbo, un Pippin, y también un Boromir.

     Esto le da a usted una idea de cuánta épica de Tolkien estaba en nuestra mente durante aquellos años felices. Dondequiera que usted fuera, usted encontraba en los estantes para libros al menos una copia, por lo general una pesada edición en rústica. En las paredes colgaban coloreados mapas de la Tierra Media, y Gandalf era un nombre conocido para todo, desde una publicación underground hasta alguna efímera sociedad artística. Según la fantasía y la imaginación, y quizás también el consumo diario de cannabis, un número excesivo de gente se identificaba con un miembro de la Hermandad, o deseaba fervorosamente el retorno del Rey, o se habría retirado a La Comarca sin mirar hacia atrás siquiera una vez.

     Por otra parte había algunos, yo mismo incluído, que habían disfrutado del libro pero lo habían encontrado algo carente de profundidad psicológica. Era, después de todo, una tela monumental pintada en gran parte en blanco y negro, con protagonistas o extraordinariamente valientes, hermosos y nobles, o su absoluto opuesto, a saber, indeciblemente feos y malos, lo que hacía del cuento algo bastante previsible y lo privaba del complejo toque emocional que de otra manera habría encontrado su camino hacia el corazón. De todos modos, el poder de imaginación de Tolkien no puede ser y no será negado, y para su excusa debe ser dicho que él se basó mucho en las antiguas sagas germánicas como el Edda o los Nibelungen, y que aquéllas eran en general magníficas ejemplificaciones de la eterna batalla entre el Bien y el Mal, una batalla donde algunos adornos intelectuales podrían haber parecido desubicados.

     Sin embargo, bajo la heroica sencillez se escondía un aspecto que me intrigó a mí y a muchos de mis amigos de manera considerable, a saber, el significado profundo detrás de la fantasía, por cuanto, como todos concordábamos, tenía que haber uno, ya que el cuento estaba simplemente demasiado cuidadosamente resuelto para no tener alguno. No importa que el repelente Sauron, protagonista principal que pretendía esclavizar al mundo y a la Humanidad en particular, no apareciera personalmente durante los procedimientos, su presencia es abrumadoramente sentida, y él tenía que tener un equivalente dentro de la Historia reciente del hombre, y como tal un nombre que tuviera sentido.

     Primero en la línea estaba por supuesto Adolf Hitler, el salvador temporal de una engañada, arruinada y hambrienta Alemania robada hasta quedar desnuda por los vencedores de Versalles, pero para el resto y según el New York Times, el canalla más grande que alguna vez haya puesto el pie en nuestra sagrada Tierra. Después venía el bueno de Joe Stalin, asesino de masas por excelencia apoyado por un clan estrechamente tejido de secuaces, como lo ha descrito y definido el gran Solyenitsin en sus libros "Archipiélago Gulag" y "Doscientos Años Juntos". Luego el fabuloso Presidente Mao, que muy probablemente tiene el récord Guinness por cadáveres acumulados por todo el mundo. Y finalmente los inventores de la bomba nuclear, encarnados por un tal Robert Oppenheimer que pagó, tal como aquel abominable fraude Freud, con cáncer pulmonar y una muerte lenta y dolorosa por sus pecados.

     Pero juzgue como usted pueda, ninguno de los susodichos realmente tenía sentido. Una razón era por supuesto que Tolkien había comenzado El Señor de los Anillos ya a mediados de los años '30, mucho antes de que aquellos bandidos florecieran medianamente.

     En cuanto al anillo mismo, ¿qué tipo de poder manejaba exactamente? Era, esto lo sabemos, lo bastante potente para esclavizar a la gente menor, pero no todopoderoso, ya que hace mucho tiempo Isildur rey de Gondor, en un desesperado intento de contener el avance de los Orcos, había ofrecido batalla a Sauron su líder. Y en un combate individual tuvo éxito con la ayuda de Dios para cortar la mano de este último que portaba el anillo, una hazaña que derrotó al Oscuro y a sus ejércitos, al menos durante un tiempo y hasta que él intentara otro asimiento de lo horrible.  

     Mi entendimiento de las inclinaciones políticas de Tolkien es escaso. Él mismo, por lo que sé, ha rechazado dar cualquier pista. Pero hay indicios. Se ha rumoreado que él consideraba al general Francisco Franco bastante enfáticamente como el salvador de la católica España, una opinión bastante en desacuerdo con contemporáneos como aquel despiadado cazador, bebedor y escritorzuelo Hemingway y sus amigotes liberales. Uno de los cercanos amigos de Tolkien, el escritor y poeta Roy Campbell, había presenciado las atrocidades cometidas por los escuadrones de la muerte marxistas contra sacerdotes y monjas en Córdoba y las describió con vivos detalles. Lo que lo hace interesante en este contexto es que él (Campbell) también contribuyó con artículos a The European, una gaceta fascista dirigida por lady Diana Mosley, la esposa de sir Oswald y, como James Lees-Milne la describió, "la cosa más cercana a la Venus de Botticelli que yo haya visto alguna vez".


    Ezra Pound, entre otros, fue un articulista de The European.

    Esto último debería haber hecho sonar una campana de alarma, pero no lo hizo. Casi veinte años tuvieron que pasar antes de que partes y piezas calzaran, al menos dentro de mi muy limitada percepción. Una fue una exposición, otra una producción del Anillo de Wagner.

     La exposición fue organizada en Frankfurt por una de las más acaudaladas instituciones de arte, significando que una decente champaña, bocados con paté francés y unas interesantes personas podrían ser esperados en vísperas de su gran inauguración, lo cual era la razón, aparte de cierta curiosidad, de por qué un viejo amigo me llevó allí. Nosotros dos no tenemos ninguna relación con el arte moderno y conocíamos al artista sólo vagamente por su nombre: Lucien Freud, que era nieto de "usted sabe quién", y sus carnosidades tan edificantes como una rata muerta bajo el lavadero. Cuando estuvimos de pie delante de una de sus obras —un vulgar varón desnudo reclinado sobre un sucio marco de cama con sus piernas abiertas de par en par rascando sus genitales rojizos que colgaban encima de un ano cavernoso— mi amigo echó una mirada alrededor y dijo: "¡Gran Orco de las Artes de Mierda!. ¡Nunca tuvo ningún sentido de la belleza, y nunca lo tendrá!".

     Ésa fue una observación que me transportó inmediatamente a un pasado más soleado e inocente, pero también me impidió hacer cualquier comentario, porque ésa era después de todo Alemania, un país gobernado por criminales políticamente correctos que hace mucho han puesto su bota sobre la libertad de expresión como está establecida en la Constitución, y que lo abofetean a usted en la celda durante años sin parar si usted se atreve a insistir en ello.

"¡Condenado sea el Anillo que forjé con una Maldición!
Aunque el Oro me diera una Fuerza ilimitada
¡Ahora su Hechicería me ha traído la Ruina!"

(Wagner, El Oro del Rhin, Escena Tercera).

     Aproximadamente una semana más tarde vi, y oí, El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner. No tengo ninguna intención, y carezco de la perspicacia intelectual para ello, de dar a esa obra maestra su tributo apropiado. George Bernhard Shaw, en su ensayo The Perfect Wagnerite, lo ha resumido de esta manera:

     "Sólo aquellos con una amplia conciencia pueden seguirla con toda intensidad, viendo en ella la tragedia de la historia humana y el horror entero del dilema ante el cual el mundo se encoge hoy".

     ¿Dilema?, ¿Horror?.

    Shaw no entró en detalles en cuanto a lo dicho, pero el propio compositor fue más expresivo:

     "Usted me pregunta sobre la judería. Sentí un odio largamente reprimido contra ellos, y ese odio es tan necesario a mi naturaleza como la hiel es a la sangre. Una oportunidad surgió cuando sus condenables garabatos más me molestaron, y entonces al final estallé. Aquello parece haber hecho una enorme impresión, y eso me complace ya que realmente sólo quería asustarlos en esa manera. Porque es cierto que no nuestros príncipes sino los banqueros y los palurdos son hoy día nuestros señores" (Correspondencia entre Wagner y Liszt, vol. I, p. 145, 18 de Abril de 1851).

     Él no pretendió, sin embargo, como lo declaró muy claramente en otra parte, culpar a la tribu entera, tal como usted y yo no consideraríamos a cada italiano automáticamente como un miembro de La Cosa Nostra.

     En cuanto a la enorme impresión, así es como comienza, a saber, en el fondo mismo del poderoso río Rhin de Alemania. Allí un escondido tesoro de oro está incrustado en un filón, destellando y brillando misteriosamente a la luz del Sol que se filtra por las eternas olas. Las hermosas sirenas lo guardan por órdenes de su padre, disfrutando de su deslumbrante resplandor, moviendo sus encantadores cuerpos entre los brillantes reflejos. Hasta que un tal Alberic avanza lentamente desde lo profundo, un raquítico nibelungo e Hijo de la Noche que contempla a las doncellas con ojos codiciosos. Cuando él trata de seducirlas, ellas sólo se ríen, tiran de su barba y se burlan de él. Enfurecido, él pregunta sobre el significado del oro. Descuidadamente ellas le dicen que el Poder ilimitado de gobernar el Mundo está en espera para el que forje un Anillo con el precioso metal. Pero, ellas también le advierten, esa hazaña sólo es posible si él renuncia para siempre al Poder del Amor.

"A Alberic le toma sólo un momento ordenar su mente.
¡El Mundo como heredad ganaría yo!
Y si no puedo tener Amor
¿no podría hábilmente yo chantajear el deseo?
La Luz extinguiré para ti
El Oro arrancaré de la veta
¡Y forjaré el Anillo de venganza!
Que las Olas sean mis testigos:
¡PARA SIEMPRE HE MALDECIDO AL AMOR!".


     Él arranca el oro de las rocas y forja el Anillo para gobernar el Mundo con fuerza astuta y bruta, y por supuesto sin Amor.

     "Mi Anillo y el de Wagner eran redondos, ¡pero allí termina todo parecido!", se mofó Tolkien bastante maliciosamente después de que su libro había sido publicado a mediados de los años '50, lo cual es un desmentido tan transparente que parece casi ridículo. El ensayo ya mencionado de Shaw, The Perfect Wagnerite, casi de la longitud de un libro, muy aclamado y ampliamente leído, debe haber sido conocido en detalle por Tolkien también, porque su Anillo y el de Wagner son idénticos en tema y esencia, gemelos de hecho, aunque sólo con una calidad diferente de ropaje, significando que el de Tolkien, comparado con la sin igual opus magnum de Wagner, es excesivamente grande y muy entretenido, pero no realmente una obra maestra de literatura en el sentido clásico. Interesante podría ser que Tolkien use palabras como Mordor o Sauron, claramente derivadas del alemán Mord, asesinato, y Sau, sembrar. Aunque su afirmación de que su propio apellido deriva del alemán tollkuehn, significando muy temerario, parece improbable ya que no existe como un apellido.

     En cuanto al sentido profundo en ambos casos, es importante saber que el Anillo del Poder no tiene ningún potencial mágico como lo entendemos. Él no puede destruír ejércitos enemigos simplemente por una orden de su portador. No puede hacerlo a usted volar. No puede detener el flujo del tiempo. Ni siquiera puede impedir que usted se moje si llueve. Puede hacerlo a usted invisible, es verdad, pero eso es sólo una ilusión. Y usted todavía se mojaría en cualquier caso. Entonces ¿qué es realmente?.

     ¡Es realmente sólo el ORO!.

     ¿Y no es eso bastante para gobernar el mundo?.

     Para muchos de aquellos que habían presenciado las últimas décadas de los grandes Imperios europeos, un reinado de paz y mejoramiento general que se terminó abrupta y horriblemente con la Primera Guerra Mundial, la época que siguió debe haber parecido a la proverbial devaluación de todos los valores. Por cuanto los banqueros y los palurdos, ya tan poderosos en los tiempos de Wagner, se habían desarrollado fuera de toda proporción, Alemania, puesta de rodillas, fue golpeada muy duramente. Durante la malhadada y llena de deudas República de Weimar, la capital del país, Berlín, se jactaba de 115 instituciones bancarias, de las cuales 112 eran poseídas por judíos. La misma proporción se daba para innumerables cabarets y burdeles donde muchachas y muchachos tan jóvenes como de diez años vendían sus cuerpos muertos de hambre a la nueva casta de acróbatas del dinero.

     En cuanto a los bancos, ellos usaron las catastróficas finanzas del país para su ventaja y engañaron y arrebataron a la hambrienta población sus activos, ya fuesen acciones, tiendas, casas, tierras de labranza, fábricas o periódicos, hasta que la mitad de Alemania estuvo en las manos de muy pocos. Lo mismo sucedió, aunque mucho menos drásticamente, en gran parte del mundo occidental, lo que provocó finalmente el catastrófico Martes Negro [colapso bursátil estadounidense del 29 de Octubre de 1929], un ejercicio donde, como el cara de orco Richard Fuld [judío], anteriormente de Lehman Brothers, nos ha informado tan descaradamente, "arruinamos una economía nacional y recogemos los trozos y pedazos por un precio ínfimo".

     Ahora bien, hay que recordar que en aquellos años la opinión pública estaba en general mucho menos lavada de cerebro que hoy. Ningún "Holocausto" había sido inventado aún para reprimir a los críticos indeseables, ni tampoco ninguna mafia mundial de medios de comunicación que pudiera decirle a usted de forma convincente que un cántaro con mierda es una olla con oro. Así, en muchas de las gacetas nacionales e internacionales abundaban relatos de robos, delitos e injusticias, respaldados con caricaturas del cruel y avaro judío, relatos que seguramente fueron observados y considerados por Tolkien también.

     Por lo tanto parece bastante probable que el Anillo que él comenzó a forjar en su mente a comienzos de los años '30 no fuera tan diferente del que Wagner había inventado cien años antes, en particular si recordamos un detalle bastante interesante, a saber, que en efecto un Aragorn [Hitler] salió desde un lugar salvaje y forjó de nuevo la espada que estaba rota, un hombre no de ascendencia real, es verdad, sino una especie de Mahdi o Enviado —como Carl Gustav Jung lo ha llamado—, muy poderoso, un gran orador, intrépido también, e inmediatamente poniéndose a trabajar y teniendo éxito, casi de la noche a la mañana, en romper el terrible poder completo del Anillo, una hazaña que él llevó a cabo arrojando por la ventana el inútil papel moneda y sustituyéndolo con el trueque basado en bienes reales y trabajo honesto.


     Bien; sabemos lo que pasó con él y su gente, y cuán caro ellos pagaron por su tentativa que puso en peligro la supremacía de las instituciones bancarias de Sauron por todo el mundo. Estas últimas se reagruparon, dando a su Anillo actuación completa, y las antiguas ciudades de Alemania y sus inocentes habitantes, millones de ellos, perecieron en una tormenta de fuego de inimaginable magnitud y barbarie. Un momento triste en nuestra gran historia europea cristiana, usted estará de acuerdo, y su cortina final convenientemente cerrada por uno de sus mayores directores de orquesta, Herbert von Karajan, que interpretó en vísperas de la destrucción de Berlín el último episodio del Anillo, El Crepúsculo de los Dioses.

     En cuanto al Enviado, llegará un día en que él será evaluado más objetivamente y no sólo demonizado fuera de toda proporción, cuando algunas de las acusaciones más horribles levantadas contra él podrían derrumbarse como un castillo de naipes en una nube de polvo casi tan grande como la del 11-S y sus explicaciones oficiales. Aquello podría resultar en dos escuelas de pensamiento, a saber, una donde él permanece en efecto como un villano, y otra que lo declara el personaje más trágico que alguna vez caminara por la Tierra. Él y su pueblo.

     En cuanto a Tolkien, casi veinte años pasaron entre la primera página escrita del Anillo y su publicación, un período que cambió radicalmente la cara del mundo, incluyendo el mercado de libros, el cual terminó también, en gran parte y como poca sorpresa, en las manos de Sauron. Así, tampoco es ninguna sorpresa que el cronista de Sauron se quedara callado y decidiera refutar cualquier familiaridad, mucho menos alguna deuda, con su precursor alemán. Y de esa manera removió cualquier obstáculo ideológico y limpió el camino para un éxito literario enorme, un éxito ciertamente muy merecido, con el pequeño problema de que nunca sabremos qué tipo de Fuego Secreto el viejo mago Gandalf el Gris ha estado sirviendo, el cual él evocó tan poderosamente cuando él golpeó el puente de Khazad-Dùm bajo los pies en llamas de Balrog. Este último es un nombre intrigante, particularmente si usted tiene presente que Baal es el dios cananeo de la fertilidad que exigía sacrificios humanos, y que Rog es la palabra hindi para "enfermedad".

     En cuanto al resto del mundo, la pregunta es por supuesto cuán lejos ha llegado el éxito de los Señores del Anillo para esclavizarnos. Hablando lógicamente, y viendo su inconmensurable riqueza y su casi ilimitada influencia, ellos deberían haber consolidado hace mucho el reino, lo cual parece en efecto ser el caso en la mayoría de los países occidentales donde los Presidentes, los Primeros Ministros y los cancilleres son sus obedientes marionetas. Espectros del Anillo, los calificó Tolkien apropiadamente, hombres y mujeres como usted o como yo, pero con los ojos vacíos, cáscaras externas de sus antiguas identidades que ordenan que nosotros abandonemos nuestra moral y herencia artística, que luchemos guerras como delegados para sus amos, que pongamos cualquier cantidad de dinero en sus monederos, y que generalmente ordenan que nosotros estemos a su servicio siempre que les plazca.

     Sin embargo, algo salió terriblemente mal.

     En primer lugar, las Sombras han sido desgarradas en la Tierra de Mordor, una misteriosa región cubierta en el secreto profundo durante cientos de años, pero ahora deslumbrantemente iluminada, tanto, que sus planes y crímenes son cada día más claramente observados y entendidos, ya se trate de la corrupción de los políticos, el envío de puestos de trabajo a países extranjeros —la verdadera intención detrás del globalismo—, los robos gigantescos, las resultantes conmociones económicas, las indescriptibles atrocidades en los territorios ocupados, los frustrados asesinatos, o de los verdaderos culpables detrás del 11-S, por nombrar sólo unos cuantos.

     Después vienen los Espectros del Anillo, quizás la mejor invención de Tolkien. Posibilitadores, los ha llamado Paul Gottfried, y los considera peores que sus criminales amos, hombres y mujeres que alguna vez poseyeron almas cristianas y que sabían sobre el Poder del Amor, pero que se vendieron por treinta piezas de oro para forjar sus propios insignificantes anillos, baratijas que sirven durante unos breves años para cabalgar la cresta del poder hasta que un nuevo contendiente consigue la ventaja y los manda al cuerno, lo cual es por lo general endulzado con honores y elogios para aliviar los próximos años crepusculares, un tiempo en que los fantasmas y los cadáveres del pasado comienzan a susurrar en la oscuridad y se acerca la hora de ajustar cuentas de manera lenta pero inevitable.

     Hoy esa clase de recubrimiento con azúcar puede tener un gusto ácido, debido a una imprevista invención llamada Internet que marcadamente disminuyó el control de la Mafia de los Medios de Comunicación y su inhaladores, mentirosos, lisonjeros e injuriadores lacayos. Por eso los Bush y los (Tony) Blair de este mundo se han convertido en leprosos en vez de modelos, con mociones en camino para hacerlos responsablea de sus crímenes, que incluyen la muerte de innumerables mujeres y niños y la de muchos buenos soldados cuyo equipamiento intencionalmente pobre ha prolongado el conflicto hasta este día.

     Finalmente, los propios Señores Oscuros.

     Aquellos que han entrado ya en los años crepusculares, como George Soros, miran con silencioso horror cómo las montañas de oro se filtran como el agua por entre sus dedos, dejándolos con las manos vacías y con nada para negociar en el Día del Juicio Final. En cuanto a los demás, todavía confiados y emprendedores, se dice que ellos se están preparando para el último Armagedón con sus bombas nucleares, virus, bacterias, libretas de cheques, conexiones y cosas similares. Y quizás se están preparando porque ven que el mundo se ha cansado de ellos, de sus mentiras y sus extorsiones. Pero si ellos lo hacen, tendrán que luchar entre ellos para un cambio y no dejar que otros hagan el trabajo sucio, lo cual dará origen —como una especie de venganza divina, ya que ellos son muy pocos— a la destrucción final del Anillo y a la derrota completa de sus forjadores.

     Porque una vez, hace mucho, cuando fueron tentados por una acumulación de oro en lo profundo del río Rhin, ellos hicieron la elección equivocada y...

     ...maldijeron para siempre el Poder del Amor.–



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