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martes, 7 de marzo de 2017

Anti-Judaísmo y Vampiros en la Cultura Británica



     De Sara Libby Robinson, judía estadounidense especialista en Historia Comparada, que publicó en 2011 un libro sobre vampirismo (Blood Will Tell: Vampires as Political Metaphors Before World War I), se imprimió antes, a comienzos de 2009, en la revista Golem (Journal of Religion and Monsters) el siguiente artículo (Blood Will Tell: Anti-Semitism and Vampires in British Popular Culture, 1875-1914) que presentamos traducido, en el cual la autora toma el tema de Drácula y otros relacionados y los sitúa en un contexto de temores sociales que se dieron principalmente en la victoriana sociedad británica de fin del siglo XIX. Al final hemos puesto en castellano una breve reseña acerca del mismo libro.


Se Lleva en la SANGRE:
ANTI-JUDAÍSMO y VAMPIROS
en la Cultura Popular Británica 1875-1914
por Sara L. Robinson, 2009



Resumen: Este artículo explora los modos en que la caracterización de Bram Stoker de Drácula expone las ansiedades anti-judías británicas durante fines del siglo XIX y principios del XX. El artículo explora los debates británicos sobre inmigración, degeneración racial, y la temida colonización inversa de Gran Bretaña.
     En la novela de Stoker, Drácula es simbólicamente presentado como "judío", cuando él se comporta como en los "libelos de sangre" (blood libels), haciendo presa de niños y tomando sangre de cristianos.
     Drácula, como una metonimia de estereotipos para el judaísmo, amenaza la conformación racial británica mezclando la sangre de él con la de sus víctimas, y transformando a algunas de sus víctimas en vampiros.
     En un sentido cultural más amplio, Drácula sirve como una metáfora para los peligros que los judíos inmigrantes representaban para Gran Bretaña durante ese turbulento período.


     El odio contra los judíos y el judaísmo tiene una larga historia aún en curso, que precede incluso a la sociedad cristiana. Una forma de ese prejuicio implica la representación de los judíos como monstruos, un proceso que permitió que algunos racionalizaran y justificaran su persecución. De todos los demonios que habitaron la imaginación de la Gran Bretaña de fin de siècle, ninguno está tan estrechamente vinculado con los judíos como el vampiro. Relacionado tanto literalmente como figuradamente por su asociación con la sangre, la construcción de Bram Stoker ("Drácula") puede ser vista como una metáfora de las ansiedades anti-judías en Gran Bretaña al comenzar el siglo XX [1].

[1] La ecuación de vampiros y anti-judaísmo, especialmente en lo que se refiere a Drácula, no se encuentra muy a menudo entre los estudiosos, pero yo no soy la primera persona que ha escrito sobre este tema. Deseo rendir homenaje al artículo de Judith Halberstam "Technologies of Monstrosity", al de Jules Zanger "A Sympathetic Vibratrion", al de Stephen Arata "The Occidental Tourist", y al libro de Timothy Beal "Religión and Its Monsters". Esos investigadores han sido pioneros en la exploración de las conexiones entre el texto de Stoker y los prejuicios y ansiedades de sus contemporáneos, tales como la degeneración, la inmigración, los libelos de sangre, y estereotipos en la relación de los judíos con el dinero, así como en cuanto a su aspecto. Además de esos temas, el libro de Beal explora las alusiones bíblicas con las cuales los héroes de la novela de Stoker contienden con Drácula y sus transgresiones relacionadas con la sangre, tomadas tanto del Viejo como del Nuevo Testamento. He tratado de hacer mi propia contribución al campo, explorando estos asuntos con la mayor profundidad, así como bifurcándome en temas relacionados como el mestizaje, y los temores a la hegemonía alemana política y económica.

     Según el folklore común, los vampiros se mantienen vivos matando a otros y bebiendo su sangre. El vampiro era conocido por ser una criatura atea, un tipo de Anticristo, que teme todos los símbolos del cristianismo. El folklore cristiano conecta a los judíos con la muerte y también con la sangre. El autor del Evangelio según Mateo describe a los judíos diciendo que "Su sangre caiga sobre nosotros, y sobre nuestros hijos", probablemente reconociendo su complicidad en la crucifixión de Jesús (Mateo 27:25). Aparte de ser considerados responsables de la Crucifixión, los judíos fueron acusados de impedir la Segunda Venida de Cristo debido a su obstinado rechazo a reconocer la divinidad de Jesús, y fueron incluso acusados de albergar un Anticristo que trataría de apoderarse del mundo. Comenzando en la Edad Media, los judíos fueron retratados como magos negros que adoraban al Diablo. Ellos hablaban y escribían en lenguas secretas que los que estaban alrededor de ellos no podían entender (el idioma hebreo y más tarde el yíddish) [2]. Los judíos fueron acusados de poseer un mal de ojo de gran potencia, y de apuñalar hostias haciéndolas sangrar, en un esfuerzo para representar de nuevo la Crucifixión [3].

[2] Cualquier cosa secreta, misteriosa y desconocida era potencialmente peligrosa y amenazante. Era común que los conversos [judíos al cristianismo] "divulgaran" los secretos del judaísmo, desde su posición experta de haber estado informados de, entre otras cosas, el lenguaje secreto de los judíos. En el siglo XIII en Francia se ordenó que el Talmud fuera quemado en público, siendo la idea en parte privar a los judíos de su poder mágico destruyendo sus libros.
[3] Eso ocurrió antes de, pero particularmente después, la doctrina de la Transubstanciación, que fue establecida en 1215, acabándose en el siglo XVI.

     La sangre, sin embargo, es lo que conecta más fuertemente a judíos y vampiros, porque los judíos estaban estrechamente asociados con la acusación del "libelo de sangre". El primer incidente registrado ocurrió en Gran Bretaña, tras la muerte de un niño, William de Norwich, en 1144. Theobald, un monje que se había convertido desde el judaísmo, acusó a la comunidad judía de matar a William por su sangre. Durante el siguiente medio siglo, las acusaciones de libelo de sangre se difundieron a través de toda Gran Bretaña, y luego al Continente. Al principio sus acusadores afirmaron que los judíos mataban niños cristianos como un modo de representar la Crucifixión, aunque esa motivación dio lugar gradualmente a la creencia de que los judíos requerían la sangre cristiana para sus rituales de la Pascua (Passover).

     Las acusaciones de "libelos de sangre" murieron en Europa Occidental durante el siglo XVI, pero resurgieron otra vez en Europa del Este en el siglo XIX. Los años de auge de esas acusaciones fueron desde 1880 hasta la víspera de la Primera Guerra Mundial. Desde el proceso judicial en Tisza-Eszlar en 1882 hasta el proceso de Mendel Beilis en 1911, las acusaciones sobre libelos de sangre fueron altamente publicitadas por todo el mundo. Aunque parecía que los judíos tenían pocos amigos durante ese período, la prensa británica acudió incondicionalmente en su defensa. Eso no significaba, sin embargo, que el país que había originado el libelo de sangre en el siglo XII hubiera superado sus supersticiones en el siglo XIX, un hecho que se hace obvio cuando uno mira de cerca el tratamiento mediático de una serie de espeluznantes asesinatos en Londres a fines del siglo XIX.

     En el otoño de 1888 el barrio de los Muelles (East End) de Londres fue aterrorizado por los asesinatos cometidos por Jack el Destripador. Las víctimas de Jack no fueron simplemente asesinadas sino destripadas también, sugiriendo ser la obra de un carnicero experto. El conocimiento del público de que los judíos requerían matarifes rituales para su carne kosher, junto con el trasfondo de los asesinatos en el barrio de los Muelles de Londres, donde vivía la mayoría de la comunidad judía de Londres, llevó a la conclusión lógica pero políticamente peligrosa de que Jack the Ripper podría ser de hecho judío.

     Los judíos ya estaban enredados en la controversia acerca del modo en que ellos practicaban la matanza ritual de animales. Se había convertido en una norma el aturdir a los animales antes de matarlos, lo que la ley judía prohibía. Los defensores de ese método sostenían que matar animales de la manera en que lo hacían los carniceros kosher fomentaba la insensibilidad y la brutalidad en los hombres, como estaba siendo quizá demostrado por Jack. En un momento en que los judíos en Europa del Este eran acusados de asesinatos rituales, incluso la ilustrada Inglaterra estaba dispuesta a creer que sus judíos eran asesinos sanguinarios.

     La supuesta descripción de Jack, impresa en los periódicos, era: "barba oscura y bigote, chaqueta y pantalón oscuros, sombrero de fieltro negro, [y] habla con un acento extranjero". Cuando los periódicos imprimieron un retrato imaginado de Jack, sin embargo, ellos incluyeron un rasgo suplementario: una nariz curva, estereotípicamente judía. Una alta proporción de los sospechosos interrogados por la policía eran miembros de la comunidad judía y, por consiguiente, estallaron diversos disturbios anti-judíos en el barrio de los Muelles de Londres en ese tiempo. Como si incluso él no quisiera ser asociado con el judaísmo, Jack el Destripador finalmente escribió a Scotland Yard que él no era "un carnicero... ni un yid, ni siquiera un capitán de barco extranjero, sino vuestro propio alegre amigo. Atentamente, Jack the Ripper".


     Mientras que Jack el Destripador era un asesino real, de carne y hueso, del que muchos supusieron que era una especie de "vampiro" judío y un "carnicero", "Drácula" de Bram Stoker hizo uso de toda una multitud de tradiciones literarias y artísticas que apoyaban la terrible acusación de que los judíos eran de hecho parásitos sociales vampíricos. Las metáforas basadas en la sangre y los vampiros eran frecuentes en la ficción británica contemporánea durante el período de fin de siècle [XIX], donde muchos autores echaban mano a aspectos del Anticristo y a acusaciones de libelos de sangre que persiguieron a los judíos a lo largo de la Edad Media. Las imágenes gemelas del judío y el vampiro son visibles en personajes y libros como el hipnotizador Svengali de la novela "Trilby" de Du Maurier, cuyo poder para controlar a la heroína llega casi a lo diabólico, el cual podía ser visto como un descendiente directo del judío de pesadilla de los cristianos de la Edad Media.

     Una de las ilustraciones originales de "Trilby" representa a Svengali controlando a una hipnotizada Trilby que canta por orden suya (Du Maurier había sido un artista para la popular revista Punch durante muchos años antes de convertirse en un escritor, y él mismo ilustró sus libros). Trilby está en el escenario, levantada encima de todos, y su actitud, estando con sus manos juntas detrás de ella, es de servidumbre, incluso de tortura. La ilustración sugiere que Trilby es una figura de Cristo siendo crucificada por Svengali. Los contemporáneos de Du Maurier eran sensibles a las cualidades medievales del carácter de Svengali también. En producciones teatrales de "Trilby", el actor Herbert Beerbohm Tree, interpretando a Svengali, basó su descripción del villano de Du Maurier en viejas representaciones del diablo. El crítico de teatro William Archer comentó que el Svengali de Beerbohm Tree "descendía linealmente del Diablo de los Autos Sacramentales".


     Otros personajes representan estereotipos anti-judíos adicionales: el Melmotte de "The Way We Live Now" de Anthony Trollope representa al judío como el parásito financiero, "alimentado con la sangre de viudas y niños", y Constantine Schaube de "When It Was Dark" de Guy Thorne representa al moderno Anticristo cuyas tentativas de rechazar a Jesús y al cristianismo casi desatan el Armagedón. Es en "Drácula" de Stoker, sin embargo, donde la imagen del judío como vampiro y las ansiedades anti-judías de Gran Bretaña al comenzar el siglo XX se combinan muy naturalmente y de manera convincente, ya que el conde Drácula no es un monstruo medieval sino una metáfora de la modernidad y del anti-judaísmo británico.

     La conexión fundamental entre judíos y vampiros es la sangre, específicamente los libelos de sangre. Éstos forman un tema subyacente en Drácula. Aparte de los ataques contra las dos heroínas, Lucy y Mina, los vampiros de Stoker sólo son mostrados atacando a niños. Niños Gentiles (no-judíos) eran casi siempre las víctimas presentadas en los libelos de sangre, desde el tiempo de William de Norwich en 1144 hasta el de Mendel Beilis en 1911.

     La primera vez que el lector observa al conde Drácula volviendo de cazar, él lleva "un niño medio sofocado" en un bolso, que él se pone a compartir con sus tres esposas vampiras (Stoker, 53). Cuando Lucy se convierte en vampiro, sus víctimas son también niños. Antes de que los protagonistas logren someterla y estacarla, ellos la sorprenden cuando ella bebe de un "niño rubio" (Stoker, 256). Claramente, Stoker está consciente de las afirmaciones anti-judías hechas contra los judíos durante ese período, y saca ventaja de ellas en su presentación del monstruoso y sanguinario Drácula.

     Incluso sin acusaciones de libelo de sangre ni persecución religiosa, sin embargo, los británicos mantenían muchas ansiedades y prejuicios con respecto a los judíos. Esos miedos fueron exacerbados cuando la población judía más que se duplicó en el último cuarto del siglo XIX debido a la inmigración desde Europa del Este.

     Esa ola de inmigrantes llegó durante la Gran Depresión británica, y ellos eran típicamente descritos por la prensa como indigentes, que le robaban a los británicos sus empleos al aceptar trabajar por salarios inferiores. Según esos periodistas, al arrebatarles los empleos, el dinero, la comida y el alojamiento a los británicos nativos, los judíos no eran vistos sólo como competidores sino como parásitos, vampiros metafóricos que vivían drenando las oportunidades económicas más bien que sangre.

     El conde Drácula de Stoker, del mismo modo, no está simplemente tomado de las leyendas de la Edad Media o de las supersticiones de Europa del Este. Él encarna los problemas de finales del siglo XIX en Gran Bretaña, comenzando con la ola de inmigrantes que se derraman desde Europa del Este. De hecho, Drácula encarna tanto a los inmigrantes extranjeros más nuevos, como a los inmigrantes culturalmente asimilados de generaciones anteriores. El conde Drácula llega desde Transilvania, descrita como un país atrasado y supersticioso. Sin embargo, él también tiene un asombroso parecido con los inmigrantes alemanes más antiguos, exhibiendo muchos atributos de la Europa Occidental: maneras refinadas, organización y puntualidad. Como todos los inmigrantes, Drácula procura integrarse en su sociedad anfitriona mediante el cuidadoso estudio de su idioma y sus costumbres. En su primera reunión con Harker, la mayor preocupación de Drácula es descubrir si su grado de dominio del inglés y su pronunciación lo señalarían como un extranjero en Inglaterra (Stoker, 28-29).

     Sin embargo, los orígenes de Drácula son explícitamente de Europa del Este. En contraste con los más antiguos, más ricos y más asimilados inmigrantes alemanes, los inmigrantes judíos de Europa del Este eran a menudo pobres y con frecuencia eran acusados de carecer de hábitos higiénicos, y de tener viviendas malolientes y pobremente mantenidas. Cuando los héroes irrumpen en la casa de Drácula en Londres, ellos se quejan de que "el lugar olía... de manera vil... [dando a entender] que el conde había estado usando el lugar bastante libremente" (Stoker, 356).

     Los judíos más ricos y más establecidos eran vistos como parásitos por motivos que se diferenciaban de aquellos asociados con los inmigrantes recientes. Los detractores los acusaban de usar su riqueza a fin de ganar el control del gobierno y adquirir posiciones de poder. Durante el curso del siglo, la aristocracia británica había estado perdiendo su riqueza y poder. Los barones de la industria y el comercio, entre los que se incluían banqueros y hombres de negocios judíos, eran capaces de imitar los estilos de vida de los aristócratas, incluyendo la posesión de enormes propiedades y cómodas casas de campo. Los millonarios judíos encontraron cada vez más fácil ser nombrados Caballeros, y los judíos ennoblecidos eran prominentes en la Corte de Eduardo VII. La aristocracia había sido considerada como central en la identidad británica, las tradiciones establecidas y el poder en el gobierno.

     Cuando los judíos consiguieron rangos tan altos, otros se sintieron amenazados y se enfurecieron contra ellos. En 1891 un periódico, el Labor Leader, se refirió a la familia bancaria de los Rothschild como "sanguijuelas [que] durante años se habían aferrado como hinchados succionadores al cuerpo político de Europa". Según el reportero, los Rothschild y otros judíos ricos como ellos estaban drenando a Gran Bretaña de su riqueza y prestigio, y dejándola incapaz de mantener su posición en la escena mundial. Claramente, a pesar de su apoyo general a los judíos, los periódicos británicos estaban también todavía inclinados a publicar acusaciones tendenciosas que repetían más acusaciones literales del libelo de sangre de siglos pasados.

     El conde Drácula es una encarnación fiel de la caricatura de los judíos como avaros y parasitarios, colocando el dinero sobre todo lo demás. A pesar de sus capacidades sobrenaturales, Drácula es esencialmente un carácter comercial. Su primera acción en el libro (mientras todavía está disfrazado como un cochero) es marcar los sitios del tesoro enterrado. Su siguiente acción es revisar los hechos de la compra y otros asuntos comerciales con Harker en Transilvania en representación de los abogados de Drácula en Gran Bretaña. Mientras cenaba en el Castillo Drácula, Harker nota que "el servicio de la mesa es de oro", una ostentosa muestra de riqueza similar a aquella de que eran acusados los banqueros judíos y los nuevos ricos (Stoker, 27). Cuando Harker explora el castillo, él encuentra un cuarto lleno de "un gran montón de oro... de todas las clases, romano, y británico, y austríaco, y húngaro, y griego y turco" (Stoker, 63). Tal como el financiero judío moderno, Dracula hace negocios y cosecha la ganancia de todo el mundo.

     La escena más significativa, sin embargo, aparece hacia el final de la novela. En ella, los héroes tienen a Drácula arrinconado, y Harker lo ataca con un cuchillo. No apuñalado,

     "la punta del cuchillo sólo cortó la tela del abrigo de Drácula, haciendo un amplia rasgadura de donde cayeron un bulto de billetes de banco y mucho oro. El instante siguiente, con una sinuosa zambullida él se deslizó bajo el brazo de Harker... y, agarrando un puñado del dinero del suelo, corrió a través del cuarto" (Stoker, 364).

     Esta demostración de poner la preservación del dinero de alguien a la par con la preservación de la propia vida muestra que los estereotipos en cuanto a los judíos y su dinero estaban bien vivos a finales del siglo XIX, y representados en el personaje ficticio de Drácula, haciéndolos parecer realmente monstruosos.

     Los enojados observadores que creían que los judíos se habían apoderado de las finanzas del país sintieron que éstos se habían apoderado también del futuro político del país. Un periódico contemporáneo advirtió que "con el cetro de las finanzas el judío también domina la política del mundo... dirigiendo los movimientos religiosos y morales en la sociedad en nuestro día, y... forjando [nuestras] cadenas".

     Un poderoso ejemplo del ambiente de sospecha que se apoderó de las presunciones de alguna gente acerca del liderazgo político judío es el caso de Benjamin Disraeli. Aunque bautizado a la edad de trece años, los pares de Benjamin Disraeli lo seguían considerando como un judío [porque entendían que era un asunto racial y no de credos]. Una historieta política lo retrataba como Fagin, el célebre bandido judío de "Oliver Twist" de Dickens, ejerciendo el poder deshonestamente y corrompiendo a aquellos alrededor de él. Además, los observadores usaron antiguas acusaciones anti-judías, y atribuyeron poderes medievales y ocultos a Disraeli, explicando su éxito en la política por la magia y el poder satánico. Como Primer Ministro a finales de la década de 1870, él fue acusado de ponerse contra los rusos en la crisis otomana y de amenazar potencialmente a los británicos con una guerra, únicamente a fin de satisfacer la ambición judía y vengar el maltrato que Rusia dio a los judíos.

     Esos temores a una lealtad dividida se intensificaron con la creciente competencia económica y política con Alemania. ¿Podían los británicos confiar en la lealtad de sus ciudadanos judíos, establecidos o recientes? Los nuevos inmigrantes eran personas desarraigadas, y los que se habían establecido en su mayoría tenían raíces en Alemania. Sus negocios e intereses políticos, su sed de riqueza y poder ¿los llevarían a traicionar a Gran Bretaña si Alemania les ofreciera suficientes incentivos? Los anti-judíos veían a los judíos, muchos de los cuales tenían parientes en Alemania, como una quinta-columna para el Káiser.

     Los anti-extranjeros temían que los judíos mantuvieran lealtad hacia otros países además de Gran Bretaña. Los pensadores anti-judíos estaban convencidos de que, ya sea como inmigrantes o como financieros internacionales, los judíos estaban obligados a tener aliados por todo el mundo, tan ricos y poderosos como ellos mismos, que los ayudaran a llevar adelante planes para su ventaja personal en vez de para el bien de la nación. Esa pesadilla ciertamente se hace verdadera con la representación que hace Stoker de Drácula como un símbolo de la avaricia judía y del interés propio. Drácula coloca su lealtad dondequiera que satisfaga su conveniencia.

     Hablando tanto alemán como inglés tan fácilmente como su lengua nativa (Stoker, 16, 23), Drácula tiene las capacidades necesarias para unir fuerzas con Alemania, el principal rival de Inglaterra, si él así lo desea. De hecho, cuando se va a Gran Bretaña, Drácula contrata la ayuda de un judío alemán apellidado Hildesheim, "un hebreo de tipo Adelphi Theatre [de Londres; es decir, caricaturesco], con una nariz como la de una oveja" que debe ser naturalmente sobornado a fin de ayudar a los héroes de Stoker (Stoker, 413). De manera significativa, el único personaje abiertamente judío en la novela no es ni británico ni está del lado de los héroes, reforzando la acusación anti-judía de que de los judíos no puede esperarse que presten ayuda únicamente para ayudar al interés nacional, independientemente de su ganancia personal y pecuniaria.

     Los judíos siguieron siendo demonizados por su país anfitrión, pero debido al legado de la Era de la Ilustración y al predominio de la racionalidad y las ciencias, los paradigmas habían cambiado. Las racionalizaciones para la persecución se basaban cada vez más en la ciencia más bien que en la religión. En vez de adorar al diablo y realizar magia negra, los judíos fueron vilipendiados por su sangre, la supuesta localización de la raza y la herencia. A los ojos de los científicos de fin de siècle, el grupo sanguíneo lo dictaba todo, desde los atributos físicos hasta los tipos de personalidad y capacidad para el juicio moral. Según los principios del Darwinismo Social, el grupo sanguíneo de alguien determinaba su futuro, haciendo imposible evitar la pobreza, el delito o la inmoralidad por medio de la educación o cambios en las circunstancias.

     Un vástago de ese pensamiento, conocido como Antropología Criminal, se hizo muy conocido en la década de 1870, cuando uno de sus fundadores, el [judío] italiano Cesare Lombroso, popularizó la idea de que los criminales podían ser reconocidos por ciertas características físicas. Esas marcas físicas incluían la forma del cráneo, las orejas y narices "como el pico de un ave de rapiña", y también la estereotípica nariz judía vista en el boceto de Jack the Ripper.

     La nariz, con sus implicaciones de propensión criminal, era sólo uno de una buena cantidad de atributos físicos negativos atribuídos a los judíos. Ellos fueron retratados como de pies planos, físicamente débiles, y acosados por enfermedades. Eso significaba para sus acusadores que los judíos no sólo eran incapaces de contribuír a la sociedad británica más amplia sino que ellos también representaban una amenaza para la salud física de la población en general. Ésa era otra característica que ellos compartían con el vampiro, cuyo otro nombre, "nosferatu", significa "portador de plaga".

     La nariz del conde Drácula, "una [nariz] muy fuerte... aquilina, con un alto puente y fosas nasales peculiarmente arqueadas", etiquetada constantemente a través de todo el libro como ganchuda o "picuda", es de manera simultánea estereotípicamente judía y criminal, como en el retrato imaginado de Jack el Destripador (Stoker, 25, 215). La propia Mina Harker declara que Drácula es "un criminal y del tipo criminal. Nordau y Lombroso lo clasificarían así" (Stoker, 403). De hecho, la descripción que hace Stoker de la nariz aguileña del conde, sus pobladas cejas, sus orejas puntudas, sus agudos dientes y sus feos dedos, podría haber sido tomada directamente del libro L'Uomo Delinquente (1876; Criminal Man, 1911) de Lombroso.

     Lo que los británicos más temían era que sus ciudadanos judíos estuvieran contribuyendo a la degeneración de la nación. La Guerra de los Bóers había resultado ser una línea divisoria tanto en el pensamiento científico como en el anti-judío. Una gran proporción de voluntarios para la Guerra de los Bóers fue rechazada porque su peso, altura y salud resultaron ser de calidad inferior. La guerra misma había resultado, además, ser más difícil de ganar que lo esperado. La experiencia de la Guerra de los Bóers pareció indicar que Gran Bretaña estaba en peligro de degenerar como una nación que ya no podría competir en las escenas imperial e internacional, ambas intrínsecas al prestigio británico, y pareció conveniente culpar a los judíos por ello.

     Comenzaron a aparecer argumentos de que era esencial para Gran Bretaña desarrollar una ciudadanía racialmente apta, capaz de luchar por el Imperio. Según esos argumentos, los judíos, con su reputación de debilidad y enfermedad, no podían contribuír a ese fondo de ciudadanos-soldados. Además, sostenían algunos, ellos muy probablemente podrían hundir a los británicos sanos con ellos. Aquél era el preocupante espectro del mestizaje, de combinar la sangre inferior con la sangre racialmente pura para producir un pueblo viciado y degenerado. Ese miedo hizo que los judíos parecieran ser "vampiros" biológicos así como parásitos económicos y del poder.

     El argumento era que los judíos podrían infectar y debilitar a la gente completamente, tal como el vampiro depreda y mata a sus víctimas, o ellos podrían mezclarse con el pueblo y combinar sus sangres y provocar la degeneración, tal como el vampiro mezcla su sangre con la de su víctima para aumentar la población de vampiros.

     Lo que hace de "Drácula" un documento tan rico para los estudiosos es el hecho de que es una historia moderna con un escenario moderno. Sólo una pequeña parte de la acción transcurre en la remota y atemporal Transilvania; el resto está ambientado en el Londres metropolitano, la capital de Gran Bretaña, y por inferencia, en el centro de la cultura moderna. La mitad de los héroes son profesionales: dos médicos y un abogado, mientras incluso la esposa de Jonathan Harker, Mina, puede usar una máquina de escribir y también escribir taquigrafía. Es su modernidad y su creencia en la ciencia la que permite que ellos derroten a Drácula; por ejemplo, él no puede leer taquigrafía, la escritura en la cual varios de los personajes se comunican.

     Drácula representa una amenaza científica a ojos de los héroes, a saber, la amenaza de instigar la degeneración de Gran Bretaña, donde, "quizás, durante los siglos por venir, él podría, entre sus muchos millones de ciudadanos... crear un círculo nuevo y siempre creciente de semi-demonios" (Stoker, 67). La ciencia, sin embargo, también permite que los héroes clasifiquen y posteriormente derroten a Drácula. Los protagonistas son firmes creyentes en la antropología criminal.

     Una vez que Drácula ha sido reducido a la ciencia, él puede ser vencido científicamente. El lenguaje de Stoker es muy provocativo. Sus héroes "esterilizan" los ataúdes de Drácula que contienen su tierra nativa con hostias a fin de impedirle encontrar refugio durante el día (Stoker, 354). Después, ellos viajan a Transilvania para destruír el castillo de Drácula, la fuente de la infestación del vampiro. Ellos hacen al conde lo que los darwinistas sociales abogaban que había que hacer a los criminales hereditarios: esterilizarlos por medio de la eugenesia aplicada. Todo el mal y el peligro sugeridos por los temores acerca de inmigrantes foráneos, encarnados por Drácula, son expulsados de Inglaterra y destruídos. En las palabras de un comentarista, Drácula es "exterminado".


     En el momento de la publicación de la novela en 1897, el conde Drácula era sólo uno más en una larga línea de vampiros ficticios. Sin embargo, Drácula se diferenció de sus antepasados más tempranos en algunas importantes maneras. Como se describe en la enciclopedia de Gordon Melton de vampiros en el mito, la literatura y el cine, desde "Lord Ruthven" de Polidori en 1819, "Varney el Vampiro" de Rymer en la década de 1840, hasta "Carmilla" de Le Fanu en 1872, cualquiera fuera su amenaza, los vampiros típicamente habían pertenecido a los círculos sociales de los que ellos hacían presa, no peores que un decadente aristócrata local. Los orígenes de Varney en particular son explícitamente británicos.

     El conde Drácula, por otra parte, no pertenece a la sociedad que él amenaza. Él es un forastero, específicamente un inmigrante de Europa del Este justo cuando grandes cantidades de judíos de Europa del Este estaban llegando a las costas de Inglaterra. La iconografía cristiana no había estado enfatizada en la ficción del vampiro antes en ese siglo. Los crucifijos y las hostias, sin embargo, figuran de manera destacada al combatirse a Drácula, en un momento en que una comunidad religiosa que no abrazaba el cristianismo —los judíos— estaba en aumento. Drácula encarnaba al judío foráneo y parásito que habitaba la imaginación de hombres de negocios británicos y eugenetistas, que fue expulsado y efectivamente prohibido de entrar de nuevo en Gran Bretaña, cuando la Ley de Extranjeros de 1905 (Aliens Act 1905) prohibiría a los judíos inmigrar durante más de una década.–



Obras Consultadas


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—Rosenberg, Edgar. From Shylock to Svengali: Jewish Stereotypes in English Fiction. Stanford, 1960.

—Senf, Carol. "Dracula: The Unseen Face in the Mirror". Dracula: The Vampire and the Critics. Ed. Margaret Carter. Londres, 1988.
—Stoker, Bram. Dracula. 1897. New York, 1993.
—Strack, Herman. The Jew and Human Sacrifice: An Historical and Sociological Inquiry. Londres, 1898.
—Thorne, Guy. When It Was Dark. London, 1903.
—Trachtenberg, Joshua. The Devil and the Jews: The Medieval Conception of the Jews and its Relation to Modern Anti-Semitism. Nueva York, 1943.
—Trollope, Anthony. The Way We Live Now. 1875. Nueva York, 1974.
—Walkowitz, Judith. City of Dreadful Delight: Narratives of Sexual Danger in Late-Victorian London. Chicago, 1992.
—Webb, R. K. Modern England: From the Eighteenth Century to the Present. Nueva York, 1968.
—Zanger, Jules. "A Sympathetic Vibration: Dracula and the Jews". English Literature in Transition, 1880-1920. (1991) pp. 33-44.


* * * * *

La Política del Vampiro
por Peter Rogerson
2 de Mayo de 2011


     Sara Libby Robinson (Blood Will Tell: Vampires as Political Metaphors Before World War I, 2011) muestra allí cómo la imagen del vampiro surgió en Europa Occidental en el siglo XVIII, cómo durante el período entre 1870 y 1914 dicha imagen fue usada por una variedad de grupos políticos y sociales para estigmatizar a sus enemigos, y cómo aquella imagen actuó como un símbolo para expresar una variedad de temores sociales y pánicos morales.

     Ella sostiene que hay profundas vinculaciones entre la imagen del vampiro presentada en la literatura y el simbolismo de Europa Occidental con el conocido libelo de sangre anti-judío (la idea de que los judíos usaban la sangre de "gentiles" en sus ceremonias de Pascua), y con las imágenes anti-judías más amplias del judaísmo como una religión muerta que no acepta aquello. Algunos de esos temas, argumenta ella, fueron tomados más tarde por escritores anti-católicos, los que también presentaron al catolicismo como una muerta religión de antiguas supersticiones.

     Ella rastrea los usos hechos de la imagen del vampiro por diversas fuerzas sociales y políticas. Tanto la Izquierda como la Derecha usaron dicha imagen, y así entre aquellos que fueron asociados con la imagen del vampiro hubo diversos grupos tales como anarquistas y capitalistas, propietarios anglo-irlandeses de tierras y nacionalistas irlandeses, y europeos del Este, a menudo judíos, inmigrantes y "nuevas mujeres" sexualmente agresivas.

     Los temores por la inmigración extranjera llegaron a ser asociados con ideas pseudo-darwinianas de degeneración racial y el papel de la sangre. La naturaleza "infecciosa" del vampirismo, y la idea de que los vampiros pueden contaminar la sangre con su mordedura, calzan naturalmente aquí. Los vampiros también fueron asociados con la mala herencia genética.

     Al final del libro Sara Robinson señala que en años recientes el vampiro de la leyenda ha vuelto a sus comienzos campesinos, cuando los vampiros eran parias sociales entre la comunidad local general y rompedores de diversos tabúes. Ellos son presentados ahora como drogadictos o criminales callejeros.

     Un grupo social no mencionado en su estudio que fue asociado con el vampirismo fue la aristocracia, lo cual es curioso dado que la mayoría de los vampiros presentados en la tradición literaria occidental eran aristócratas. La opinión radical en el siglo XIX veía a la aristocracia y a los rentistas como vampiros que vivían del trabajo de las "clases productivas", las que incluían tanto a trabajadores como a fabricantes. El tema del cruel aristócrata que oprime, asesina y se come a la clase campesina circundante era común en el folklore, reforzado con cuentos de las presuntas depredaciones de Elizabeth Báthory [1] y Gilles de Rais [2].

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Erzs%C3%A9bet_B%C3%A1thory
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Gilles_de_Rais

     Esas anti-aristocráticas leyendas de sangre tienen realmente algunos puntos de similitud con el "libelo de sangre" anti-judío [3]. Aquéllas pueden estar relacionadas con nociones más generales de temidos "otros" canibalísticos y comedores de bebés que pueden ser aplicadas a numerosos grupos. Esas nociones más generales aparecen junto al libelo de sangre en varias teorías acerca de Jack el Destripador, en las cuales Jack es presentado como un judío (incluso como un matarife ritual) o como un aristócrata degenerado (como el duque de Clarence), o por lo menos como alguien ilustre.

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Libelo_de_sangre

     El folklore en el África colonial presentaba a los europeos como chupadores de sangre, mientras los europeos veían a los africanos como "salvajes caníbales". Incluso hoy los elementos de esa leyenda más general de sangre persisten en, por ejemplo, la cobertura de prensa del caso de Madeleine McCann [4], que giró alrededor de la idea de extranjeros morenos que secuestran hermosos niños arios para mejorar su linaje sanguíneo, hasta ubicuos alienígenas "grises" que se dice que secuestran gente para mejorar su línea genética en decadencia.

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Desaparici%C3%B3n_de_Madeleine_McCann

     Robinson admite que ella tiene poco interés persistente por los vampiros y que encontró la novela "Drácula" particularmente difícil de leer, y está claro a partir de su libro que su verdadero interés está en la historia de las imágenes anti-judías y en los debates alrededor de la inmigración, y hay que decir que su informe más de una vez se aleja del tema a mano, y quizá para ver imágenes anti-judías donde no se pretendió. El conde Drácula después de todo era un aristócrata húngaro y no un judío ruso.

     De algún modo la imagen del vampiro era exactamente la opuesta de la del "desarraigado judío cosmopolita" de muchas imágenes anti-judías del período, una cabeza de turco para los presuntos pecados de la modernidad. Los vampiros son cualquier cosa menos modernos; ellos son cosas muertas de la Historia que no aceptarán su derrota y depredarán a los vivos, parte de un conjunto mayor de imágenes que vinculan la Historia con la tierra estéril.

     En efecto, Drácula es una fuerza arcaica del páramo de la Historia que el moderno mundo secular de la razón a la luz del día y el sentido común no tiene ni los medios de comprender ni de combatir. Él simplemente adopta la manera del moderno mundo de la legalidad a fin de subvertirlo y dominarlo para restaurar su antiguo despotismo.–




1 comentario:

  1. El inconsciente del hombre trata de protegerlo de los peligros que representa esta gabela de agiotistas chupasangre, que llegan a las naciones cambiándose los apellidos para camuflarse entre los nativos, incrustarse entre la sociedad y hacer mas fácil el proceso hematófago y hablo de inconsciente porque el arquetipo psicológico que poseemos cada uno sin importar la raza, nos previene con una profunda antipatía, que ni nosotros mismos somos capaces de explicar. Como leyó de bien Hitler el peligro que representa esta "raza" para las naciones. Todos los países deberían poseer su partido NACIONAL-SOCIALISTA.

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