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miércoles, 8 de marzo de 2017

Cómo los Vampiros Llegaron a Ser Judíos



     Enlazando con la entrada anterior, el siguiente es un artículo de 2009 escrito por el psicólogo y profesor rumano de Psicología establecido en Estados Unidos Peter Dan (1947). Lo hemos puesto en castellano (How Vampires Became Jewish) tomado desde su sitio peterdanpsychology.ro ya que es interesante y aclarador cómo cuenta todas las vinculaciones que se han establecido históricamente y las analogías psíquicas entre los vampiros y los judíos, incluso contemporáneamente.


Cómo los Vampiros Llegaron a Ser Judíos
por Peter Dan, 2009



Resumen: La conexión entre el estereotipo anti-judío y la imagen del vampiro es examinada teniendo en cuenta los factores psicológicos e históricos involucrados. El vínculo simbólico entre judíos y sangre a través de una historia de "libelos de sangre" y la descripción de los judíos como extranjeros y parásitos son vistos como los temas principales que permitieron la combinación de ambas imágenes. Se examina además  la evolución de los estereotipos anti-judíos modernos.


     Uno puede establecer muchos paralelos entre el estereotipo anti-judío del judío y la imagen del vampiro: ambos son parásitos y drenan la fuerza vital del anfitrión: en el caso del vampiro, de su víctima, y en caso de los judíos, de una nación involuntaria. Ambos tienen una conexión simbólica con la sangre, y contactarse con cualquiera de ellos corrompe la sangre. El Judío Eterno (el Der Ewige Jude de la propaganda nacionalsocialista) y el vampiro representan formas diferentes de inmortalidad: los judíos prácticamente no se han modificado desde el principio del tiempo, y los vampiros no pueden morir por sí mismos. Ellos tienen ciertas características físicas en común: palidez y un aspecto generalmente malsano, el llevar puestas ropas negras y aborrecer la cruz, el agua bendita y otros símbolos del cristianismo.

     Trataremos de mostrar que lejos de ser coincidentes, esas semejanzas son el resultado de una convergencia que ocurrió al final de siglo XIX entre el estereotipo anti-semita de los judíos y la imagen del vampiro. Aquello no llevó a una superposición completa sino más bien a una multitud de claves compartidas de identidad, y eso funcionó indirectamente, mediante indicios y alusiones, permitiendo la transferencia de sentimientos negativos entre las dos imágenes.


Demonios y Vampiros Chupadores de Sangre

     Los humanos son la única especie con conciencia de su propia mortalidad. Esto ha conducido naturalmente a una búsqueda para vencerla. Conseguir la inmortalidad ha sido una aspiración perdurable de la especie humana, presente en una forma u otra en todas las principales religiones y en nuestras más tempranas epopeyas registradas.

     Una de las principales funciones de la cultura, según Ernest Becker (Escape from Evil, 1976), es aliviar el horror de esa última soledad —la muerte— ofreciendo la alternativa de la inmortalidad simbólica. La inmortalidad simbólica puede ser alcanzada obteniendo fama, fortuna y poder, ya sea directamente o asociándose con alguien que los haya obtenido, o uniéndose a un movimiento social que busca algún objetivo transcendental, como la mayor gloria de la Patria. La búsqueda de símbolos de inmortalidad es una tarea que apoya y valida la cultura que la genera. Por otra parte, la búsqueda individual de la verdadera inmortalidad representa un desafío a la cultura porque pone en cuestionamiento uno de sus objetivos principales: la negación de la muerte.

     Por eso, representada simbólicamente por el deseo de ser como los dioses o de engañar a la muerte, dicha búsqueda por lo general toma la forma de un cuento aleccionador. El mito del vampiro es un ejemplo, y ya que está presente en una forma u otra en la mayoría de —si no en todas— las culturas, un punto de vista evolutivo sugeriría que aquello debiera tener un papel adaptativo. Se trata de una advertencia sobre los peligros de obtener la inmortalidad fuera del sistema cultural de valores, animando a la gente a buscar la inmortalidad simbólica con medios culturalmente aprobados más bien que la inmortalidad física. El cuerpo de un vampiro no muere, pero su alma cautiva está condenada.

     La etimología de la palabra "vampiro" es confusa, relacionada probablemente con el antiguo término ruso "Upir". En servio la palabra es "Vampir", y pasó en esa forma al idioma alemán después de que la histeria relacionada con los vampiros de 1725-1730 obligó a la burocracia austriaca a escribir informes oficiales en alemán. El término inglés "vampire" y el francés "vampyre" se derivan de la versión alemana de la palabra.

     Como se mencionó, la creencia en seres demoníacos que beben sangre parece universal y está presente en todas las culturas antiguas. El "Asanbosam" de dientes de hierro de los Ashanti africanos es un ser vampírico que caza a la gente desde los árboles. El chino "Pinyin" mata a los vivos privándolos de su esencia de vida. El filipino "Mandurugo", el malasio "Pennanggallan" y el indonesio "Leyak" se alimentan de mujeres embarazadas o de sus niños. En India, la diosa Kali está vinculada a la bebida de la sangre, y los "vetalas" son espíritus malignos no-muertos que poseen cuerpos. La colombiana "Tunda" y el "Soucouyant" de Trinidad son monstruos femeninos, mientras que las aztecas "Cihuateteo", los espíritus de aquellas que murieron en el parto, roban niños y vuelven locos a los vivos seduciéndolos.

     Los antiguos persas representaron a demonios bebedores de sangre en sus cerámicas. La diosa babilónica Lamashtu es descrita como "un monstruo comedor de carne y bebedor de sangre" que se alimenta de mujeres embarazadas, bebe la sangre de bebés recién nacidos y se los come. El relacionado mito babilónico y/o sumerio de Lilitu, que está en el origen del mito judío de Lilith, también describe a un depredador sexual femenino, un demonio que se alimenta de la sangre de bebés En la mitología griega, Lamia se alimenta de niños que duermen, y Empusa seduce a los hombres antes de beber su sangre. En la mitología romana los "strix" (del griego "striges") son los no-muertos; los "strigoi" rumanos son sus descendientes directos.

     En la Inglaterra del siglo XII, historias de personas que regresaban desde los muertos pueden ser encontradas en los escritos de Walter Map y William de Newburgh. A fines del siglo XV y principios del XVI fueron impresos como folletos relatos de la sangrienta campaña en Transilvania de Vlad el Empalador, por ejemplo por Ambrosius Huber de Núremberg en 1499, cuya portada dice: "Aquí comienza la muy cruel y espantosa historia sobre un salvaje y sanguinario hombre, el príncipe Drácula". En varios otros folletos, Vlad es llamado "Príncipe Drácula, el Gran Berserker". La literatura popular mantuvo vivo el espectro de Drácula, el sanguinario monstruo, y su conexión con Vlad el Empalador.

     Durante las décadas de 1720 y 1730 la histeria por los vampiros se extendió a través de Europa del Este, lo que llevó a la profanación de las tumbas de aquellos que se sospechaba que eran vampiros y a clavar estacas en sus corazones en un esfuerzo para desterrarlos para siempre. En Servia, los casos de Peter Plogojowitz, Arnold Paole y Sava Savannovic ganaron notoriedad, obligando a la Emperatriz Maria Teresa a enviar a su propio médico, Gerard van Swieten, a investigar. Él concluyó que los vampiros no existían, pero Voltaire discrepó:

     "Esos vampiros eran cadáveres que salían de sus tumbas por la noche para sorber la sangre de los vivos, en sus gargantas o estómagos, después de lo cual ellos volvían a sus cementerios. Las personas así afectadas se debilitaban, se ponían pálidas y empezaban a consumirse, mientras los cadáveres bebedores de sangre se ponían gordos, sonrosados, y disfrutaban de un apetito excelente. Fue en Polonia, Hungría, Silesia, Moravia, Austria y Lorena que los muertos conseguían esa gran alegría" (Voltaire, A Philosophical Dictionary, 1901, 10 vols., artículo "Vampiros").

     Un siglo más tarde, en Rhode Island fue exhumado el cuerpo de Mercy Brown, de la que se sospechaba que era un vampiro y la causa de la enfermedad de su hermano. Su corazón le fue removido, quemado, y las cenizas usadas en una mezcla con la que se alimentó a su hermano. Él murió de todos modos.

     Los orígenes del moderno fenómeno cultural del vampiro pueden ser remontados al período del Romanticismo. "The Vampyre: A Tale" (1819) de John W. Polidori fue la primera publicación inglesa de una historia de vampiros, seguida en 1847 por "Varney the Vampire or The Feast of Blood" de James Malcolm Rymer, y en 1872 por "Carmilla" de Sheridan Le Fanu. "Drácula" de Bram Stoker fue publicada en 1897 y dicha novela comenzó una manía por los vampiros que continúa hasta este día. ¿Cuáles son los motivos de ese duradero interés?.


El Simbolismo Psicológico del Vampiro

     Desde un punto de vista psicológico, el vampiro representa poderosos conflictos, como notó Ernest Jones (On the Nightmare, 1951). La idea del regreso de un ser amado puede despertar conflictos centrados en el amor, el odio, la culpa y la negación de la muerte. Cuando el deseo de reunirse con un ser amado perdido está lleno de ansiedad, el deseo se mezcla con el miedo, y el amor con la agresión. El temor de destruír al ser querido y de ser herido, el deseo y la cólera sentida hacia el ser amado, todo es parte de la relación entre vampiro y víctima.

     El comportamiento del vampiro tiene connotaciones sexuales obvias: la penetración y el extraer sangre son referencias a la virginidad. El vampiro representa el atractivo de lo exótico, el peligro de entregarse al deseo. Él se introduce sigilosamente en el dormitorio de una doncella, y sus poderes seductores abruman a la vulnerable víctima. En un mundo dominado por las rígidas costumbres victorianas, permitirse ser seducido conduce a la destrucción completa: las mujeres que se entregan al conde Drácula se convierten en asesinas de niños y finalmente mueren. El aspecto de seducción en la relación entre vampiro y víctima ha sido enfatizado por algunos intérpretes del papel de Drácula, como por ejemplo, el actor francés Louis Jourdan.

     El vampiro es también un complejo símbolo ambivalente. Por cuanto el vampiro subsiste gracias al nutritivo fluído que sorbe, él es oralmente dependiente, como un bebé. Como tiene que morder para conseguir su comida, es oralmente agresivo como un bebé que muerde el pecho materno. Eso indica que el vampiro representa una regresión a una etapa muy temprana de la infancia: la dentición, cuando el conflicto es entre el deseo natural de morder y el deseo de recibir un continuado amor y el alimento. La exitosa solución de ese conflicto requiere que el niño logre el dominio sobre un deseo por primera vez en su vida. La desaprobación y el castigo que siguen al comportamiento mordedor, y las frustraciones asociadas con la retención de la alimentación y la percibida pérdida del amor, son incorporados en una estructura de personalidad en desarrollo —el "Yo Malo"— que es un depósito internalizado y posteriormente generalizado de patrones de conducta que provocan reacciones negativas. En este sentido, el vampiro representa el retorno de lo reprimido, la reaparición del Yo Malo.

    El vampiro es un ser parásito. Depende de los humanos para su alimentación, y sin embargo los mata. El miedo a destruír lo que uno ama es otra ansiedad profundamente asentada que tiene sus raíces en el temor del niño de que su cólera pueda causar daño a otros.

     Finalmente, el vampiro es extranjero, el otro en quien proyectamos nuestro temor a los foráneos y nuestras fantasías sexuales y violentas.


Los Judíos y la Sangre

     La sangre constituye la unión simbólica entre judíos y vampiros. La importancia simbólica de la sangre queda muy en claro en el Antiguo Testamento, como por ejemplo en Levitico 17:11: "Puesto que toda carne vive por la sangre que está en ella, yo se las he dado a ustedes en el altar para que puedan hacer una expiación por su vida, pues es la sangre la que hace expiación por el alma", y en Éxodo 24:8: "Entonces Moisés tomó la sangre, y roció con ella al pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Yahvé ha hecho con ustedes acerca de todas estas palabras", así como en el Nuevo Testamento, en Hebreos 9:22: "Y según la ley casi todas las cosas son purificadas con la sangre, y sin derramamiento de sangre no hay ninguna remisión de pecados", y en 1ª Juan 1:7, "Pero si andamos en la luz, del mismo modo que Él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado".

     La conexión entre judíos y sangre puede ser remontada a la maldición de la sangre en Mateo 27:25: "Respondió todo el pueblo y dijo: Caiga su sangre [de Jesús] sobre nosotros y sobre nuestros hijos", que constituye la base para el libelo de sangre: la acusación de realizar sacrificios humanos con el fin de obtener la sangre de la víctima para propósitos rituales. La función del libelo de sangre es validar y mantener creencias anti-judías centrales. Las acusaciones del libelo de sangre contra los judíos preceden al cristianismo: Apión de Alejandría (20 a.C.–45 d.C.) acusó a los judíos de engordar anualmente a un griego en el Templo para ofrecer su cuerpo como un sacrificio, y ciertamente hay una historia islámica de libelo de sangre (Amasya 1545, Damasco 1840, Rodas 1840), pero las acusaciones del libelo de sangre comenzaron a proliferar en Europa después del siglo XII.

     Típicamente, la muerte inexplicada o la desaparición de un niño cristiano eran seguidas de la acusación de que los judíos habían asesinado al niño en una recración de la Crucifixión, y que habían recolectado su sangre para ser usada como un componente esencial del pan Matzoth de la Pascua, o como un remedio para algunas misteriosas dolencias típica de los judíos. Se cree que los judíos sufren de hemorragias (Thomas de Monmouth, 1173, The Life and Miracles of William), o que los varones judíos tienen una menstruación (Isaac Tyrnau, Sefer ha-Minhagim, Libro de las Costumbres, 1566), y necesitan beber la sangre cristiana (solo sanguine Christiano) como un único remedio (remedium).

     «Además, se dice que las comunidades judías echan a suertes la decisión de "qué congregación o ciudad matará a los cristianos... tal como matamos a Cristo" a fin de "enviar la sangre cristiana a las otras congregaciones"» (Thomas de Monmouth, The Life and Miracles of William, 1173). Note cómo el mito de una conspiración judía mundial es añadido para amplificar el concepto de culpa colectiva, y al mismo tiempo servir como una explicación para la reaparición aparentemente azarosa del libelo de sangre alrededor de la Pascua.

     La prueba del libelo de sangre era o bien considerada obvia, obtenida mediante tortura (Tyrnau en Austria 1484, Bazin en Irán 1529, Rodas 1840, Siria 1840), o demostrada por un milagro ((Margraviado de Baden 1267, Alsacia 1270, Oberwesel 1286), y era a veces seguida de una masacre (Norwich 1144, Blois 1171, y Trentino 1475). Hacia 1532, el libelo de sangre había llegado a ser parte de la cultura popular: Chaucer en el "Cuento de la Abadesa" describe la muerte, a manos de los judíos, del pequeño santo Hugh de Lincoln, que había ocurrido 200 años antes. La Jewish Encyclopedia enumera 121 casos documentados del libelo de sangre entre 1144 y 1900.


Judíos y Vampiros: la Convergencia de Estereotipos

     Con el advenimiento del anti-judaísmo racial, el concepto de los judíos como una raza más bien que como una religión llevó a la aparición de una imagen estereotípica del judío que enfatizaba los defectos percibidos como signos de inferioridad biológica. Édouard Drumont (La France Juive, 1886) destaca que el judío tiene "una nariz curvada, ojos parpadeantes, dientes apretadamente juntos, orejas salientes, uñas cuadradas más bien que almendradas, un torso demasiado largo, pies planos, el tobillo girado mucho hacia afuera, un brazo a menudo más corto que el otro... y la suave y tierna mano del hipócrita o del traidor" (Drumont, p. 34). Él también cita la descripción de Lavalier [?] de las características físicas del judío: "La cara pálida, la nariz curva, los ojos hundidos, la nariz prominente, el pronunciado desarrollo de los músculos constrictores de la boca, el cabello crespo, rojo u oscuro, la barba escasa, normalmente indicativo de un temperamento afeminado" (Ibid.).

     Un estereotipo alternativo es el del judío hinchado, que conserva la nariz ganchuda, orejas salientes, labios gruesos y barba, y por lo general representa a un predador hombre de negocios. Como ha mostrado Andrei Oisteanu (Inventing the Jew, 2009), hay muchas imágenes del "judío imaginario" y conjuntos de creencias asociadas con ellas dentro de la misma cultura, que se diferencian en varios grados del "judío real". Los estereotipos descritos fueron los dominantes en Europa Occidental, dentro de una mentalidad anti-judía.

     Los judíos son vistos como debilitantes de la nación anfitriona de su energía vital. Ellos son, en palabras de Édouard Drumont "como una mala ave que ocupa el nido que otras han construído". A causa de su capacidad para adaptarse a la mayor parte de las sociedades y todavía permanecer inalterados, los judíos son vistos como poseedores de una inmortalidad simbólica obtenida en perjuicio de otras naciones. Las comparaciones de los judíos con parásitos, incluyendo chupadores de sangre como sanguijuelas, piojos, bichos de cama, etc., han sido comunes. Karl Lueger, el alcalde de Viena entre 1897 y 1910, un hombre al que Hitler llamó "una inspiración", se refería al judío como "Blutsauger" (bloodsucker) una palabra que significa "sanguijuela" o "vampiro".



     Una historieta contemporánea publicada en Alemania ilustra la manera en la cual los temas anti-judíos religiosos y políticos se mezclan: allí de describe una figura tipo Satán, con cuernos y una barba puntuda, vestido con un traje negro adornado con una Estrella de David, que está de pie sobre la Tierra y sostiene una bandera mientras pone un pie formado como la garra de un ave sobre un hombre caído. Él sostiene una sangrienta cimitarra en su otra mano; detrás de él hay una cruz rota y al lado una corona caída. Otra historieta representa a los judíos vestidos con ropas negras cometiendo un asesinato ritual.


     Comentando acerca de los defectos físicos de los judíos, Drumont afirma que "la degradación física siempre sigue a la degradación moral, y aún más en el caso de los judíos". Éste era un recurrente tema anti-judío: con la sangre siendo vista como la localización de la herencia genética y de la raza, la mezcla, por lo tanto, de la inferior sangre judía con la sangre superior de la nación anfitriona era vista como necesariamente causante de degeneración. Tal como la mordedura del vampiro lleva el contagio junto con ella, el contacto con los judíos corrompe la sangre. En este contexto las descripciones de los judíos como depredadores sexuales sugieren que los judíos están determinados a socavar racialmente a la nación anfitriona. La relación entre vampiro y víctima tiene su paralelo en la relación entre la nación anfitriona y los judíos.

     Según Bering (1992), una creencia anti-judía principal es que "los judíos llevan el desastre sobre sus sociedades anfitrionas o sobre el mundo entero, y ellos lo hacen en secreto", permitiendo que los anti-judíos sientan que ellos tienen que desenmascarar el peligro representado por los judíos en defensa propia.


     El proceso judicial de libelo de sangre de 1882 de Tisza Eszlar, Hungría, fue ampliamente cubierto en la prensa europea y conservó viva la conexión entre judíos y sangre en la conciencia pública. En 1888 los repugnantes asesinatos cometidos por Jack el Destripador aterrorizaron al barrio de los Muelles (East End) de Londres. Casi un tercio de los sospechosos eran judíos, un número desproporcionado comparado con el porcentaje de judíos en la población general. (Severyn Closowski, Aaron Kominsky. Michael Ostrog, Carl Feigelbaum, John Pizer, David Cohen y Joseph Silver). Como señala Sander Gilman (The Jew's Body, 1991), la descripción de Jack the Ripper impresa en los diarios, que decía "barba oscura y bigote, chaqueta y pantalón oscuros, sombrero de fieltro oscuro, habla con un acento extranjero", fue modificada en el retrato publicado acompañante por la adición de una nariz curva, cejas pobladas y orejas prominentes, llevándolo mucho más cerca a la estereotípica imagen "anti-semita" del judío.


     Sara Robinson (Blood Will Tell: Antisemitism and Vampires in British Popular Culture, 1875-1914, 2009) [1] observa que el último cuarto del siglo XIX en Gran Bretaña fue un período de inmigración de masas desde Europa del Este, acompañada por un aumento de la jenofobia y el racismo, incluyendo el anti-judaísmo, y desarrolla ella el argumento de que Drácula no es un monstruo medieval sino una metáfora de la modernidad y del "anti-semitismo" británico.


     Ella señala que los precursores de Drácula, a saber, Lord Ruthven de "Vampyre" de Polidori, Varney de Rymer y Carmilla de Le Fanu, "típicamente pertenecen a los círculos de los cuales hicieron presa, no peores que un aristócrata decadente local", mientras que Drácula es un extranjero, que comparte algunas características del inmigrante: un acento extranjero, dudosos hábitos de higiene, una carencia de lealtad al país en que vive, una propensión a la actividad criminal, características que se mezclan con algunos elementos del estereotipo anti-judío: mercantilismo, un deseo de "pasar" a la sociedad inglesa y adaptarse a ella con el fin de subvertirla. Notando que el conde Drácula es una figura compleja que comparte algunas características de los inmigrantes alemanes más antiguos así como de los más nuevos, de Europa del Este, Robinson sin embargo cree que por causa de la preocupación del vampiro rumano por las transacciones financieras y el dinero, "el conde Drácula es la fiel encarnación de la caricatura del judío como avaro y parásito".

     Stoker había hecho la conexión entre su personaje ficticio, el conde Drácula el vampiro, y el personaje histórico Vlad Drácula el Empalador, afirmando que ellos eran el mismo. Nicholas Modrussa de Cusa se había reunido con Vlad el Empalador mientras éste estaba en cautiverio en el castillo Visegrad, y dejó una detallada descripción física:

     "Él no era muy alto sino muy robusto y fuerte, con un aspecto cruel y terrible, una larga nariz recta, fosas nasales distendidas, una cara delgada y rojiza en la cual los grandes ojos verdes estaban enmarcados por frondosas cejas negras, que lo hacían parecer amenazante. Su cara y su mentón estaban rasurados, usando sólo un bigote. Las dilatadas sienes aumentaban la magnitud de su cabeza. Un cuello de toro sostenía la cabeza, de la cual negros y ondulados mechones caían sobre sus anchos hombros".

     Compare eso con la descripción que hace Stoker de Drácula:

     "Un alto anciano, limpiamente rasurado excepto por un largo bigote blanco, y vestido de negro de pies a cabeza... Su cara era un fuerte rostro aguileño, con un alto puente en su delgada nariz y fosas nasales particularmente arqueadas, con una alta frente abovedada, y escaso cabello alrededor de las sienes, pero profuso en el resto de su cabeza. Sus cejas eran muy gruesas, casi encontrándose sobre la nariz, y con el pelo tupido que parecía rizarse en su propia profusión. La boca, hasta donde puedo verla bajo el gran bigote, era firme y tenía un aspecto bastante cruel, con dientes blancos peculiarmente agudos. Éstos sobresalían por entre los labios, cuya notable rojez mostraba una asombrosa vitalidad para un hombre de sus años. En cuanto al resto, sus orejas eran pálidas, y sus puntas sumamente agudas. La barbilla era amplia y fuerte, y las mejillas firmes aunque delgadas. El efecto general era el de una palidez extraordinaria". Stoker sigue posteriormente fijándose en sus manos: "más bien rústicas, anchas, con dedos cortos y gruesos".

     Como uno puede ver, los toques añadidos por Stoker —el cambio de la nariz de recta a curva, la tez de rojiza a pálida, así como las adiciones de sus orejas pálidas y puntudas, la boca cruel, las manos toscas con dedos cortos y gruesos, y la ropa negra— están destinados a aumentar las semejanzas entre el aspecto de Drácula y el estereotipo anti-semita del judío así como con el "tipo criminal" según lo describió Lombroso, cuyas teorías estaban en boga. La opinión científica al final del siglo XIX estaba fuertemente influída por el Darwinismo Social, confiriendo de esa manera a las percibidas características negativas de los judíos la inmutabilidad de un hecho biológico. Uno no tiene que viajar lejos para llegar al punto de vista de Goebbels de que "Los judíos son... un pseudo-pueblo unido por una historia de criminalidad hereditaria".

     No estoy planteando el argumento de que Stoker era un anti-judío sino más bien, como dijo Carol M. Davison, "el anti-semitismo ha permanecido como un componente sistemático y fácilmente adaptable en la construcción de la identidad británica" (Anti-Semitism and British Gothic Literature, 2004, p. 14). Por ejemplo, Stoker describe a Drácula llevando a un niño para alimentar a sus mujeres vampiras, vinculándolo así simbólicamente a la historia del libelo de sangre. Drácula se hace emblemático las fuerzas exteriores que se apoderan del país de manos de sus herederos legítimos y cambian su destino. Stoker usó el temor a ese eterno "otro" —el judío— así como el miedo y el resentimiento contra los nuevos inmigrantes para amplificar la ansiedad evocada por el carácter del vampiro. La relación es dinámica, recíproca y reversible: en la propaganda nacionalsocialista la ansiedad evocada por el vampiro fue usada para amplificar la ansiedad y el resentimiento creado por los judíos.

     Una vez establecida, la conexión entre la imagen del vampiro y el estereotipo anti-semita del judío siguió siendo explotada. En el film "Nosferatu" (1922) de Friedrich Wilhelm Murnau, el personaje principal epónimo (se nos dice que Nosferatu significa "Ave de la Muerte") tiene un fuerte parecido con una caricatura anti-judía. Él es acompañado por una invasión de ratas y se sospecha que él lleva la plaga. La acusación de llevar enfermedades y pestilencia a menudo era hecha contra los judíos durante la Edad Media, y es un tema principal de la propaganda nacionalsocialista anti-judía.

     En la película "M" de Fritz Lang, el actor Peter Lorre (quien era judío) desempeña el papel de un pedófilo asesino múltiple. Su actuación es considerada una de las interpretaciones más notables en la historia del cine. (El personaje estaba basado en Peter Kurten, el vampiro de Dusseldorf, que atacó a 41 víctimas, matando a 9 de ellas antes de que él fuera arrestado el 24 de Mayo de 1930). La máquina propagandística nacionalsocialista hizo un tema de la judeidad de Lorre, acusándolo, en la película Der Ewige Jude, de abrigar simpatías secretas por el asesino y de retratarlo en una manera destinada a crear compasión por el criminal más bien que por la víctima.

     En las historietas y los carteles de la época nacionalsocialista, el judío es representado hinchado tanto por la sangre como por la riqueza de otras naciones, como un pedófilo, o como una criatura monstruosa que se ha propuesto la dominación mundial.


     Después de la Segunda Guerra Mundial la imagen negativa de los judíos experimentó una modificación, y durante varios años el judío fue el símbolo de la víctima suprema. Eso fue acompañado por una prohibición de facto de las manifestaciones públicas de anti-judaísmo en la mayor parte de Europa Occidental. Sin embargo, según el The Pew Global Attitudes Project Report, la opinión desfavorable a los judíos ha aumentado considerablemente en Europa, y un nuevo tipo de anti-judaísmo ha crecido rápidamente, un tipo que no es visto como "políticamente incorrecto" y cuyo objetivo es Israel.


La Evolución del Anti-Judaísmo.
Una Nueva Convergencia de Estereotipos

     Con el advenimiento de la televisión mundial y la Internet, se hizo cada vez más difícil mantener el viejo estereotipo del judío. Las acciones del ejército israelí y las imágenes de judíos por todas partes menoscaban el argumento de que los judíos no son adecuados para el servicio militar, de que son físicamente ineptos, o en efecto que un tipo identificable de judío siquiera existe. Además, últimamente la imagen del vampiro en la cultura popular disfruta de ser una moda y ha adquirido un cierto garbo romántico. Eso debilitó su utilidad como un componente del viejo estereotipo anti-judío, que había perdido su eficacia de todos modos.

     Diversos ajustes fueron hechos: Israel se ha convertido en un sustituto de los judíos, y es descrito como sádico, militarista e inclinado a la dominación mundial. Convertir a Israel en el objetivo aparente de sentimientos negativos ofreció a los anti-judíos la ventaja adicional de no ser estorbados por el legado del "Holocausto". Un potente nuevo símbolo del mal fue encontrado y vinculado [por sectores bien determinados] a la descripción de Israel: el "nazismo" [sic]. La dinámica de esta nueva conexión es similar a la anterior del vampiro: los sentimientos negativos asociados con el "nazismo" son proyectados sobre Israel y, por extensión, sobre los judíos.

     Historietas de israelíes identificados tanto por la Estrella de David como por la esvástica, cometiendo atrocidades, asesinatos rituales y canibalismo de niños puede ser encontradas en abundancia en la prensa árabe y occidental. Como J. Kotek señaló en una entrevista de 2004, "otros motivos zoomórficos anti-judíos predominantes son el vampiro sanguinario y el pulpo. La imagen del vampiro es un tema clásico usado por anti-judíos. No he encontrado a ningún otro pueblo, además de los judíos, representado como tal".

     Esas representaciones ponen el fundamento para una mentalidad genocida al deshumanizar a los judíos, convirtiéndolos en el foco de proyecciones hostiles y justificando la violencia preventiva contra ellos. Frecuentes paralelos se siguen haciendo entre las acciones cometidas por los israelíes y el "Holocausto". El toque del tambor del anti-judaísmo sigue sonando.

     Como escribió Eotvos Károly, el defensor de los judíos en el proceso de libelo de sangre de 1882 en Tiszaeszlár [2]: "Hay judíos en todas partes. Su papel en cada sociedad es más grande que la proporción de ellos en ellas. A causa de eso, la envidia los acompaña en la gran carrera de la vida. Su religión tiene sus orígenes en tiempos antiguos, y todavía perdura. Su ser racial es el mismo hoy que hace 4.500 años [?], época en la que uno no podría encontrar ni un solo vestigio de grandes culturas y naciones de hoy... Por eso la muchedumbre no puede olvidar el libelo de sangre... las llamas del libelo de sangre flamean de vez en cuando... y sus rescoldos todavía arden después de 1.500 años [desde la fijación del Nuevo Testamento], bajo capas de cenizas y olvido. Y sin embargo, ellos no pueden ser extinguidos definitivamente".–


[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Tiszaeszl%C3%A1r_affair



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