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jueves, 9 de marzo de 2017

Miguel Serrano - Notas sobre Los Nibelungos



     Las siguientes, enlazando con otras entradas referidas a Richard Wagner y sus temas de la mitología germánica, son unas notas relativas a la historia de los Nibelungos que escribió el erudito chileno Miguel Serrano en su libro "El Cordón Dorado. Hitlerismo Esotérico" (1978), donde habla acerca del esoterismo implicado en los personajes principales de ese Cantar y, por cierto, de diversos temas conexos que desarrolla más largamente en sus diferentes escritos.




ESOTERISMO DE LOS NIBELUNGOS:
SlGFRIDO, CRISTO DE OCCIDENTE


     Una vez más, hay que decirlo, existió con anterioridad a los tiempos históricos una gran civilización, o un mundo nórdico-ario, heredero casi directo del espíritu del Continente Hiperbóreo. Allí se expresó una ciencia mágica del Amor y de la Voluntad de Poderío proyectada a todo el firmamento, a las más lejanas galaxias. Los visigodos, los merovingios, son los vestigios decaídos de aquel mundo de gigantes. Sin embargo, las leyendas heroicas nórdicas y germánicas, los "Edda" y "La Canción de los Nibelungos" recogen los retazos en forma de Mito y leyenda. Deberán ser interpretadas.

     Sabemos que la Walkiria, deformada por Wagner y los Románticos, es ser invisible, la mujer mental, la Lilith interior, la compañera astral del Guerrero, que va a su lado, "en el pensamiento", como aconsejaba Parsifal, durante el combate por la conquista del Gral, en la muerte y transfiguración. Es la Amada Interior, que entregará al héroe la Vida Eterna en el Walhalla, precisamente el Gral, al héroe muerto y resucitado. Hay allí todo un camino de iniciación.

     La leyenda cristianizada del Grial ha cercenado a la Walkiria y también la Tarnkappe, la Capa que hace invisible a Sigfrido (Siegfried). Cuando se cubre con ella —o "entra" en ella— él ve y oye, pero nadie lo ve a él, y su fuerza se acrecienta como la de doce hombres (el número clave). Sigfrido ha arrebatado la capa al enano Alberico, jefe de los guardianes del Tesoro de los Nibelungos; es éste un "elemental" [1]. El mago-iniciado sólo debe darle órdenes, "agarrándolo de las barbas". Se halla a su servicio. Guarda el Tesoro del mundo subterráneo, que aun cuando se distribuya jamás se agota, como el alimento en la copa del Grial. Tesoro de una iniciación y energía supremas preservado en la Tierra Interna de los Cabiros.

[1] NdelE: Los Elementarwesen o Elementalwesen, seres elementales, son espíritus de la Naturaleza que pertenecen a un mundo sub-consciente. https://es.wikipedia.org/wiki/Elementales

     La Tarnkappe es el cuerpo astral invisible a los ojos de la carne, es la Túnica de Neso, es Kundalini, poder que hace invisible, pudiendo "salirse en cuerpo astral" y también "materializar este cuerpo", haciéndolo visible o invisible a voluntad. Este poder poseían algunos viryas y héroes germanos antiguos. Su eco perdura tenue en "La Canción de los Nibelungos", im Nebel, en la niebla.

     Hay toda una iniciación tántrica de la Mano Derecha guardada en los conceptos de Walkiria y Walhalla, que ha venido descomponiéndose, involucionando, un esoterismo solar que debió incorporarse en el Misterio del Gral y que nos alcanza ya empobrecido en los "Edda" y en "La Canción de los Nibelungos", en los tiempos históricos, cuando la gran destrucción de la Verdadera Antigüedad se ha cumplido por los romanos y cristianos. Existió una iniciación ario-germánica desconocida y superior que se oculta en estos poemas, en sus leyendas y mitos, la que ha sido recuperada en secreto en los círculos interiores y cerrados del esoterismo hitleriano de las SS.

     Sigfrido es un héroe-iniciado, un virya que aspira a mutarse en divya, en hombre-dios, en superhombre, en sonnenmann. Ha conquistado un Tesoro guardado por los Guías del Mundo Interior, protegido por los enanos, envuelto en las "nieblas" del Gral y de los Nibelungos. También ha matado un dragón de nombre Lindwurn, o Wurmern. De aquí vendría el nombre de la villa de Worms —Wurm— y de los burgundios, para acentuar su carácter mítico-simbólico, ya en plena tragedia del Crepúsculo de los Dioses. Se llaman así no por la villa de Nivelles, en las Ardennes de los merovingios, como se ha querido creer, sino por el origen común mitológico de estos descendientes de los hiperbóreos, que se pierde en la sombra de los milenios y en el misterio de la Tierra Hueca. Los nibelungos serían de la raza Real de los ostrogodos, quienes aparecen acompañando al rey Dietrich von Bern, al final del Poema.

     En Worms había un dragón maligno. (Aún los hay en la tierra hueca interior, junto a los mamuts; las monedas de los Hohentaufen llevaban grabado un dragón). Asimismo, en Worms hubo dólmenes y gigantes, como en Stenay de las Ardennes. Aún se ve allí la "Piedra de Sigfrido" y se ha encontrado una tumba de 45 pies [13,7 mts.], que se piensa sea la del héroe. Así, Sigfrido es un gigante burgundio, merovingio o visigodo, un hiperbóreo, venido del Astro de Lucifer. En todo caso, es el arquetipo del héroe muerto joven, sacrificado; es Dionisio y también el Cristo de Occidente, Apolo, Abraxas, Lucifer, el Self, como decía Jung, "el alma de Occidente", que se expresa reencarnando, sin sus antiguas glorias y esplendores, en el mito semítico del crucificado, al que Nietzsche oponía su Dioniso.

     Existe un poema extraño, de tipo religioso, donde Cristo es un rey germano. Y ¿quién puede asegurar que no lo fuera? El poema se llama "Heliand" [2] y es de 830 d.C., más o menos. Si nos atenemos a las relaciones de Wirth y Spanuth sobre la Atlántida y a las invasiones nórdico-arias de Asia Menor, a la pérdida del Continente Hiperbóreo y a la adulteración esencial que se ha hecho de la Ante-Historia, de lo anterior a la Historia que se nos ha birlado, a la gran conspiración y falsificación de mitos y leyendas, ¿quién podría confirmar que Jesús no fuera un ario, es decir, un hebreo (habiru) nórdico, como David, Salomón y Josué?, ¿un merovingio venido del Monte Meru?.

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Heliand


EL TESORO DE LOS NIBELUNGOS
Y LA WALKIRIA BRUNILDA-KUNDALINI


     Sigfrido se baña en la sangre del dragón muerto y así se transforma su carne en inmortal, haciéndose invulnerable, cambiando de color y consistencia. Pasa a ser de Vraja, materia imperecedera, incorruptible y roja, en el proceso tántrico-alquímico de la Rubedo que adviene tras la Albedo y la Nigredo. Se está mutando. Sin embargo, aún le queda un punto vulnerable, como a Aquiles, un chakra debe ser aún despertado en su Columna Invisible, antes de poder dar el "salto polar" hacia Sahasrara, la Tule Hiperbórea, en la cima del monte Meru de su propio cráneo astral. ¿Será el chakra del Corazón o del Verbo que le falta por despertar? Ahí es herido y muerto.

     El Tesoro de los Nibelungos era de Oro Rojo (Vraja, Rubedo nuevamente). En él se encontraba una Vara mágica —como la del Faraón— de idéntico metal y color. El Tesoro de los Nibelungos será como el los reyes visigodos, de los cátaros, de los templarios y de los SS, que siempre se pone a salvo en el último instante, ocultándolo en una montaña, en las profundidades de la tierra, en el fondo de un río o de un lago, es decir, en el Inconsciente Colectivo, de donde surge y donde reposan, duermen los Arquetipos, el Rey Barbarroja, Hitler, los dioses, tras su Crepúsculo, en espera de la resurrección. Este Tesoro es el Gral, como hemos dicho.

     Sigfrido, el héroe, también ha despertado a una Bella Durmiente, a la Amada Interior, que no es otra que Crimilda (Krimhild). Es la Shakti-Kundalini. No olvidemos que Brunilda (Brunhild, Brünnhilde), con quien Sigfrido ha tenido unos amores mágicos, vive sola en una isla rodeada de llamas, en el lejano polo Norte, según la leyenda más antigua de las Sagas, donde el poeta de los Nibelungos se inspira. Es así claramente Kundalini, la Serpiente Alada, Woevre-Saelde, la Serpiente-Isolda, o Brunilda. Es una diosa, una sacerdotisa-maga hiperbórea, una walkiria, habitante de la gran Isla Tule, del continente polar, rodeado de las llamas blancas de los hielos transparentes, del fuego frío, en un Oasis del Polo, en la puerta de Salida al Walhalla. Así, Brunilda posee poderes sobrenaturales (el Vril, Hvareno), es una virgen-maga, una nacida-quinta. Como sucederá siempre, pierde esos poderes junto con su doncellez. Es en combate mortal cómo el héroe Sigfrido arrebata a Brunilda sus poderes. Se los roba, como Jasón y Heracles lo han hecho en el Eterno Retorno. Se apodera del Cinturón y del Anillo mágicos, es decir, del poder de Kundalini, la Serpiente que duerme enrollada en anillos, en un cinturón de fuego astral, aislada en la base de la Columna Vertebral psíquica.

     El combate de Sigfrido y Brunilda es asi una batalla de Amor Tántrico, mágico, en la que el héroe deberá hacer uso de su Tarnkappe, es decir, del cuerpo astral. No se efectúa, por consiguiente, en este plano físico, sino en un mundo astral y paralelo, psíquico, mental, interior. Es, para decirlo de una vez, la más trascendente y definitiva prueba del Misterio e iniciación del Gral, en el Camino Levógiro de la divinización e inmortalización del héroe iniciado; un esoterismo guerrero y solar, luego desaparecido en Occidente. La iniciación del Cordón Dorado.


SIGFRIDO TRAICIONA A SU WALKIRIA


     Es en este punto crítico donde Sigfrido se pierde, cuando el Virya está por mutarse en Divya, en divino Siddha, preparado para dar el salto al Continente Hiperbóreo, al Chakra de Brahma, desposándose con la Amada Interior, para advenir el Andrógino que ha remontados la involución y es ya eterno. Sigfrido traiciona a su walkiria, a Lilith y entrega el Cinturón y el Anillo a la Mujer proyectada afuera, la Eva exteriorizada, de carne y hueso mortales, Crimilda, la Tierra involucionada, la Mujer Humana. La catástrofe no se hará esperar.

     Hagen, personaje también mítico, representando en este caso el arquetipo del Guardián del Umbral, no puede permitir el ultraje que Sigfrido ha hecho a su Reina-Walkiria, profanando el Gral. Hagen mata a Sigfrido, hiriéndolo a mansalva en el único punto vulnerable de su cuerpo, de lo que se ha enterado por Crimilda. Al igual que el músico guerrero Volker, quien tañe el arpa en medio del combate y usa el instrumento musical y sus notas como terribles armas mortales, Hagen es un arquetipo, no es humano; hijo de un elfo llamado Aldrian, es decir, de un extraterrestre, puede comunicarse con las "mujeres del agua" (Wasserfrauen), con las ondinas y otros seres del "umbral".

     Hagen de Troneja, Tronje o Trondheim, seguramente Hagen de Troya, es decir, del Este, del Cáucaso de los Ases, tiene la piel oscura, con las penumbras del Umbral, una apariencia terrible, como el Espectro de las Nieves, el Guardián de los Hielos Hiperbóreos, el Abominable Hombre de las Nieves de los Himalaya. No puede dejar que el tesoro de los Nibelungos pase a manos de Crimilda, la Eva revestida de materia mortal y lo arroja a las profundidades del Rhin, al Inconsciente Colectivo, donde esperará setecientos años ("cuando vuelva a florecer el laurel") a que otro venga a apropiarse el Rostro del Elegido, o que el mismo héroe se rehaga en el Eterno Retorno, logrando así una otra posibilidad de inmortalización.

     Cuando el héroe pierde, cuando falla el iniciado, defraudando la esperanza de los astros, faltando a la Ley Divina, traicionando a la Amada Interior, se precipita la catástrofe, el drama de la sumersión del Continente Hiperbóreo, de Mu, de la Atlántida. El Cuerno del Destino resuena en la gran selva cósmica y el Crepúsculo de los Dioses se hace inevitable, el Crepúsculo de los Héroes semi-divinos, de los Ases u Oses, cumpliéndose hasta en sus últimos dolores, el Ragnarok, por medio de esos personajes arquetípicos, Crimilda y Hagen. Es el Karma, representado por la espada Balmungo de Sigfrido, que ahora ha pasado naturalmente a manos de Hagen. Y Crimilda es la gran ola que sumergió la Atlántida. Al desposarse con Atila, con esos mismos hunos y tártaros mongoles que expulsaron a los arios del Gobi, de la sacra Asgard en el Cáucaso y, después de siglos, a los hitlerianos de Stalingrado, hace posible el final catastrófico, en que todos perecen, aun ella.

     No es casualidad simple que el autor anónimo de los Nibelungos haya elegido a los elementalwesen de las estepas para cumplimiento del drama apocalíptico, de su Crepúsculo de los Dioses. Hay aquí una profecía aun más concreta de los hechos futuros que en la Voluspa, de los Edda, una premonición o prefiguración del Eterno Retorno. Y esto porque Sigfrido ha traicionado a su Amada Mágica, a su castidad solar, a su glorioso androginato. Todo se disgrega ("en una sola noche se hundió la Atlántida"), el orden sobrenatural se deshace, como si nunca hubiera existido, como una Flor Inexistente, como una imagen ilusoria. Se pierde una posibilidad divina, como cuando Parsifal se olvida de hacer la Pregunta.

     Tal es la historia estelar y terrestre de la Humanidad involucionada, de los semi-divinos caídos de los astros. Un arquetipo grandioso se reproduce y cuenta a sí mismo en la epopeya de los Nibelungos. La mano de un autor anónimo del siglo XIII bien puede no haberla escrito a voluntad. Alguien lo ha hecho a su través y a pesar suyo. Que estos hechos así suceden, bien lo sé yo. El autor habría sido usado. Quiso hacer algo y le salió otra cosa, que él mismo no alcanza a aprehender en su complejidad última.


"LA CANCIÓN DE LOS NIBELUNGOS"
Y LA HEREJÍA BOGOMILO-CÁTARA


     Se ha creído que el autor de "La Canción de los Nibelungos" se pudo inspirar —como siempre— en un convento benedictino, a pesar de ser un laico, y se da el nombre del Convento de Lorsch, importante centro cultural de la Alta Edad Media. Su construcción se atribuye a la reina Ute del poema, suegra de Sigfrido, madre de Crimilda, de Gunther y demás reyes burgundios. En Lorsch existe otra tumba de dos metros cuarenta, que también se dice ser la de Sigfrido, porque a esa villa Crimilda trasladó su cuerpo. Pero Otto Rahn nos cuenta que el nombre antiguo de Lorsch habría sido Laurisham, del rey Laurin de los enanos guardianes del Jardín de Rosas, del Troj de Reses tirolés, del Sendero de las Rosas. Por lo tanto, este rey puede también haber custodiado un Jardín encantado en Lorsch, precisamente sobre la colina donde la Roma papal edificara el monasterio, para hacer ignorar "aquella cosa", o para apropiársela.

     Pero el Jardín de Rosas de los minnesanger y del rey Laurin ha vuelto a hacer sentir su perfume, desde esas profundidades, en "La Canción de los Nibelungos". El desconocido autor habría residido mayormente en el obispado de Passau, no lejos de la Viena de los Babenberg, quienes por desposar princesas bizantinas, comenzaban a resentirse de la influencia de la herejía dualista y maniquea de los bogomilos de Bulgaria, fuente del catarismo occitano, que lo es, a su vez, de los trovadores provenzales.

     Los bogomilos creían en un dualismo mitigado, que el Dios único y bueno había tenido dos hijos, Jesús y Satanael. En verdad, habría una Trinidad formada por el Padre y sus dos Hijos y, sobre ella, un Ser misterioso e incognoscible. El hijo menor se vuelve contra el Padre y crea "otro mundo", completamente material. Crea también al primer hombre, una suerte de autómata, al cual no es capaz de animar. Solicita al Padre que le dé un alma, y éste se la concede. Eva es fabricada de la misma manera. He aquí un mundo mezclado el de los cátaros. El dualismo bogomilo encuentra la explicación de la caída únicamente en un Principio Tentador, opuesto esencialmente al Bien, diferenciándose aun del Dios del Mal, como Principio del Caos y de la Nada. Las almas son ángeles del Dios del Bien que han sido arrancadas a la fuerza del Ser Supremo e introducidas en "túnicas de piel y de olvido".

     Viena conoce entonces la época de gloria y arte de las cortes medievales, plena de juglares y poetas errantes.

     Existe un extraño poema de fines del siglo XII, "El Torneo del Wartburg", también de autor anónimo, que canta un legendario torneo de poesía. En el año 1207 se habrían reunido en Wartburg siete minnesänger a combatir poéticamente "hasta la muerte", usque ad mortem. Los legendarios torneos de bardos encuentran un eco en nuestros payadores [de Chile] y en las Fiestas Florales, ya casi desaparecidas. En Wartburg participan Heinrich von Ofterdingen (citado por Hermann Hesse en su "Viaje a Oriente"), Walther von der Wogelweide, Wolfram von Eschenbach y Klingsor, el mago, que viene especialmente de Hungría (Hesse y Wagner han usado este nombre). Aquí se canta del rey Arctus (Arturo), de Dietrich von Bern [Teodorico el Grande] y del rey Laurin de los enanos y del Jardín de las Rosas. Von Eschenbach gana el torneo, cantando misteriosamente de una fuerza venida del "polus arcticus", como nos dice Otto Rahn [en La Corte de Lucifer], y que una vez unió a los hombres de una misma raza, desde Groenlandia a Sicilia, desde la India a las Columnas de Hércules. Pero esa "fuerza" sólo tiene un Centro: el Polo. Desde allí viene la Minne, el Amor-Recuerdo.


     Dos imágenes del Codex Manesse, libro antológico medieval de canciones y poesía de los minnesänger, producido entre 1304 y 1340. A fines del siglo XII se desarrolló una corte literaria en el castillo Wartburg, atraída por el landgrave Hermann I, que se rodeó de poetas y músicos. La poesía de Walther von der Vogelweide describe la brillante sociedad que dio origen al episodio del Torneo de los Cantores, la legendaria Sängerkrieg, en dicho castillo, una versión del cual inspiró la ópera Tannhäuser de Richard Wagner. NdelE.

     Poco dura, sin embargo, el florecer en Viena del misterio erótico y pagano de la poesía de los minnesanger. Muy pronto la Roma papal envía allí a los jesuítas lunares a combatir la herejía y el peligro bogomilo y gnóstico. También, a los cistercienses. En el convento cisterciense de Heiligenkreuz, cerca de Meyerling en Austria (de donde partiera Josef Lanz, Jörg Lanz von Liebenfels, fundador, como se ha repetido, de la Orden del Nuevo Temple y de la revista "Ostara", quizás primer iniciador de Hitler), he podido consultar sobre valiosos documentos bogomilos, coleccionados por esos monjes.

     Es en Viena donde se lleva a cabo la boda de Crimilda y Atila. Para describirla, el poeta se habrá inspirado en la boda de un Babenberg con una princesa de Bizancio, en la que habrá estado presente acompañando a su protector, el obispo de Passau. Y es en Hungría donde se cumple la tragedia final del Cantar, el Crepúsculo de los Dioses y de los Héroes. También el autor habrá sido inspirado por el Emperador iniciado Federico II de Hohenstaufen, que visitará la región danubiana en aquellos tiempos, debiendo perder luego en su grandioso intento de restaurar la Edad Solar y el Imperio del Rey del Mundo sobre la superficie de la Tierra. Porque también ése fue un crepúsculo de Dioses.

     Sea quien haya sido el autor anónimo de "Los Nibelungos", sin lugar a dudas fue un minnesinger, cantor de ese Amor perdido al comienzo de los tiempos, en la más Alta Medianoche de los hielos y conservado en la memoria de la sangre de los descendientes de los hiperbóreos, en el Monte de la Iniciación Polar. No quiso escribir su nombre porque el recuerdo no le pertenecía a él sino a la Gleisa, a la Casa de la Familia, a los Guías Divinos de su pueblo, de su raza, al alma colectiva. Y esto ha sido justo.


LA EPOPEYA DE LOS NIBELUNGOS NO SE LLEVA A CABO AQUÍ
SINO EN "EL CAMINO DE IRING"


     Los verdaderos hechos que relata "La Canción de los Nibelungos", aunque refiriéndose al siglo IV o V de los visigodos y merovingios, son muchos más antiguos. Aun cuando Sigfrido sea asesinado como un rey merovingio, en un torneo de caza, muerte mágico-simbólica, iniciática, arquetípica, las Sagas de los "Edda" y el poema de los Nibelungos van más lejos que esos siglos y están mencionando sucesos cósmicos. Los "Edda" se refieren a los nibelungos como los niflungar, seres procedentes del Niflheim, o Tierra de las Nieblas, país en el interior de la Tierra, donde están los muertos, los desaparecidos hiperbóreos. Es una historia anterior a la Tierra actual. Son hazañas de dioses, de extraterrestres. Narran el prólogo a la historia de los humanos, la involución, el Crepúsculo de los Dioses y la posibilidad del retorno en el Camino de la Svástika Levógira. Pertenecen al Cordón Dorado. A mi entender se hallan más cerca de los sucesos de los orígenes hiperbóreos que las Epopeyas arias de India, con su relato épico-iniciático del Maha-Bharata (Sigfrido y Krishna realizan acciones sobrehumanas por igual), preservando la sabiduría solar, verdadera tradición del Occidente pre-lunar, pre-cristianismo, pre-semítico.

     "La Canción de los Nibelungos" es un poema iniciático. Si en él no se invoca a Dios o a los dioses es porque los actores son dioses ellos mismos. Sin duda existen otros poemas de aquellos tiempos y de semejante origen, susceptibles de ser así interpretados, como "El Jardín de Rosas", escrito en medio-alto alemán y la leyenda de Tristán e Isolda.

     La Epopeya de los Nibelungos hállase a otros niveles que las canciones de gesta de esos tiempos, como "La Chanson de Roland" y "El Poema del Mío Cid". Que allí hay una clave, un trovar clus, un esoterismo que está haciendo referencia a algo más que un acontecimiento puramente terrestre, nos lo indica ese héroe, Iring, que en el "Cantar de los Nibelungos" es llamado "el veloz", "el incapaz de cometer traición". Para los antiguos germanos, la Vía Láctea era "El Camino de Iring".

     No se sabe si Goethe habrá comprendido de este modo el Poema de los Nibelungos. Se sabe sí que llegó a amarlo y que lo leía repetidamente en su vejez.–




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