BUSCAR en este Blog

lunes, 6 de marzo de 2017

Sobre Bram Stoker, Drácula y el Anti-Judaísmo



     En esta entrada hemos puesto en castellano cuatro breves artículos, los tres primeros tomados de semiticcontroversies.blogspot.com y el cuarto del sitio floppybootstomp.wordpress.com. Karl Radl, editor del primer sitio, se refiere al origen judío del personaje el conde Drácula, creado por Bram Stoker; a Vlad el Empalador, el héroe rumano, como oponente de musulmanes y judíos, y al propio Stoker en tanto nacionalista racial y anti-judío, en escritos de 2015 y 2016. El último artículo, escrito en 2010 y de un tono más atrevido, tiene como tema el anti-judaísmo del escritor irlandés, creyendo el autor haber identificado al inspirador del personaje de Stoker.


El Origen Judío del Conde Drácula
por Karl Radl
10 de Octubre de 2015



     La novela de 1897 de Bram Stoker "Drácula" es extremadamente famosa y fue el catalizador para la popularización y la mercadotecnia de masas de los mitos y leyendas asociadas con el vampirismo [1]. Se cree comúnmente que Stoker tomó su inspiración para Drácula de Rumania y más particularmente del infame príncipe de Valaquia del siglo XV Vlad Drácula (mejor conocido por los lectores como Vlad el Empalador).

[1] Por lejos los resúmenes más completos (y leíbles) de esas leyendas son los de Montague Summers, "The Vampire", Londres, 1928, y "The Vampire in Europe", Londres, 1929.

     La razón de esta aseveración, comúnmente encontrada en la literatura popular acerca de Drácula, es que sabemos que Stoker estaba consciente de Vlad el Empalador y había escrito copiosas notas acerca de Rumania y su historia, lo que permitió que él escribiera una novela "gótica" de horror que fue un absoluto éxito de ventas. Lo que esta narrativa convencional deja fuera es que Stoker escribió muchas más notas basadas en su investigación del ocultismo y el vampirismo que acerca de Vlad el Empalador y Rumania [2].

[2] Radu Florescu, Raymond McNally, "Dracula: Prince of Many Faces", Boston, 1989, p. 222.

     También es digno de notar que Stoker además preparó otra historia de vampiros, publicada ligeramente más tarde que "Drácula", llamada "The Wampyre Count", ambientada en la Estiria austriaca (Ibid., p. 230). Claramente, para Stoker entonces el vampiro no está vinculado sólo a Rumania.

     El problema es que el conde Drácula no está, como sucede, realmente basado en Vlad Drácula en absoluto (Ibid., p. 221).

     Los estudiosos, en particular aquellos de origen rumano, han sabido desde hace mucho tiempo y han indicado que el conde Drácula está, si algo en absoluto, muy sueltamente basado en Vlad Drácula [3]. Como Belfort observó, la única cosa que el conde Drácula comparte con Vlad Drácula es su nombre [4].

[3] Meirion Trow, "Vlad the Impaler", Sutton, 2003, p. 241.
[4] Barbara Belford, "Bram Stoker: A Biography of the Author of Dracula", Nueva York, 1996, pp. 259-260.

     El verdadero origen del conde Drácula realmente se encuentra en la novela de 1895 de George du Maurier "Trilby" (Ibid., p. 228) [*].

[*] https://en.wikipedia.org/wiki/Trilby_%28novel%29

     El villano de "Trilby", Svengali, es un judío ashkenazi que seduce, domina y explota a jóvenes muchachas europeas núbiles, exactamente como el conde Drácula. Drácula, tal como Svengali, es presentado como un "siniestro seductor extranjero" (Ibid).

Escenas de la película "Svengali" de 1931


     Esto también habla acerca del hecho, a menudo suprimido, de que Stoker sostuvo opiniones nacionalistas abiertamente raciales, y que consideraba al mundo como dividido entre la raza señorial (europea) y las razas sometidas [5]. Él también invocó la retórica nacionalista racial en sus obras [6], a la vez que tenía lo que sólo puede ser descrito como fuertes creencias "anti-semíticas" en cuanto a los judíos (Ibid., pp. 63, 68).

[5] Andrew Maunder, "Bram Stoker", Tavistock, 2006, p. 83.
[6] William Hughes, "Beyond Dracula: Bram Stoker's Fiction and its Cultural Context", Basingstoke, 2000, p. 69.

     En efecto, como Rebecca Stott ha observado [7], Stoker es un buen ejemplo del abogado intelectual del período victoriano tardío en pro de la necesidad de "patrullar" y arrancar la raíz y las ramas de cualquier degeneración racial o sexual para asegurar la salud del organismo nacional.

[7] Cf. Rebecca Stott, "The Fabrication of the Late Victorian Femme Fatale", Londres, 1992.

     Por lo tanto, ¿es alguna maravilla que Stoker haya tomado a un siniestro judío extranjero, Svengali, como su modelo para la final y siniestra criatura de la noche? No realmente.




Vlad el Empalador:
Oponente de Musulmanes y Judíos
por Karl Radl
16 de Octubre de 2015


     Vlad Drácula, mejor conocido en la Historia como Vlad el Empalador, gobernó el principado de Valaquia durante tres períodos separados entre 1448 y 1476. Él es ampliamente conocido por sus salvajes represalias contra aquellos que se oponían a él y por ser uno de los enemigos más brutales y eficaces contra los cuales el Imperio otomano alguna vez tuvo el disgusto de luchar. Su crueldad sin embargo es lo que se destaca, pero si Vlad era tan cruel y psicótico como sus enemigos lo describieron está más bien en duda.

     Que haya alguna verdad en ello parece probable dada la enorme variedad de fuentes contemporáneas, principalmente sajonas (es decir, alemanas), rusas y rumanas, que certifican que el mítico Vlad realmente llevó a cabo algunas brutalidades de las cuales él es acreditado a menudo. Sin embargo tenemos que tener en mente que las fuentes que describen esa brutalidad, y más específicamente su grado y los métodos de ejecución usados, son hostiles y no describen a menudo aquello que ellas vieron personalmente sino más bien lo que ellas habían escuchado de otros.

     Las fuentes primarias para las historias de horror sobre Vlad empalando a sus enemigos mientras él cenaba, por ejemplo, son de origen sajón. Los sajones tenían cuentas que arreglar con Vlad ya que él los había expulsado durante el segundo, y el más largo, período de su gobierno entre 1456 y 1462 [1]. Si bien principalmente alemanes, los monjes católicos también tenían mucho que decir sobre la crueldad de Vlad, porque él los expulsó debido a su avaricia y comportamiento subversivo en Valaquia [2].

[1] Meirion Trow, "Vlad the Impaler", Stroud, 2003, p. 155.
[2] Radu Florescu, Raymond McNally, "Dracula: Prince of Many Faces", Boston, 1989, p. 195.

     Vlad el psicótico lunático es en gran parte la creación literaria de sus enemigos mercantiles monásticos y sajones, mientras la propaganda ofensiva contra Vlad fue en sí misma financiada por el antiguo rey cristiano enemigo de Vlad, Matías I de Hungría [3].

[3] Ibid., pp. 202-206; Andrei Otetea, "A Concise History of Romania", Londres, 1985, pp. 192-193.

     Dicho eso, Vlad no era ningún ángel ya que él ciertamente ejecutó o empaló a sus enemigos en cantidades significativas, pero uno más bien dudaría de que él lo haya hecho personalmente, como a menudo se afirma [4]. Uno sospecha que él dejó esos asuntos a sus unidades especiales de ejecución, las Armas, que según todos los relatos hicieron la mayoría de las matanzas judiciales durante el reinado de Vlad [5].

[4] Por ejemplo, Trow, op. cit., p. 238.
[5] Ibid., pp. 236-237.

     Siendo así todo eso, a menudo se olvida que Vlad estaba luchando por su misma supervivencia contra un enemigo que él conocía demasiado bien. Él había crecido, después de todo, como un rehén principesco por el buen comportamiento de su padre en la Corte otomana, y se le dio la mejor educación religiosa y militar islámica. La motivación de Vlad para luchar era su fuerte fe cristiana, y específicamente Ortodoxa, muy similar a Ivan el Terrible de Rusia, que vivió un siglo después de la muerte de Vlad.

     Tanto Ivan como Vlad eran muy inteligentes (ambos, por ejemplo, hicieron uso de una ingeniería militar muy innovadora) y exhibieron una completa crueldad para alcanzar sus objetivos. La diferencia es que mientras Ivan luchó una guerra ofensiva contra los tártaros musulmanes, Vlad luchó una guerra de defensa contra el Imperio otomano musulmán.

     De manera similar, Ivan y Vlad estaban bastante conscientes del problema perpetuo de la inestabilidad interna que podría ser provocada por nobles intrigantes y codiciosos (así como de las desastrosas consecuencias que resultarían de ello [los dos habían experimentado tal inestabilidad en su infancia]), de manera que ambos tomaron medidas para asegurarse de que sólo aquellos que eran leales tanto a sus gobernantes como a su fe cristiana estuvieran en posiciones de poder e influencia.

    Ivan trató brutalmente sus enemigos políticos con su Opríchnina [*], y Vlad hizo lo mismo con sus Armas. Este contexto vital es lo que a menudo se echa de menos en las discusiones acerca de Vlad, porque desde muchos puntos de vista tanto él como Ivan sufrieron por la re-valorización de su comportamiento en base a un imposible estándar moral moderno. Ambos estaban combatiendo contra enemigos brutales que ellos conocían bien, y fueron muy amados por sus pueblos.

[*] https://es.wikipedia.org/wiki/Opr%C3%ADchnina

     En realidad vale la pena mencionar que, en el caso de Vlad al menos, él combatió tanto a musulmanes como a judíos con la misma ferocidad salvaje que él usaba contra traidores domésticos. Las Armas no se encargaron sólo de los enemigos nobles de Vlad (los boyardos) y musulmanes, sino que también eliminaron a numerosos judíos (Florescu y McNally, op. cit., p. 104).

     Eso habría sido por dos motivos: en el primer caso, los judíos tenían una bien conocida historia de trabajar junto con las fuerzas del Islam para facilitar una toma islámica del poder (ya que el Islam parecía ser más tolerante de su comportamiento socio-económico y sus ideas religiosas supremacistas). En el segundo, porque los judíos tendían a ser prestamistas y a cobrar impuestos a los agricultores, y hacían que el pueblo sufriera con tasas de interés usureras y usaban la fuerza para extraer el dinero.

     Pruebas adicionales de esto pueden ser encontradas en el hecho de que los judíos de Valaquia huyeron hacia el Imperio otomano y fueron recogidos por las fuerzas del Islam sin ningún reparo en absoluto (Ibid., p. 14).

     Ese ajuste de cuentas con enemigos internos, como los boyardos y los judíos, a fin de luchar contra las fuerzas del Islam, personificadas en el Sultán otomano, era necesario por la simple razón de que Vlad tenía que tener una fuerza cohesiva de un tamaño significativo a fin de combatir a cientos de miles de soldados que iban a ser desplegados contra él (como realmente sucedió en 1462 cuando entre 100.000 y 400.000 soldados otomanos invadieron Valaquia) [6].

[6] Gavin Baddeley, Paul Woods, "Vlad the Impaler: Son of the Devil, Hero of the People", Hersham, 2010, pp. 222-224.

     Según ha observado Andrei Otetea, en relación con esos elementos subversivos internos, Vlad despejó los factores inhibidores que impedían la creación de un gran ejército profesional (eliminando las pequeñas bandas guerreras feudales conducidas por los corruptos boyardos) e introduciendo controles comerciales para impedir la explotación de su pueblo así como limitando el poder de mercaderes sajones y judíos por igual para influír en los asuntos de Valaquia por medio del poder del dinero (Otetea, op. cit., p. 191).


     Esencialmente lo que Vlad había creado era una política económica nacionalista que favoreció a sus propios súbditos, no a los comerciantes extranjeros y prestamistas judíos, mientras al mismo tiempo creó un clásico ejército profesional popular basado en el sentimiento nacional [7].

[7] Ibid., p. 184; Baddeley y Woods, op. cit., p. 222.

     La guerra de Vlad contra las fuerzas del Islam y el judaísmo también tenía matices racial-religiosos, como señalan Baddeley y Woods (Ibid., pp. 219-220). Él explícitamente se veía a sí mismo y a su pueblo como involucrados en una guerra a muerte contra las fuerzas del Islam y del judaísmo, las que procuraban exterminar a su pueblo y a su fe en una ola de conquista imperialista.

     Esto lleva a Baddeley y Woods a afirmar que Vlad era un "racista" del "tipo Hitler", pero mientras el tono histérico de ellos acerca del simple sentido común de Vlad es risible, ello sugiere bastante intencionadamente que ellos realmente no tienen ninguna crítica sustancial que hacer contra Vlad aparte de decir que "él era un racista, y por lo tanto era absolutamente malo".

     Tales pseudo-intelectuales prima donnas son apenas dignas de ser refutadas, pero eso puede hacerse simplemente preguntando: ¿qué debería haber hecho Vlad?: ¿permitir que su pueblo fuera masacrado, esclavizado o convertido al Islam?.

     Aparentemente eso y no sólo eso él debería haber hecho, sino haber agradecido al Sultán otomano por ser tan condescendientemente cortés como para asesinar, esclavizar y convertir a los habitantes de Valaquia, para no hablar de los italianos.

     Afortunadamente, los rumanos comunes tienen una visión mucho más sana de Vlad y lo ven como un gran héroe nacional que resistió a las fuerzas del Islam y sus socios judíos hasta el final (Otetea, op. cit., p. 193).

     ¡Que durante mucho tiempo puedan ellos llamar a Vlad su "Héroe-Príncipe"! (Baddeley y Woods, op. cit., p. 220).–




BRAM STOKER:
Nacionalista Racial y Anti-Judío
por Karl Radl
8 de Septiembre de 2016


     Abraham Stoker, mejor conocido como Bram Stoker, es uno de los más famosos novelistas anglófonos de la Historia. Él es mejor conocido por ser el autor de la esencial novela "gótica" llamada "Drácula".

     Lo interesante en cuanto a Stoker es que mientras muchas personas lo admiran como el popularizador de la moderna novela de vampiros, muy pocos de esos individuos saben mucho sobre el hombre mismo, para no hablar acerca de sus opiniones en diversos temas.

     Eso haría casi ciertamente que muchos de los autoproclamados admiradores de la obra literaria de Stoker retrocedieran de horror si ellos supieran que él era un impenitente y estridente nacionalista racial e imperialista.

     Para citar a William Hughes:

     "Al invocar la retórica de la raza, ambas novelas comunican un conjunto de poderosas connotaciones de exclusión y diferenciación. Una serie de oposiciones está involucrada: el negro contra el blanco se convierte en The Snake's Pass en un conflicto entre la sangre negra y biliosa de los Gombeen y el saludable linaje sanguíneo de Arthur, como lo testifican sus coloraciones" [1].

[1] William Hughes, "Beyond Dracula: Bram Stoker’s Fiction and its Cultural Context", Basingstoke, 2000, p. 69.

     El uso que hace Stoker de parábolas basadas racialmente en sus novelas y cuentos está destinado a inculcar un sentido de orgullo racial en los británicos. Stoker se veía a sí mismo como "un conservador político en un país conservador" [2], lo que necesariamente lo coloca como un nacionalista racial en el contexto moderno, como ha señalado Rebecca Stott [3].

[2] Andrew Maunder, "Bram Stoker", Tavistock, 2006, p. 31.
[3] Cf. Rebecca Stott, "The Fabrication of the Late Victorian Femme Fatale", Londres, 1992.

     Sus opiniones sobre los africanos, por ejemplo, son abiertamente exhibidas en su obra literaria, como explica Hughes:

     "En términos refinados, el negro como violador es un oponente físicamente pero no racialmente superior a su víctima. Su acción es implícitamente la violación de la raza superior por la inferior, del humano por el animal, del niño por el adulto, de la señora por el esclavo" (Hughes, op. cit., p. 111).

     Las creencias de Stoker acerca de la oposición antagonista entre las razas se derivan de su fuerte adhesión a la opinión de que la raza es tanto biológica como el elemento determinante en el comportamiento y conducta de un individuo (Ibid., p. 140).

     Eso condujo a Stoker a sostener lo que ha sido calificado como una mentalidad "patrullera", que enfatizaba la necesidad de preservar la salud de la nación impidiendo y eliminando la degeneración racial y sexual entre su fondo racial (Cf. Stott, op. cit.).

Bram Stoker


     Al igual que ocurre con las opiniones raciales que infundieron su obra, Stokes también usó sus esfuerzos literarios para plantear sus creencias acerca de la importancia de eliminar la degeneración y extraer la justa venganza cuando fuere necesario.

     Para citar a Hughes una vez más:

     "La sangre que Hunter tan placenteramente derrama es a la vez un sustituto de la desfloración abortada —una especie de justicia poética— y una afirmación del varón —del varón de raza blanca— en su poder de determinar la vida y la muerte" (Hughes, op. cit., p. 112).

     Stoker estaba preocupado por la necesidad de mantener en línea a las "razas sometidas" (es decir, las no-Blancas), y con el fin de facilitar eso, él creyó que existía la necesidad de que los ingleses volvieran a sus raíces viriles y despiadadas de tipo vikingo (Maunder, op. cit., pp. 83-84).

     Además de su conservadurismo político y fuertes opiniones raciales —las que obviamente serían llamadas hoy "racistas"— Stoker mantuvo fuertes opiniones en cuanto al tema de los judíos.

    Por ejemplo, se cree comúnmente que el personaje Drácula estuvo basado en el infame Vlad el Empalador, pero en realidad todo lo que el conde Drácula comparte con Vlad es su nombre [4].

[4] Barbara Belford, "Bram Stoker: A Biography of the Author of Dracula", Nueva York, 1996, pp. 259-260.

     En realidad Drácula se deriva del personaje Svengali de la novela de 1895 de George du Maurier "Trilby" (Ibid., p. 228). Svengali es —usted lo adivinó— un vicioso bandido judío que seduce, domina y explota a una joven muchacha anglo-irlandesa.

     Drácula, como Svengali, es un "siniestro seductor extranjero" (Ibid.), o, dicho más explícitamente, un "siniestro seductor judío" (de muchachas inglesas).

     En efecto, Stoker muestra su aversión hacia los judíos en la propia novela "Drácula" cuando él describe a Emanuel Hildesheim, uno de los principales agentes comerciales de Drácula en Rumania (y el único explícitamente mencionado), como un judío de aspecto cómico que lleva puesto un fez egipcio y que tiene una nariz como una oveja (es decir, enfatizando su alteridad racial y fealdad).

     En la colección de historias por partes que fueron publicadas tras la intensidad del éxito de la novela "Drácula", Stoker tiene un personaje en "Gipsy Prophecy" que se refiere a los judíos como vendedores ambulantes de chucherías a los ignorantes y crédulos, afirmando que ellos pueden predecir el futuro a partir de las estrellas y produciendo falsas profecías.

     Esto es confirmado en su novela "The Jewel of Seven Stars", cuando Stoker se refiere a la impotencia de las mágicas esculturas judías kabalísticas para rechazar lo sobrenatural.

     Mientras en el cuento "Crooken Sands" —que ha sido etiquetado como "anti-semítico"— [5] Stoker hace una gran obra a partir de un personaje llamado Emanuel Moses Marx, éste finge ser escocés cuando él es judío de hecho, y engaña al personaje principal (inglés) para que compre varios juegos de ropa de tartán. Marx entonces obtiene ganancias graciosamente tras engañar al inglés con mentiras y precios exorbitantes.

[5] Hughes, op. cit., p. 22; curiosamente, Stoker no es mencionado en absoluto en Montagu Frank Modder, "The Jew in the Literature of England: To the End of the 19th Century", Philadelphia, 1939.

     La moraleja de la historia que Stoker está tratando de comunicar —en el marco de "mentalidad patrullera", como diría Stott— es que uno es un tonto si confía en un forastero racial (es decir, en un judío) porque ellos siempre actuarán en pro de su mejor interés y no de los vuestros. Esto Stoker lo compara negativamente con la conducta del verdadero inglés que es un personaje de tipo Arturiano (honorable, honesto y trabajador) y que está en oposición al personaje de tipo Svengaliano (conspirativo, deshonesto y explotador) del judío.

     Como Hughes lo describe en referencia al prestamista, que es otro arquetipo judío común:

     «El prestamista en la ficción de Stoker es más característicamente retratado por medio de la figura inescrupulosa y negativa del judío, un punto en el cual la raza convencionalmente se intersecta con el "inaceptable" comportamiento fiscal. El judío está típicamente estructurado como un impostor dentro de la comunidad y con su barniz superficial de gentileza cristiana que seduce al incauto hacia la ruina financiera, como sugiere el narrador de The Man: "El señor Cavendish, cuyo verdadero nombre era Shadrach, parecía tan virtuoso y benigno que una persona inexperta realmente habría pensado que él estaba confiriendo un favor"» (Hughes, p. 63; véase también p. 68).

     Así, podemos ver que el judío en la publicación literaria de Stoker es un engañoso y peligroso extraño racial que usa su "barniz superficial de gentileza cristiana" para manipular y seducir a aquellos que están alrededor suyo. Él es una criatura del mal que está resuelto a desflorar la laboriosa inocencia del inglés: de ahí el profético llamado a las armas que hace Stoker a los ingleses para que se levanten y reclamen su antigua vitalidad racial antes de que sea demasiado tarde.


* * * * *

Bram Stoker: Anti-Judío
por FloppyBootStomp
10 de Julio de 2010


     "Drácula", la novela que catapultó a Bram Stoker hacia el reino de los immortales, es una obra provocativa y racista de falsas acusaciones políticas contra uno de los Primeros Ministros británicos, Benjamin Disraeli.

     La relación de Stoker con la política de Benjamin Disraeli es, para ser justos, multivariada (él expresó su apoyo a la política de Disraeli sobre el Tratado de Berlín de 1878, tanto en la propia novela "Drácula" como en su correspondencia familiar). Es, sin embargo, su antipatía a la política de los conservadores y el carácter anti-judío de sus coqueteos espirituales, la influencia más fundamental en él, y en su famosa criatura literaria.

     Abraham Stoker (1847-1912) era un petimetre, un típico intelectual acomodado del Dublín del siglo XIX. Su mayor merecimiento a la fama, antes de escribir "Drácula", consiste en que él se casó con Florence Balcome, la principal entretenedora de homosexuales de Oscar Wilde. Él también coqueteó con toda suerte de tonterías ocultistas, una debilidad común de gran cantidad de hijos de terratenientes irlandeses progresistas. Aquello se extendía desde un moderado interés por las mesas de Ouija y la Teosofía de Helena Blavatsky, popular en la mayoría de los salones de moda, hasta los casos extremos (de los que se rumoreaba que Stoker pertenecía a ellos), que seguían formas más radicales. Entre éstos estaba la tentativa de la última maravilla timorata en la sabiduría ocultista, la Orden Hermética del Amanecer Dorado, de Aleister Crowley.

     Tal oscurantismo era una debilidad común de las clases altas irlandesas que encontraban el catolicismo de su propio pueblo no sólo represivo y arbitrario sino también increíblemente tosco. El ocultismo era más inteligente que el catolicismo porque usaba toda clase de símbolos, cánticos y pentagramas que los católicos corrientes no podían comprender. Aquélla era una buena cosa, en particular para miembros de la élite, como Stoker, ya que eso les daba incluso más razón para mirar hacia abajo a la plebe.

     Una extraña causa común surgió entre el ocultismo y los ideales del liberalismo. Un desdén por las formas tradicionales de la religión era un rasgo clave tanto de la mentalidad liberal, con sus credenciales científicas y racionalistas, como de los nuevos movimientos espiritistas / ocultistas. El que esos dos credos fueran casi totalmente incompatibles fue encubierto en vista de enemigos comunes. Ése parece haber sido el caso de Bram Stoker, el ocultista liberal.

     El liberalismo fue, según los biógrafos de Stoker, un intenso interés durante toda la vida del escritor. Y los liberales del siglo XIX tenían un enemigo particular en su vista: el conservadurismo. Eso fue verdadero en particular en la política nacional, donde ambos campos tuvieron actitudes muy diferentes frente al "problema" de la forma irlandesa de gobierno.

     En este caso puede ser argumentado que el viejo Bram fue influído por un legítimo interés nacional. Los liberales, bajo el liderazgo indomable de William Ewart Gladstone, eran los campeones del gobierno nacional irlandés, una causa en la que Stoker creía apasionadamente. El principal opositor de Gladstone en el debate nacional (acerca de Irlanda y muchos otros temas) era Benjamin Disraeli. Disraeli era todo lo que Gladstone no era: alto, moreno, de buena apariencia, atildado, fácilmente encantador y, coronándolo todo, un judío de extracción europea incierta. Él era también el favorito de la reina Victoria. Disraeli, como indican las historietas de prensa de la época, se convirtió en una popular figura de odio para los liberales. En defensa de éstos, no fueron ellos los que lanzaron la primera piedra.

Benjamin Disraeli y la Reina Victoriia de Inglaterra

     La carrera política de Disraeli, como la de Geoffrey Archer un siglo más tarde, combinó política y literatura con mucho éxito. Disraeli era, sin embargo, un duro polemista (a diferencia de Archer). Desde su primera novela, "Vivian Gray" (un ataque escasamente velado contra un escándalo de corrupción entre los conservadores), él usó los libros para ir tras sus enemigos políticos. Ninguno de sus contemporáneos leería una novela de Disraeli sin esperar encontrar un ataque contra sus rivales dentro del partido Conservador o, más probablemente, sus opositores liberales. ¿Es posible que Bram Stoker volcara las mesas contra Disraeli, hiriéndolo con sus propias armas?.

     Entonces examinemos la evidencia presente en "Drácula", aquel clásico de la literatura "gótica". Stoker toma a un espantajo medieval popular en siglos anteriores (las novelas de vampiros escritas por Polidori, Proust, Maupassant y Le Fanu son antecedentes obvios) y lo convierte en... bien. Algunas personas afirman que Henry Irving fue el modelo [actor y empresario teatral inglés, que trabajó en el Lyceum Theatre de Londres, donde Stoker era el gerente comercial]. No estoy tan seguro. ¿Podría tratarse del favorito de la reina Victoria, del propio viejo Disraeli?.

     Aquí tenemos a un monstruoso malvado que es alto, moreno, de buena apariencia, atildado, fácilmente encantador y de extracción europea incierta. Hasta ahora bien, en términos de una polémica anti-Disraeli ("Drácula" fue primero publicado siete años después de la muerte de Disraeli, pero fue probablemente escrito, al menos en parte, durante la vida de él). Esas semejanzas físicas son intrigantes, pero no convincentes por sí mismas. Otros elementos, sin embargo, añaden peso a mi tesis.

     Si usted mira al colmilludo conde a través de la óptica del anti-judaísmo del siglo XIX, la novela se hace bastante más inquietante. Para empezar, el conde Drácula es repelido por los símbolos cristianos. La creencia común de que los judíos son anti-cristianos es un tema común en la literatura "de odio" de la época. Esto es reforzado en una manera bastante perturbadora por los requerimientos alimentarios de Drácula: la sangre.

     El uso de la sangre en la propaganda anti-judía tiene una larga y distinguida tradición. Es a menudo la sangre cristiana la que es el objeto de deseo y disputa. En El Mercader de Venecia, por ejemplo, Shylock es frustrado por Shakespeare cuando el tribunal le niega ese fluído particular. El libelo de sangre, que es completamente pertinente en este caso, acusaba a los judíos de matar a bebés cristianos para usar su sangre para hornear su pan. Muchos disturbios y pogroms medievales anti-judíos fueron alimentados por esos mitos. "Drácula" simplemente introduce un nuevo giro en este antiguo odio racial: el colmillo aguzado.

     Otro aspecto del trasfondo anti-judío en la novela de Bram Stoker es el asunto de la riqueza y la clase. Drácula vive en un castillo y oprime a los pobres de Transilvania por medio de su tiránico gobierno. Stoker juega con el prejuicio de que toda la riqueza y poder de los judíos son obtenidos por medios ilegítimos. Éste es un tiro de Stoker, un caballero terrateniente de viejo dinero, contra un arribista Disraeli, cuya familia hizo su fortuna por el vil método del comercio. El personaje de Drácula es creado a partir de una codificada "judeidad" basada en el prejuicio común (bebida de sangre, opresión del pobre, usura, calidad de extranjero).

     Entonces allí usted lo tiene. Otro garrote con el cual golpear a los entusiastas admiradores de los vampiros: los vampiros modernos son el producto una caricatura racista y distorsionada de un político muerto. Paradójicamente, Stoker intenta destruír a un viejo enemigo político, pero le da nueva vida desde más allá de la tumba (en forma de monstruo). El mensaje principal de "Drácula" podría ser éste: que Disraeli y su clase conservadora nunca deberían surgir otra vez para aterrorizar la tierra.

     ¿Muy improbable? Tal vez. Pero la idea de los conservadores como malvados demonios es buena. ¡Deberíamos agarrar una horqueta y una estaca, amigos, y dirigirnos donde David Cameron y matar algunos monstruos!.–


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada