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miércoles, 5 de abril de 2017

John Kaminski - La Carrera hacia el Arcoíris



     Fechado en Enero de 2004 en uno de los sitios que publica el siguiente artículo de John Kaminski y que presentamos en castellano, con Bush, el 11-S y la invasión de Iraq en 2003 como telón de fondo, reflexiona este texto (The Race to the Rainbow Bridge) acerca de la relación entre la religión establecida, la perversión del dinero, la industria de la guerra y la mitología nórdica, fuera de considerar cómo han estado siendo recortadas las libertades individuales por el monstruo que es el Estado secuestrado.


La Carrera hacia el Puente del Arcoíris
por John Kaminski
Enero de 2004



Las opciones son claras: o la tiranía o la racionalidad


     Mi primer instinto es decirle a usted que esto no tiene nada que ver con acontecimientos, política o religión actuales; pero en efecto tiene que ver con todos esos tres asuntos.

     Mi segundo instinto es decir que el principio más importante en la política humana es la separación de Iglesia y Estado, no para impedir que los principios eternos y probados de todas las religiones beneficien a la Humanidad sino simplemente para impedir las peleas y malentendidos acerca de terminologías, que desvían todos los argumentos acerca de lo que permitirá a la raza humana sobrevivir a sus propios repugnantes hábitos de sus frívolas sutilezas sectarias.

     Como especie, estamos a punto de pasar hacia un nuevo modo de vivir, de existir, de organizar la sociedad humana en nuestro planeta. El viejo camino ha fallado, de manera manifiesta. El poder acumulado en las manos de unos pocos avaros no da origen a la beneficencia que "chorrea" desde arriba, como los ricos innatos siguen insistiendo. Y no tenemos conocimiento de que una democracia genuina pudiera conseguir un mayor grado de justicia, porque ninguna democracia real ha sido alguna vez establecida. Pero sí sabemos de cierto que el viejo sistema produce guerras interminables y tóxicos cementerios, de manera que no valdría la pena intentar al menos una vez una democracia genuina.

     La gente es incapaz de resistir a la corrupción material; cada uno tiene un precio, más allá del cual su moralidad falla. Hemos abandonado, por lo general, las exhortaciones de Jesús para amar a nuestros vecinos, en favor de la falsa creencia de que el dinero puede inmunizarnos de la mortalidad.

     ¿Podemos idear nuevos mecanismos para vacunar mentalmente nuestras mentes contra la tentación de la corrupción a nivel social? Por cuanto la especie humana se precipita hacia un futuro de resultado incierto, esos mecanismos deben centrarse indudablemente en la naturaleza del dinero. Más bien que seguir nuestro curso actual hacia una sociedad de amos y esclavos más definitiva en la cual la fuerza militar es la entidad definitoria, tenemos que encontrar un modo de amplificar la prioridad psicológica de la moralidad y en consecuencia disminuír la atracción de la egoísta avaricia.

     Sé que esto suena como una especie de vana justificación de Mao Tse-Tung, pero ¿no podemos canalizar de nuevo nuestros objetivos para la felicidad hacia nuestras relaciones con otros más bien que tratar de conseguir juguetes para nosotros mismos?.

     Bien podría ser que una fusión de bancos e iglesias evolucione un día en un dinero universal basado tanto en la moralidad como en el bienestar del sistema, además del valor material relacionado únicamente con la supervivencia y comodidad del individuo.

     El capitalismo ha fracasado porque se basa en barrios marginales para verter sus productos fallidos, así como en una fluidez no regulada en la cima que constantemente nos reduce nuestros arruinados presupuestos. Un sistema socialista nunca ha dejado de vencer las tentaciones del privilegio y la autoridad, y la corrupción tiránica siempre ha evolucionado a partir de nobles intenciones en favor de las masas hacia procesos administrativos de una colectivizada riqueza libre de impuestos.

     Ningún sistema de gobierno que haya sido ideado en este planeta ha colocado realmente alguna vez el control de sus recursos en las manos de su comunidad. La corrupción siempre ha prevalecido, y las mentes más rápidas siempre han logrado arrancarse con el botín y han dejado a las masas pasando hambre. La verdadera riqueza siempre permanece en las manos de unos pocos privilegiados. No hay ningún ejemplo más claro de cómo nuestras religiones nos han fallado. Todas ellas han sido sobornadas por autoridades seculares a cambio del derecho, protegido por el Estado, de trasquilar a sus rebaños.

     No podemos aspirar auténticamente a la verdadera libertad mientras el suministro de dinero permanezca en las manos de unos pocos hombres ricos. Mientras lo haga, tenemos cero poder sobre los acontecimientos y procesos que controlan nuestras vidas.

     Por supuesto, el dinero es una cosa neutral. No tiene ningún valor intrínseco en sí mismo. Es el valor obvio lo que ello representa, o la riqueza material que puede ser intercambiada, o convertida en dinero.

     Puede ser imposible vincular un elemento moral al dinero, porque el mismo acto que vincularía su uso a los preceptos de consenso de una sociedad que trata de ser moral colocaría necesariamente límites a la libertad de elección que probablemente la mayor parte de nosotros no podría soportar.

     Así, al perfeccionar la naturaleza del dinero como un camino posible para la creación de una sociedad más humana y menos asesina, tendríamos probablemente que limitar nuestros objetivos a examinar la práctica de la usura, y luego más diligentemente identificar a aquellos que realmente controlan el dinero, tareas que serán presumiblemente dos de las más difíciles y escurridizas que la Humanidad haya emprendido alguna vez.

     Aquella brillante maravilla tecnológica llamada la Civilización Occidental ha sido construída completamente sobre la usura. Sin la especulación del capital, ningún rascacielos habría sido construído nunca. ¿Cuándo llegará el día, me pregunto, en que nos hagamos esta pregunta: Son los rascacielos lo que queremos para expresar la excelencia de nuestra civilización?. ¿Cuán buenos son los rascacielos? Ellos son deslumbrantes monumentos a la avaricia, que no sirven para ningún propósito aparte de impresionar e inspirar a aquellos que están camino a la explotación y el engaño a costa de otros que tratan simplemente de vivir sus vidas.

    ¿Podría ser que un día cambiemos voluntariamente nuestros rascacielos y nuestra usura por un sistema que produzca comunidades felices y autosuficientes de modestos medios y virtudes, más bien que deslumbrantes megalópolis que impresionan desde la distancia porque usted no puede ver los cuerpos de la gente sin hogar descomponiéndose y muriendo en sus callejones azotados por el viento?.

     Entonces surge la pregunta de quién realmente controla el suministro de dinero, y por qué se trata de la misma gente generación tras generación. ¿Por qué 34 de los 43 Presidentes de EE.UU. [hasta George W.C. Bush] descienden de Carlomagno, y por qué es que en cada elección son los amos de las finanzas los que consiguen nominar a ambos candidatos alternativos? Si usted piensa que vive en un país libre y que posee derecho a la libre expresión, usted lamentablemente está equivocado.

     El dinero gobierna al mundo. Mientras lo haga, nunca podremos gobernarnos realmente a nosotros mismos.

     Pero el dinero es sólo una pequeña parte de la transición del hombre hacia un futuro más humano y funcional. Es un poco como la calidad del aceite de motor para el motor colectivo de la Humanidad. ¿Y si la riqueza realmente fuera acumulada en base a la clase de gente que podríamos ser, más bien que en lo que somos ahora, en base a la clase de hegemonía material y de procedimientos que los individuos pueden ejercer sobre una materia o proceso dados? En primer lugar, esa clase de sistema monetario solucionaría todos nuestros problemas ambientales casi inmediatamente.

     Y el principal modo de sacar beneficios durante los cinco mil años de la sociedad humana organizada —haciendo la guerra— ciertamente disminuiría.

     Si puedo seguir con la metáfora de motor... Si el dinero es el aceite del motor, entonces la religión es el combustible. El desempeño del motor —la gente que hace lo que necesita para sobrevivir, prosperar y ser feliz— puede ser juzgado por la calidad de los humos que salen por el tubo de escape colectivo de la Humanidad. En la mayor parte de los casos, aquél es muy tóxico.

     Y no sólo es tóxico, sino que muy probablemente es tan dañino porque estamos usando el combustible incorrecto que lo produce. No hablo aquí tanto de la comida (aunque seguramente el futuro nos permitirá reestructurar radicalmente nuestras dietas en algo mucho más sensible) como de las ideas que la religión imbuye en nuestras mentes.

     Quizás la imagen del vaquero estadounidense es la metáfora contemporánea perfecta para los seres humanos (o tal vez eso es porque pasé la mayor parte de mi infancia temprana con una pistola de plástico atada con correa a mi cintura aterrorizando tiendas de comestibles del vecindario, aferrándome todo el tiempo al meñique de mi madre).

     Con aquella arma en nuestras manos (un símbolo de la potencia humana combinado con el valor tecnológico), nosotros podemos conquistar lo salvaje, someter a asustadizos animales salvajes y eliminar a aquellos seres que consideramos hostiles a nuestros propios intereses, específicamente a aquellos salvajes indígenas cuya formación cultural hemos considerado inferior a la nuestra.

     Recibimos esas ideas directamente de la religión, específicamente del Antiguo Testamento, en el cual un dios colérico una y otra vez impulsa a sus fieles seguidores a borrar a los atroces infieles simplemente porque ellos adoran a otros dioses, o en muchos casos simplemente porque ellos no hablan el mismo idioma que la persona que tiene la "pistola" más poderosa (aunque allá en los antiguos días aquélla podría haber sido una lanza, o una espada).

     Pero ahora, en el mundo atestado hasta el desván con almas superfluas, el motivo del vaquero armado simplemente no impresiona. El vaquero debe ser necesariamente sustituído. Pero ¿con qué?.

     Los derechos individuales nunca desaparecerán, no importa cómo ellos puedan ser adaptados por los requerimientos del Estado. La principal piedra angular de la vida social es la libertad individual, la elección consciente del propio destino.

     No importa cuán atestado llegue a estar este planeta, aquello nunca será erradicado de nosotros, porque es instintivo. Cada uno de nosotros posee su propio mundo de sueños individual.

     No importa cuán afanosamente el Estado trate de borrar ese deseo en los individuos, no tendrá éxito. El reconocimiento de que cada ser humano es parte de una conciencia animal mucho más grande —llámela la Ummah [= comunidad (de creyentes en el Islam), en árabe], si prefiere— debe ser voluntario. De otro modo, eso es tiranía y, por definición, no libertad individual.

     Sin embargo, dicha comprensión le llegará un día a cada uno. Está escrita en todos los libros santos, aunque por una infinitud de nombres diferentes. Y a pesar de todo, en un contexto cierto, muy importante, las religiones nos han conducido en la dirección incorrecta. Si no, por otra parte, ¿por qué todas estas guerras?.

     Permita que me explique. He notado, cuando hablo con una persona que insiste en que ella es religiosa, la sensación de que lo que realmente digo nunca puede entrar en el cerebro de aquella otra persona, porque ella siempre interpreta mis palabras no de manera empírica y literal sino en el contexto de su propio sistema de creencias. Así, la comunicación es generalmente impedida cuando el receptor de un pensamiento de algún otro lo traduce en la terminología de su propia perspectiva religiosa. Como es evidenciado por la cantidad de lucha en el mundo, eso por lo general significa una traducción errónea, un malentendido y un conflicto.

     Además, la tendencia de la mayor parte de las religiones a colgar una especie de cómodo concepto de vida futura como una zanahoria de cebo delante de sus potenciales adherentes, hace más fácil movilizar a esos mismos lemmings como carne de cañón en guerras de la elección de una Iglesia. Demonios, si usted muere, usted sólo va al cielo, o regresa como algún otro. Esos conceptos aumentan la propensión al asesinato, y no al revés, como insisten todos los hombres santos.

     Para mí, estas dos razones son una evidencia absoluta de la necesidad de separar Iglesia y Estado.

     Central en esta desafortunada tendencia a la confusión y el resentimiento en cualquier sociedad es el papel del medio predominante de información, que hoy serían los medios informativos pero que en el pasado habrían sido la Iglesia o el monarca, quienes habrían definido el tipo de sociedad en la cual la gente vivía.

     Como las necesidades de las personas en general y las de la aristocracia que gobierna han de diferir necesariamente (siendo esta última el explotador que recolecta, y las primeras las víctimas que pagan), por lo tanto la información que ellos comunican y la percepción de su existencia tienden a diferenciarse. Ejemplo: la clase campesina se referiría a sus señores como ladrones que injustamente roban, y los señores considerarían a sus siervos como meros granos en el cutis de su sociedad por otra parte sonrosado). Por consiguiente, las medidas tomadas por aquellos que están en el poder indefectiblemente ofenden a aquellos que carecen de poder, y la respuesta del pobre y victimizado indudablemente produce los mismos sentimientos en aquellos que se imaginan a sí mismos como pertenecientes a la aristocracia.

     Me levanté de la cama esta mañana con la palabra "bifurcación" en la punta de mi lengua, ya que estaba pensando en estos dos divergentes hilos de pensamiento —las perspectivas del rico y del pobre, de los que tienen y los que no— dentro del actual contexto de progresiva tiranía que parece estar a punto de sumergir al mundo entero. Tal vez fue porque miré demasiado las superfluas celebraciones políticas después de los resultados por la televisión ayer, demasiadas escenas de forzada alegría de partidarios de muchos candidatos, afirmando todos una portentosa victoria en ese peculiar pequeño ritual político.

     Lo que me irritó bastante esta temporada política es el completo y vergonzoso fracaso de la oposición política para definir correcta y valientemente la colosal criminalidad de la actual administración de Washington, en particular sus fracasos para notificar a todos los estadounidenses que Estados Unidos está emprendiendo guerras y malgastando las vidas de sus propios hijos en ataques injustificables contra gente inocente en tierras lejanas. Peor aún, y lo que parece aún más lejos de suceder, es el reconocimiento por parte del público estadounidense de que sus propios líderes tramaron la tragedia conocida como el 11-S a fin de beneficiarse del miedo frenético que produjeron esos engañosos ataques.

     "Bifurcación" es el acto de dividir algo en dos ramas. El pensamiento humano colectivo siempre ha estado dividido en dos ramas: el dominador contra el impotente. Lo que veo ahora, y por qué la palabra "bifurcación" tiene importancia para mí, es que la verdad no está llegando a la gente. El cuadro del mundo que es presentado por los medios noticiosos por todo el planeta simplemente no es objetivamente correcto. La bifurcación está creciendo en Estados Unidos, donde todo lo presentado en los medios de comunicación es afirmado con respecto a un enemigo que ni siquiera existe como una entidad separada del gobierno que supuestamente está luchando contra él. Sin embargo esa fabricada razón fundamental es presentada diariamente como la justificación para la violencia permanente y el robo continuado.

     En el Estados Unidos del siglo XXI estamos haciendo la guerra contra los fantasmas de nuestras propias mentiras, y nos estamos matando a nosotros mismos debido a ello.

     Créalo o no, este torpe intento de envolver dinero, medios de comunicación y religión en el mismo pensamiento tiene un propósito. El objetivo es decirle a usted que la bifurcación —esta diferencia de percepción entre la gente corriente y los amos del dinero que manipulan nuestras vidas— está a punto de destruír el mundo tal como lo conocemos.

     Piense en los principales acontecimientos políticos de los pasados 15 años, sólo por el bien de la comprensión. En 1990 organizamos la Guerra del Golfo después de primero atraer a Saddam Hussein, nuestro antiguo aliado y lacayo de la CIA, a la invasión de Kuwait. Los cabecillas de Washington realmente contrataron a una firma de relaciones públicas para tramar historias espantosas sobre la maldad de las intenciones de Iraq como un modo de justificar nuestra inmoral agresión.

     Los medios de comunicación alabaron cómo Estados Unidos estaba defendiendo la democracia en el Golfo Pérsico, pero la gente con un cerebro que funciona comprendió que sólo estábamos defendiendo el derecho de ricos elitistas a controlar más petróleo.

     Un par de años más tarde tuvimos una explosión en el Centro Mundial de Comercio. Se reveló más tarde, pero nunca fue ampliamente hecho público —y ciertamente nunca extensamente conocido entre el público estadounidense—, que un informante de la FBI intentó detener la explosión real de 1993 [1], pero que sus "manejadores" permitieron que la operación siguiera, para el objetivo de relaciones públicas de proferir calumnias contra los tontos árabes reclutados por la CIA para ese complot cojo.

[1] http://www.serendipity.li/wot/adam.htm#fbi

     Poco después de eso vino Waco [2], donde casi 100 personas fueron quemadas hasta la muerte en una casa granjera de Texas por las fuerzas armadas de nuestro país. Las historias posteriores, leídas por demasiado pocos, revelaron que varias de aquellas personas habían sido muertas a tiros. Los motivos de tal precipitado comportamiento nunca han sido revelados, pero la gente comenzó a pensar dos veces acerca de grupos religiosos escindidos.


[2] http://www.serendipity.li/waco.html

     Y luego justo después de eso, el Edificio Federal de la Ciudad de Oklahoma se desplomó, con la responsabilidad colocada en una bomba de camión que ni siquiera derribó un árbol que estaba al lado del vehículo. Pero ese demolido edificio y 168 muertos fueron usados como un pretexto para recortar nuestras libertades civiles y hacer que aquellos vigorosos individuos que abogan por la independencia aparecieran como criminales por hablar de la libertad personal.



     Y la Ciudad de Oklahoma, por supuesto, fue la prueba y ensayo para los 2.000 ó 3.000 estadounidenses asesinados en el Centro Mundial de Comercio [3], en el corazón de nuestra ciudad más grande, siendo culpados de ese sucio hecho otra vez extranjeros de piel morena, y provocando el acontecimiento una guerra masiva contra el mundo entero así como la más seria represión contra las libertades individuales de los ciudadanos estadounidenses en su historia.

[3] http://www.serendipity.li/wtc.htm

     ¿Puede usted ver la bifurcación?. ¿Puede usted percibir la diferencia entre lo que realmente está sucediendo y los fabricados hechos que nos son presentados por los predadores dominadores que controlan nuestro dinero y nuestros procesos de pensamiento?.

     Para mí, ésta es la gran oportunidad de examinar el asunto del 11-S. Al comprender que esa asombrosa tragedia fue tramada por nuestros propios líderes, se abre una ventana para ver cómo la política exterior estadounidense siempre ha sido predadora. Mentiras han sido elaboradas como la justificación para la conquista y el saqueo, y el pueblo estadounidense las ha comprado con aire de suficiencia, predicando todo el tiempo la libertad y el destino manifiesto. Ésta es la misma razón que ya usamos para matar a todos aquellos indios.

     Ahora bien, ya dije todo lo que tenía que decir al respecto. Estamos corriendo hacia un punto decisivo. Acontecimientos tales como la degradación de la biósfera, la centralización de la producción de alimentos, el uso de fármacos de prescripción, la decadencia del capitalismo y la cada vez más sofisticada evolución de las armas, nos están conduciendo todos hacia un punto de no retorno, donde va a resultar algo realmente malo que no seremos capaces de deshacer. Y esto está sucediendo debido a esta bifurcación en la percepción pública, donde los periodistas que profesan ser objetivos son incapaces o reacios a admitir que ellos han encubierto los verdaderos hechos sobre tantas cosas que ya no es posible recuperar ninguna visión consensualmente auténtica de lo que realmente nos está ocurriendo.

     Estamos ahora en un punto trascendental en el camino de la historia humana. Un camino, aquel en el que estamos, que está pavimentado con oro. Recorrerlo en adelante significa más del asesinato, tiranía y explotación que se han convertido en los sellos de la historia de nuestra especie. El otro camino es suciedad pura, y, por extraño que parezca, conduce a nosotros mismos y a un renovado entendimiento y apreciación de la relación entre nosotros y el planeta que nos sustenta. La opción está clara: es o la tiranía o la racionalidad. Escoja el oro o la suciedad. Es el clásico trato con el diablo.

     La mitología nórdica relata la historia del Ragnarok, en el cual Loki, el dios engañador, representando a la gente común del linaje antiguo, encuentra a Heimdall el Sacerdote, que representa a todas las religiones piadosas y corruptas en el mundo, en una batalla final sobre el Puente del Arco Iris, después de lo cual el mundo entero es destruído. Típicamente, las redacciones de ese mito maltratado para nosotros por transcriptores religiosos, a través de las épocas han representado a Loki como el malhechor y a Heimdall como el piadoso sostenedor de la tradición. Incluso desde las nieblas de la Prehistoria vemos esta engañosa bifurcación del pensamiento y tergiversación de la intención por una búsqueda de beneficios y poder que sofoca la innata búsqueda humana del auto-conocimiento.

     Si debemos evitar nuestro propio Ragnarok, cuyo espectro es inminente en un mundo sitiado por municiones de uranio empobrecido, alimentos genéticamente diseñados y fármacos productores de psicosis, debemos percibir la bifurcación, debemos ver que lo que nuestros amos nos dicen está destinado a matarnos, no a enriquecernos.

     Estamos al borde del Armagedón. Esto no es ninguna exageración. La curación de la enfermedad del dinero y el reconocimiento de que la información del amo no es sino un dulce veneno, son los dos obstáculos principales a lo que podría ser un futuro afortunado y fructífero para todos nosotros, si sólo pudiéramos reconocer y des-toxificar aquellos obstáculos que bloquean nuestro camino.

     Por otra parte, en un día cercano, los dos protagonistas antiguos se encontrarán, seguros de su deber, en aquel fatídico Puente del Arco Iris. Ahora mismo la mejor conjetura es que el Puente del Arco Iris está localizado entre Jerusalén y Ramala [en Cisjordania en Palestina]. Y, tal como en el Ragnarok, la chispa que se encienda consumirá al mundo en llamas.–



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