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jueves, 6 de abril de 2017

Mark Collett - La Mente, la Caída y la Feminización Occidental



     Continuando con una entrada anterior, presentamos aquí en castellano una nueva selección (el Prefacio y los capítulos 1, 2, 5 y 12) del libro de 2017 del joven político británico Mark Collett The Fall of Western Man. En una reseña de su libro se destaca que el autor usa la psicología freudiana para explicar cómo una vulnerabilidad dentro de la psique humana se ha convertido en el talón de Aquiles de las naciones occidentales, y cómo dicha vulnerabilidad hace que nos dañemos a nosotros mismos y a nuestras comunidades; cómo dicha vulnerabilidad proporciona a nuestros enemigos una clave que puede ser usada para conseguir una ventaja sobre nosotros, y lo que es necesario hacer para protegernos contra los efectos de aquella vulnerabilidad.


La Caída del Hombre Occidental (2 de 4)
por Mark Collett
Enero de 2017



PREFACIO


     Este libro procura dar unas pinceladas e ilustrar acerca de tendencias importantes dentro de la sociedad occidental. Está escrito con el telón de fondo de la civilización occidental estando al borde del colapso y con el hombre occidental rápidamente dirigiéndose a convertirse en una minoría en sus propias patrias. Estos puntos no son debatidos o detallados aquí, ya que sólo se requiere mirar los datos demográficos o los reportes noticiosos para ver cómo la composición racial y cultural de Occidente ha cambiado dramáticamente durante las últimas décadas.

     Este libro no procura caminar por el típico y gastado terreno que se ha recorrido una y otra vez. Este libro no procura culpar de la ruina de Occidente a los inmigrantes sino más bien a los cambios que han afectado al hombre occidental y han causado la dislocación de la sociedad occidental. La inmigración obviamente conduce a problemas demográficos como ya se mencionó, pero no es ella la que ha fracturado a las comunidades occidentales.

     En vez de ello, este libro procura analizar cómo el hombre occidental se ha salido de su pista y ha perdido su camino. Procura analizar el estado mental del hombre occidental y mostrar cómo los enemigos de Occidente han afectado de manera sutil la psique occidental. Este libro desvela los modos en que las influencias negativas y la degeneración han sido repetidamente impulsadas sobre el hombre occidental y usadas para socavar sociedades alguna vez cohesivas.

     Este libro usa citas y ejemplos ilustrativos para describir la degeneración que ha sido impuesta sobre Occidente; sin embargo, hay tantos ejemplos, que enumerarlos todos sería excesivo. El lector es libre de, y animado a, aplicar la lógica aquí y encontrar sus propios ejemplos que puedan encajar fácilmente en el marco de los argumentos. Si uno tratara de enumerar cada solo ejemplo aquello llenaría docenas de libros, y, para citar a Shakespeare, "La brevedad es el alma del ingenio".

     Igualmente, este libro no se ocupa de enumerar nombres de personas que han impulsado tal degeneración sobre Occidente. Nuevamente, eso sería improductivo y podría llenar fácilmente docenas de libros. El lector es otra vez animado a realizar sus propias investigaciones en cuanto a quiénes son los "enemigos de Occidente".

     El objetivo de este libro es analizar las maneras en las cuales el hombre occidental ha sido engañado y perdió su camino, y la forma en que las estructuras que alguna vez mantuvieron unida a la sociedad occidental han sido socavadas y erosionadas o pervertidas.




Capítulo 1
El ELLO, el YO y el SUPERYÓ


     El Ello, el Yo y el Superyó (Id, Ego y Superego) son las tres partes componentes de la mente humana presentes en la psicología freudiana. Estas tres partes distintas de la mente (o psique) interactúan unas con otras para influír en el modo en que nos comportamos, y moderan el modo en que interactuamos con nuestro ambiente y con otros individuos dentro de aquel ambiente. Freud sostuvo que el Ello, el Yo y el Superyó afectan la toma de decisiones y nos guían por un camino particular basado en nuestras necesidades y en sobre cómo deberíamos satisfacer aquellas necesidades.

     Antes de que hablemos de y entendamos cada uno de estos componentes, es importante comprender por qué debemos entenderlos. El Ello, el Yo y el Superyó y la moderna comprensión de nuestra psique fueron desarrollados por Sigmund Freud (nacido como Sigismund Schlomo Freud, 6 de Mayo de 1856—23 de Septiembre de 1939). Freud fue un neurólogo austriaco y es reconocido como el padre del Psicoanálisis.

     El trabajo de Freud forma una base para entender cómo funcionan nuestras mentes, y entender el funcionamiento de la mente es entender cómo nosotros en tanto seres humanos trabajamos en el nivel mental, y es la clave para entender lo que impulsa y dicta nuestras acciones. Una vez que uno entiende cómo funciona la compleja mente humana, se puede ver cómo el funcionamiento de la mente puede ser influído y alterado, y de esa manera, cómo la manipulación de la mente puede ser usada para cambiar el comportamiento de una persona individual o un grupo de gente.

     La clave para entender la mente daría a cualquier persona o grupo de gente una poderosa ventaja sobre otros. Esa ventaja permitiría que aquella gente usara técnicas sutiles y coercitivas a fin de no sólo influír en la mente, sino también influír en el comportamiento de la gente cuyas mentes están siendo influídas. En efecto, entender la mente abriría los secretos para controlar a la gente, no mediante la fuerza sino por medios más desviados y sutiles.

     Una vez que el funcionamiento de la mente es entendido, un grupo inescrupuloso podría fácilmente usar ese conocimiento a fin de colocar cadenas mentales sobre la gente o desatar los peores aspectos mentales que están ocultos dentro de la psique de aquella gente a fin de asegurar su servidumbre o su destrucción.

     Igualmente, entender la propia mente y el modo en que funciona es dar a los individuos la llave para las cadenas mentales colocadas sobre ellos. Entender la propia mente sería entender cómo uno podría ser manipulado y, a su vez, cómo uno podría evitar aquella manipulación.

     No es ningún secreto que el mundo occidental está en decadencia y tampoco es secreto que el hombre occidental ha perdido su camino. Sin embargo, ¿por qué es esto, por qué el alguna vez poderoso hombre occidental que exploró y conquistó el mundo ha sido reducido a tan poco en un período tan corto de tiempo? Las explicaciones populares se extenderán e incluirán políticas gubernamentales, liberalismo, socialismo, inmigración, e incluso factores como el desempleo. Éstas sin embargo son todas influencias externas sobre el hombre occidental.

     El propósito de este libro es afirmar que no son simplemente los cambios en el gobierno del hombre occidental, o los cambios en la composición de su patria, ni los cambios en su medioambiente los que realmente han destruído lo que hizo grande al hombre occidental. Son, de hecho, cambios sutiles y prolongados en la mente del hombre occidental que han ocurrido durante la mayor parte de un siglo los que han alterado la manera en la cual funciona la mente del hombre occidental.

     Esta sutil manipulación de la mente del hombre occidental por sus enemigos —aquellos que desean ver derrumbarse a Occidente— ha alterado la conducta del hombre occidental y lo ha privado de los rasgos que lo hicieron grande y fuerte, y al mismo tiempo dicha manipulación desencadenó y alimentó rasgos negativos a fin de hacerlo degenerado y débil. Los enemigos de Occidente no han atacado al hombre occidental en una manera abierta y física sino por medio de una engañosa serie de ataques apuntados a la mente.

     Sólo entendiendo la manera en que funciona la mente y abriendo los ojos a los ataques mentales contra la psique occidental puede uno alguna vez procurar fortalecerse contra aquellos ataques. Entender la mente es el primer paso en la construcción de aquella defensa. Al entender la mente uno puede aprender entonces cómo la mente es atacada y comenzar a ver aquellos ataques, y de ahí comenzar a ser capaz de construír una defensa contra ellos.

     Para salvar a Occidente y salvar al hombre occidental, la búsqueda comienza en el entendimiento de lo que nos hace ser lo que somos. Esta búsqueda comienza con el entendimiento del Ello, el Yo y el Superyó.


El Ello (Id)

     El Ello es la primera parte de nuestra psique; está presente desde el nacimiento y lo forman nuestros instintos y tendencias naturales. Esas tendencias e instintos son heredados y están presentes en cada niño. Esas tendencias están compuestas por las fuerzas impulsoras de la vida, tendencias tales como la necesidad de comer, de dormir, de beber y de reproducirse y satisfacer nuestras necesidades sexuales.

     El Ello es la parte impulsiva de nuestra psique, y por ello es subconsciente. El Ello responde directamente a los instintos y así sin restricciones empuja a la mente humana hacia decisiones imprudentes e impulsivas en la búsqueda de la satisfacción inmediata.

     Cuando el Ello es satisfecho experimentamos placer, y cuando es negado, experimentamos displacer, descontento o dolor. Freud describió al Ello como actuando de acuerdo al "Principio del Placer", que es la idea de que cada deseo del Ello ansía la satisfacción inmediata, sin tener en cuenta las consecuencias.

     Como tal, el Ello no es afectado por la realidad del mundo cotidiano. Por sí mismo no considera la moralidad o la lógica, ni siquiera la seguridad física; es simplemente una tendencia primitiva que procura satisfacer necesidades y placeres elementales. Es a menudo irracional y orientado hacia el momento inmediato y la satisfacción de cualquier deseo particular que sea el más grande en un momento dado.

     Para establecer una analogía, el Ello está preocupado por la satisfacción de impulsos inmediatos y de cumplir el Principio del Placer. Tomemos el hambre como ejemplo. Si el individuo está hambriento, el Ello desea satisfacer aquella hambre obteniendo comida. El Ello sólo se preocupa por la satisfacción; sólo se preocupa por satisfacer aquella necesidad tan rápidamente como le sea posible. Una vez que el Ello ve su objetivo, se moverá para conseguir aquel objetivo en una manera implacable e irrestricta hasta que el hambre sea satisfecha.

     El Ello es la parte completamente inconsciente, impulsiva e infantil de la psique que funciona de acuerdo al Principio del Placer y es la fuente de impulsos y tendencias básicos; él busca el placer inmediato y la satisfacción.


El Yo (Ego)

     El Yo es la siguiente parte de nuestra psique, y constituye lo que es mencionado como el "Principio de Realidad". En efecto, el Yo modera al Ello con miras a lo que es realista. El Yo también desea el placer, quiere que el Ello sea satisfecho y desea perseguir los impulsos e instintos naturales; sin embargo, moderará el comportamiento y a menudo renunciará a la búsqueda del placer si eso significa evitar el dolor o repercusiones negativas.

     Esencialmente, el Yo está preocupado por la creación de un camino viable para satisfacer al Ello. Desea asegurar que el placer sea obtenido, pero al mismo tiempo se asegura de que sea evitada cualquier consecuencia negativa por perseguir y alcanzar aquel placer. El Yo está preocupado por la supervivencia y es un impulso realista orientado hacia la solución de problemas.

     El Yo, sin embargo, no está preocupado por lo correcto o incorrecto. El Yo no se preocupa por la moralidad; se ocupa simplemente de asegurar que el Ello sea satisfecho, pero que tal satisfacción sea conseguida sin causar daño al individuo, lo que comprometería de esa manera la supervivencia continuada del individuo.

     Para seguir la analogía, si el Ello tiene hambre, la fuerza impulsora es desear y obtener la comida. El Ello perseguirá implacablemente el objetivo de satisfacer aquella necesidad mediante la obtención de comida. Si el Ello ve su objetivo y puede obtener lo que desea, la fuerza predominante es moverse para tomar aquella comida y satisfacer la necesidad inmediata. Sin embargo el Yo mantiene al Ello bajo control y pregunta si es seguro perseguir aquel objetivo. En este ejemplo de necesitar comida, si el Ello desea comida y ve un sabroso bistec, se moverá para reclamar aquel bistec, pero al mismo tiempo el Yo evaluará si aquel movimiento es seguro y no provocará daño. Si el bistec no está cuidado por nadie y puede ser reclamado sin causar daño al individuo, el Yo dejará al Ello perseguir su objetivo.

     Sin embargo, si el filete está siendo vigilado por un perro grande y cruel el Yo intentará prevalecer sobre el Ello y pospondrá el placer a fin de proteger al individuo y promover la supervivencia a largo plazo por sobre la satisfacción inmediata.


El Superyó (Superego)

     El Superyó es la parte final de la psique. No está basado en tendencias naturales o en la realidad sino en cambio en la moralidad. Es algo que es aprendido y que se desarrolla con el tiempo, y es también algo que es único y difiere entre diferentes culturas y grupos raciales cuando es impartido por la comunidad al individuo.

     El Superyó es impartido principalmente por los padres y fuertes modelos de comportamiento dentro de la comunidad. El Superyó trabaja a fin de controlar los impulsos del Ello y para controlarlos dentro del marco moralizador de la sociedad basado en morales aprendidas que han sido impartidas al individuo. Freud declaró que el Superyó trabaja en dos niveles separados: la Conciencia y el Yo Ideal.

     La Conciencia hace el individuo sentirse mal y castiga a la psique por ceder ante el Ello. La Conciencia frena al individuo que hace cosas que la sociedad juzgaría incorrectas o negativas a fin de asegurar que el individuo se conforme a las normas de aquella sociedad. La Conciencia es esencialmente lo que puede ser descrito como culpa o vergüenza. Si el Ello exige el placer y aquel placer es algo que daña a otros o que rompe los límites morales que han sido aprendidos, entonces el Superyó impide al individuo actuar en pro de aquel placer por medio de sentimientos de culpa o de vergüenza por las acciones propias.

     El Yo Ideal es la segunda parte del Superyó. Aprendemos el Superyó de nuestros padres y modelos a imitar a quienes finalmente deseamos emular y que nos ayudan a formar un cuadro imaginario de cómo deberíamos ser. Tratamos de vivir de acuerdo con aquellos ideales y con las acciones de nuestros modelos de conducta para satisfacer al Yo Ideal. Esto tiene un doble efecto en la mente. Si dejamos de cumplir con el Yo Ideal, otra vez sentimos culpa y vergüenza, y la psique es castigada. Pero el Yo Ideal también siente orgullo, de manera que cuando cumplimos realmente con las expectativas del Yo Ideal y nos comportamos en una manera apropiada y moral nos sentimos orgullosos de nuestras acciones, y la psique es recompensada con sentimientos positivos.

     De esta manera, el Superyó a la vez castiga y elogia al individuo a fin de permitir que él razone en un nivel moral. A fin de ilustrar el efecto del Superyó y cómo trabaja junto al Ello y el Yo, volveremos a la analogía de sentir hambre. Si el Ello desea comida el instinto natural es satisfacer aquella hambre. Si un individuo tiene hambre y ve a un niño con un pan, el Principio del Placer acicatea, y el impulso natural del Ello es tomar el pan para sí. El Yo, o principio de realidad, será consultado: el niño es débil y un blanco fácil y no presenta ninguna amenaza viable, de manera que se dará la luz verde al individuo para que tome el pan y satisfaga al Ello. Sin embargo luego interviene el Superyó: los valores morales aprendidos dicen al individuo que es incorrecto robar, robar a un niño, y que es incorrecto dominar físicamente a otro de tal modo.

     Los sentimientos de culpa fluyen por la psique y el Superyó detiene al individuo que toma el pan a pesar del impulso natural para satisfacer el hambre presente, porque tomar ese pan es algo moralmente incorrecto de hacer. El Ello, el Yo y el Superyó funcionan en esta manera cada día para impedirnos para tomar las opciones incorrectas y asegurar que nuestros placeres e instintos naturales sean satisfechos, pero en una forma que no nos ponga en peligro ni rompa los códigos morales de la comunidad en la cual vivimos.

     El entendimiento del Ello, el Yo y el Superyó es una base para la comprensión de nuestra mente y de cómo ella funciona. Este modelo muestra en una manera muy básica cómo razonamos y cómo hacemos elecciones en nuestras vidas diarias. Pero no se equivoque: los enemigos de Occidente han usado esta comprensión para debilitar al hombre occidental.

     Para que el hombre occidental se libere alguna vez y golpee de vuelta, también debe entender el funcionamiento de la mente y hacerse inmune a las manera en las cuales su mente está siendo manipulada.



Capítulo 2
La IMPORTANCIA del SUPERYÓ


     El Superyó es la parte más compleja de la psique. Nos hace ser lo que somos y refrena y regula nuestros impulsos naturales. Sin el Superyó seríamos simplemente criaturas animalísticas que sólo procuran sobrevivir y perseguir los instintos naturales de satisfacer cualquier placer inmediato que más ansiamos en cualquier momento dado.

     El Superyó es diferente del Ello y el Yo en una manera clave y definitiva: es aprendido por un individuo y transmitido a las generaciones futuras por los padres y los modelos a imitar. No es un instinto natural sino un conjunto muy complejo de morales y valores aprendidos que guían al individuo, ayudándolo a elevarse por encima de sus bajos instintos animales y llegar a ser una persona desarrollada.

     El Ello, como se explicó, es simplemente un conjunto de impulsos naturales o principios del placer que exigen satisfacción. Éstos no nos son enseñados ni son aprendidos; ellos son tendencias innatas. Ellos tienen que ver con necesidades y deseos inmediatos en un nivel casi animalístico. El Ello es infantil y exige la satisfacción inmediata.

     El Yo es el Principio de Realidad, la parte de la psique que nos dice si un curso de acción es seguro y que razona con el Ello sólo por razones de seguridad y acerca de si la persecución del placer lleva al individuo a un peligro innecesario. El Yo no razona con el Ello en términos de correcto o incorrecto o sobre una base moral; es simplemente un modo de impedir que el Ello ponga en peligro al individuo.

     El Superyó es la moralidad; él razona con el Ello en un nivel moral y es así el nivel más alto de razonamiento mental y desarrollo mental. También ocurre que un Superyó desarrollado o un fuerte sentido de moralidad dentro de un grupo de gente es realmente la clave para un funcionamiento fluído y adecuado de una sociedad, ya que un sentido compartido de moralidad es lo que mantiene unida a cualquier sociedad. Cuando un fuerte Superyó es impartido a los niños, ellos crecen para ser individuos moralmente correctos que comparten un conjunto de normas sociales y morales que es la materia que mantiene unidos a los grupos, comunidades y naciones.

     Sin el Superyó somos poco más que individuos que sólo procuran perseguir el placer y sobrevivir y luchar sólo en favor de sí mismos, no para el bien de un grupo o con una avanzada conciencia social. Una sociedad es mantenida unida por medio de creencias compartidas y un sentido del deber moral. Mientas más cercanos son los valores de aquellos que viven en una comunidad, más cohesiva será aquella comunidad, y de ahí que sea más probable que la comunidad trabajará unida para objetivos comunes.

     Una sociedad o comunidad que trabaja unida hacia un objetivo común es la que tiene éxito y avanza. Una sociedad compuesta únicamente por individuos que persiguen sus propios fines y objetivos egoístas es la que se fractura en grupos de interés más pequeños, para, finalmente, en el peor de los casos, convertirse en una floja colección de individuos dispares que sólo quieren lo que es mejor para ellos mismos.

     Como ya se dijo, el factor definitivo que hace al Superyó destacarse del Ello y el Yo es que es aprendido. Es impartido por los padres a sus hijos; específica y tradicionalmente, una figura paterna masculina fuerte y dominante ha sido la que imparte la disciplina, el orden y la ley moral a sus hijos.

     En una familia natural y cariñosa, de dos padres, el padre a menudo es visto como el "severo", el que dispone los castigos y que da la lección moral y que es, en efecto, una figura autoritaria. Todas las veces que usted ha escuchado decir a una madre "Sólo espera hasta que tu padre llegue a casa", ése es el testimonio del papel del padre. Cuando el niño se comporta mal, el padre disciplina al niño e inculca una lección moral acerca de por qué no habría que comportarse en una cierta manera.

     La madre imparte otras cosas que ayudan a construír el Superyó. Ella imparte el amor, la compasión y la empatía, y muy a menudo es hacia ella a la que un niño decide correr cuando se hace daño o sufre un trastorno. La madre es también un importante modelo a imitar para las mujeres jóvenes y desempeña un papel vital en la transmisión de los rasgos femeninos.

     Así, las familias de dos padres, específicamente las que tienen una fuerte figura paterna, han sido la piedra angular de las sociedades fuertes. Los jóvenes que han crecido con orden y disciplina de una fuerte figura paterna y amor y compasión de su madre, siguen un camino similar al de sus padres, decidiendo emularlos y seguir sus pasos. Los hijos de familias de fuerte moralidad es más probable que lleguen a ser miembros productivos de la sociedad y que trabajen por el bien común de aquélla al respaldar los códigos morales existentes.

     Mientras que el ADN transmite los rasgos físicos y biológicos del padre al niño, el Superyó comunicado es el modo en que la moralidad y los valores compartidos son transmitidos de generación en generación. Un ser humano completo no es simplemente un grupo de células y tejidos sino también una forma de vida altamente compleja mentalmente que es capaz de transmitir de generación en generación mucho más que características biológicas simples.

     Cuando los padres transmiten su Superyó a sus hijos, ellos les están transmitiendo más que sólo una moral. Ellos les transmiten lo que ellos son, su estilo de vida, sus tradiciones, su perspectiva, su herencia y generaciones de conocimiento que ligan a las futuras generaciones con las del pasado. Eso permite que un sentido de historia y tradición sea retenido y transmitido a futuras generaciones.

     Es claramente ventajoso para una sociedad y para los individuos que componen aquella sociedad tener un sentido de moralidad compartida que se remonta a generaciones, ya que eso no sólo vincula a la gente sino que también ayuda a formar costumbres y tradiciones que construyen una rica herencia que les ayuda a reforzar los lazos de la sociedad aún más. Esa herencia compartida vincula lo antiguo con lo nuevo y permite que las queridas tradiciones de los antepasados vivan y florezcan en los días actuales. Principalmente el padre y la madre son los responsables de transmitir esa moral y tradiciones en el hogar, pero las sociedades fuertes también desarrollan modelos adicionales de comportamiento que ayudan a formar a los jóvenes. Profesores, líderes exploradores, figuras de la comunidad, líderes religiosos y otros modelos, desempeñaron todos un papel vital en el desarrollo de la gente joven. Cuando la gente joven crece y deja la casa se encuentra rodeada por individuos fuertes que imparten consejos, moralidad y disciplina cuando es necesario. Esos individuos son modelos a imitar que enseñan, nutren y aseguran que la siguiente generación se desarrolle por el camino correcto.

     Posterior a eso hay otros sanos modelos de conducta que surgen en un nivel nacional, que enfatizan el trabajo duro, la diligencia, la dedicación a una causa y la fuerza. Esos modelos a imitar son atletas, pintores, escritores, inventores, exploradores, grandes héroes militares, capitanes de industria y hombres y mujeres que construyeron y formaron las naciones occidentales en un sentido genuinamente significativo. Esos modelos a imitar nacionales fueron considerados en las escuelas y por la nación entera como faros de virtud.

     La combinación de una familia nuclear fuerte con padres cariñosos, modelos adicionales de comportamiento dentro de la comunidad y sobresalientes modelos nacionales que destacan en un nivel sin precedentes, aseguran que las futuras generaciones desarrollen un Superyó fuerte y sano.

     Sólo para resumir, el Superyó está compuesto de dos facetas diferentes: la Conciencia y el Yo Ideal. La Conciencia es la parte del Superyó que nos hace sentirnos mal si hacemos algo que entra en conflicto con nuestro código moral. El código moral es transmitido por los padres y otros modelos a imitar, los cuales imparten directamente la ley, el orden y la disciplina así como la compasión y la empatía.

     Eso permite que las futuras generaciones distingan lo correcto de lo incorrecto, pero de forma crucial que se sientan culpables cuando ellas piensan en hacer lo incorrecto. Haciendo a alguien sentirse mal cuando piensa hacer algo incorrecto, aquello modera la conducta e impide que tenga lugar la acción equivocada. El sentimiento de culpa mantiene al Ello bajo control, de modo que los instintos naturales del Ello estén siempre bajo el control del Superyó, que ayuda a asegurar que la gente haga lo correcto, y cuando las personas hacen lo correcto unas en favor de otras, las sociedades son más cohesivas y funcionan más fluídamente.

     La segunda parte del Superyó, el Yo Ideal, es la visión que tenemos de lo que nos gustaría ser si estuviéramos bajo las más favorables circunstancias. Nuestro Yo Ideal está basado en una visión perfecta formada de diferentes facetas de las personas que respetamos, nuestros modelos de comportamiento. Entonces, si los modelos a imitar de un hombre fueran saludables atletas, es razonable suponer que el Yo Ideal sería una visión de fuerza, salud y la búsqueda del logro deportivo. Si el modelo a imitar fuera un inventor o un científico entonces el Yo Ideal se esforzaría por ser estudioso, trabajador y diligente. Si el modelo de comportamiento fuera un médico entonces el Yo Ideal desearía ser paciente, preocupado y comprensivo.

     Una parte importante del Yo Ideal también es conseguida por un niño de sus padres. Así, si un niño viene de una familia cariñosa con un padre trabajador, una madre cuidadosa y un hogar ordenado y disciplinado, aquel niño muy probablemente desearía emular aquello más tarde en la vida. Nuevamente, los modelos de conducta fuertes y positivos —tanto en el hogar, en la comunidad como en un nivel nacional más amplio— hacen que la gente joven se esfuerce por un fuerte y desarrollado Yo Ideal que imite a los más sanos, más productivos y mejores ejemplos que la sociedad occidental tiene que ofrecer.

     Cuando los individuos desarrollan un Superyó fuerte y tienen una moral compartida eso permite que ellos funcionen como una sociedad, un lugar donde cada uno cuida del otro y comparte los mismos valores y objetivos comunes. Un Superyó fuerte también ayuda a crear una poderosa visión del Yo Ideal, algo noble por lo cual esforzarse. Cuando un grupo de gente tiene visiones similares de un Yo Ideal, o cuando sus visiones del Yo Ideal tienen fuertes facetas comunes, aquello es una receta para una sociedad fuerte y para la cohesión de una comunidad.

     Mientras el principio del placer o Ello nos impulsa constantemente a perseguir las cosas que disfrutamos y hace que cedamos ante nuestros impulsos naturales, un Superyó fuerte anula aquello. En vez de simplemente perseguir una vida de hedonismo, buscamos un sentido más alto y renunciamos a la llamada del Ello a fin de conseguir más y realizar una forma más alta de ser, un Yo Ideal.

     De esa manera, el Superyó no sólo imparte la moralidad sino que nos agrupa; hace que nosotros nos esforcemos y pretendamos obtener más, algo que hace avanzar la sociedad y que se desarrolle y prospere. El Superyó también nos vincula con nuestro pasado, con nuestra herencia, tradiciones y estilos de vida. El Superyó desarrollado asegura que nos movamos por el camino correcto y sigamos la buena obra de nuestros ancestros. Uno puede ver claramente que los componentes mentales básicos de cualquier civilización son individuos con Superyoes altamente desarrollados.

     La noción de esos ideales y valores morales compartidos a través de la sociedad occidental da ocasión a la teoría de que mientras cada individuo tiene su propio Superyó, la comunidad también tiene su propio Superyó social. La moral compartida de la sociedad, sus tradiciones y su herencia son lo que nos mantiene juntos y lo que la sociedad procura transmitir a la siguiente generación de aquella sociedad, dando en efecto ocasión a la noción de una conciencia colectiva o Superyó colectivo.

     El hombre occidental ha desarrollado su propio y distinto Superyó colectivo, el Superyó occidental. El Superyó occidental guía a la sociedad y la mantiene unida; él encarna la tradición y la cultura occidentales y es la raíz misma de la herencia occidental. Del Superyó occidental surgieron los grandes logros que moldearon y formaron el mundo occidental.

     Los enemigos de Occidente saben que la fuerza del hombre occidental radica en el hecho de que él formó una cultura fuerte y un conjunto de tradiciones que a su vez permitieron que construyera una sociedad cohesiva que funcionó en una manera tan armoniosa que fue la más grande civilización que el mundo haya conocido alguna vez.

     Los enemigos de Occidente también saben que asaltar la civilización y la cultura occidental de frente sería infructuoso y acabaría invariablemente en una aplastante derrota. Sin embargo, si la mente del individuo fuera atacada, si el Superyó individual fuera socavado, entonces eventualmente el Superyó occidental también sería debilitado. Una vez que el Superyó occidental fuera debilitado, la conciencia colectiva misma del hombre occidental y el elemento cohesivo que ha unido a los individuos y que ha hecho de ellos una comunidad, comenzaría a tambalear, y la cohesiva, fuerte y moral sociedad occidental comenzaría a fracturarse.

     Los enemigos de Occidente han emprendido la misión de atacar la psique del hombre occidental; su objetivo es ver la destrucción del Superyó occidental a fin de fracturar la sociedad occidental y provocar la caída de Occidente.




Capítulo 5
El ASCENSO del ELLO
y la CAÍDA del HOMBRE OCCIDENTAL


     El Ello es la parte completamente subconsciente, impulsiva e infantil de la psique que funciona de acuerdo al Principio del Placer y que es la fuente de impulsos y tendencias básicos; él busca el placer y la satisfacción inmediatos. El Ello no tiene ninguna conciencia y ninguna visión con respecto al bien superior de la sociedad. El Ello sólo se preocupa por las necesidades inmediatas a corto plazo del individuo.

     Es claro entonces por qué el Ello tiene que ser controlado y debe ser mantenido bajo la guardia vigilante de un desarrollado Superyó. Si el Ello llegara a triunfar y tener el control completo de la psique, el individuo sería reducido a la condición de una bestia animalística que viviría sólo para el placer inmediato del momento y no tendría ninguna conciencia con respecto al bien mayor de la comunidad.

     Los enemigos de Occidente conocen demasiado bien cómo funciona la mente humana, y usa ese conocimiento contra el hombre occidental; ellos procuran muy simplemente liberar al Ello de las coacciones del Superyó desarrollado. Al liberar al Ello, los enemigos de Occidente lo que pretenden es reducir al hombre occidental a un grupo de individuos interesados sólo en sí mismos, que cuando son colocados dentro de los límites más amplios de una sociedad multicultural no tienen la conciencia grupal o naturaleza cohesiva necesaria para sobrevivir como un pueblo o grupo cultural distinto.

     Veamos cuidadosamente cómo podría suceder eso: Imagine un grupo de gente que fuera una vez una comunidad homogénea y muy unida, una gente con un avanzado conjunto de moral y valores que se hubieran desarrollado como tradiciones profundamente arraigadas y muy complejas y una larga e ilustre herencia. Sabemos que aquella gente transmitiría su moral y sus valores de generación en generación por cuanto los padres y los modelos a imitar ayudarían a impartir un desarrollado Superyó a la siguiente generación de la sociedad.

     Ahora imagine si durante un período de cuarenta o cincuenta años ocurriera un salto generacional, una brecha que impidiera que el Superyó fuera transmitido desde una generación a la siguiente. Imagine si el control paternal sobre los jóvenes y sobre las estructuras dentro de una sociedad se acabara, significando que los jóvenes crecerían sin disciplina o modelos positivos de comportamiento. Imagine lo que sucedería a aquella gente si ellos ya no constriñeran su Ello con un Superyó fuerte y moral. Imagine si aquel grupo de gente dejara de transmitir sus tradiciones y su cultura y en cambio los jóvenes fueran dejados sin un sentido de la herencia que había mantenido a aquella gente unida como comunidad durante todas las generaciones anteriores. Eso no sólo destruiría seguramente el Superyó individual, sino también la moral y los valores compartidos que existen dentro de una comunidad cohesiva.

     Imagine si el grupo que está perdiendo su sentido de comunidad y perdiendo su Superyó comunitario viviera dentro de una sociedad multicultural, y estuviera rodeado por otros grupos y otras culturas, todos los cuales procurarían retener su propia cultura y herencia y permanecer como algo individual y como un grupo cohesivo distinto. El grupo que poseyera el Superyó debilitado, y el grupo que estuviera compuesto por individuos muy propensos a ceder ante sus necesidades y deseos individualistas y sus tendencias primordiales básicas por un placer egoísta, perdería su sentido de homogeneidad cultural y como resultado aquel grupo se fracturaría. Los individuos dentro de aquel grupo perseguirían necesidades individualistas que pondrían en peligro la existencia misma del grupo.

     Éste es el destino del hombre occidental. El hombre occidental ha permitido millones de inmigrantes en su patria, inmigrantes que tienen una cultura, un sentido de unión y que desean retener sus valores morales y su sentido de comunidad. Esos inmigrantes todavía retienen su Superyó y lo transmiten de generación en generación. Esos inmigrantes se arraciman como comunidades distintas y procuran retener su cultura, su herencia y sus prácticas religiosas. Al mismo tiempo, el hombre occidental ha visto lentamente su Superyó debilitándose y siendo distorsionado. La consecuencia de eso es que al Ello se le ha permitido de manera creciente dominar la psique occidental.

     El hombre occidental ha llegado a ser cada vez más individualista y las comunidades occidentales han quedado fracturadas y dispersas. Los lazos que mantuvieron unidas a las comunidades occidentales y la confianza y el amor entre el hombre occidental y sus hermanos han sido rotos a medida que las sucesivas generaciones han seguido la necesidad del placer egoísta inmediato por sobre la necesidad de proteger al grupo y hacer lo que es lo mejor para la sociedad occidental. A medida que el Superyó del individuo ha sido lentamente debilitado, del mismo modo se ha debilitado el sentido de conciencia de comunidad.

     Éste es el objetivo de los enemigos de Occidente: soltar al Ello y ver al hombre occidental ser reducido a meras bestias animalísticas, animalísticas bestias que no podrían ni construír ni defender una civilización. La promoción de deseos animalísticos y satisfacción inmediata no es por supuesto algo que los enemigos de Occidente encuentren difícil de empujar sobre el hombre occidental; después de todo, ¿cuán difícil puede ser persuadir a la gente a divertirse y a dejar de lado sus obligaciones y preocupaciones? Es aún más fácil convencer a alguien de que el camino del hedonismo es la ruta correcta que hay que tomar cuando su brújula moral ha sido destruída. ¿Pero cómo han llegado los enemigos de Occidente casi a destruír la brújula moral occidental? Ellos han roto la moralidad y los valores occidentales en numerosas y retorcidas formas, todas las cuales socavan una faceta clave diferente de la sociedad occidental.

     El hombre occidental ha presenciado el ascenso de la familia que carece de padre, un lugar donde los niños son criados sin los consejos, el orden y la disciplina que proporciona una figura de un padre fuerte, un lugar donde las madres abandonan a sus descendientes para que vayan a divertirse. Esas mujeres entonces siguen teniendo hijos de múltiples hombres, en una búsqueda desesperada para satisfacer el ansioso deseo del Ello de hedonismo sexual. Esos niños a menudo después son dejados que se críen por la televisión y terminan por carecer tanto de Conciencia como de una imagen sana de un Yo Ideal.

     El hombre occidental ha presenciado la destrucción de las salvaguardias de la sociedad occidental. Las escuelas y los modelos comunitarios de comportamiento occidentales son impotentes ahora para impartir cualquier forma de disciplina, y los niños se han salido de control: en vez de desarrollar un Superyó, el niño simplemente hace lo que le place y aprende el fatal mensaje de que la felicidad y la satisfacción inmediata son todo lo que importa.

     El hombre occidental ha visto mudarse sus modelos de rol social desde ser grandes hombres y mujeres que formaron la sociedad de modos desinteresados e inspiradores de asombro, a ser ebrios, tramposos, usuarios de droga y degenerados. La gente joven idolatra a falsos modelos de conducta que constantemente les dan el mensaje de que todo lo que importa es la "fiesta" y tener "diversión", que vivir para el "ahora" y el "yo" es todo lo que cuenta; y después de todo, si algo no hace sentirse bien, ¿por qué hacerlo? El sentido del Yo Ideal que es impartido por esos modelos a imitar es ahora una versión retorcida de lo que el Yo Ideal debería ser, y los niños crecen con un sentido deformado de lo que es correcto y aquello por lo que habría que esforzarse.

     Las barreras y los límites naturales han sido destruídos y el orden natural de las cosas ha sido puesto de cabeza. El feminismo ha creado un mundo donde la mujer que sigue sus instintos naturales y se convierte en una madre amante y cariñosa que nutre a sus hijos es mirada de manera despectiva y desdeñada. Como resultado, los niños ahora carecen de una madre amorosa, la misma persona que imparte la conciencia y la culpa.

     El feminismo ha atacado a la familia de dos padres, diciéndole a la mujer que ella no tiene que quedarse con el hombre del que quedó embarazada y que un padre no es importante. Esto ha dejado al mundo occidental con niños que no tienen un padre, con hombres jóvenes que crecen creyendo que ellos no tienen que ser padres y mujeres jóvenes que crecen creyendo que ellas "no necesitan a un hombre".

     El feminismo ha empujado a las mujeres al lugar de trabajo, y los papeles naturales y satisfactorios de ser una madre y un ama de casa han sido hechos a un lado. Las mujeres son animadas a seguir carreras masculinas y a involucrarse en vanos intentos para superar a sus contrapartes masculinas. Eso deja a la mujer occidental con un reducido índice de natalidad ya que ellas persiguen objetivos materiales más bien que espirituales, que han servido al hombre occidental tan bien durante generaciones y han mantenido unida a la sociedad occidental.

     Como una consecuencia directa del feminismo, el varón ha llegado a ser emasculado. El varón ya no es el macho alfa, el proveedor y la poderosa piedra angular de la familia o la comunidad. El varón ahora se encoge bajo su mujer; él suplica, llora y deja de satisfacerla ya que los papeles naturales de género han sido invertidos. Los hombres jóvenes se han convertido cada vez más en el sexo débil puesto que no han conseguido aprender el orden, la disciplina y la fuerza debido a la ausencia de una fuerte figura paterna u otros fuertes modelos masculinos de conducta.

     La mente occidental ha sido corrompida y el cuerpo occidental ha sido arruinado y se ha hecho obeso e inútil. La espiritualidad occidental se ha perdido y ha sido sustituída por un materialismo descontrolado. Pero más chocantemente, el corazón occidental se ha marchitado, y la valentía y el coraje que el hombre occidental mostró en abundancia cuando defendía a su gente es ahora una cosa del pasado.

     En vez de ser un grupo fuerte con lazos culturales, raciales y morales —tradiciones fuertes y una rica herencia—, el hombre occidental ha cedido ante el atractivo del individualismo hedonista donde la gente vive para sí misma y para el placer inmediato que pueda conseguir a corto plazo.

     A medida que el Superyó occidental se ha debilitado, el Ello ha sido desencadenado. Cuando el Ello ya no está constreñido, el individuo vive para búsquedas egoístas y la satisfacción inmediata, ya sea comida, sexo, alcohol, riqueza material o drogas. ¿Es alguna sorpresa que aquellos que vienen a las costas occidentales y ven al hombre occidental involucrado en tales actos degradados y degenerados vean entonces al mundo occidental como un lugar que está maduro para ser tomado y conquistado?.

     El estilo de vida hedonista del hombre occidental es la encarnación física del ascenso del Ello. Pero con el ascenso del Ello viene la caída del hombre occidental. La frase a menudo oída "Tocar el laúd mientras arde Roma" parece apropiada. Pero en un sentido más moderno, la gente occidental se está divirtiendo, bebiendo y teniendo interminables encuentros promiscuos mientras la civilización occidental se derrumba y Occidente es lentamente colonizado por una interminable corriente de inmigrantes culturalmente hostiles. El ascenso del Ello está presente antes del colapso de cualquier civilización. Cada gran nación o civilización que ha colapsado ha abrazado el culto del individualismo, y el individuo ha sido cada vez más motivado por la búsqueda del placer interminable e inmediato.

     Esto es por supuesto exactamente lo que los enemigos del hombre occidental han planeado. Los enemigos de Occidente entienden el complejo funcionamiento de la mente humana y comprenden que para destruír una comunidad y convertirla en un grupo de individuos dispares todo lo que tiene que ser hecho es convencer a aquella gente de que ceda ante sus deseos inmediatos.

     Incluso con la inmigración y el multiculturalismo, los enemigos de Occidente sabían que el hombre occidental todavía tendría una posibilidad de luchar por la supervivencia; de hecho, más que sólo una posibilidad. Incluso si el hombre occidental fuera superado en número por culturas y pueblos hostiles, mientras él retuviera su propia cultura y sentido de comunidad siempre podría contestar de vuelta, y si la Historia nos ha enseñado algo, es que el hombre occidental probablemente prevalecería. No fue simplemente suficiente inundar el mundo occidental con diferentes grupos de inmigrantes que veían a Occidente con ojos envidiosos: los enemigos de Occidente sabían que el espíritu de comunidad occidental —el Superyó occidental— también debía ser destruído a fin de asegurar que no hubiera un contragolpe o resistencia.

     La última cosa que el hombre occidental verá es la mirada de insana alegría en las caras de los fiesteros occidentales a medida que la civilización, la cultura y las tradiciones occidentales colapsan y se pierden para siempre. Miles de años de herencia se perderán en cosa de décadas cuando las últimas generaciones del hombre occidental compitan en una lucha desesperada para vivir para el momento y satisfacer cada una de sus necesidades primordiales sin pensar en el futuro o en las consecuencias más amplias que sus acciones podrían tener para Occidente.

     Los enemigos de Occidente saben que el ascenso del Ello precede a la caída del hombre occidental, y ellos se sientan frotándose las manos y esperando su tiempo a medida que se aproximan rápidamente los días finales de Occidente.



Capítulo 12
MARCHITAMIENTO de la MASCULINIDAD
y el VARÓN FEMINIZADO


     A medida que el feminismo ha distorsionado a la mujer occidental, convirtiéndola desde ser una mujer afectuosa, preocupada, femenina y maternal, a ser un individuo superfluo y egoísta que desea emular a su contraparte masculina, el varón occidental se ha sometido a su propia transformación. El varón occidental, alguna vez un "macho alfa", la fuerte figura del padre que impartía el orden y la disciplina y era un faro de autoridad, se ha hecho débil y feminizado.

     En una enfermante y altamente antinatural inversión de papeles, el hombre occidental se ha despojado de sus modos dominantes, fuertes y viriles y se ha hecho feminizado, débil y subordinado. El poderoso cazador y recolector, el proveedor, el protector y el guardián, se han marchitado, llegando a ser guiados por la emoción e inestables debido a una mezcla de lamentables modelos de comportamiento, un debilitado papel en la sociedad y una existencia cada vez más sin sentido. En su nuevo rol, el varón occidental adopta todo lo que sus antepasados siempre habrían desdeñado. Él se aparta de otros varones, se viste y se presenta de modos que son más parecidos a los de una mujer y se encuentra crecientemente incapaz de cumplir con su rol natural como "macho alfa". Hay muchas razones de por qué el varón occidental ha declinado de tal modo, y él es un producto directo del ataque sostenido contra el Superyó occidental. Los enemigos de Occidente han procurado socavar a la vez la unidad de la familia y sus partes constituyentes individuales, el varón y la mujer. Los enemigos de Occidente han procurado subvertir el orden natural de la vida invirtiendo el papel del macho y la hembra, algo que ha debilitado a Occidente.

     La destrucción de la unidad de la familia es la causa primera y la más obvia de la emasculación de los varones dentro de la sociedad occidental.

     La unidad de la familia es la piedra angular de la sociedad occidental, y una unidad de familia totalmente funcional está compuesta por una madre cariñosa y figura paterna fuerte. Tanto la madre como el padre tienen importantes roles en el desarrollo de un joven niño y ambos sirven como modelos de comportamiento para el niño de modos diferentes.

     En la temprana infancia los niños pasan casi su día entero despiertos con su madre. Esa primera parte del desarrollo humano es donde el "apego" ocurre y los cercanos lazos entre la madre y el niño aceleran el desarrollo mental y físico del niño. Los niños que tienen un lazo más fuerte con su madre durante su desarrollo temprano llegan a ser más avanzados mentalmente.

     A medida que pasa el tiempo y el niño crece, cambia la cantidad de tiempo que éste pasa con su madre. Las jóvenes niñas tenderán a seguir pasando más tiempo con sus madres, mientras los niños varones pasarán comúnmente más tiempo con sus padres. Eso ayuda a los niños a desarrollar sus papeles naturales de género. Como la figura de autoridad y disciplinaria en la familia, el padre tendría un papel crucial en la transmisión del Superyó —la parte aprendida de la psique— a su hijo varón. Un padre fuerte y moralmente íntegro se convierte en un importante modelo de conducta para su hijo y ayuda al joven varón a formar una imagen de su "Yo Ideal" hacia la cual se esfuerza a medida que crece y se desarrolla.

     La familia occidental en cuanto unidad ha estado bajo repetidos ataques de parte del feminismo y tendencias similares, mediante una relajación en las actitudes sociales con respecto tanto hacia el matrimonio como hacia familias de un solo progenitor, y por una relajación de las leyes relativas al divorcio. Es cada vez más común ahora ver familias de un solo progenitor donde una figura paterna no está presente en la casa. Eso elimina lo disciplinario del hogar y deja a los jóvenes varones sin una figura del padre fuerte que serviría como su modelo de conducta masculina primario y fuente de inspiración para su Yo Ideal.

     El joven varón pasaría naturalmente cada vez más tiempo con su padre a medida que creciera, desarrollando su masculinidad y aprendiendo cómo hacerse un hombre. En un mundo donde hay un creciente número de hogares rotos, lo que provoca un número creciente de niños que carecen de contacto con sus padres varones, muchos varones jóvenes ahora crecen sin la influencia de su padre. En esencia, eso despoja al joven varón de su modelo masculino de conducta primario. Aquello deja a los jóvenes varones mirando a su madre como su modelo a imitar primario en el hogar, algo que feminiza y emascula al varón. A pesar de que hay buenas madres que hacen todo lo posible para criar una familia solas, no hay realmente ningún sustituto para la disciplina y el orden de una figura paterna fuerte, del mismo modo como en la infancia no hay ningún sustituto para una madre cariñosa a la que un niño se apega. Tal como la privación de un pequeño niño de su madre provoca la atrofia del desarrollo mental e incluso depresión, privar a jóvenes varones de una figura paterna cuando ellos se desarrollan puede tener efectos mentales similares.

     El joven varón que carece de un padre en su hogar probablemente basará cada vez más su visión de un Yo Ideal en su madre y de ahí que muy probablemente adoptará rasgos femeninos. Si bien es obviamente una buena cosa que las mujeres jóvenes basen su Yo Ideal en su madre, para un joven varón eso no es ideal ya que le impide desarrollar su rol natural de género. Si bien el joven varón aprenderá la compasión y la empatía de su madre, su Superyó no se desarrollará totalmente en el modo en que debería en un varón, y él con poca probabilidad aprenderá los rasgos masculinos y por lo tanto en la vida posterior poco probablemente asumirá el papel de una figura disciplinaria y de autoridad.

     Tristemente, el problema de la familia de un solo progenitor no existe como una cuestión aislada dentro de una sociedad por otra parte sana y moral. La sociedad una vez tuvo salvaguardias en funcionamiento: líderes de comunidad y modelos a imitar que podrían asumir el papel de una figura paterna para jóvenes varones que vinieran de hogares rotos. Sin embargo, ése es cada vez menos el caso en el mundo moderno.

     A la carencia de un padre en la casa se le suma ahora la carencia de fuertes modelos masculinos de comportamiento dentro de la comunidad y una reducción fuera del hogar de búsquedas viriles en que se involucren los varones jóvenes.

     Como ya se dijo, el movimiento scout, los cadetes militares y otros grupos fuertes dominados por varones que llevan a los hombres jóvenes a la Naturaleza y les enseñan cómo ser hombres, han sido lentamente socavados y desactivados. En vez de trabajar y competir junto a otros varones y aprender de los varones más viejos y más fuertes en la comunidad, los hombres jóvenes están cada vez más confinados al hogar donde ellos pasan largos períodos en aislamiento jugando juegos de computador, mirando televisión y leyendo libros de historietas.

     Como criaturas sociales los seres humanos están acostumbrados a trabajar en grupos y a aprender de las interacciones personales de unos con otros. Para los hombres jóvenes, estar fuera de casa en un grupo rodeado por otros hombres jóvenes, altercando, peleando y compitiendo unos contra otros —así como trabajando juntos, aprendiendo unos de otros y formando lazos como amigos— son todas interacciones sociales importantes. El joven varón aprende de ese grupo dinámico en la medida en que los diferentes varones se esfuerzan por ser el "alfa" y cada hombre joven aprende su lugar en el grupo.

    Ese desarrollo de grupo es sumamente importante y se pierde cuando los jóvenes quedan confinados a su dormitorio, involucrados en búsquedas solitarias. Se ha señalado que en el conectado mundo de hoy la gente joven no está realmente sola ya que ellos están relacionados unos con otros mediante dispositivos móviles, computadores, consolas de juego y tablets. Sin embargo, esa conexión virtual no es lo mismo que la interacción humana apropiada ya que carece de importantes características que están presentes en las interacciones cara a cara, como el contacto visual y la capacidad de leer las expresiones faciales de otra persona. En esas búsquedas solitarias las dinámicas de grupo son raramente desarrolladas totalmente y los jóvenes se retiran del mundo real y son incapaces de relacionarse como debieran cuando se ven enfrentados cara a cara con reales interacciones sociales.

     Tampoco puede ser enfatizado lo suficiente cuán importante es para los varones jóvenes el estar en mundo natural. El mundo natural es hermoso, pero también riguroso y a menudo implacable. Estar fuera y participando en búsquedas físicas endurece al varón y le permite estar en contacto con su lado natural, aprendiendo a tratar con los elementos, el medioambiente y los desafíos que éste le presenta. Eso está en directo contraste con el ambiente demasiado mimado donde el consentido y sobre-gratificado joven pasa su tiempo en la calidez y la comodidad mientras está sumergido en un mundo de fantasía en la pantalla que está delante de él.

     Cuando los varones jóvenes van realmente al aire libre, el afeminado consentimiento los sigue. Cada forma de actividad física ha sido minimizada y de algún modo pacificada en nombre de la salud y la seguridad. En un tiempo construír cuerdas para balancearse, trepar árboles y zambullirse en ríos eran la norma para cualquier muchacho joven sano. Ahora esas búsquedas están fuera de los límites por miedo a una rodilla herida o a un brazo magullado. ¡Incluso el juego de chocar castañas es acompañado ahora con un par de gafas de seguridad! La naturaleza fuerte y extrovertida que solía ser común en los muchachos jóvenes es activamente desalentada ahora, siendo que aquella misma naturaleza es la que convirtía a los muchachos en hombres fuertes y rectos. El valiente muchacho que era el primero en intentar balancearse en una cuerda era un héroe entre sus amigos, pero ahora él sería reprendido. El mensaje que eso comunica es de debilidad, un mensaje feminizado que priva a los hombres jóvenes de sus impulsos y vocaciones naturales.

     Los muchachos solían esforzarse por hacerse hombres. Era el sueño de cada muchacho joven ser reconocido por sus mayores y aceptado como un hombre. Ese antiguo rito de pasaje está presente en casi cada cultura. Cuando los antepasados del hombre occidental formaron sus primeras tribus en las congeladas llanuras de Europa del Norte, ellos formaron grupos de caza y afrontaron inclemencias para llevar alimento a sus viviendas. Cuando los varones jóvenes se hacían mayores de edad eran tomados por los varones establecidos más viejos que les enseñaban los caminos de la tribu. Los varones jóvenes aprendían a cazar como parte de un grupo, y sus habilidades eran perfeccionadas por los varones más viejos de mayor experiencia.

     Los varones más jóvenes respetaban y admiraban a los varones más viejos, y su primera caza con el grupo era un rito de pasaje, la importante coyuntura donde el muchacho se convertía en un hombre. Esa transmisión de la masculinidad ayudaba al joven varón a desarrollar su Superyó presentándole modelos a imitar los cuales él respetaba y en los que basaba su Yo Ideal.

     El joven varón sentiría un inmenso orgullo y un sentido de pertenencia cuando era aceptado en el grupo adulto y llegaba a ser uno de los varones maduros de la tribu. Ese sentido de pertenencia y aceptación le daba un enorme sentido de auto-valoración y amor propio y le hacía sentir que pertenecía. Ese sentido de orgullo y auto-valoración aumentaba la fuerza del lazo con su tribu y su pueblo, y de esa manera le ayudaba a desarrollarse como un hombre que deseaba proteger y servir a su propia gente y por último convertirse en padre y transmitir las habilidades y moral que le fueron transmitidas una vez.

     Esa tendencia del hijo siguiendo al padre y sometiéndose a un rito de pasaje fue algo que continuó a través de toda la Historia directamente hasta que Occidente experimentó la des-industrialización. Cuando los hombres jóvenes dejaban la escuela, ellos a menudo irían a trabajar en la industria tradicional que era predominante en su pueblo o ciudad, y ellos irían por lo general a trabajar con su padre. Esas industrias eran industrias fuertes y masculinas que reforzaban el espíritu masculino y ponían a prueba su cuerpo: minería, pesca, industria pesada y manufactura. Ellas eran también industrias que enseñaban a los hombres jóvenes una habilidad o una ocupación, algo de lo cual un hombre joven podía enorgullecerse.

     El hombre joven respetaría a su padre y desearía seguir sus pasos, y cuando él dejaba la escuela e iba a trabajar al lugar de trabajo de su padre en la industria que había sustentado a generaciones de su familia, el muchacho se convertía en un hombre. El joven aprendiz se enorgullecería de aprender una ocupación. Él sentiría que estaba haciendo una digna contribución a su comunidad, y contribuyendo económicamente a su familia. Por último, aquello permitiría que él se trasladara y comenzara su propia familia.

     Los varones jóvenes estaban rodeados por varones más viejos que les enseñarían las habilidades que necesitaban perfeccionar para tener éxito en el lugar de trabajo. Esos expertos varones en esencia no eran diferentes a los capacitados cazadores que conducían los grupos de caza que daban la bienvenida a los hombres jóvenes de la tribu cuando ellos se hacían mayores de edad. Los varones más viejos enseñaban habilidades a los hombres jóvenes y les ayudaban a construír sus Superyoes mediante el desarrollo del Yo Ideal. Tal como hace miles de años los hombres jóvenes se convertían en adultos y seguían enseñando a las futuras generaciones cómo cazar, cuando el tiempo progresó los hombres jóvenes se hacían adultos y enseñaban a las futuras generaciones las habilidades que éstas necesitaban para tener éxito en la industria en la cual ellos trabajaban.

     Finalmente, cuando el hombre joven hacía sus primeras armas en el trabajo, él era bienvenido en el bar de la comunidad donde podría relajarse y compartir un bien merecido trago con los hombres que él había respetado una vez y junto a los cuales ahora él trabajaba. No había ningún divisivo salto generacional que separara al padre del hijo; el hijo deseaba parecerse a su padre y continuar sus tradiciones de familia. Ese modo de transmitir el linaje de familia de padre a hijo era central para el Superyó occidental y vinculaba a la generación actual con la pasada, y al hacer eso creaba hombres masculinos fuertes.

     Con la decadencia de la industria y el cierre de la manufactura occidental, muchos de los pueblos y ciudades construídos alrededor de aquellas industrias cayeron en la ruina. Hombres alguna vez orgullosos languidecieron viviendo de beneficios estatales y sentados en casa bebiendo y fumando, o se vieron obligados a aprender nuevas habilidades en empleos que ellos habrían encontrado humillantes y degradantes, donde cualquiera de esas dos situaciones dejó a muchos hombres sintiéndose privados de su orgullo. A medida que las viejas industrias decayeron, y las áreas de clase obrera se convirtieron en zonas deprimidas, los bares locales cerraron y las comunidades quedaron arruinadas.

     Los hombres jóvenes ya no fueron a trabajar con sus padres ni se sometieron a un rito de pasaje para convertirse en hombres. Un enorme abismo generacional surgió donde un padre no podía relacionarse con su hijo y el hijo nunca llegaba a ser un hombre a los ojos de su padre. El fuerte varón masculino era un individuo con objetivo y orgullo, un hombre que llegaría a ser un padre fuerte e impartiría disciplina y orden a sus hijos. Pero cuando fue privado de aquel propósito y orgullo el varón se hizo débil.

     Los hombres jóvenes miraban a sus padres languideciendo en un sofá, siendo sólo sombras de su antigua identidad. Los hombres jóvenes entonces adoptaron venenosos modelos de comportamiento en lugar de sus padres y otros varones fuertes que los habían formado en el lugar de trabajo. Los pobres modelos masculinos de conducta presentados a los hombres jóvenes son muy a menudo débiles, ineficaces y varones muy feminizados. Como ya se dijo, esos pobres modelos a imitar comunican un Superyó defectuoso a los hombres jóvenes que buscan una imagen de un Yo Ideal hacia el cual trabajar.

     Los putrefactos modelos de comportamiento presentados por los enemigos de Occidente exhiben todo lo que está mal en la sociedad. Esos supuestos modelos a imitar enfatizan la búsqueda del egoísta placer hedonista, impulsan nociones de rebelión contra los mayores en la sociedad y se burlan de la tradición y la cultura. Los modelos de conducta colocados delante de hombres jóvenes ya no son guerreros, exploradores, capitanes de industria o inventores, sino que son confundidos petimetres citadinos que desdibujan las líneas entre lo masculino y lo femenino.

     Los varones lechuguinos que poseen alisadores de cabello, usan maquillaje, se visten con pantalones ajustados y pasan horas preparándose delante del espejo, no construyen naciones fuertes. Eso no quiere decir que los hombres no deberían arreglarse ni estar bien presentados. El hombre bien vestido, arreglado y de buen aspecto era el epitome del varón occidental. Estar bien rasurado, con el cabello cuidado y llevar puesto un buen traje era algo por lo cual ser admirado. Pero cuando los hombres comenzaron a usar maquillaje, a llevar bolsos y a vestirse con ropas que son más adecuadas para las mujeres, una línea fue cruzada y ahora cada vez más el varón occidental está en el lado equivocado de aquella línea.

     Del mismo modo que los enemigos de Occidente colocaron a hedonistas y feministas delante de las mujeres jóvenes para apartarlas de su natural vocación maternal, los enemigos de Occidente colocaron a varones feminizados delante de los hombres jóvenes para destruír al fuerte hombre occidental.

     Hemos hablado de por qué los varones fuertes son importantes para la sociedad occidental: ellos llegan a ser buenos padres, construyen comunidades fuertes e imparten el orden y la disciplina que posibilita que un Superyó fuerte sea transmitido a la siguiente generación. Un fuerte Superyó compartido ayuda a un grupo a transmitir sus valores morales y tradiciones de generación en generación, algo que ayuda a hacer una sociedad cohesiva, ya que un sentido de herencia y tradición compartidas une a las comunidades y construye una cultura fuerte.

     Un varón fuerte es también importante para la mujer natural y sana. Una mujer sana elige emparejarse con el varón "más apto". El varón más apto [fittest] no es definido por el sentido moderno de la palabra "apto", que se refiere únicamente al atractivo físico [fitted = en forma]. El varón más apto es el mejor proveedor; él es fuerte y dominante y es un varón con el cual una mujer puede imaginar tener hijos. La mujer elige al varón más adecuado en base a la capacidad de aquél de proveer para ella y sus hijos y a su capacidad de actuar como un protector, guardián, amante, proveedor y padre fuerte.

     Cuando una mujer elige a qué compañero ella se entrega, ella está eligiendo a un varón con quien ella procura formar un lazo durable y con el cual criar hijos. Una mujer no elegiría a un hombre débil, enfermo o defectuoso, por cuanto aquel varón sería con poca probabilidad capaz de darle todo lo que ella necesita. De manera importante, la mujer no busca a un hombre únicamente para que le satisfaga sus propias necesidades, sino que busca a un hombre para que provea a sus hijos aún no nacidos. La mujer occidental sabía que en los duros inviernos y los tiempos de escasez era necesario un varón fuerte para asegurar que sus hijos sobrevivieran. Era parte del instinto maternal de la mujer occidental elegir a un varón fuerte como un modo de proteger a sus hijos.

     La mujer también buscaba un compañero masculino en perspectiva y evaluaba si las características de él eran algo que le gustaría ver expresado en sus hijos. Un varón sano y fuerte probablemente engendraría hijos sanos y fuertes. Ese proceso de selección, donde una mujer elige al compañero más fuerte, es muy natural y puede ser visto a través de todo el reino animal. Nunca la mujer natural y sana elige al varón defectuoso o débil para engendrar hijos.

     Estos hechos biológicos básicos y las presiones evolutivas trabajan ahora en contra del hombre occidental. A medida que el varón occidental se hace débil y feminizado, no presentando ya una imagen de fuerza y masculinidad, las mujeres occidentales de mente sana miran a otra parte para encontrar un compañero. Los enemigos de Occidente saben esto y son demasiado rápidos para presentar a la mujer occidental una "mejor opción" que el varón occidental. El futuro del hombre occidental está en los vientres de la mujer occidental, pero el varón occidental no tiene ningún futuro si los vientres de las mujeres occidentales son ocupados por la semilla de gente foránea.

     Las mujeres occidentales que realmente buscan un varón fuerte y dominante están mirando cada vez más hacia otras culturas y otros grupos raciales para encontrar a aquel varón fuerte. Otras culturas que no han abandonado sus tradiciones y estilos de vida se convierten en un falso faro de esperanza para esas perdidas mujeres occidentales que buscan a un fuerte "macho alfa" que provea para ellas y proteja a sus hijos. Por supuesto, eso sólo sirve para disminuír en adelante el índice de natalidad occidental y sellar el destino del hombre occidental.

     Más aún, a medida que los hombres de otras culturas ven la decadencia del varón occidental, ellos cada vez más ponen en la mira a las mujeres occidentales como fáciles elecciones. Esos hombres saben que la mujer occidental no será satisfecha por el débil y emasculado varón occidental y ella será en cambio atraída por la fuerza de un varón más dominante que es parte de una cultura que es sana y fuerte. Así, mientras las feministas le dan la espalda a los varones occidentales por un equivocado odio hacia los hombres, aquellas mujeres occidentales que están todavía en sintonía con su instinto natural para encontrar al varón más adecuado también vuelven su espalda al varón occidental y deciden abrazar culturas extranjeras a fin de encontrar un compañero.

     Con una carencia de un padre fuerte, una carencia de fuertes modelos masculinos de conducta en la comunidad y una tendencia a esconderse puertas adentro y a huír de las interacciones sociales con otros jóvenes, los varones occidentales jóvenes se han hecho débiles. En vez de estar al aire libre en un ambiente natural y sano aprendiendo las reglas de vida y formando lazos tanto con la Naturaleza como con sus pares, los jóvenes muchachos cada vez más se esconden lejos en sus dormitorios realizando fantasías en un medioambiente mimado y sobre-sanitizado.

     La feminización del varón occidental ahora comienza a una joven edad, y la destrucción del empleo significativo y satisfactorio y de los tradicionales ritos de pasaje han asegurado que el muchacho raramente llegue a ser un hombre. Los pobres modelos a imitar y unos medios de comunicación que están empeñados en empujar adelante la imagen masculina de un petimetre están consolidando este proceso de feminización, entregando una visión retorcida de un Yo Ideal a hombres jóvenes que cada vez más adoptan búsquedas tradicionalmente femeninas y que deciden presentarse y vestirse en una manera cada vez más femenina.

     Los motivos de la feminización del varón están demasiado claros. Un varón feminizado nunca será una fuerte figura disciplinaria o de autoridad, y presenta una imagen debilitada de Occidente a los hombres de otras culturas. Las mujeres occidentales que todavía tienen sus instintos naturales intactos se alejan de esos débiles varones occidentales. A cambio de ello, ellas buscan consuelo en los brazos de hombres fuertes de otras culturas más dominantes, acelerando más aún el decreciente índice de natalidad occidental.

     Los enemigos de Occidente temen al varón occidental fuerte; por eso ellos están determinados a atacar las estructuras y modos de vida que hacen fuerte al varón occidental. El feminizado varón occidental no es el mismo hombre que creó la civilización occidental. Los hombres fuertes crean civilizaciones, y se requieren hombres fuertes para defenderlas.–






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