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miércoles, 2 de agosto de 2017

Hans Günther - Como un Dios Griego



     En diferentes sitios está publicado un texto del antropólogo racial alemán Hans F. K. Günther (1891-1968) cuya versión en inglés (Like a Greek God) dice que fue publicado en la revista británica Northern World, que circuló entre 1956 y 1963 y de la cual fue también fundador el señor Günther, en su vol. VI Nº 1 de 1961. En este breve pero condensado escrito el autor alude a algunas características físicas de dioses y héroes griegos que habrían correspondido a rasgos nórdicos. Habla también de cómo ese elemento habría ido siendo desplazado por otros del Cercano Oriente, distinción que de alguna manera se refleja en las obras de Homero.


COMO UN DIOS GRIEGO
por Hans F. K. Günther, 1961



     Los poemas homéricos describen a dioses y diosas como rubios y de ojos azules; la palabra para el cabello claro es generalmente xanthós, en cuya definición entraremos más tarde. La Ilíada describe a Demeter como rubia, a Afrodita como de cabellos de oro; describe a Atenea como de ojos azules, y de hecho se refiere a ella cincuenta y siete veces como la hija de ojos azules de Zeus. La palabra es glaukopis, que puede ser deducida de glaukos, que significa "brillante, centelleante". Píndaro más tarde describió a Atenea como glaukopis y xantha, refiriéndose así claramente a sus ojos azules y cabellos color de oro.

     Después de Homero, la descripción de glaukopis se hace cada vez más rara; sin embargo, aparece en casos aislados en Sófocles (Edipo en Colono, 705) y con Aristófanes (Thesmophoriazusae [Las Tesmoforias], 317). Una conversación entre un griego y un romano en las "Noches Áticas" del escritor romano Aulo Gelio, que compara los significados de los colores en los dos idiomas, entrega información sobre las referencias a colores de la palabra glaukopis. Allí (II, 26, 18) glaucum es explicado como teniendo el sentido de "gris-azul" (II, 26, 19), y la descripción de la diosa Atenea como glaukopis es explicada como caesia, "la celestial de ojos azules".

     La misma tradición, volviendo a Homero, de lo azulado de los ojos de Atenea, es encontrada en la saga de Bissa y Meropis: allí, según Boios (en Antoninus Liberalis, Colección de Metamorfosis, 15), Agron se burla de los claros ojos de la diosa y elogia sus propios ojos oscuros, e incluso según el poeta romano Higino, en el siglo I d.C., Hera y Afrodita se burlan de la diosa Atenea debido a sus ojos claros: "quod caesia erat". La palabra glaukopis era sinónima de glaukómmatos, "de ojos brillantes", en contraste con melanómmatos, "de ojos oscuros". Así, en un comentario a un pasaje de la Ilíada (IV, 147), el héroe aqueo Menelao fue descrito por el comentarista Pisandro como "de cabello rubio, alto en estatura y de ojos claros", y por consiguiente él usó la palabra glaukómmatos ("xanthokómes, mégas en glaukómmatos").

     La Odisea describe al dios Radamanto como rubio, a Afrodita como de cabellos de oro, y a Atenea una y otra vez como de ojos azules. Además, un nombre como Febo Apolo, deducido de phoibos, que significa "brillante, resplandeciente, radiante", podría no sólo describir la naturaleza de un dios del Sol sino también el color brillante de piel, cabello y ojos. El dios marino Poseidón, por otra parte, es descrito por la Odisea (III, 6) como de cabello y ojos oscuros, un dios del mundo del Mediterráneo pre-helénico, cuya derrota en batalla a manos de Atenea en Ática fue representada en el frontón del Partenón, en la Acrópolis.

     Las figuras del mundo humano son presentadas por los poemas homéricos como de piel blanca y de ojos claros; así, Aquiles, Menelao y Meleagro de la Ilíada son descritos como rubios, al igual que Briseida y Agamede entre las figuras femeninas; Helena es llamada "relumbrante" (III, 121). La Odisea en muchos lugares describe (Wilhelm Sieglin los ha registrado todos) a Menelao como rubio, describe a Penélope como rubia, a Hermione como rubia y a Afrodita como de cabellos de oro. La Ilíada y la Odisea mencionan a diosas y princesas de brazos de lirio, y a diosas y mujeres mortales de blancos brazos y pies de plata.

     Karl Jax ha observado que entre las referencias homéricas a muchachas y mujeres mortales, así como también a las diosas de los poemas homéricos, el pelo oscuro está absolutamente ausente, y Georg Finsler ha destacado que el color rubio del cabello en Homero es considerado hermoso y asombroso hasta tal punto que el poeta, en un momento de descuido, incluso llama "rubio" a Odiseo, aunque él fuera generalmente aceptado como de cabello oscuro.

     La descripción de los rasgos físicos de Odiseo, el "fecundo en ardides", necesita, sin embargo, un examen más extenso. Odiseo diverge del cuadro de los otros héroes homéricos. En la Ilíada (III, 193-194, 210-211) él es descrito como un "gigante sentado", pareciendo cuando estaba sentado cerca de Agamenón tan alto como éste, pero estando de pie, más bajo, pero también más ancho y más fornido en hombros y pecho. Así Odiseo no es, como los otros héroes, del tipo alto y delgado. La Odisea lo describe (VI, 231) como de piel blanca, y en otro lugar (XIII, 397, 431) su cabello es llamado rubio (xanthós); sin embargo, llama "oscura" a su barba (XVI, 176). Según el color de pelo, Odiseo también es descrito por la Odisea (VI, 231; XVI, 175; XXIII, 157/58) como hyákinthos, término que antes fue sobre todo traducido como "parduzco". Ese "color de jacinto" debe ser, sin embargo, como Wilhelm Sieglin ha mostrado, descrito como "rojizo", porque el jacinto era cultivado en Hellas como un sub-tipo con flores rojizas.

     El robusto, fornido y de barba oscura Odiseo no es del mismo tipo que los otros héroes aqueos, con respecto a sus características corporales o mentales. Distinguirlo como "fecundo en ardides", como si se tratase de un hombre mezclado, no fue probablemente algo hecho conscientemente por el poeta; más bien, Odiseo debe ser considerado como una figura de saga del mundo pre-helénico, la que es equilibrada por el poeta en lo posible con la imagen de los héroes aqueos. Que él sea una reliquia de una raza extraña, más cercana a un residuo del tipo cercano-asiático [o del Cercano Oriente], permanece, sin embargo, como algo perceptible. Odiseo es una figura como Palamedes, un héroe de la saga aquea de Troya que, sin embargo, sólo apareció con los poetas post-homéricos; semi-aqueo y medio levantino, rico en astucias y valiente, en parte cercano-asiático, en parte nórdico, desde todo punto de vista diferente de los francos y abiertos nobles como Aquiles, Patroclo, Agamenón y Menelao.

     El conde Gobineau ya ha observado esta trama de un extraño tipo en Odiseo. Él lo calificó como un griego con antepasados fenicios. Odiseo podía ser valeroso cuando era necesario, pero prefería la astucia; su lenguaje es maleable y seductor; las mentiras no lo aterrorizan, la traición no lo consterna, y la astucia no le causa ningún problema. Elocuente, astuto, traicionero, peligroso, él parece más bien un comerciante pirata de Sidón o un senador de Cartago, mientras que con su riqueza de pensamiento, su imperturbabilidad, su capacidad de refrenar sus pasiones, con la ocasional moderación y modestia, que en su caso siempre proviene del cálculo racional, él es, en cambio, de tipo nórdico.

     Victor Bérard era de la opinión de que la Odisea fue en realidad escrita por un griego, pero que su héroe, Odiseo, era un fenicio. Así la naturaleza mental y física de ese héroe ha inspirado una y otra vez conjeturas sobre un origen pre-helénico, como lo ha afirmado Wolfgang Aly. Este último sostiene que Odiseo es una figura de saga del mundo pre-helénico de los cretenses.

     En la figura de Odiseo, "fecundo en ardides", vemos el efecto secundario de las tierras del Mediterráneo del Este sobre el mundo pre-indogermánico, el tejido de la raza cercano-asiática, que era peculiar de ese mundo, siendo dicha trama en cada caso más fuerte que el tejido de la raza occidental (del Mediterráneo); pero con esa figura también hace su aparición la Hellas [Grecia] posterior, una Hellas en la cual mediante la mezcla con los migrantes indo-germanos, junto con los descendientes de la población original, y por efecto de desplazamientos adicionales desde Asia Menor, la raza cercano-oriental se extendió cada vez más y penetró en los estratos superiores.

     En el curso posterior de la historia griega, cada vez más los hombres nórdicos/cercano-asiáticos como Odiseo deben haber aparecido en los estratos dirigentes, llegando a ser más cercano-orientales que nórdicos, capas que al final estuvieron llenas con hombres de raza preponderantemente cercano-asiática. La deshonestidad, la traición, el cálculo solapado, la corruptibilidad y la traición, ensuciaron cada vez más las páginas de la historia helénica, y en realidad la historia de todas las tribus y colonias helénicas.

     En esas características, el griego parece finalmente muy alejado de su naturaleza indo-germánica original, desde la pureza de altos objetivos de las primeras épocas de los pueblos indo-germánicos, más separados en efecto que los persas y los iranios de la época aqueménida, quienes en su fe, el mazdeísmo, habían aumentado esa misma pureza indo-germánica, el aborrecimiento de las mentiras, hasta una orgullosa confesión de la naturaleza de ella.

    Los hombres de la raza cercano-asiática siempre han sido considerados como más astutos por hombres de otros tipos. A los fenicios, un pueblo con un fuerte tejido cercano-oriental, Homero (Ilíada XIV, 288) los describió como "hombres traidores" y "archi-estafadores". Lo que fue percibido como cercano-asiático en Odiseo, la capacidad de sentir su camino hacia la vida mental como algo extraño a él, el arte de descifrar las características mentales de otros hombres y otros grupos humanos, aparece en la edad helénica posterior no sólo en muchos comerciantes que viajaban de un lugar a otro, sino también en comerciantes de habla griega, en los graeculi pagados y despreciados por los romanos, pero impregna también el modo de pensar de muchos sofistas y las opiniones que ellos enseñaron. En su discurso en favor de Flaccus (17), y en cartas a su hermano Quinto, Marco Tulio Cicerón (Cartas, 30, I, 16, 28; 53, II, 4) ha descrito el carácter mental de muchos helenos de su época, los cuales, en tanto europeos occidentales de épocas tardías, le parecieron ser de naturaleza "levantina".

     La evidencia de la ciencia racial acerca del tipo aqueo y griego de la edad homérica, es representado por una aseveración de la Ilíada (XXII, 401); allí, Héctor el troyano es descrito como de cabello oscuro, de hecho como un no-aqueo, como forastero y enemigo. Esa distinción significa, desde un aspecto histórico racial, un error o una injusticia, ya que los troyanos estaban en efecto relacionados con los griegos, una de las tribus pre-helénicas e indo-germánicas de la región de las tierras bajas del Danubio. La mujer troyana Briseida es llamada rubia por la Ilíada (XIX, 283); allí el contraste es olvidado. Con la descripción de Héctor, el poeta ha deseado enfatizar un contraste racial. Eso impactó a Dion de Prusa, también llamado Dion Crisóstomo, un escritor que nació alrededor de 40 d.C. y vivió hasta el comienzo del siglo II d.C.; él ha llamado la atención (21, 16) hacia el hecho de que la belleza de los helenos debe haber sido distinta que la de los bárbaros: los helenos eran rubios como Aquiles o Patroclo, y los bárbaros, oscuros, como lo muestra la descripción de Héctor.

     El campesino-poeta beocio Hesíodo (alrededor de 700 a.C.), representa a los dioses, diosas, héroes y heroínas de Homero, como gente rubia. A Atenea él siempre la llama de ojos azules, así en siete sitios, y a Dionisio él lo describe (Teogonía, 947) como rubio, del mismo modo que a Ariadna y a Ioleia (Fragmento 110).

     A la idea de hombres hermosos y nobles pertenecen, para la perspectiva helénica, no sólo características como piel clara, cabello claro y ojos azules, sino también alta estatura y delgadez. La frecuente expresión "hermoso y alto" ("kalós kai mégas"), que ya aparece muchas veces en Homero, puede ser remontada en la literatura helénica desde Heródoto a Luciano, y es usada para hombres, mujeres y niños.

     En la descripción de Nausícaa en la Odisea (VI, 151) se muestra que a la belleza y noble nacimiento, según las opiniones helénicas, pertenece la alta estatura; la misma idea es dada por la descripción de Telémaco por Néstor en la Odisea (IV, 38). Aristóteles dice en su Ética a Nicómaco (IV, 7) que a la belleza pertenece un cuerpo alto; los cuerpos pequeños podrían reconocidamente ser bonitos y en buena forma, pero no realmente hermosos. La raza occidental es sorprendentemente representada por esa gente de baja estatura de un tipo bonito.

     Para la sensibilidad nórdica, la naturaleza del cuerpo y la mente de la raza occidental no bastan para que exista una "belleza" real, porque la idea de una persona hermosa exige una cierta gravedad de alma, una grandeza de alma, que fue descrita como megalópsychía por los helenos, como magnanimitas por los romanos, o como hôchgemüete en la Edad Media alemana. El alma racial occidental o atlanto-mediterránea es demasiado ligera en su gravedad para el sentimiento nórdico, demasiado escasa en contenido, para que los rasgos corporales sean percibidos como "hermosos".

     La Ilíada no sólo permite que se reconozca por cuáles características corporales se distinguía el heleno de la edad temprana; también muestra en dos ejemplos cómo los griegos de la edad homérica veían a los hombres feos de los estratos inferiores, tal como el arte plástica posterior permite el reconocimiento de qué rasgos el griego libre asignaba al no libre, a los esclavos de origen nativo o extranjero. La Ilíada nombra a dos hombres de pelo rizado: Euríbates, el heraldo de Odiseo, un hombre con hombros doblados, y Tersites, el "inmensurable orador", el "primer demagogo en Hellas", como también fue llamado. Ambos hombres pertenecen a los estratos inferiores, y así son descendientes de la población pre-helénica, de las tribus indo-germanizadas. Tersites tiene las piernas arqueadas y cojea; su cabeza, que ha comenzado a quedarse calva, tiene una forma puntiaguda: "puntiaguda su cabeza; cubierta en la corona con una escasa lana" (Ilíada II, 219).

     Es asombroso que sea mencionada una forma de cabeza aquí, que se diferencia de la habitual entre los estratos superiores. Con esa cabeza "puntuda" (phoxós), se quiere dar a entender la forma enfermiza del así llamado "cráneo de torre" (Turmschädel), o la forma de la cabeza de la raza cercano-oriental, la cual en muchos hombres de esa raza puede ser descrita como "puntuda". Tersites también fue concebido por el arte plástica como un hombre de raza cercano-oriental, con cabeza puntiaguda y nariz proyectada. En una taza del Ática de alrededor de 450 a.C., el poeta de fábulas Esopo (siglo VI a.C.), quien probablemente pertenecía a la casta de los esclavos, es mostrado con rasgos cercano-orientales.

     En su obra Filoctetes, Sófocles ha interpretado a Tersites completamente según la tradición homérica, de tal modo que uno pensaría sobre todo en las características corporales y espirituales de la raza cercano-asiática. Esa raza parece a menudo haber proporcionado seductores de gentes y demagogos, para lo cual su propia capacidad de abrirse camino en la vida mental extranjera ayudó también al cálculo del espíritu humano, y a la locuaz intensificación en ellos mismos de sus propios sentimientos y de las imágenes del deseo de las excitadas muchedumbres.

     La descripción dada en la Ilíada de la naturaleza corporal y mental de Tersites, el "inconmensurable chismoso", corresponde a la repulsión sentida por una casta dirigente nórdica a la cual pertenece el poder, hacia un aullador infrahombre que se atreve a criticar al poder noble. Adolf Schulten ha mostrado que Polibio (III, 33) ha descrito a los tirrenos, que provienen de Asia Menor, como Thersitai. El nombre Tersites habría sido así aplicado a un hombre con orígenes en Asia Menor, lo cual Homero podría aún haber percibido.

     La evidencia de la poesía homérica muestra, al menos, cómo en la edad de los poetas, uno imaginaba dioses y diosas, héroes y heroínas existentes. Así, puede ser reconocido a partir de la Ilíada y la Odisea que las características corporales así como las mentales eran consideradas como heredadas y capaces de ser transmitidas, susceptibles de ser cultivadas en generaciones refinadas con una cuidadosa elección de la esposa. Estas evidencias de la poesía muestran que los individuos humanos y los pueblos ven a sus divinidades de acuerdo a la imagen de su propia composición corporal, como Jenófanes (Fragmento 14) y Aristóteles (Política, I, 2, 7) han comentado, y en la Ilíada y la Odisea puede verse que al menos las familias principales de un pueblo que veían a sus dioses como hombres de piel blanca, rubios, de ojos azules y de alta estatura, deben haber correspondido completamente a esa imagen facial. La evidencia de siglos posteriores confirma que los poemas homéricos han distinguido correctamente la particularidad racial de los helenos de la Historia temprana: ese griego era preponderantemente de tipo nórdico.

     Otto Reche ha indicado una palabra griega, la cual por sí misma representa una importante aseveración acerca de la naturaleza racial del griego: la palabra "iris" para el iris de los ojos. Iris significa de hecho un arco iris; una gente con ojos oscuros, marrones o negro-marrones nunca habría comparado el color del ojo con un arco iris. Sólo los ojos claros, el azul, verde-azulado o gris de la raza nórdica, y los ojos de colores verdosos y colores claros mezclados de la gente de género nórdico, podrían explicar una palabra como "iris". Esa palabra sólo podría haber sido elegida por una gente de un linaje preponderantemente de ojos claros.–





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